El Referendum y la desintegración de Syriza. Entrevista a Stathis Kouvelakis, del Comité Central de Syriza ...y mas
Recibimos de un compañero esta entrevista a Kouvelakis con este apunte que nos parece importante incorporar para ..."una nejor lectura"
"Por su interés -solo sea en cuanto a datos y a la la lucha interna en Syriza-, os reenvío este correo. Solo por respeto formal, mantengo el título del correo original. Yo no creo que sea un texto claro por sí mismo si no se le analiza e interpreta desde una posición distinta a la que mantiene el entrevistado. Pero ciertamente es de interés lo que dice y, sobre todo, lo que puede deducirse de lo que dice."
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Jacobin
El acuerdo reciente
entre el gobierno de Syriza y las instituciones acreedoras de la Troika
sorprendió a mucha gente de izquierda que ha seguido los acontecimientos
en Grecia. El acuerdo parece indicar el final de un ciclo político. En
la siguiente entrevista, publicada en inglés a comienzos de agosto,
Sebastián Budgen, editor de la revista norteamericana Jacobin,
conversa con Stathis Kouvelakis, miembro de la Plataforma de Izquierda y
del comité central de Syriza sobre los acontecimiento más recientes en
Grecia y las expectativas confirmadas o desmentidas y los próximos pasos
del ala radical del partido. Kouvelakis reflexiona sobre la estrategia
de la Plataforma de Izquierda, sobre si las cosas se podrían haber hecho
de otra manera y sobre las perspectivas de ruptura de Syriza y
recomposición general de la izquierda.
¿Cuáles fueron las causas del referéndum de julio? Muchos lo vieron
como si surgiera de la nada, como un comodín que el primer ministro
griego Alexis Tsipras se sacó de la manga. Pero también hay dudas sobre
sus motivaciones, incluso se especula que Tsipras pensó que iba a
perder.
Creo que el referéndum fue claramente un
intento de salir de la trampa en la que el gobierno estaba cayendo a
través del proceso de negociación. En realidad era bastante obvio que
durante la espiral descendente de concesiones, el gobierno y Tsipras se
dieron cuenta de que lo que proponían no iba a ser suficiente para la
Troika. Hacia la última semana de junio se veía claro que el acuerdo que
estaba tomando forma no pasaría la prueba interna dentro de Syriza y no
pasaría tampoco la prueba de la opinión pública. Los mensajes que
llegaban a la dirección y a Tsipras mismo desde el interior del partido,
desde mucho más allá de las filas de la Plataforma de Izquierda,
indicaban que lo que se estaba conformando no era aceptable. Los últimos
días de esa semana hubo también un cambio significativo de la opinión
pública. La gente decía que estaban hartos de estas negociaciones
interminables. Se entendía que la Troika estaba tratando de humillar al
gobierno griego. Tsipras, que como político tiende a ser del tipo que
juega y apuesta fuerte, pensó en el referéndum. La idea no era del todo
nueva y había sido sugerida antes por otros, incluyendo Yanis
Varoufakis, no como ruptura con el proceso de negociación, sino como un
movimiento táctico que podría fortalecer la postura negociadora. Estoy
seguro acerca de esto que digo porque conozco informes detallados de la
reunión clave del gobierno la noche del 26 de junio, cuando se anunció
el referéndum.
Aquí hay que decir dos cosas. La primera es que
Tsipras y la mayoría de las personas cercanas a él pensaban que el
referéndum iba a ser un paseo. Y eso era lo que parecía antes del cierre
de los bancos. La sensación general era que el referéndum se ganaría
abrumadoramente, con más del 70 por ciento. Esa expectativa era bastante
realista, sin el cierre de los bancos el referéndum se habría ganado
con facilidad, pero la significación política del No habría sido
distinta, ya que no habría existido la atmósfera de confrontación y
dramatismo creada por el cierre de los bancos y la reacción de los
europeos.
Lo que sucedió en esa reunión de gobierno fue que
varias personas, el ala derecha del gobierno, liderada por el Viceprimer
ministro Yanis Dragasakis, no estuvo de acuerdo con la convocatoria del
referéndum. Dragasakis es en realidad la persona que ha estado
supervisando todo el proceso de negociación del lado griego. Todos en el
equipo de negociación con la excepción del nuevo ministro de Finanzas,
Euclides Tsakalotos, son del grupo de Dragasakis y él era el ministro
más destacado que quería deshacerse de Varoufakis. Ese ala derecha del
gobierno pensó que el referéndum era una propuesta de alto riesgo. A
diferencia de Tsipras, que no era consciente de lo que se planteaba, el
ala derecha se daba cuenta de que se trataba de una decisión muy
polémica que daría lugar a una dura reacción de la parte europea. Lo
cual se confirmó luego. También estaban asustados de la dinámica de base
que pondría en marcha esa iniciativa. Desde otro sector, el líder y
ministro de energía y reconstrucción productiva y miembro de la
Plataforma de Izquierda, Panagiotis Lafazanis, dijo que el referéndum
fue la decisión correcta, aunque tardía, pero también advirtió que
equivalía a una declaración de guerra, que la otra parte cortaría la
liquidez y que en cuestión de días los bancos estarían cerrados. La
mayoría de los presentes pensó que eso era un chiste.
Creo que
esa ignorancia, esa falta de realismo sobre lo que iba a suceder, es
absolutamente clave para entender la lógica de cómo ha actuado el
gobierno hasta ahora. Simplemente no podían creer que los europeos
reaccionarían de la manera que realmente reaccionaron. En cierto modo,
como ya he dicho, el ala derecha de Syriza era mucho más lúcida.
Esto explica también lo que sucedió a nivel gubernamental durante la
semana del referéndum. Tsipras estaba bajo una enorme presión de
Dragasakis y otros para que se suspendiera el referéndum. No lo hizo,
por supuesto, pero dejó claro que sus próximos movimientos serían los
que la derecha quería, y que la medida no era una ruptura con la línea
que se había seguido hasta ese momento, sino una especie de movimiento
táctico dentro de ese marco.
¿Y ese fue el significado del retroceso aparente del miércoles antes de la votación?
Exactamente. Ese miércoles algunas personas incluso hablaron de un
golpe interno, y en Atenas circulaban rumores de que Tsipras iba a
suspender el referéndum. Durante su discurso confirmó que el referéndum
se haría, pero también dejó claro que el referéndum estaba pensado como
herramienta para conseguir un mejor acuerdo y que no era el final de la
negociación, sino sólo la continuación bajo condiciones supuestamente
mejores. Y se mantuvo fiel a esa línea durante toda esa semana.
Una cosa que yo no entiendo sobre el proceso, incluso desde el punto de
vista de las relaciones públicas, es que Tsipras convocó un referéndum
sobre una serie de propuestas que pidió rechazar y aún en el período
previo al referéndum hizo gestos hacia las instituciones acreedoras que
parecían proponer medidas aún peores que las que él estaba llamando al
pueblo a rechazar. La impresión era de incompetencia y caos.
He tratado de explicar las intenciones de Tsipras para responder a la
pregunta sobre si él pensaba que iba a perder el referéndum, y para
aclarar el significado que el referéndum tenía para él. Pero lo que está
absolutamente claro es que el referéndum desató fuerzas que iban mucho
más allá de las intenciones de Tsipras y del gobierno, que fueron
claramente superados por el impulso desencadenado por el referéndum.
Entonces hicieron todo lo posible para poner otra vez al genio en la
botella. La forma en que Tsipras hizo frente a la presión de Dragasakis
—por eso ese miércoles es tan importante— fue aceptar su línea y enviar
esa carta infame al Eurogrupo y antes de esa carta, otra solicitando un
nuevo préstamo. Eso abrió camino para lo que iba a venir la semana
después del referéndum.
Pero, por otro lado, para justificar
que no podía suspender el referéndum sin quedar totalmente en ridículo,
tenía que dar alguna justificación de su iniciativa. Y así habla de
luchar contra las medidas de austeridad incluidas en el paquete Juncker,
sobre el chantaje de la Troika y el ultimátum al que había sido
sometido. Y, por supuesto, la dinámica que se desarrolla desde abajo en
ese momento le toma la palabra y sigue librando la batalla contra la
Troika. Este es un buen ejemplo de una iniciativa que partió de arriba,
como resultado de contradicciones internas, pero que terminó liberando
fuerzas que iban mucho más allá de las intenciones de un líder. Me
parece que esto es muy importante, porque también hay que entender que
una de las mayores dificultades que Tsipras enfrenta ahora, después de
la rendición del acuerdo de ayer, es la legitimidad política muy dudosa
de esa iniciativa después del referéndum.
Es una completa
ilusión pretender que el referéndum no tuvo lugar. El referéndum se
celebró y hoy está claro tanto para la opinión pública internacional
como para la sociedad griega que Tsipras está traicionando el mandato
popular.
Entonces, en este gran debate, ¿es
Tsipras una especie de genio maquiavélico supertáctico o más bien es un
jugador que apuesta fuerte y se ve superado por los acontecimientos?
Bueno, yo creo definitivamente lo segundo, siempre que aclaremos lo
siguiente: en realidad Tsipras y la dirección han estado siguiendo muy
coherentemente la misma línea desde el principio. Pensaban que mediante
la combinación de un enfoque "realista" en las negociaciones y una
cierta firmeza retórica, obtendrían concesiones de los europeos. Pero
cada vez se veían más atrapados en esa línea, y cuando se dieron cuenta
de que estaban totalmente en una trampa, no tenían ninguna otra
estrategia. Se negaron sistemáticamente a pensar cualquier otra
estrategia, y también hicieron que fuera prácticamente imposible aplicar
otro enfoque cuando todavía había tiempo.
En la entrevista de hace un par de días en la revista New Statesman,
Varoufakis dice que un pequeño equipo de personas a su alrededor
trabajó durante la semana previa al referéndum sobre un plan alternativo
que incluía el control estatal de los bancos, la emisión de pagarés y
desconexión del banco central de Grecia del Banco Central Europeo en
Frankfurt, en lo que sería una especie de salida gradual. Pero eso fue
claramente demasiado tarde y fue rechazada por casi todo el resto del
equipo económico del gobierno, lo que en esencia significa Dragasakis. Y
Tsipras, por supuesto, validó esa decisión.
Así que hay que
insistir en la continuidad de la línea de Tsipras. Esa es también la
razón por la que creo que la palabra "traición" no es apropiada si
queremos entender lo que está sucediendo. Por supuesto, objetivamente
podemos decir que ha habido una traición al mandato popular, que la
gente muy legítimamente siente que han sido traicionados. Sin embargo,
la noción de traición por lo general significa que en algún momento se
toma una decisión con consciencia de incumplir los propios compromisos.
Lo que creo que en realidad sucedió fue que Tsipras creía honestamente
que él podría conseguir un resultado positivo con la presentación de un
enfoque centrado en las negociaciones y mostrar buena voluntad, y esto
explica también por qué dijo muchas veces que no tenía ningún plan
alternativo. Pensaba que apareciendo como un “europeo leal”, sin ninguna
"agenda oculta", podría obtener algún tipo compensación. Por otro lado
mostró durante algunos meses una capacidad de resistir a la presión
creciente e hizo algunos movimientos impredecibles como el referéndum o
el viaje a Moscú. Creía que estaba aplicando las medidas adecuadas para
resolver el problema. Y lo que pasa es que al seguir persistentemente en
esa línea se llega a una situación en la que quedan solamente malas
opciones.
¿Y cuáles son las raíces de esa
estrategia? ¿Ceguera ideológica, pura ignorancia? Lo que confunde a
muchos es un gobierno compuesto sobre todo de intelectuales, personas
que pasaron toda su vida estudiando la economía política del capitalismo
contemporáneo, tanto en lo abstracto como en lo concreto, personas que
son activistas políticos. ¿Cómo se explica lo que parece una tremenda
ingenuidad acerca de sus adversarios políticos? ¿Está arraigada en un
fondo de ideología o es sólo la falta de experiencia en la "alta
política"?
Yo creo que tenemos que hay que distinguir dos
elementos dentro del gobierno. El primero es el ala derechista del
gobierno liderada por dos de los principales economistas, sobre todo
Dragasakis, pero también Yorgos Stathakis. Y luego el núcleo dirigente,
Tsipras y las personas de su entorno. El primer grupo tenía una línea
coherente desde el principio, no había absolutamente ninguna ingenuidad
de su parte. Sabían muy bien que los europeos nunca aceptarían una
ruptura con el memorándum. Por esa razón Dragasakis desde el principio
hizo todo lo que pudo para que no cambiara el enfoque general.
Dragasakis saboteó claramente todos los intentos de Syriza tener un
programa económico propio, incluso un programa que estuviera dentro del
marco que había sido aprobado por la mayoría del partido. Dragasakis
pensaba que lo único que podía conseguirse era una versión mejorada del
memorándum. Quería tener las manos completamente libres para negociar el
acuerdo con los europeos, sin aparecer él mismo en el escenario. Y tuvo
éxito en el control del equipo de negociación, especialmente una vez
que Varoufakis fue apartado.
En el verano de 2013 Dragasakis
dio una entrevista muy interesante que creó mucho revuelo. Lo que
proponía no era ni siquiera una versión aguada del programa de Syriza,
sino un programa diferente que era una ligera mejora del acuerdo que
Nueva Democracia había firmado en su momento.
Y luego está el
otro enfoque, el de Tsipras, hecho desde una ideología de europeísmo de
izquierda, que tiene su mejor ejemplo en Euclides Tsakalotos, que se
considera a sí mismo un marxista firme, que viene de la tradición
eurocomunista (estuvimos en la misma organización durante años). La
declaración más típica de él, que captura su ideología y la perspectiva
dada al gobierno por la presencia de todos los académicos, es lo que
dijo en una entrevista en el web francés Mediapart en abril.
Cuando se le preguntó qué le había sorprendido más desde que estaba en
el gobierno, respondió que él era un académico, que su trabajo era
enseñar economía en una universidad, por lo que cuando fue a Bruselas se
había preparado muy en serio, que tenía todo un conjunto de argumentos y
esperaba contraargumentos bien elaborados para responderle. Pero en
lugar de eso, sólo tuvo que enfrentarse a personas que recitaban
interminablemente normas y procedimientos. Tsakalotos declaró en la
entrevista que estaba muy decepcionado por el bajo nivel de la
discusión. En la entrevista para New Statesman, Varoufakis dice
cosas muy similares acerca de su propia experiencia, aunque su estilo es
claramente más antagonista que el de Tsakalotos.
Esto muestra
bastante claramente que estas personas estaban esperando que la
confrontación con la UE ocurriera como en una conferencia académica
cuando vas con un trabajo bonito y esperas que los que no están de
acuerdo presenten contraargumentos bien elaborados.
Todo esto
dice mucho acerca de lo que la izquierda es hoy en día. La izquierda
está llena de montones de personas bienintencionadas, pero totalmente
impotentes en la política real. Pero también dice mucho sobre el tipo de
devastación mental causado por una creencia casi religiosa en el
europeísmo. Esto significa que, hasta el final, esta gente creía que
podrían conseguir algo de la Troika, que pensaban que entre "socios"
iban a encontrar algún tipo de compromiso, que compartían algunos
valores fundamentales como el respeto al mandato democrático, o la
posibilidad de una discusión racional basada en argumentos económicos.
Toda la postura de mayor confrontación de Varoufakis se resumía
realmente en lo mismo, pero con un envoltorio de jerga de teoría de
juegos. Lo que Varoufakis decía era que había que jugar el juego, y
seguir, y seguir jugando, hasta que finalmente el contrincante tuviera
que retirarse, porque supuestamente el daño que iba a soportar si no se
retiraba era demasiado grande para aceptarlo.
Lo que en
realidad sucedió fue parecido a una pelea donde un contrincante arriesga
un dedo del pie y el otro arriesgo sus dos piernas.
Así que,
ciertamente, había una falta elemental de realismo y esto está conectado
directamente con el principal problema que la izquierda tiene que hacer
frente hoy en día, nuestra propia impotencia.
¿Y cuál es la
naturaleza ideológica de este europeísmo que describes en la facción
central de la dirección de Syriza? Esas personas no son liberales ni
federalistas a lo Negri, ¿no son más bien gente que se considera a sí
misma marxista en la mayoría de los casos? ¿Existe una influencia de
Habermas o Étienne Balibar?
Creo que, en este caso, Balibar
es probablemente más relevante que Habermas. Y aquí también creo que
hay que creer en lo que dice Tsakalotos en una entrevista a Paul Mason
justo el día después de que las contrapropuestas muy humillantes del
presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, fueran
recibidas.
Cuando Mason le preguntó sobre el euro, Tsakalotos
dijo que la salida sería una catástrofe absoluta y que Europa reviviría
los años treinta con el regreso de la lucha entre monedas nacionales y
el resurgimiento de diversos nacionalismos y fascismos. Así que para
quienes piensan como él hay que elegir entre dos cosas: o bien ser
"europeo" y aceptar el marco existente, que representa de alguna manera
objetiva un paso adelante comparado la vieja realidad de los
estados-nación, o ser "antieuropeo", lo que sería equiparable con volver
a caer en el nacionalismo, un movimiento regresivo reaccionario. Esta
es una forma débil de legitimar la Unión Europea, que se ve como no
ideal, pero mejor que cualquier otra cosa posible.
Aquí puede
verse claramente qué ideología está detrás. No se suscribe positivamente
el proyecto y se tienen serias dudas sobre la orientación neoliberal y
la estructuración de arriba abajo de las instituciones europeas, pero se
integra uno en sus coordenadas y no se puede imaginar nada mejor fuera
de ese marco. Este es lo que significa denunciar el “Grexit”, la salida
de Grecia de la EU, como si fuera un regreso a la década de 1930 o una
especie de apocalípsis. Todo un síntoma del atrapamiento de la dirección
en la ideología del europeísmo de izquierda.
¿Es como si pareciera más fácil imaginar el fin del capitalismo que el fin de la Unión Europea, o incluso del euro?
Exactamente, eso escribí hace unos años.
Y sin embargo, esta actitud amistosa hacia la Unión Europea es
incompatible con la propia opinión de Nicos Poulantzas, a pesar de
algunos intelectuales que utilizan a Poulantzas para defender la
posición de la dirección.
Sí, Poulantzas habló de la
integración europea en la primera parte de su libro sobre las clases
sociales en el capitalismo contemporáneo, en el que analiza los procesos
de internacionalización del capital. Y allí consideró a la Comunidad
Económica Europea como un ejemplo de una forma imperialista de
internacionalización de la Europa del capital en el marco de lo que él
consideraba la nueva hegemonía estructural de posguerra de los Estados
Unidos.
Hablemos del referéndum otra vez. El
referéndum ocurrió en un contexto de crisis de liquidez, con los bancos
cerrados, los medios de comunicación lanzando una campaña de histeria y
los demás partidos propugnando el "sí". Entonces algo debió suceder para
provocar una reacción contraria de enorme escala del pueblo griego.
¿Fue un impulso de orgullo nacional, fue principalmente una cuestión de
clase, o fueron, como especulan Paul Mason y otros, los recuerdos de la
guerra civil? ¿Cuáles son las principales causas del "no"?
De todos los factores mencionados, lo menos relevante es la Guerra
Civil. Hay que ver que el No ganó en zonas de derecha, muy
tradicionales, como Laconia, cerca de Esparta, Mesenia y otras áreas del
centro de Grecia como Evrytania donde la derecha domina. El "no" fue
mayoría en todos los distritos de Grecia. La dimensión de clase fue sin
duda el más importante de los tres factores mencionados, que repasaré
por orden de importancia. Incluso comentaristas de los medios de
comunicación principales reconocieron que esta fue la votación más
polarizada por clases de la toda la historia griega. En los barrios
obreros el no obtuvo el 70 por ciento o más mientras que en los
distritos de clase alta el sí fue el 70 por ciento o más.
La
reacción histérica de las fuerzas dominantes y la situación dramática
creada por el cierre de los bancos y el límite a las retiradas de
efectivo creó dentro de las clases populares una identificación muy
fácil con la idea de que el campo del “Sí” representaba todo lo que
ellos odiaban. El que el campo del Sí movilizara a todos esos políticos
detestados, supuestos expertos, líderes empresariales y famosos
televisivos para su campaña sólo ayudó a inflamar esa reacción de clase.
El segundo factor que es igual de impresionante es la
radicalización de la juventud. Este es el primer momento desde que
comenzó la crisis en que los jóvenes toman una postura unificada. El 85
por ciento de los jóvenes de 18 a 24 años votó "no", lo que muestra que
esta generación que ha sido completamente sacrificada por el memorándum,
es muy consciente del futuro que tiene por delante y tiene una actitud
clara en lo que respecta a Europa. El diario francés Le Monde
sacó un reportaje en el que se preguntaba a esos jóvenes, que se habían
criado con el euro, con los programas Erasmus, y con la Unión Europea,
cómo es que estaban volviéndose contra ella. La respuesta de los
entrevistados era sencilla: hemos visto qué es Europa, y Europa
significa austeridad, Europa significa chantaje a los gobiernos
democráticos, Europa significa la destrucción de nuestro futuro. Eso
también explica las manifestaciones masivas y combativas de esa semana,
especialmente el viernes 3 de julio en Atenas y otras ciudades
importantes de Grecia.
La tercera dimensión es sin duda la de
orgullo nacional. Esto explica por qué fuera de los grandes centros
urbanos, donde las líneas de clase son más borrosa, en la Grecia de la
campiña y las pequeñas ciudades, el "no" también obtuvo mayoría. Fue un
"no" a la Troika, fue un "no" a Juncker. Incluso para quienes son
escépticos del gobierno y no se identifican con Syriza o Tsipras vieron
que se trataba de humillar a un gobierno electo y mantener al país
sometido a la Troika.
Tú hiciste una gira por centros de
trabajo para hacer campaña por el No. ¿Puedes hablar un poco de eso y de
cómo te recibieron?
Por supuesto, fue una experiencia
única. Las situaciones eran muy distintas, por ejemplo la situación era
dura en la empresa de ferrocarriles, que ya ha sido desmantelada en gran
parte y que va a ser privatizada. Y los trabajadores sabían que el
gobierno Syriza ya había aceptado la privatización de los ferrocarriles,
se había anunciado en la primera lista de reformas anunciadas por
Varoufakis después del acuerdo de 20 de febrero.
Pero a pesar
de las situaciones diferentes, en todas partes la discusión fue en torno
a dos cuestiones diferentes: ¿por qué el gobierno ha hecho tan poco
hasta ahora, ¿por qué ha sido tan tímido? Y también, ¿qué vais a hacer
después de la victoria del No? Para la gente era evidente que el No iba a
ganar, porque la campaña del Sí era invisible en los lugares de trabajo
y entre la clase trabajadora en general, así que no había ninguna duda
sobre cuál sería el resultado. Pero había una enorme ansiedad acerca de
lo que pasaría después de la victoria. Así que las preguntas eran:
¿Cuáles son vuestros planes? ¿Qué van a hacer? ¿Por qué todavía hablan
de negociaciones cuando en cinco meses y medio se ha visto que eso no
conduce a nada?
Yo estaba en una situación muy embarazosa,
porque, en mi papel como portavoz de Syriza y miembro del comité
central, no podía dar respuestas convincentes a todo esto.
El No, por supuesto, ganó masivamente. ¿Te sorprendió la magnitud de la victoria?
Sí, yo no esperaba que el No alcanzara el 60 por ciento. En la
dirección de Syriza, solamente Lafazanis había previsto ese resultado y
muy pocos, incluso en la Plataforma de Izquierda, estábamos de acuerdo
con él. La mayoría esperaba algo así como 55 por ciento.
El primer impacto inmediato de esta enorme victoria del "no" fue aumentar la desintegración de los partidos de la oposición.
En la misma noche del resultado, los partidos de la oposición estaban
derrotados y de lejos fue la derrota más dura del campo pro-austeridad
desde el inicio de la crisis. Fue una derrota mucho más clara y más
profunda que las elecciones de enero, debido a que se habían reagrupado y
habían movilizado todas sus fuerzas, a pesar de lo cual sufrieron una
derrota desastrosa. No ganaron ni en un solo distrito de Grecia. El
líder de Nueva Democracia, el ex primer ministro Antonis Samaras,
renunció casi de inmediato. Y fue entonces, sólo unas horas después,
cuando todo este campo del Sí fue resucitado y legitimado por el propio
Tsipras cuando convocó un "consejo de líderes políticos", bajo la
presidencia del Presidente de la República, un partidario a las claras
del Sí, que había sido nombrado por la mayoría de Syriza en el
Parlamento el pasado febrero. En esa reunión aconteció algo
extraordinario, cuando el jefe del campo victorioso aceptó las
condiciones del campo derrotado. Esto, hay que decirlo, es algo único en
la historia de la política. No tiene precedentes.
El gobierno tal vez se sorprendió por la fuerza del "no" y la
naturaleza de clase de la votación debe haberla entendido también, pero
su interpretación ¿no fue simplemente confirmar los planes iniciales?
¿No se pensó que algo más profundo estaba ocurriendo?
La
verdad es que no puedo hablar de cómo han interpretado el referéndum,
porque todo ha quedado sepultado por las llamadas negociaciones, que son
sólo un chiste, por supuesto. Creo que la mejor descripción de esas
negociaciones fue la del corresponsal de The Guardian en
Bruselas, Ian Traynor, que escribió que un funcionario de la UE las
llamó "ejercicios mentales de tortura acuática." Lo que está claro, sin
embargo, es que el gobierno de inmediato tomó la iniciativa para
desactivar la dinámica que estaba surgiendo con el referéndum. Y esta es
la razón por la que horas después del anuncio del recuento final tenía
lugar esa reunión de todos los líderes políticos que fijaba una agenda
totalmente diferente a la expresada por el voto "no".
El
contenido de ese nuevo programa es que, pase lo que pase, como, por
supuesto, ya se había indicado en los declaraciones inspiradas por
Dragasakis la semana anterior, Grecia tenía que permanecer en la
eurozona. Y el punto más enfático de la declaración conjunta firmada por
todos los líderes políticos, con la excepción del Partido Comunista
Griego (KKE), que se negó a firmar, y los nazis, que no fueron invitados
a la reunión, fue que este referéndum no era un mandato para romper,
sino un mandato para una mejor negociación. A partir de ahí la pifia
estaba hecha.
¿Hay pruebas de que la gente estaba cambiando de posición sobre la cuestión de la eurozona durante el periodo del referéndum?
Por supuesto que estaba cambiando. El argumento que se repetía
constantemente en los medios de comunicación, que remachaban los líderes
políticos del campo Sí, y también los líderes europeos que claramente
interfirieron en el referéndum de la manera más descarada durante esa
semana, era que votar No era votar contra el euro. Así que es
completamente irracional decir que las personas que votaron “No” no
estaban al menos asumiendo algún riesgo de una posible salida del euro
si esa era la condición para decir "no" a las nuevas medidas de
austeridad.
También hay que decir que lo que ocurrió durante
esa semana fue un proceso de radicalización de la opinión pública. Se
podía sentir y notar en las calles, en los lugares de trabajo, en todos
los espacios públicos. En todas partes, la gente estaba hablando sobre
el referéndum, así que fue muy fácil percibir el estado de ánimo
popular. No estoy sugiriendo que fuera algo homogéneo. Mucha gente decía
que votar "no" era en realidad darle al gobierno otra carta para las
negociaciones, eso es cierto. Pero también hay que entender que el
carácter masivo del "no" significa que las personas, en especial los
asalariados, los jóvenes y las capas medias empobrecidas, tenían la
sensación de que no tenían nada que perder y estaban dispuestos a
arriesgarse y dar una batalla. El espíritu combativo de los mítines del
viernes era indicio de esto. Fue bastante impresionante. Personalmente,
no he visto nada como eso en Grecia desde los años setenta.
Hablemos de la votación del 11 de julio en el Parlamento sobre las
propuestas enviadas por el gobierno griego para el Eurogrupo. En ese
momento fue cuando quedó claro que el gobierno había aceptado la
perspectiva de un nuevo plan de austeridad. Esas propuestas fueron
aprobadas por 251 diputados de 300, con los partidos pro-austeridad
respaldándolas masivamente.
Una de las condiciones
planteadas por las instituciones acreedoras era que las propuestas del
gobierno griego tenían que ser aprobadas por el parlamento, a sabiendas
de que esto no tiene sentido. Hablando estrictamente no es ni siquiera
constitucional, ya que el Parlamento sólo puede votar proyectos de ley o
acuerdos internacionales, no puede votar un simple documento que es la
base para negociar y se puede cambiar durante la negociación en
cualquier momento. Pero esa votación fue un movimiento simbólico que dio
carta blanca al gobierno para negociar a partir de una base reducida
drásticamente. Las propuestas del gobierno eran sólo una versión
ligeramente reducida de la propuesta de Juncker que fue rechazada en el
referéndum. Así que en realidad lo que el gobierno estaba pidiendo era
la aprobación de su giro de 180 grados durante esa semana.
Pero la imagen del grupo parlamentario de Syriza parece más compleja.
Hablemos de la diferenciación dentro de Syriza y la posición de la
Plataforma de Izquierda.
La posición de la Plataforma de
Izquierda se debatió mucho internamente, especialmente en el componente
principal de la Plataforma que es la Corriente de Izquierda liderada por
Panagiotis Lafazanis. La opinión mayoritaria era que debíamos votar
diferente en esa momento, lo que significó que algunos tuvieron que
votar "presente" en la votación, lo que equivale prácticamente a un
"no", aunque quizás con menor significado simbólico.
¿Por qué es lo mismo que un "no"?
Porque no cambia la mayoría necesaria que una propuesta necesita para
ser aprobada. En cualquier caso, se necesitan 151 votos para su
aprobación.
Otra parte del grupo votó a favor de las propuestas
a la vez que declaró dos cosas, primero que se encontraba en una
posición de solidaridad política con los que las rechazaron, con quienes
votaban "presente" en este caso, que no aceptan este acuerdo, y que no
iban a votar por un acuerdo que contiene medidas de austeridad. Y tal
vez lo segundo es más importante. El razonamiento es que la práctica
constitucional de Grecia exige que en cada proyecto de ley el gobierno
tiene que demostrar que tiene una mayoría procedente de sus propias
filas, desde el propio partido o de la coalición, que es el caso aquí si
tomamos en cuenta al partido de los Independientes Griegos, que está en
el gobierno en coalición con Syriza. Y, de hecho, el gobierno perdió el
control de su propia mayoría.
Aunque no es legalmente
vinculante, en la historia constitucional de Grecia cuando un gobierno
pierde el control de su mayoría, el famoso dedilomeni ("mayoría
declarada"), tiene que convocar elecciones. Por ello la discusión de
nuevas elecciones comenzó de inmediato y las elecciones ya se han
anunciado, ahora es sólo cuestión de cuándo van a tener lugar.
Así vemos que esta línea, con la que yo personalmente no estaba de
acuerdo (yo estaba a favor de un "no", o un voto "presente" homogéneo)
realmente fracasó. Porque en realidad con los siete votos de diputados
de la Plataforma de Izquierda que votaron “presente” además de algunos
diputados de Syriza que también votaron “presente” (como Zoe
Konstantopoulou, la presidente del parlamento, y Rachel Makri, ex
diputada de los Independientes Griegos que ahora cercana a esas
posiciones), el gobierno ya había perdido su propia mayoría.
Sin embargo, ahora una cosa está definida: todos los diputados de la
Plataforma de Izquierda rechazarán el nuevo memorando en la próxima
votación, eso ya se ha anunciado. Pero tengo que añadir que los dos
diputados de la Plataforma de Izquierda que no son miembros de la
Corriente de Izquierda, sino cercanos a la Red Roja (y la Izquierda
Internacionalista Obrera y otros), el componente trotskista de la
plataforma, votaron "no", y fueron los dos únicos diputados de Syriza
que votaron "no" al nuevo acuerdo.
¿Lo que dices
es entonces que la Plataforma de Izquierda tomó esa posición complicada,
por lo menos complicada vista desde fuera de la Asamblea Nacional,
porque había calculado mal lo impopular que sería la propuesta de
Tsipras? ¿Se había subestimado en qué medida la propuesta iba a suscitar
oposición fuera de las filas de la Plataforma? Quizá imaginaban que
eran Los últimos mohicanos y que si votaban "no" iban a echar
abajo el gobierno y provocar nuevas elecciones, cuando en realidad había
una crisis más amplia en curso que no habían tenido en cuenta en sus
cálculos y en la que participaba incluso la Presidenta del parlamento.
¿Quizá se dejaron llevar por un cierto legitimismo?
Yo
diría que era esencialmente legitimismo, era demostrar que su intención
no era derrocar el gobierno de ninguna manera, sino expresar su
desacuerdo con sus acciones, advertir que se estaba a punto de cruzar la
línea roja. Así se trataba de expresar la ilegitimidad de la decisión
de Tsipras en ese momento, optando por una ruptura clara.
Tengo
que añadir que los dos ministros más destacados de la Plataforma de
Izquierda, Lafazanis y el viceministro de asuntos sociales, Dimitris
Stratoulis, votaron "no" para que no hubiera duda de su postura.
Lafazanis también emitió un comunicado diciendo que, si bien esa era la
posición política de la Plataforma, no estaban tratando de derrocar al
gobierno.
¿Pero crees que las capas recién
radicalizados de la clase trabajadora griega que acababa de ganar un
referéndum entendían lo que estaba pasando?
Bueno,
entendían que el gobierno había perdido el control de su propia mayoría.
Los medios de comunicación hicieron el trabajo, centrándose en
Lafazanis, dando noticia detallada de los que votaron "no", "presente",
"ausente", etc. Hay que añadir que entre los ausentes estuvieron los
cuatro diputados de la corriente maoísta (KOE) y el propio Yanis
Varoufakis, quien supuestamente tenía "obligaciones familiares". Así que
los medios hicieron el trabajo por nosotros, y todo el mundo se dio
cuenta de que había una división dentro del grupo parlamentario de
Syriza.
De inmediato, los elementos más derechistas de Syriza
exigieron que los que habían estado en desacuerdo de una manera u otra
dimitieran inmediatamente de sus cargos, incluyendo sus escaños
parlamentarios. Así que fue muy claro que Syriza estaba fracturada,
aunque por supuesto las tácticas no estaban claras.
El voto más
simbólico y crucial sucederá ahora. La votación de la semana pasada fue
sobre las propuestas de negociación. La próxima votación, que
determinará el futuro de Syriza y el país, será la votación del acuerdo
firmado el domingo. Y la información que tengo hasta ahora es que el
voto será absolutamente claro y en la memoria popular habrá un verdadero
paralelismo con los famosos votos de mayo de 2010 y febrero de 2012
votos, cuando todo el mundo estaba mirando a cada diputado, para ver
cómo votaba en esa ocasión.
¿Qué opinas del
argumento de gente como Alex Callinicos, con quien debatiste hace unos
días, y que decía que en este momento la Plataforma de Izquierda tenía
la legitimidad del referéndum y de alguna manera perdió el balón y no
metió gol en esa oportunidad?
Creo que es demasiado pronto
para decir si hemos perdido o no. Las cosas no se deciden en un solo
momento, al menos no en ese momento. Es un proceso que se está
desarrollando y creo que el verdadero shock para la sociedad en conjunto vendrá con el nuevo acuerdo firmado.
En esta etapa, lo que puedo decir es que la decisión de la Plataforma
de Izquierda es recuperar el partido y exigir un congreso del partido.
Creo que está bastante claro que el cambio de dirección de la política
de Syriza tiene sólo un apoyo minoritario dentro del partido. Por
supuesto, todos sabemos que las manipulaciones burocráticas de los
procedimientos partidistas son inacabables y la burocracia tiene
infinita capacidad para innovar. Sin embargo, me cuesta pensar que la
mayoría de Syriza pudiera aprobar lo que se ha hecho. Claramente, la
dirección resistirá ferozmente la convocatoria de un congreso. Veremos
qué pasa, porque los estatutos nos permiten llamar a una reunión del
comité central y así sucesivamente.
Pero objetivamente, el
proceso que conduce a la desintegración de Syriza ya ha comenzado.
Syriza, tal como la conocíamos, ya se acabó y la escisión es
absolutamente inevitable. El único problema ahora es cómo va a suceder y
qué forma va a tomar.
Sin embargo lo que también es probable
que suceda es una reconformación drástica de la mayoría gubernamental,
hacia alguna forma de gobierno de "unidad nacional" o de "gran
coalición". Toda la lógica de la situación apunta a eso.
Los
cuatro ministros de la Plataforma de Izquierda dejarán el gabinete esta
semana y la votación de mañana en el Parlamento sobre el acuerdo
validará la existencia de una nueva mayoría pro-austeridad, reagrupará
la mayoría de los diputados de Syriza y todas las demás partes, con la
excepción del KKE y los nazis. Se espera que hasta cuarenta diputados de
Syriza rechazarán el acuerdo y podrían sumarse también algunos
diputados de los Independientes Griegos. El líder del partido To Potami
(El Río) ya se comporta como si fuera a ser muy pronto ministro y la
derecha discute abiertamente la posibilidad de unirse al gobierno,
aunque la decisión no ha sido tomada aún.
Lo que
describes parece una Plataforma de Izquierda actuando como un bloque
disciplinado. Pero, ¿no está fraccionada internamente? ¿La votación no
fue una manifestación de esa fractura o solo una maniobra táctica?
Tuvimos algunas pérdidas individuales, pero fueron bastante limitadas y
hemos tenido éxito en la preservación de la coherencia de la
Plataforma. Claramente, creo que fue un error no haber presentado
nuestro plan alternativo antes, pero ahora se ha presentado un documento
en la reunión plenaria del grupo parlamentario como declaración común
de la Plataforma de Izquierda, con la participación de los dos
componentes de la Corriente de Izquierda y la Red Roja. Es absolutamente
crucial mantener la coherencia entre esos dos componentes. Pero es aún
más importante, en realidad, que la izquierda de Syriza opere
manteniendo la cohesión.
Hay todo tipo de iniciativas por fuera
de las filas de la Plataforma como reacciones a lo que está sucediendo.
Sabemos que la llamada tendencia de los Cincuenta y Tres (el ala
izquierda de la mayoría) se ha desintegrado y habrá importantes
reajustes en ese lado. La clave es que actuemos como la representación
legítima del campo del No, el campo antiausteridad, que es la mayoría de
la sociedad griega que ha sido traicionada por lo que está sucediendo.
Y, constitucionalmente, ¿la dirección está en posición para purgar el partido?
Indudablemente está en posición de purgar el gobierno y eso es una
buena cosa. Por supuesto, eso significa que los ministros de la
Plataforma de Izquierda pronto serán expulsados del gobierno. Sobre
el partido, ya veremos.
Pero ¿existen mecanismos que podrían utilizar?
Es muy difícil expulsar a alguien del partido, pero vamos a ver cómo se
manipulan los procedimientos a nivel de comité central.
¿Y se puede obligar a los diputados a renunciar a sus escaños?
No, no se puede. Es totalmente imposible. Hay una especie de carta
adoptada por los candidatos electos de Syriza que dice que deben
renunciar a su escaño si no están de acuerdo con las decisiones de la
mayoría. Pero las decisiones del gobierno no han sido aprobadas por
ninguna instancia del partido. El comité central del partido, que es el
único órgano elegido por el congreso del partido, no ha sido convocado
desde hace meses. Así que la legitimidad de las decisiones dentro del
partido, y por supuesto dentro de la sociedad griega, es simplemente
inexistente.
Pero, si hay nuevas elecciones, la dirección del partido puede excluir a ciertas personas, ¿no?
Eso es lo que pretende. Incluso se habló de eso antes del referéndum,
durante la última fase del proceso de negociación, cuando el fracaso se
estaba volviendo más y más evidente. Se decía que Tsipras debía convocar
elecciones y en ellas purgar a todos los candidatos de izquierda de
Syriza. Y creo que ese es el plan que sin duda tienen en mente. Así que
será una carrera entre el funcionamiento legítimo del partido y la
manipulación de la agenda y el calendario político, particularmente la
convocatoria de nuevas elecciones.
¿Cuál es tu evaluación del acuerdo firmado la semana pasada entre el gobierno griego y el Eurogrupo?
El acuerdo es en todos los aspectos la continuación de la terapia de
choque continuamente aplicada a Grecia durante los últimos cinco años.
Va incluso más allá de todo lo que se ha votado hasta el momento.
Incluye el paquete de austeridad constantemente promovido por la Troika
durante meses, incluyendo un objetivo de un superávit primario elevado,
un aumento de recaudación fiscal a través del IVA y todos los impuestos
excepcionales que se han creado en estos últimos años, más recortes a
las pensiones y en el sector público a los salarios porque la reforma de
la escala salarial sin duda supondrá recortes a los salarios.
Hay también importantes cambios institucionales, con una agencia
tributaria plenamente autónoma del control político interno, en realidad
convertida en una herramienta de la Troika, y la creación de otro
consejo “independiente” para supervisar la política fiscal, habilitado
para introducir de forma automática cortes horizontales si no se cumplen
los objetivos en términos de superávit primario.
Ahora lo que
se ha añadido y lo que le da un sabor particularmente agrio a este
acuerdo, es lo siguiente: en primer lugar, se confirma enfáticamente que
el FMI está ahí para quedarse; en segundo lugar, las instituciones de
la Troika se asentarán permanentemente en Atenas; en tercer lugar,
Syriza se compromete a no aplicar dos de sus principales compromisos, el
restablecimiento de la legislación laboral (había algunas vagas
referencias a las mejores prácticas europeas, pero es explícito que el
gobierno no puede volver a la legislación pasada) y, por supuesto,
también se bloquea el aumento del salario mínimo.
El programa
de privatización se amplía hasta un nivel increíble —hablamos de una
privatización de 50.000 millones de euros— de forma que todos los
activos públicos se venderán. No sólo eso, sino que serán transferidos
todos ellos a una institución absolutamente independiente de Grecia. Se
hablaba de que estaría en Luxemburgo, pero en realidad estará en Atenas
aunque sin control político griego. Este es el tipo de proceso Treuhand
que privatizó todos los activos de la Alemania Oriental.
Y la
más fuerte de todas estas medidas es que, con la excepción del proyecto
de ley sobre medidas humanitarias —que se ha reducido en gran medida
respecto del programa de Syriza, esencialmente se trata de un gesto
simbólico— todo el resto de los pocos proyectos de ley aprobados por el
gobierno en materia de política económica y social tendrán que ser
derogados.
¿Y qué pasa con todos estos temas que los
liberales y los socialdemócratas utilizan para dar argumentos
“políticamente correctos” a favor de la austeridad, como el presupuesto
de defensa o los subsidios a la Iglesia Ortodoxa?
El
acuerdo no dice nada acerca de la iglesia. Se recorta el presupuesto de
defensa y hay una discusión vaga acerca de favorecer pagos de la deuda
más factibles, al tiempo que se rechaza explícitamente cualquier
condonación o cancelación de la deuda propiamente dicha. Esto no cambia
casi nada porque la tasa de interés de la deuda griega ya es bastante
baja y los reembolsos anuales se han extendido mucho a lo largo del
tiempo, por lo que es muy poco lo que puede hacerse para aliviar la
carga de la deuda de esa manera. Y no debemos olvidar que el acuerdo es
sólo un elemento preliminar para el memorando que acompañará a un nuevo
préstamo de 86.000 millones, que por supuesto lleva a otro incremento
significativo de la deuda.
Así que la cláusula vaga acerca de
una futura reconsideración de los términos de pago de la deuda es un
elemento esencialmente retórico que permite a Tsipras decir que ahora se
ha reconocido la necesidad de abordar la cuestión de la deuda. Es pura
retórica, verborrea vacía.
¿Crees que fue un
error del gobierno y la izquierda no haber hecho algo más acerca de la
iglesia ortodoxa, el ejército y el presupuesto de defensa, dando así
argumentos al otro lado?
La verdad es que eso no era una
prioridad. La deuda griega se debe esencialmente a la situación
económica general en el país, con un crecimiento insostenible impulsado
por los préstamos de todos los años anteriores y se debe a que el Estado
griego no ha gravado adecuadamente al capital y a las clases medias y
altas. Ese es el núcleo del problema, no el mito de la iglesia.
Es difícil gravar la iglesia, no se puede hacer de la noche a la mañana
porque los bienes propiedad de la iglesia son muy diversos, la mayor
parte son empresas, o son rentas de la tierra o de bienes raíces. Así
que hay un mito sobre esto, cuando en realidad si se ponen impuestos a
este tipo de ingresos adecuadamente, también se grava la riqueza de la
iglesia.
Entonces ¿no crees que el gobierno
temiera el costo político de un enfrentamiento con los Independientes
Griegos, o un conflicto más general en el país, si hubiera adoptado una
línea dura con la iglesia?
Hay muchas cosas que podemos
criticar a este gobierno pero sinceramente tratar de echarle la culpa a
los Independientes Griegos es lo menos relevante. Incluso me atrevería a
decir que los movimientos más impactantes en el ámbito de defensa o
política exterior —por ejemplo, la continuación del acuerdo militar con
Israel, la realización de ejercicios conjuntos en el Mediterráneo con
los israelíes—son todos decisiones tomadas por personas clave de Syriza,
como Dragasakis. Es bastante elocuente que Dragasakis representara al
gobierno griego en la recepción ofrecida por la embajada de Israel al
cumplirse los 25 años de relaciones diplomáticas normales entre Grecia e
Israel.
¿Y qué dirías de estas ideas a favor de
Tsipras que algunos están mencionando, por ejemplo que Tsipras ha vuelto
a introducir la política en estos debates técnicos, que ha expuesto el
lado feo, que ahora en la opinión pública Merkel y los otros se muestran
como los monstruos que realmente son, y así sucesivamente?
Creo que bastante de eso es cierto. Un compañero me envió un mensaje
diciendo que es cierto que el gobierno de Syriza ha conseguido hacer de
la Unión Europea algo mucho más odiado por el pueblo griego de lo que
Antarsya [una coalición extraparlamentaria de extrema izquierda] o el
KKE han sido capaces de lograr en veinte años de lucha contra la
retórica de la UE.
Hablemos de lo que está por venir. Hay
una votación sobre el nuevo paquete de austeridad esta semana que la
Plataforma de Izquierda votará en contra, un congreso urgente del
partido para tratar de recuperar la mayoría con divisiones o expulsiones
potenciales. ¿Entonces que? ¿Una reconstrucción de la izquierda con
elementos de Antarsya?
Es pronto para hablar de esas perspectivas de futuro.
Pero las relaciones entre la Plataforma de Izquierda y Antarsya han mejorado, ¿no?
Creo que lo importante es el hecho de que la mayoría de los sectores de
Antarsya realmente lucharon con un alto espíritu en la batalla del
referéndum y en muchos lugares hubo comités locales en los que
participaron todas las fuerzas del No, lo que significa esencialmente
Syriza y esos sectores de Antarsya. Así que creo que hay una posibilidad
política que necesita explorarse.
Sin embargo, yo no soy tan
optimista sobre Antarsya como tal, porque creo que el pegamento que
mantiene toda esa coalición en conjunto sigue siendo ultraizquierdismo
típico. Ya se puede ver que lo que dicen de esta derrota es que han sido
reivindicados, que este es el fracaso de todos los reformismos de
izquierda y que lo que necesitamos es un partido revolucionario adecuado
y que, por supuesto, ellos son la vanguardia que constituye el núcleo
de ese partido y van a continuar por ese camino. Así que creo
probablemente habrá alguna recomposición, pero creo que será a una
escala limitada.
¿Y quizás alguna actividad en los movimientos sociales? ¿Se habla de una huelga general en el sector público?
Ese es un factor decisivo aún desconocido. ¿Cuál es la situación
general ahora? Tenemos un nuevo memorando y una reconfiguración de la
mayoría parlamentaria que está detrás de este nuevo memorando que será
simbólicamente validado por un voto próximo en el que la mayoría de los
diputados de Syriza votarán una vez más con los partidos pro-austeridad
el nuevo memorando. Así que una vez más hay una brecha entre la
representación política del país y el pueblo. La contradicción está por
resolverse.
Es evidente también que el campo está abierto para
los nazis, que sin duda tratarán de hacer el mejor uso de la situación.
Ya han votado en contra de la propuesta griega, seguro que votarán en
contra del nuevo memorando, que llamarán una nueva traición. La cuestión
clave es cuál será el nivel de movilización social contra el maremoto
que caerá ahora sobre los trabajadores y por supuesto la urgencia
absoluta de reconstituir una izquierda combativa contra la austeridad.
Esa es la tarea principal del momento.
Sabemos que tenemos
elementos para reconstruir la izquierda, sabemos que la gran
responsabilidad recae sobre la izquierda de Syriza, en el sentido amplio
del término. En el sentido más estricto del término la responsabilidad
más pesada recae sobre la Plataforma de Izquierda, porque es la parte
más estructurada, coherente y políticamente lúcida de ese espectro de
fuerzas. Esa será la prueba de los próximos meses.
Demos un paso atrás para mirar todo el proceso, volviendo al momento de tu primera entrevista en Jacobin
[en enero de este año]. ¿Cómo evalúas la estrategia de la Plataforma de
Izquierda trabajando dentro del gobierno y dentro de los movimientos
sociales a la vez?
En primer lugar veamos el panorama
general. Lo que dije en aquella entrevista es que sólo hay dos
posibilidades en la situación griega, la confrontación o la
capitulación. Tuvimos capitulación, pero también tuvimos momentos de
confrontación que fueron muy mal dirigidos por parte del gobierno. Esa
fue la verdadera prueba.
Es evidente que la estrategia basada
en que “el euro es bueno” y en el “europeísmo de izquierda” ha
fracasado. Mucha gente lo ha visto. El proceso del referéndum lo dejó
claro y la prueba llegó hasta el límite. Fue una lección dura, pero
necesaria.
La segunda hipótesis que formulé [en enero] era que
se necesitan éxitos políticos, incluso en el plano electoral, para
desencadenar nuevos ciclos de movilización. Creo que esto también
resultó ser cierto, en dos momentos cruciales. El primero fue en las
tres primeras semanas después de la elección, cuando el estado de ánimo
era muy combativo, de confrontación, y la moral estaba muy alta. Eso
terminó con el acuerdo del 20 de febrero y, desde ese momento, se volvió
a la pasividad, la ansiedad y la incertidumbre acerca de lo que estaba
pasando. El segundo momento fue el referéndum, por supuesto. Vimos
entonces cómo una iniciativa política que abre un proceso de
confrontación libera fuerzas y actúa como un catalizador para los
procesos de radicalización de la sociedad en general. Esta es otra
lección que hemos de aprender.
Sobre la relación de los
movimientos sociales y la Plataforma de Izquierda, no se ha probado la
hipótesis de que iniciativas gubernamentales específicas pudieran abrir
espacios concretos para la movilización popular. El récord del gobierno
ha sido nulo en ese aspecto, nunca hubo ese tipo de medidas. Y lo que
ahora tenemos enfrente es algo mucho más familiar, una movilización
contra las políticas de un gobierno reconvertido a la austeridad
extrema.
En términos generales, Syriza no puso en marcha casi
nada de su programa electoral. Lo mejor que los ministros de la
Plataforma de Izquierda han podido hacer ha sido bloquear algunos
procesos, en particular la privatización del sector energético que ya se
había iniciado. Ganaron un poco de tiempo, pero eso fue todo. Lo que
también vimos claramente en ese período es que el gobierno, los líderes,
se hicieron totalmente autónomos con respecto al partido. Ese proceso
ya había comenzado, hablamos de ello en otra entrevista, pero ahora ha
llegado a su culminación. También contribuyó a ello el que todo este
proceso de negociación provocó la pasividad y la ansiedad entre las
personas y los sectores más combativos de la sociedad, lo que lleva al
agotamiento. Antes del referéndum el ambiente era claramente de "No
podemos seguir soportando esta tortura, esto tiene que acabar". Esto es
algo que personalmente no había previsto. Pensé que el proceso sería más
rápido. No había previsto ese atrapamiento en un punto muerto que
durara tanto tiempo, limitando enormemente nuestro propio espacio para
la iniciativa.
Este es el momento, por supuesto, de la
autocrítica inevitable, que sólo está empezando. Claramente, la
Plataforma de Izquierda podría haber hecho más en todo este período, en
términos de presentación de propuestas alternativas. El error queda
claro porque el documento alternativo estaba allí, sólo había vacilación
interna sobre el momento adecuado para difundirlo.
Fuimos
neutralizados y desconcertados por la secuencia de interminables
negociaciones y momentos dramáticos y cuando ya era demasiado tarde, en
la reunión plenaria del grupo parlamentario, se presentó finalmente una
versión reducida de nuestra propuesta. Esto, claramente, lo deberíamos
haber hecho antes.
¿Y qué opinas de las críticas a
las declaraciones de Costas Lapavitsas en el sentido de que Grecia no
estaba preparada para el “Grexit” y por lo tanto, de alguna manera, ya
no había manera de salir? La idea tiene el problema de que aunque es
cierto que no se habían hecho preparativos para salir del euro, lo que
se hace es una especie de autoconfirmación, ya que quienes proponen el
Grexit nunca podrían hacer los preparativos.
Creo que la
declaración de Costas se ha malinterpretado. En primer lugar Costas es
uno de los cinco firmantes del documento propuesto por la Plataforma de
Izquierda que deja claro que una alternativa es posible, incluso ahora,
de inmediato. Lo que Costas quiso resaltar en la declaración que hizo a
puerta cerrada en el grupo parlamentario es que la salida del euro
tendría que estar preparada en los aspectos prácticos, pero que había
una decisión política de no preparar nada y así eliminar cualquier
posibilidad de una alternativa en el momento más crítico. Esa estrategia
de quemar las naves fue usada sistemáticamente por el gobierno. Y creo
que era la obsesión particular de Yanis Dragasakis, que hizo imposible
cualquier acción que acercara el control público de los bancos. Él es el
hombre de confianza de los banqueros y de las grandes empresas en
Grecia y desde que Syriza tomó el poder ha sido quien ha asegurado que
el núcleo del sistema se mantendría sin cambios.
Lo que
ocurrió entonces es que se pusieron sobre la mesa preparativos iniciales
para salir del euro y fueron rechazados, ¿es así?
No
exactamente. En las reuniones del gabinete restringido, el llamado
consejo de gobierno, que incluye sólo los diez ministros principales,
Varoufakis había mencionado en la primavera la necesidad de considerar
el Grexit como una posibilidad, y prepararse para ella. Creo que se
elaboró algo sobre una moneda paralela, pero todo quedé bastante vago y
mal preparado.
Como ya expliqué, en su entrevista en New Statesman,
Varoufakis dice que se preparó un plan alternativo durante la
convocatoria del referéndum. Pero eso es también una confesión sobre lo
tardío que fue todo eso.
¿Aparte de la cuestión
del ritmo y la desmoralización, qué dirías ahora que no pudiste entender
en su momento, o que entendiste mal, y que entiendes mejor ahora?
He repasado en mi cabeza muchas veces los últimos años tratando de
entender los momentos de bifurcación. Y me parece que el momento
decisivo de la bifurcación de la situación griega fue el período que
siguió a las movilizaciones populares del otoño de 2011 y antes de las
elecciones de la primavera de 2012. Yo estaba entonces muy involucrado
con Costas Lapavitsas y otros camaradas, incluyendo la dirección de la
Plataforma de Izquierda, en las iniciativas para constituir un proyecto
común de todos los antieuropeístas de izquierda.
Las
discusiones avanzaron mucho, porque había incluso un documento elaborado
por Panagiotis Lafazanis y luego modificados por otros participantes en
estas discusiones. La idea era abrir un espacio de debates y acciones
comunes entre la Plataforma de Izquierda de Syriza, ciertos sectores de
Antarsya, y algunas campañas y movimientos sociales.
Esa
iniciativa no llegó a puerto porque fue rechazada categóricamente, en la
fase final, por la dirección del componente principal de Antarsya, la
Corriente Nueva Izquierda, que demostró ser incapaz de comprender la
dinámica de la situación y que había que cambiar de alguna manera la
configuración de fuerzas y el modo de intervención en la izquierda.
Una vez que esa posibilidad quedó cerrada, lo único posible era lo que
finalmente se dio. Las fuerzas de la izquierda radical fueron puestas a
prueba y de alguna manera solo Syriza fue capaz de aprovechar el impulso
y dar expresión política a la necesidad de una alternativa. Vistas las
cosas desde hoy, podría pensarse que algunos sectores de la izquierda
griega menos ligados a la política partidista podrían haber ido hacia
una iniciativa tipo Podemos, o siendo más realistas, tipo CUP catalán,
quizá con sectores de la extrema izquierda, pero de carácter más ligado a
los movimientos. Pero otra vez lo mismo, no había quien estuviera
dispuesto a hacer eso. Todo el mundo estaba demasiado vinculado a las
limitaciones de las estructuras existentes y el único intento de
redistribuir las cartas no se materializó porque el peso del
ultraizquierdismo tradicional resultó demasiado fuerte.
¿Hay algo que quieras agregar?
Sí, quiero añadir una reflexión general sobre lo que significa resultar
vindicado o derrotado en una lucha política. Creo que para un marxista
es necesario una especie de entendimiento historizado de esos términos.
Se puede decir, por una parte, que lo que se ha estado diciendo queda
vindicado porque se demostró cierto. Es la estrategia habitual del “ya
lo decía yo”. Pero, si se es incapaz de darle poder concreto a esa
posición, políticamente supone una derrota. Porque, si eres impotente y
demuestras ser incapaz de transformar tu posición en una práctica
masiva, políticamente no has resultado vindicado.
Por otra
parte no todo el mundo ha sido derrotado de la misma manera y en la
misma medida. Quiero hacer hincapié en eso. Creo que fue absolutamente
crucial que se librara una batalla interna dentro de Syriza.
Quiero ser muy claro acerca de esto. ¿Cuál era la otra opción? Después
de haber pasado la prueba de ese período decisivo, tanto el KKE como
Antarsya han demostrado, de maneras muy diferentes, claro, hasta qué
punto son irrelevantes. Para nosotros, la única opción alternativa
habría sido romper antes con la dirección de Syriza. Sin embargo, dada
la dinámica de la situación tras la bifurcación crucial de finales de
2011 a principios de 2012, habríamos quedado marginados inmediatamente.
El único resultado concreto que puedo ver hubiera sido añadir un par de
grupos a los diez o doce que ya constituyen Antarsya y que Antarsya
llegara al 1% en vez del 0,7% actual. Eso hubiera significado que Syriza
habría sido ofrecida en bandeja a Tsipras y a la mayoría, o al menos a
las fuerzas no pertenecientes a la Plataforma de Izquierda.
En
la sociedad griega hoy está claro que la única oposición visible de
izquierda a lo que está haciendo el gobierno es el KKE. Eso no se puede
negar, pero políticamente el KKE es totalmente irrelevante. No hemos
hablado sobre el papel del KKE en el referéndum, pero fue una caricatura
absoluta de su propia irrelevancia. Llamaron a votar con una papeleta
especial que el mismo KKE había preparado, con un "doble no" (a la Unión
Europea y al gobierno). Estas papeletas por supuesto no eran válidas y
toda la operación terminó en un fiasco. Los dirigentes del KKE no fueron
seguidos ni por sus propios votantes, alrededor de 1% de los votantes
en general, quizá incluso menos, utilizó esas papeletas nulas.
Y, por otra parte, está la Plataforma de Izquierda. Para Tsipras la
espina principal es Lafazanis y la Plataforma de Izquierda. El pueblo
griego lo sabe y los medios de comunicación lo repiten constantemente. Y
también se puede añadir Zoe Kostantopoulou. Creo que eso es lo que
hemos ganado de esa situación. Tenemos una base de partida para iniciar
un nuevo ciclo, una fuerza que ha estado a la vanguardia de esta batalla
política y lleva consigo esta experiencia sin precedentes. Todo el
mundo entiende que si no somos capaces de estar a la altura de la
situación, lo que habrá después será un paisaje de ruinas de la
izquierda. Desde ese punto de vista, que es el punto de vista de la
reconstrucción de la izquierda anticapitalista, sin pretender ser la
única fuerza que jugará un papel, somos conscientes de la importancia de
lo que está en juego. Eso hace que sea de mucha responsabilidad lo que
vayamos a hacer aquí y ahora.
Traducción: José A. Tapia
Versión original de la entrevista: https://www.jacobinmag.com/2015/07/tsipras-varoufakis-kouvelakis-syriza-euro-debt/
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=201989
El tercer "rescate" somete el país a una supervisión extrema de los representantes del capital
EL GOBIERNO DE SYRIZA TAMBIÉN ENTREGA A LA TROIKA LA SALUD DEL PUEBLO GRIEGO (VÍDEO)
"El
gobierno griego no negociará con la Troika, no la reconoce como
interlocutora en las negociaciones sobre su programa de rescate". Con este grandilocuencia se manifestaba el gobierno de Alexis Tsipras hace tan solo unos meses. Hoy, después de que el Ejecutivo de Syriza claudicara totalmente a los dictados del gran capital europeo, la Troika se prepara para tomar el control de los aspectos más esenciales de la sociedad helena (...).
"Lo ocurrido en Grecia demuestra que otro capitalismo es imposible". Ángeles Maestro (Red Roja):
¿Lo ocurrido
en Grecia es un varapalo para los que defienden el "Sí se puede" dentro
del marco capitalista?
Es una demostración más de que otro capitalismo es imposible [1]. Dentro
de la estructura de poder y las relaciones sociales capitalistas no hay
espacio alguno, no ya para recuperar lo perdido y volver al Estado del
Bienestar como defienden tanto Podemos, como IU y sus satélites de
“Ahora en común”, sino ni siquiera para detener las interminables
vueltas de tuerca hacia el abismo, como se ha demostrado en Grecia.
EL PUEBLO GRIEGO NECESITA UN NO PERO DOBLE . Declaracion de RedRoja
Ante
la última escalada en las agresiones sociales y políticas que viene
sufriendo el pueblo trabajador griego por parte del proyecto
imperialista de la UE, pilotado por Alemania y por los acreedores
internacionales, vía FMI, solo cabe expresar de antemano nuestra
máxima solidaridad y señalar a esos parásitos como los verdaderos
enemigos a derrotar. En este sentido, Red Roja se suma a los
llamamientos unitarios a favor de que el pueblo griego pueda
expresarse este domingo sin chantajes imperialistas y retome el “Gran
No” que les espetaron a las tropas invasoras nazi-fascistas
durante la Segunda Guerra Mundial. Pero hoy este “NO” no puede
ser grande si no es al mismo tiempo un “Doble No”.
DOSSIER: GRECIA. La crisis griega demuestra que la alternativa al sistema capitalista pasa por la revolución, analisis, debate opinion, info, guerra de clases...video
Crisis abierta
en Syriza: Más de la mitad de los miembros del Comité Central se oponen
al acuerdo con la Troika
Golpe a Grecia: Se alcanza un “acuerdo” para el tercer rescate. Sigue
ganando la Europa de los mercados
Diana Cordero – Redacción web
La crisis griega demuestra que la alternativa al sistema capitalista
pasa por la revolución
La evolución de la crisis griega transmite lecciones muy importantes
para las fuerzas progresistas que en decenas de países luchan en
contextos diferentes contra el imperialismo.
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