Una
pléyade de jóvenes provenientes de las organizaciones clandestinas que
lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista fue seleccionada para
tales empeños. Todos desconocían las técnicas y secretos de esa
actividad, pero, teníamos las convicciones y la voluntad necesaria para
emprender aquel largo y escabroso camino, no exento de dificultades,
errores y tropiezos.
El
nivel de escolaridad promedio era medio y por supuesto algún que otro
universitario servía en nuestras filas. Muchos, obreros y campesinos y
la mayoría provenientes de centros estudiantiles. La jefatura y un
sector importante de los nuevos reclutas, pertenencia al ejército
rebelde. Al principio -según mi memoria- coexistieron dos organizaciones
con parecidos objetivos, la División de Inteligencia Militar G-2 y el
Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde, DIER que
terminaron uniéndose.
Un
aparato clandestino y otro militar componían nuestra estructura. El
primero dedicado a buscar información y penetrar las actividades
contrarrevolucionarias, dentro y fuera del país y el segundo a las
investigaciones públicas, las detenciones, los interrogatorios de los
contrarrevolucionarios y su presentación a los tribunales
revolucionarios. Nuestros Jefes fueron hombres forjados en los combates
de la Sierra Maestra o el Llano, encabezados por los Comandantes Ramiro
Valdés, Manuel Piñeiro y Abelardo Colomé, así como los capitanes Orlando
Pantoja, Eliseo Reyes, Carlos Figueredo y Osvaldo Sánchez, entre otros.

Al
calor de las primeras y desiguales batallas contra un enemigo poderoso,
la CIA, nuestros combatientes adquirieron sus primeras experiencias. A
lo largo de estos años se logró penetrar prácticamente a todas las
organizaciones contrarrevolucionarias y en muchos casos controlar sus
máximos niveles; numerosos oficiales trabajaron en el exterior, de
manera clandestina o no, y realizaron sus misiones apoyados por
abnegados revolucionarios de todas las latitudes. Todos fueron elevando
su nivel técnico y profesional. Muchos cumplieron misiones
internacionalistas en decenas de países o colaboraron en la formación de
especialistas en distintas naciones que se liberaban del colonialismo.
Protegieron fronteras, resguardaron nuestro patrimonio cultural,
paralizaron espantosos sabotajes y hechos terroristas, penetraron los
centros de planificación y realización de propaganda
contrarrevolucionaria y diversionista, evitaron que escaparan al
exterior informaciones sensibles sobre la economía o la vida de nuestros
dirigentes, protegieron delegaciones comerciales, culturales,
deportivas y políticas en sus viajes al extranjero, impidieron llevar a
cabo atentados contra los principales dirigentes del país, y colaboraron
en el establecimiento de la base de operaciones del Che en Bolivia,
entre otras importantes tareas.
Cientos
de agentes realizaron sus tareas, casi siempre en difíciles
circunstancias, unas veces infiltrados en el campo enemigo, dentro de
bandas de alzados, de organizaciones contrarrevolucionarias en Cuba o
fuera de ella. Aparentaron conductas muy alejadas de su natural ser,
obedeciendo estrictamente las orientaciones recibidas, sin temor a los
riesgos. Muchos cayeron heroicamente en la defensa de la Patria.
Recuerdo como ejemplo de ello a Alberto Delgado inmortalizado como “El
Hombre de Maisinicú” en el film de Manuel Pérez y cantado por Silvio
Rodríguez.
La
creación el 28 de septiembre de 1960 de los Comités de Defensa de la
Revolución resultó fundamental, pues se organizaba al pueblo en la
defensa de sus conquistas. Miles de hombres y mujeres en toda la
geografía de nuestro país se alistaron para enfrentar al enemigo, en su
lucha subterránea y subversiva, resultando su aporte decisivo para la
derrota de los proyectos subversivos enemigos, pues, sin el apoyo del
pueblo, no hubiese sido posible. La solidaridad mundial y
particularmente Latinoamericana fue indispensable y muchos complots
fueron desenmascarados gracias a la denuncia oportuna de hombres y
mujeres de nuestro Continente que apreciaron en la Revolución cubana una
luminosa luz que erradicaría sus males inveterados.
A
pesar de nuestra inexperiencia, fueron desarticulados todos los
complots previos a la Invasión de Bahía de Cochinos, detenido el Estado
Mayor contrarrevolucionario interno, frustrados proyectos homicidas
contra la vida del Comandante en jefe Fidel Castro y luego se enfrentó
la Operación Mangosta, que en solo 10 meses ejecutó dentro de Cuba 5,780
actos terroristas y sabotajes y cuyo final era facilitar la invasión de
las tropas norteamericanas para derrocar al gobierno revolucionario.
Nunca el Mundo estuvo al borde de una guerra nuclear como entonces y
solo el genio político y militar de Fidel, su firmeza y posiciones de
principios nos libró y libró al Mundo del holocausto nuclear.
A
finales de 1961, sólo unos pocos oficiales —no más de veinte— habíamos
pasado un curso de inteligencia de cinco meses en Moscú, por cierto muy
rudimentario. Allí aprendimos los principios de aquella actividad y
tuvimos profesores, entonces oficiales en activo del KGB, que nos
relataron sus experiencias, errores y éxitos, de los cuales guardamos un
recuerdo imperecedero. Lo esencial que aprendimos de ellos fue su amor a
la patria y a la causa socialista. La instrucción y preparación de
nuestros cuadros y combatientes era elemental y no fue hasta bien
entrada la década, que los primeros grupos de compañeros comenzaron a
adiestrarse de forma sistemática en las escuelas soviéticas, aunque ya
por entonces también habíamos fundado una propia, en la cual casi todos
los veteranos impartimos docencia.
La
Seguridad no estuvo aislada de la lucha política e ideológica que se
desarrollaba en todo el país como consecuencia de la profundización del
proceso revolucionario. No faltaron oficiales que, al no tener
condiciones, actuaban equivocadamente o simplemente no estaban de
acuerdo con el proyecto socialista. Al tiempo que se luchaba contra un
enemigo poderoso y entrenado, teníamos que enfrentar las desviaciones de
algunos compañeros y defender, también en lo interno de la institución,
en el campo de las ideas, el proyecto social emprendido.
El
18 de mayo de 1962 el comandante Ernesto Che Guevara impartió una
conferencia sobre América Latina en la jefatura de G-2, entonces una
residencia situada en un lugar conocido por La Muñeca, en el antiguo
reparto Biltmore. Después de una información documentada sobre la
situación política en el Continente y el desarrollo de sus movimientos
políticos y revolucionarios y luego de recorrer con su penetrante mirada
el grupo que le rodeaba, explicó con su peculiar cadencia de voz:
“Establecimos
un principio que Fidel defendió mucho siempre, de no tocar nunca a la
gente, aun cuando se le fusilara al minuto, y puede ser que haya habido
excepciones, yo conozco alguna excepción, y eso es muy importante,
porque aquí todo se sabe, todo lo que a veces no decimos en el
periódico, todo lo que no queremos enterarnos siquiera, después nos
enteramos (….) Todo se sabe y así también se saben los atropellos y las
malas acciones que comete un cuerpo, por más clandestino que sea, por
más subterráneo que trabaje, el pueblo tiene muchos conocimientos y sabe
apreciar todas esas cosas. Ustedes tienen un papel importantísimo en la
defensa del país, menos importante que el desarrollo de la economía,
acuérdense de eso, menos importante. Para nosotros es mucho más
importante tener malanga que tenerlos a ustedes, pero de todas maneras,
ustedes tienen un papel importante y hay que saber desempeñarlo, porque
todavía tenemos batallas muy duras y durante quién sabe cuánto tiempo,
porque todos nosotros tenemos que poner nuestras vidas a disposición de
la Revolución, en un campo u otro, con mayor o menor premura, en un
futuro más o menos cercano. Pero las batallas seguirán. (…) Si lo es
hasta el grado extremo, realmente ni la actuación de ustedes, ni la mía
tendrá mucha importancia en el desenlace final; pero si no lo es, y
estamos todos no solamente con deseos, sino luchando porque no lo sea,
si el imperialismo puede ser sujetado ahí donde está, si puede ir
reduciéndose en su agresividad (….) entonces la tarea de ustedes
adquiere la importancia que tiene, la de descubrir lo que hay, lo que
prepara el enemigo y también la de saber informar lo que siente el
pueblo […] Contrarrevolucionario es aquel que contraviene la moral
revolucionaria, no se olviden de eso. Contrarrevolucionario es aquel que
lucha contra la Revolución, pero también es contrarrevolucionario el
señor que valido de su influencia consigue una casa, que después
consigue dos carros, que después viola el racionamiento, que después
tiene todo lo que no tiene el pueblo, y que ostenta o no lo ostenta pero
lo tiene. Ese es un contrarrevolucionario, a ese sí hay que denunciarlo
enseguida, y al que utiliza sus influencias buenas o malas para su
provecho personal o de sus amistades, ese es contrarrevolucionario, y
hay que perseguirlo, pero con saña, perseguirlo y aniquilarlo.1
Fue
una lección inolvidable. No sólo se conoció de los conflictos
sociopolíticos del continente, sino también cómo debía ser un
combatiente de la Seguridad y, por consiguiente, un revolucionario,
conceptos que necesariamente tienen que estar unidos. Y eso sólo lo
logra por la mística, el respeto por las ideas martianas y socialistas,
la solidaridad, la justeza de la causa que se defiende, la honestidad,
la capacidad de encontrar en la madeja cotidiana de la vida lo que
resulta principal: la patria y la historia.
A diez años de la creación del Ministerio del Interior, Fidel señalaba: “En
aquella lucha frente a los enemigos, los combatientes del Ministerio
del Interior jugaron un rol decisivo para llegar a exterminar hasta la
última banda (contrarrevolucionaria), para llegar a capturar hasta el
último bandido […] aquella lucha costó incluso más vidas que lo que
costó la batalla de Girón, porque día a día, mes tras mes, año tras año
se mantuvo la lucha”.2
Fue
la preocupación y atención constante de los dirigentes revolucionarios
por la formación de nuestros hombres y mujeres una de las causas
fundamentales por las que aquel organismo pudo sobrevivir en el combate
diario, fortalecerse políticamente y evitar abusos de poder y otras
desviaciones.
En
aquellos años aprendimos lo que no se aprende en Universidad o Academia
alguna. En el fragor de la lucha y el permanente combate contra los
servicios de inteligencia y subversivos de los Estados Unidos y sus
aliados, en el enfrentamiento directo a las organizaciones
contrarrevolucionarias, a los grupos políticos, económicos, sociales o
académicos que, encubiertos con piel de oveja, pretendían que la
Revolución claudicara, sembrando la duda y la calumnia, descubrimos el
oportunismo, la corrupción y las demás lacras sociales que, son
inherentes a cualquier sociedad. Conocimos, no siempre de la mejor
manera, cómo debíamos trabajar y hacia dónde dirigir nuestros golpes,
sin excluir los errores, las deficiencias y las faltas cometidas.
Un
componente vital en las jornadas entonces emprendidas, fue el empleo de
las armas políticas e ideológicas para enfrentar la agresión
subversiva. El trabajo mancomunado con los organismos
político-culturales, fue imprescindible, incorporando a prestigiosos
artistas e intelectuales en este esfuerzo patriótico.
Es
imposible aprender a caminar sin caer, y no fuimos la excepción. No
exagero si afirmo que durante aquellos primeros años resultaron
extremadamente inusuales conductas erróneas. Aquellos casos eran
sancionados firmemente y posteriormente rectificados; no dudo que se
cometieran incluso arbitrariedades –que siempre serían consideradas muy
graves–, pues no estábamos en la esfera de la producción o el cultivo,
creando bienes materiales u obras intelectuales, sino inmersos en una
guerra feroz, con recursos muy escasos y enfrentando a un enemigo
poderoso y con posibilidades y experiencia ilimitadas, pero jamás, los
mandos a todos los niveles, permitieron abusos de poder o violaciones de
los derechos personales.
Al
valorar retrospectivamente la historia, los logros y errores, los
resultados positivos son más que significativos. En estos años la
Seguridad cubana supo cumplir con el deber encomendado en la defensa de
la Revolución y las conquistas socialistas, contribuyendo a proteger la
integridad y la soberanía de nuestra aguerrida y heroica Patria y la
vida de nuestros principales líderes.
Años
más tarde, en 1989, la dirección del Ministerio del Interior y un grupo
de sus oficiales fueron sustituidos y varios de sus miembros
sancionados por los tribunales debido a errores graves y conductas
corruptas. Una vez más se demostraba que el poder y el control deben
marchar unidos, sobre todo en organizaciones de esta naturaleza. Las
medidas tomadas entonces fueron radicales y necesarias. Conocidos los
hechos, el bochorno, la amargura, el desconcierto e incluso la
desconfianza se extendieron entre jefes, oficiales y combatientes con
méritos legítimos alcanzados durante muchos años de dura lucha. Pero el
momento fue superado rápidamente. Continuar trabajando sobre la base de
la unidad, la exigencia y los principios, propició que se recuperara la
capacidad combativa sin dejar brecha al enemigo, que seguramente intentó
aprovecharlo. Aun así, no se manifestaron traiciones o deserciones; en
su mayoría los jefes y oficiales continuaron su labor en la institución;
otros, en el retiro, asumieron nuevas tareas, siempre en las filas de
la Revolución.
Sin
dudas, al recordar las luchas de nuestro pueblo en la defensa de la
Patria, en los años transcurridos, las próximas generaciones podrán
enorgullecerse de la obra realizada. Por nuestra parte, sólo aspiramos a
haber cumplido con el deber revolucionario y la misión asignada con la
certeza de que no hemos defraudado aquellas premonitorias palabras del
Che y la confianza depositada por Fidel y Raúl. Hombres y mujeres del
pueblo conformamos una masa heterogénea pero compacta que ha cumplido,
invariablemente, las tareas asignadas por la Revolución.
Nuevas
generaciones de jóvenes se han ido incorporando al combate, con el alto
nivel cultural y profesional que exige la Cuba de nuestros tiempos,
quienes deberán salvaguardar la historia de sus predecesores, con mayor
preparación política, cultural e ideológica, con patriotismo, con ética y
mística, con un actuar diáfano, y con sentido de pertenencia a. una
institución que no ha de brindar acomodo sino compromiso. Reitero, no es
“hacer” carrera, lo fundamental es cumplir con el deber asignado el tiempo necesario y después desarrollar sus propias expectativas y metas.

Una versión de este texto se publicó en el diario Granma
1 Ernesto Che Guevara: América Latina, Despertar de un Continente, Ocean Press, —
2
Fidel Castro: “Discurso pronunciado en el acto conmemorativo del X
aniversario del MININT”, Teatro de la CTC, La Habana, 6 de junio de
1971,www.cuba.cu/gobierno/discursos/1971
3
Ana Belén Montes, patriota e internacionalista Portorriqueña que
trabajo en favor de Cuba dentro de la Inteligencia Militar de Estados
Unidos. Detenida a finales de los noventas del pasado siglo, hoy cumple
condena en Estados Unidos sin jamás haber adjurado de sus principios y
actitudes.
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