lunes, 15 de febrero de 2016

¿PEDAGOGÍA PROGRESISTA?: LAS MÁSCARAS DEL PENSAMIENTO REACCIONARIO EN EDUCACIÓN. Por MANUEL NAVARRETE ...y mucho mas

"Es preciso distinguir la necesaria autoridad de la posición jerárquica y clasista"
 
 
I.

    En el año 2005, el actor Samuel L. Jackson protagonizó la película Entrenador Carter. En ella se contaba la historia real de Ken Carter, que fue entrenador de baloncesto en la escuela pública de Richmond, un barrio marginal de San Francisco. Carter se había criado en el barrio y sabía que los jóvenes afroamericanos eran utilizados para potenciar el exitoso equipo de baloncesto del instituto, para luego ser abandonados a su suerte sin estudios ni preparación. Por ello, obligó a sus jugadores a alcanzar determinado promedio académico. Cuando no lo
obtuvieron, cerró el gimnasio de Richmond, manteniéndose firme en su postura pese al acoso de la escuela, la prensa y los propios padres. Finalmente, esos jóvenes comenzaron a esforzarse en sus estudios para lograr que Carter reabriera el gimnasio. Muchos incluso fueron a la universidad.
    Esta hermosa historia adquiere particular simbolismo y gran actualidad a la luz de los debates cruciales que en los últimos tiempos se vienen desarrollando en materia de educación. Y en los cuales nos está tocando ir a contracorriente. Y es que, a nuestro juicio, se está produciendo una terrible confusión entre la pedagogía presuntamente “progresista” en boga y la pedagogía auténticamente emancipadora que necesitamos. O entre lo que ese supuesto “progresismo” dice de sí mismo y lo que realmente enmascara.

     Por desgracia, no solo la administración educativa sino también buena parte de la izquierda han asumido en su totalidad los tópicos que dimanan de esta visión autodenominadamente “progresista”. Los síntomas de la epidemia son claros: presiones de la administración y de la inspección para incrementar el número de aprobados, independientemente del nivel académico alcanzado. Alumnos “PIL” que superan curso “por imperativo legal”, aunque suspendan todas las materias. O todo ese entramado de artimañas, tretas, adaptaciones curriculares, programas especiales, recuperaciones regaladas y un largo etcétera, que lleva a que a un alumno no le merezca la pena estudiar ni esforzarse por nada. Todo ello culminado por una singular corriente que crece entre los padres y que se opone a que los niños dediquen un solo minuto de su tiempo a  “hacer deberes” en casa.

    En Andalucía, avaladas por la Junta, estas tendencias están llegando al paroxismo, por lo que no es de extrañar que, cada tres años, el Informe PISA le saque las vergüenzas a la educación andaluza. O que uno de cada cuatro alumnos andaluces de Bachillerato repita curso; diez puntos por encima de la media española.

II.

   Eso sí, la visión de la educación que comentamos sabe venderse bien a sí misma: dice oponerse a toda “disciplina reaccionaria”, a toda regla que oprima “la libertad” del alumnado. Y – en lo siguiente de manera sincera– se opone a que los niños de entornos más desfavorecidos reciban grandes dosis de, por ejemplo, historia de la literatura, optando por limitar su formación al aprendizaje de algunas habilidades comunicativas básicas, “más útiles para ellos”. Ya se sabe: es lo único que necesitarán en “su” limitado mercado de trabajo como masa obrera.

   Naturalmente, esto casa muy bien con determinadas aspiraciones seculares del liberalismo: tener una educación de primera para la élite y, por otro lado, una educación funcional para los “curritos” que, al fin y al cabo, están predestinados a dejar las horas de su vida sirviendo copas a turistas venidos del norte. Tal es el mundo real que se enmascara tras la apariencia “libertina” de los planteamientos pedagógicos actualmente de moda.

   Por ello, en mitad de este panorama, nos toca defender otra visión de la educación: la educación como ascensor social (eso sí, no como ascensor individual, sino como ascensor colectivo, de la clase trabajadora). La educación como modo de que la gente de los barrios oprimidos vaya adquiriendo preparación, conciencia, poder. De que los camareros, las cajeras, los inmigrantes, los precarios adquieran herramientas para entender su realidad, a fin de transformarla. Y hay que decirlo sin el menor complejo: para ello, evidentemente, es necesaria una disciplina, unas reglas, unos límites en el aula. La alternativa es sencillamente renunciar a todo concepto de escuela, de formación.

   Decía el revolucionario comunista Antonio Gramsci que la verdadera hegemonía se alcanza combinando la coerción y el consenso; no solo con coerción, ni solo con consenso. En el aula sucede lo mismo. El propósito es, naturalmente, una desconexión progresiva del alumnado, apoyada en su paulatina maduración; sobre todo desde los 16 años en adelante. Pero la situación de la que se parte con, por ejemplo, un alumno de 1º o 2º de ESO (con 11, 12, 13 años) no es esa. Un niño es un niño. Necesita ser, precisamente, educado (aunque el educador, naturalmente, también lo necesite).
III.

   Recordemos, si nos obligan a ello, lo obvio: cuando nacemos, no conocemos nuestros límites. Creemos que el mundo está a nuestra disposición, que podemos tirarlo y romperlo todo libremente. Es necesario un largo proceso educativo para aprender a vivir en comunidad, a respetar -pongamos por caso- los turnos de palabra, a entender que tu libertad termina donde empieza la del otro. El verdadero ejercicio de la libertad exige condiciones; y no hablamos solo de una maduración previa, sino también de autonomía personal, de derechos sociales y de una educación. ¿De qué “libertad” hipócrita hablan, cuando si no obligáramos a los alumnos a ir a clase, decidirían quedarse en sus casas y habría que renunciar a esa conquista histórica de los trabajadores que fue la escolarización? No será la libertad la que capacite para la educación, sino la educación la que capacite para la libertad; o, más concretamente, para luchar por ella con mejores “armas de la crítica”. Pues, ya en el terreno social, podemos hacernos la misma pregunta: ¿qué “libertad” hipócrita es esa de la que“disfrutan” sus padres, en una familia de barrio humilde, si ni siquiera pueden elegir entre tener un trabajo o no tenerlo, entre tener un trabajo fijo o uno precario, entre sufrir pobreza energética o no sufrirla, entre tener derecho a la vivienda o ser desahuciados?

    En todo caso, y volviendo al tema que nos ocupa, en pedagogía, como en todo, no valen de nada las teorías sin práctica, las meras frases. Tampoco los libros escritos por gentes que no han pisado jamás un aula, o que solo han trabajado en centros privados (sean estos de curas o “libertarios”), de esos en los que los críos vienen ya moldeados de casa y llevan en sus caras la eterna sonrisa que otorga el dinero. Solo sirven de algo las prácticas reales; y las prácticas solo son reales y transformadoras si se sumergen allá donde está el sujeto histórico destinado a liberarse, que no es en Paideia ni en Montessori, sino en los barrios populares y en la escuela pública. Si queremos que en dichos barrios se produzca una culturización y un fortalecimiento ideológico de la clase trabajadora, nos veremos obligados a no confundir una autoridad legítimamente constituida (y necesaria para desarrollar todo proceso formativo con niños, más aún en entornos difíciles) con esa suerte de “autoritarismo de clase” que es otra cosa y que, naturalmente, es el enemigo a batir.

    Ese es el quid de la cuestión: distinguir la necesaria y positiva autoridad que alguien, por el hecho de ser una persona mayor y un formador, tiene sobre un niño de otra cosa muy diferente, como es la posición jerárquica y clasista que, efectiva y tristemente, muchos docentes reivindican con respecto a los alumnos, por el hecho de cobrar más dinero, vivir mejor o “tener más cultura”. El caso es que la clave del desenfoque está en confundir (a menudo de manera interesada y consciente) estas dos clases de autoridad. A quienes viven arriba no les parece un problema que se confunda la libertad (como algo a construir, a conquistar; como un proceso) con esa caricatura burda que hacen de ella. Al fin y al cabo, el fracaso de la escuela pública supone para ellos una fuente inagotable de trabajadores precarios, resignados y desarmados culturalmente.

IV.

   Ahora bien, hay algo que sí está claro: dado que el proceso pedagógico exige una conexión, una solidaridad, una hermandad, hay que romper todo distanciamiento social entre el profesor y el alumno. Y no nos referimos solo a fórmulas ridículas como el “don”; vamos más allá. El pedagogo soviético Anton Makarenko dirigió una colonia de huérfanos tras la guerra civil rusa, como narra en su imprescindible obra Poema pedagógico. En su colonia, los jóvenes combinaban el trabajo manual con el intelectual. Makarenko era duro, creía en la disciplina; pero vivía en las mismas condiciones que sus alumnos. Estaban aún saliendo de dos cruentas guerras que causaron estragos y caos. Si ellos pasaban hambre, él también. Si ellos vestían en harapos, él también.

    Un profesor debe tratar a sus alumnos como iguales socialmente. Debe saludarlos si los ve por la calle. Debe reírse si dicen algo gracioso. Debe vivir donde viven ellos, como viven ellos. Su ubicación jerárquica como líder, como referente, es necesaria; pero debe ser algo funcional, solo operativo en el aula y solo en función de los objetivos pedagógicos, de la defensa del derecho a la educación. Hay que defender el aprendizaje; defender a quienes atienden frente a los alumnos disruptivos, e incluso a dichos alumnos disruptivos frente a sí mismos, frente a esa parte de ellos que, por mil condicionantes, les empuja a una vida en los bajos fondos. ¿Cómo defender el derecho a la educación, en esas condiciones, sin una referencialidad, una autoridad legítimamente constituida, un liderazgo? ¿Realmente vamos a entregarle unos planteamientos que son ineludibles a la derecha? ¿Y qué hay de todos los jóvenes (especialmente chicas; chicas de clase trabajadora e incluso procedentes de sectores excluidos) que quieren aprovechar la escuela, formarse, estudiar duro, acceder a la cultura formal; y que para ello necesitan el acompañamiento del profesorado y el mínimo de silencio necesario para entender sus palabras? Más allá de las respuestas que demos a estos interrogantes, es claro que no molestamos a la oligarquía que gobierna si nos limitamos a enarbolar frases e ideas que sabemos inaplicables en el aula, en lugar de poner el foco en donde realmente está la clave para edificar una educación emancipadora: en la supresión de las barreras de clase entre docente y alumno.

   Queremos ahondar en la idea de que la mencionada misión (en la que Rajoy y Sánchez sí que se dan la mano) de segregar dos rangos de educación (uno para “los elegidos” y otro para “los débiles”) es perfectamente funcional a determinada visión de la infancia, según la cual a los niños no se les debe exigir la menor responsabilidad ni el más mínimo esfuerzo. La idiotización de la juventud parte de este enfoque, para el cual es una exigencia inaceptable que un niño estudie dos horas en casa (completando, junto a las seis horas de instituto, ocho horas de “trabajo”, junto a las ocho de ocio y las ocho de sueño). Eso sí, no hay el menor problema en que el niño pase ocho horas diarias frente a la Play Station 3, o en que tenga móvil y tarifa de datos pagados por sus padres aunque suspenda todas las asignaturas, o en que haga media vida en la calle y coquetee con las drogas. Al poder económico nunca le estorbó lo más mínimo que la juventud de los barrios se echara a perder, en lugar de organizarse y reivindicar otra posición en la sociedad (o, mejor aún, una sociedad sin “posiciones” jerárquicas).

   [A modo de inciso, añadiremos un último detalle, políticamente incorrecto. A mucha “izquierda liberal” escandalizará también, faltaría más, que algunos docentes, desde posiciones revolucionarias y desacomplejadas, reivindiquemos el uso del uniforme. Por lo visto, para muchos la diversidad y la libertad se manifiestan en la ropa que vistas, y tu personalidad (ya lo dice la tele) depende de la marca que uses... o puedas permitirte usar. No les preocupa tanto la “guerra entre pobres” que se produce cuando los jóvenes compiten entre ellos por ver quién lleva la ropa más de moda, más de marca o más cara. Nosotros disentimos de ello, pues forma parte, en realidad, del desenfoque del que estamos hablando. Ojalá algún día convirtamos la escuela en un espacio liberado de la tiranía que las marcas ejercen sobre la juventud; en un oasis donde la personalidad pueda construirse de un modo mucho más auténtico, sin depender de esos trapos, por cierto, fabricados en demasiados casos por otro niño, pero en países saqueados por las empresas multinacionales del norte.]

V.
   Aclaremos, para ir concluyendo, que desde aquí no reivindicamos la idea proudhoniana de que la educación lo es todo. Reivindicamos que la educación es, en el mejor de los casos, una base; pero nada más que eso. La revolución la harán los oprimidos, cuando logren organizarse; y la harán sin llamar a la puerta. Lo que no hay que olvidar es que aquellos llamados a protagonizar la revolución no son esos intelectuales universitarios e ilustrados que se centran en lo electoral y en “quedar bien” en televisión. Son, por el contrario, esos alumnos disruptivos, marginales, frecuentemente expulsados de los institutos de los barrios obreros. Precisamente porque son los que menos tienen que perder. De modo que, con ellos, hay que desarrollar multitud de estrategias creativas, tanto en el barrio (fomentando el deporte, el baile u otras actividades que los alejen de esa gran enemiga de la juventud obrera que es la droga) como en el aula (empleando el hip hop, el flamenco, la música). Nada más sano, sin irnos más lejos, que un profesor jugando al fútbol con sus alumnos, o que un alumno rapeando en clase versos de Rubén Darío. Hablamos de experiencias no solo posibles, sino reales.

    Siguiendo con este último ejemplo, muchos dirán que disfrutar de los clásicos de la literatura nada tiene que ver con la revolución. No han entendido nada. Está en la historia de nuestro movimiento la creación de universidades obreras como la de Georges Politzer, pues, obviamente, todo incremento del nivel cultural de la clase obrera es emancipador, le ayuda a tener herramientas con las que interpretar lo que le sucede y construir soluciones. ¿No es evidente que el antiquísimo anhelo de reservar la cultura para una élite se está camuflando con argumentos procedentes del populismo más burdo? Bien lo expresó Marx, a modo de lapidaria sentencia, en ese episodio que le llevó a la ruptura con el sastre Weitling. Sucedió en una reunión. Marx planteaba que agitar a la población sin proporcionarle “ninguna base sólida para la acción” equivalía al juego vacío y deshonesto de los predicadores. Cuando Weitling defendió el método de los predicadores frente a los “análisis de gabinete” de Marx, este, iracundo, golpeó furiosamente la mesa haciendo caer la lámpara, se puso en pie y gritó: “¡La ignorancia jamás ha ayudado a nadie!”
 

 
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A propósito de la polémica sobre la Guerra Antifascista Revolucionaria de 1936-1939
Canarias Semanal 
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Introducción El reloj de la historia no se detiene y la situación política evoluciona. Cada vez más sectores de la juventud comprenden que, definitivamente, la crisis ha pulverizado el margen de maniobra antaño existente para los ensayos del reformismo. Que el dilema no es ya -ni lo fue nunca- entre reforma y revolución, sino entre revolución y pérdida de todas las conquistas históricas. Que si permanecemos dentro de las instituciones imperialistas europeas, si no expropiamos la banca privada, y sin la consecuente ruptura total con el sistema capitalista que ello conlleva, otro mundo no es posible.
 

Una interpretación marxista de la crisis económica

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Vídeo del acto de UPK celebrado el pasado 7 de Septiembre en Madrid. Contra el capitalismo, la construcción del poder popular. Intervenciones de: Nicanor Navas (Trabajador en las minas de cobre durante la Unidad Popular) Manuel Revuelta (Periodista) Manuel Muñoz Navarrete (Escritor)   Escrito por UPK(Unidad Popular de Klase) Manifiesto de convocatoria del acto
 
 

Los "neosocialdemócratas" vergonzantes presentados sin subterfugios Canarias semanal  "En el contexto  político abierto tras el 15M,  - empieza diciendo en su libro  nuestro colaborador Manuel Navarrete - determinados intelectuales están tratando  de rizar el rizo resucitando  la socialdemocracia keynesiana en el Estado español. En este trabajo pondremos  en cuestión los presupuestos  de la ideología reformista o socialdemócrata, que...
 
 

Mayo de 2011 En los días que siguieron al 15 M de 2011, fue curioso comprobar cómo los medios de comunicación sólo mostraban la versión de la realidad que les convenía. En las calles, es cierto, había de todo. Pero mucha gente decía cosas contundentes y claras contra la oligarquía financiera. Sin embargo, en televisión sólo mostraban a perroflautas pueriles que decían que salían a la calle "por el derecho a soñar" y cosas así. Cuando nos hablan de mayo del 68 sucede lo mismo. Nos muestran poéticos lemas abstractos que, al parecer, dibujaban niños pijos en la universidad. Poco más. No nos cuentan que en mayo se desató una huelga general indefinida, seguidamente masivamente por la clase trabajadora francesa y que incluyó la ocupación de numerosas fábricas e incluso el secuestro de los directivos...
 
 

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Manuel Navarrete Dedicado a David y Sergio, que se lamentaban la otra tarde en Casa Cornelio de que aún no podamos usar “la crítica de los puños”, teniendo que ceñirnos a “los puños de la crítica”. Por el momento....
 
 

Manuel Navarrete Rebelión "...siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas...". La guerra de guerrillas es, con abrumadora diferencia, el método de lucha más fructífero de la historia del movimiento comunista. Los bolcheviques sólo pudieron mantener a flote su partido atracando bancos para financiarse. La Revolución China y la Cubana se basaron en la guerra de guerrillas en el campo. Lo mismo cabe decir de los movimientos revolucionarios en Yugoslavia, Argelia, Nicaragua o Vietnam. Hoy día, las FARC en Colombia y los Naxalitas en la India suponen los dos focos revolucionarios marxistas más importantes del mundo. La guerra de guerrillas es un método que sirve a los de abajo para ganar guerras contra los de arriba...
 
 

Nuestros padres y nosotros Soy más joven que muchos de vosotros, y por eso me ha tocado vivir en el mundo de la precariedad. Yo soy profesor, tengo una carrera, pero soy profesor interino, temporal, como casi todos los trabajos hoy en día. En teoría cobro 2 mil euros al mes, pero sólo trabajo unos meses al año. En un buen año puedo ganar 8 mil euros. Así que en realidad cobro menos de 700 euros al mes. ¿Con 700 euros se puede vivir hoy en día? ¿Se puede pagar una hipoteca? ¿Se pueden tener hijos? Mi padre era obrero de fábrica, en la Fasa Renault de Sevilla. No tuvo estudios, pero tenía un contrato fijo, un sueldo fijo, derecho a ponerse malo, a vacaciones. La generación de mi padre pudo tener casa, porque una casa costaba 2 millones de pesetas. Nos llevó a la Expo. Pudo llevarnos a la playa en verano...
 

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LOS NUEVOS KEYNESIANOS O LA "RESURRECCIÓN" DEL CAPITALISMO

Hace unas semanas nuestro colaborador Manuel Navarrete publicó un documentado artículo en la revista "Laberinto" en el que, que bajo el título "No hay alternativas. Otro capitalismo es imposible", el autor hace un conjunto de valoraciones sobre lo que él denomina el intento de "resucitar a la socialdemocracia keynesiana en el Estado español". El trabajo de Navarrete es extenso.
 
 

El ciudadanismo se concreta en un conjunto de movimientos de reforma ética del capitalismo, que aspiran a aliviar sus efectos mediante una agudización de los valores democráticos abstractos y un aumento en las competencias estatales que la hagan posible, entendiendo de algún modo que la explotación, la exclusión y el abuso no son factores estructurantes, sino meros accidentes o contingencias de un sistema de dominación al que se cree posible mejorar moralmen
 
 

Una plataforma contra el fascismo no debe contar jamás con la presencia del PSOE" Sobre la polémica del antifascismo Por Manuel Navarrete (*) - Canarias-semanal.org (Pinche aquí para leer los artículos anteriores de Manuel Navarrete) "Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica". Bertolt Brecht. En las últimas semanas se viene desarrollando un debate público sobre cómo enfocar la lucha antifascista en Sevilla. Miguel Sanz, un compañero de muchas batallas a pesar de nuestras divergencias inevitables, me ha planteado un gran número de preguntas. Se me hace imposible contestarlas todas, pero trataré de abordar aquellas que profundicen en el debate. En resumidas cuentas, En Lucha propone la creación de un frente antifascista amplio, en el que tendría cabida incluso el PSOE. Lo hace porque piensa que así será  



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Quería darle las gracias a CC OO.

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Manuel Navarrete.

Líbreme Marx de escribir que celebro las lágrimas de cocodrilo de Beatriz Talegón en la mani de ayer. Líbreme Lenin de cuestionar su integridad intelectual y moral. Líbreme Mao de usar palabras como OTAN, GAL, ETT, Yugoslavia, Afganistán, Libia o expresiones como reforma laboral, ERE irregular, reconversión industrial, rescate bancario, reforma constitucional exprés o Ley de Partidos.
 
 

Publicado en Martes, 22 Enero 2013 14:18 Escrito por Manuel Navarrete  redroja

… y en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia.

John Steinbeck...
 
 

Un artículo Manuel Navarrete.

La burguesía inglesa, por ejemplo, obtiene más ingresos de los centenares de millones de habitantes de la India y de otras colonias suyas que de los obreros ingleses. Tales condiciones crean en ciertos países una base material, una base económica para contaminar el chovinismo colonial al proletariado de esos países.
 
 

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Manuel Navarrete es sin duda una de las plumas mas lucidas dentro de la izquierda revolucionaria andaluza.
 

“La enfermedad senil del revisionismo resulta extrañamente selectiva a la hora de citar a Lenin. Casualmente sólo se citan aquellos pasajes pasados que sirven para justificar las traiciones presentes”

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Un artículo de Manuel Navarrete.

"Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima....
 
 

Un artículo de Manuel Navarrete.

La gente de izquierda debería luchar con más fuerza contra la televisión realmente existente. Contra todos sus programas y tertulianos, empezando por aquellos que se las dan de progresistas. Sólo una transformación cultural masiva y de raíz puede  cambiar la correlación de fuerzas entre las clases sociales.
 
 
 

Un artículo de Manuel Navarrete.

Al calor de las últimas movilizaciones populares, resurge la pasión por el espontaneísmo. Aun yendo a contracorriente, debemos decirlo con claridad: el activismo por el activismo, ciego, sin estrategia y sin objetivos, no lleva a ningún lado. Las líneas políticas de cada etapa deben debatirse minuciosamente; sólo aquellos que tienen complejos, quizá por carecer de una trayectoria práctica real, pueden dudarlo.
 
 

Un artículo de Manuel Navarrete.

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El otro día, un amigo y yo íbamos en una mani y vimos a uno que llevaba una camiseta con la cara de Sánchez Gordillo. Luego, un trotskista nos repartió un panfleto que contaba con, al menos, doscientas citas de León Trotsky, de dudosa aplicación a la actualidad. Reflexionamos entonces sobre lo fácil que es caer en el culto a la persona....
 
 

Sátira dedicada a los defensores de la llamada "democracia burguesa"

Por Manuel Navarrete (*) - Canarias Semanal

Nuestro colaborador Manuel Navarrete dedica esta sátira a "esos muchos que, bajo el pretexto de criticar el burocratismo (cosa que sería sana), acaban lavándole la cara a la llamada 'democracia burguesa', que, además de ser la peor y más criminal de las dictaduras, es la que nos oprime a nosotros".
 
 
 

Un artículo de Manuel Navarrete.

Hay una sola grieta

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Un artículo de Manuel Navarrete.

El síndrome Carrillo

Manuel Navarrete

“El color morado de una bandera no merece otra guerra civil”
 
 
 

Por Manuel Navarrete - Canarias Semanal

Existe en la izquierda cierta tendencia derrotista - escribe nuestro colaborador Manuel Navarrete - que tiende a reproducir la vieja actitud de Plejanov: "hay que esperar, aún no se dan las condiciones objetivas para hacer la revolución".Bien nos vendría en cambio recuperar la actitud de Lenin o, incluso, del Che Guevara, que proponía "forzar las condiciones" a través de la agud....
 
 

Un artículo de Manuel Navarrete.

“La juventud envejece, la inmadurez se supera, la ignorancia puede educarse y la borrachera despejarse. Pero la estupidez dura para siempre” (Aristófanes)

Introducción

Si se fijan, observarán en el progre vulgaris cierta propensión a considerar idiota al enemigo de clase.  


Táctica y plataforma política

Por Manuel Navarrete (*) - Canarias Semanal

La dominación que padecemos se asienta en tácticas inteligentes y sutiles por parte del poder. Desgraciadamente, los contestatarios entramos en ese juego con demasiada facilidad, haciendo exactamente lo que ellos quieren que hagamos.

 


InSurgente - Manuel Navarrete

Manuel Navarrete.- La cuestión es ¿qué hacer ahora? ¿Trabajar con el movimiento popular para tratar de conducirlo a buen puerto? ¿O aislarnos en nuestra inmaculada pureza, reconociendo de una vez por todas que el marxismo no vale para nada excepto para dárselas de listo?.....

....Pedro Honrubia escribió hace tiempo un artículo titulado Marat, pasándose de listo...
 
 

Manuel Navarrete

Sesgo analítico

Si hay algo que la izquierda debería tener meridianamente claro es que los medios de comunicación son multinacionales y, en consecuencia, construyen sus noticias en función de los intereses de las multinacionales.
 
 

 



Manuel Navarrete.- A veces mira uno a su alrededor y sólo puede recordar la figura del Kapo, retratada por Viktor E. Frankl en El hombre en busca de sentido; motivo asimismo de una película inolvidable de Gillo Pontecorvo; pero que aparece también en obras más recientes como El pianista de Polanski.

El Kapo era un judío, que, en los campos de concentración, se ponía al servicio de los nazis para disciplinar al resto de los prisioneros....
 
 

por Manuel Navarrete

En el Estado español, nos costó mucho tiempo y esfuerzo conseguir que la gente comprendiera que “PSOE y PP la misma mierda es”. Diego Valderas acaba de destruirlo en apenas dos semanas.

Si, como decía Ovidio, es lícito aprender del enemigo, dirijamos por un momento nuestra mirada hacia Jean-Marie Le Pen.
 
 

 


(Un artículo de Manuel Navarrete).- Las recientes declaraciones públicas de Llamazares y Cayo Lara no son más que la enésima confirmación de que en el Estado español hace falta una nueva casa para las izquierdas transformadoras.

Un suponer. Mañana, EE UU denuncia, teatralmente ofendida, los crímenes del Imperio Británico desde el siglo XVI hasta el XX.
 

Manuel Navarrete

...¿Por quiénes?, se preguntarán algunos. Es fácil. Los países socialistas se equivocaban: ¿qué es eso de exhibir una burocracia pública, conocida por todos, que da discursos políticos incendiarios en la Plaza Roja y rinde cuentas ante la sociedad? Mejor hablar de unos espectrales “mercados”, cuya impersonal voluntad, como la de un nuevo dios, ha de cumplirse siempre automáticamente, aunque sin saber demasiado bien por qué.
 
 

La unidad de clase jamás podrá venir de una negación idealista de la diversidad existente en la clase obrera real.

No es infrecuente escuchar a militantes marxistas decir que el nacionalismo y el feminismo dividen a la clase trabajadora, por lo que ambas temáticas deben disolverse en un difuso cosmopolitismo proletario centrado en “la única” contradicción real: la que divide al capital y al trabajo.
 
 

(Un artículo de Manuel M. Navarrete).- Tengo amigos y compañeros de lucha que participan en algunas de las candidaturas que se presentan a las elecciones del 20-N por mi localidad u otras localidades (Anticapitalistas, Izquierda Unida, PCPE, Republicanos…) No son burócratas sino militantes de base. Son gente a quien respeto y a quien podría votar como gobernantes, llegado el caso. Sin embargo, en estas elecciones he decidido abstenerme.
 
 

(Un artículo de Manuel M. Navarrete).- Por suerte, cada vez son más las izquierdas que comprenden que, si el poder reside fuera del parlamento, la lucha fundamental para derrocarlo también tendrá lugar fuera del mismo.
 
 

Tras un breve debate entre los dos, nuestro colaborador Manuel M. Navarrete responde a las preguntas directas de José López.
 
Si el Che estuviera vivo, lo llamarían terrorista

Segunda y última parte de la entrevista de José López a Manuel M. Navarrete. Hagan clic en "Leer ...
 
 

(Un artículo de Manuel M. Navarrete).- Con estas líneas me gustaría responder brevemente a un extenso artículo de José López, Los peligros de la #SpanishRevolution, con cuyos planteamientos no estoy de acuerdo y que se cierra con una apelación a los lectores, de los que dicho autor desea conocer su opinión.
 
 

(Un artículo de Manuel M. Navarrete).-

¿Una radicalización restaría apoyos a IU? Habría que rastrear de dónde surge esta abstracta teoría (¿tal vez del Grupo Prisa, motivado por éxito de esa otra invención suya que denominan “la pinza”?).
 
 

(Un artículo de Manuel M. Navarrete).-

Los comunistas (o anarquistas, o anticapitalistas) no lo somos porque nos guste mucho esa tradición, ni por nostalgia, ni por devoción estética hacia determinados libros, banderas o camisetas, ni por los actos que otros -bajo las mismas ideas que nosotros- llevaran a cabo en el pasado. Tampoco lo somos solamente porque estemos contra la Reforma Laboral, el Plan Bolonia, el Copago o los recortes sociales.
 

(Un artículo de Manuel M. Navarrete).-

Los comunistas (o anarquistas, o anticapitalistas) no lo somos porque nos guste mucho esa tradición, ni por nostalgia, ni por devoción estética hacia determinados libros, banderas o camisetas, ni por los actos que otros -bajo las mismas ideas que nosotros- llevaran a cabo en el pasado. Tampoco lo somos solamente porque estemos contra la Reforma Laboral, el Plan Bolonia, el Copago o los recortes sociales.
 
 

(Un artículo de Manuel M. Navarrete).- Nos ha cogido por sorpresa. Demasiadas veces nos habíamos lamentado: se rebelan en Francia, se rebelan en Grecia; hasta en Portugal se rebelan; pero, aquí, nada. Y, de pronto, apareció esto.

Un mes antes vimos a aquellos “Jóvenes sin futuro, sin casa, sin curro, sin pensión pero sin miedo”, apaleados por la policía madrileña.
 
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