viernes, 26 de febrero de 2016

[Madrid] Acto público: ¿Y nosotras qué? Las mujeres en las luchas. 27-F, 18hrs, RedRoja ... y mas

Quienes no han vinculado la opresión de las mujeres con la explotación socio-económica y la estructura política, con el imperialismo, han propuesto soluciones dentro del mismo sistema imperialista. Estas soluciones han beneficiado a un sector de mujeres de la clase media y han dejado a la inmensa mayoría muy lejos de cualquier posibilidad de liberación. La lucha por la liberación de las mujeres no se puede emprender al margen de la lucha para acabar con el sistema imperialista.

Anuradha Gandhi (Partido Comunista de la India - maoista)

 
Todas las luchas.


Sin las mujeres la lucha va por la mitad. Nuestra incorporación efectiva no sólo es imprescindible sino que posibilita el carácter realmente emancipatorio de cualquier lucha anticapitalista. ¿Por qué? Para empezar, porque el capitalismo necesita de la doble opresión de las mujeres para su supervivencia.
Dicho de otra forma, la opresión de género es un elemento inseparable de la opresión fundamental de clase, por lo que la lucha antipatriarcal debe ser un componente estructural de cualquier proyecto revolucionario que se proponga superar la opresión en todas sus formas. El legado es tan importante como invisibilizado: desde las hilanderas de Lyon en la A.I.T con su grito "Vivir trabajando o morir combatiendo" hasta la comandancia militar actual del PCI(maoista) encontramos un largo y a menudo silencioso etcétera. En palabras de Clara Zetkin: “Si la revolución no tiene masas de mujeres, las tendrá la contrarrevolución”.

Ahora bien, la presencia de mujeres en las luchas no asegura el carácter feminista, de un movimiento revolucionario. Y, más allá, tampoco las luchas protagonizadas por mujeres son por definición luchas antipatriarcales. Hemos visto demasiadas veces cómo nuestra incorporación no supone de forma automática un cambio en las relaciones de poder que apuntalan la opresión de género. Las calles y las movilizaciones pueden estar llenas de mujeres dejando intactos los estereotipos, el modelo familiar heteropatriarcal y las normas sociales machistas.
¿Cómo lograr entonces que quienes luchamos seamos también motor de transformación social profunda? Debemos trabajar de forma decidida por la incorporación de las mujeres a las luchas en primera línea con el objetivo de fortalecer la conciencia de clase, pero también como una herramienta de cambio colectivo, de cuestionamiento de las relaciones de poder y la división sexual del trabajo que se reproducen dentro de esas movilizaciones. Imprescindible en este sentido la experiencia del Partido Comunista de la India, con más de la mitad de dirigentes mujeres. Nada puede quedar intacto: nos tenemos que cuestionar de forma profunda, a cada paso, quiénes somos, cómo actuamos y cómo nos relacionamos. El objetivo, en palabras de Angela Davis, es que la liberación social vaya de la mano de la liberación de las mentes.

Todas las mujeres

El conflicto fundamental de clase está impregnado de patriarcado y racismo. No son conflictos paralelos, ni siquiera sólo complementarios: la opresión esencial de clase es por definición patriarcal y racista. Los procesos de liberación variarán en función del contexto racial, étnico o cultural. El capitalismo se ceba especialmente con las mujeres de los países de la llamada periferia.
Las mujeres trabajadoras también somos plural con mayúsculas. Por cantidad y por diversidad. Las relaciones sociales de poder entre sexos, razas, identidades, naciones y generaciones están atravesadas por la contradicción de clase que debemos analizar a conciencia para poder combatirlas de forma decidida.

El feminismo dominante se ha construido en torno a un patrón colonial de "mujer, de clase media, blanca, occidental" que ha pretendido marcar a las mujeres no-blancas una hoja de ruta falsamente universal para la emancipación, basada en un modelo occidental a menudo marcadamente paternalista. A partir de esta simplificación peligrosa y nada casual se han diseñado las políticas de cooperación al desarrollo en materia de género: victimización, paternalismo y apuntalamiento de todas las opresiones. Rociar colectivos con microcréditos que disfrazan de paternalismo buenista el saqueo de las políticas comerciales en esos mismos países. Un ejemplo reciente: Suecia, que presume de tener una política exterior feminista, se ha negado a reconocer al Frente Polisario para que Marruecos permitiera la apertura de un Ikea en Casablanca.

Y más cerca: mientras el feminismo blanco e institucional se dedica
a proponer medidas para mujeres emprendedoras o para establecer cuotas en las empresas, tenemos la mayor tasa de prisioneras de Europa. Las mujeres gitanas y las extranjeras están fuertemente sobrerrepresentadas en la población reclusa. Dentro de los CIES, cárceles sin garantías, se dispara la vulneración de derechos - con consecuencias nefastas en materia de derechos sexuales y reproductivos - y se exacerban de forma impune todas las formas de violencias machistas.

En este contexto, hace tiempo que el otro feminismo está ahí, el de los márgenes, el del sur. Silenciado, combativo, imprescindible, rebelde, descolonizador, de clase, que recuerda que existe un sistema racista que privilegia a las blancas y que existe un sistema heteronormativo que privilegia la sexualidad heterosexual. Así, aunque la opresión capitalista y patriarcal es común, se concreta de formas muy diversas en función del lugar de nacimiento, el color de la piel, la identidad sexual, la edad, etc.

Es urgente visibilizar la historia de las luchas de mujeres no-blancas como Harriet Tubman - en primera línea en las rebeliones de los esclavos en EE.UU - o Sojourner Truth, mujer negra que a finales del siglo XIX enfrentó las agresiones machistas evocando su trabajo como esclava, enseñando sus músculos y denunciando el racismo dentro del movimiento de mujeres. Además, debemos seguir difundiendo ejemplos que nos son esenciales como las de las Brujas de la Noche en la URSS, Bernadette McAliskey en Irlanda, Leila Khaled en Palestina y más reciente Anuradha Ghandi en la India. Queremos aprender de otras luchas como la de las mujeres del PCI(maoísta), o el feminismo de Abya Yala, las Catrachas en Honduras, las Rizomas en Colombia, las mujeres árabes antiimperialistas o las gitanas feministas por la diversidad en nuestro país.

La crisis capitalista, que está disparando la carga de trabajo y la precariedad que pesa sobre las mujeres, las de aquí y las de otros lugares, hace más apremiante aún la necesidad del internacionalismo. Los efectos devastadores de la crisis han aumentado de forma insoportable el sufrimiento. La violencia del sistema sobre las personas es percibida individualmente como fracaso personal e impotencia. En los últimos diez años se han triplicado los diagnósticos de depresión, que es el doble en las mujeres. Las movilizaciones espontaneas y descoordinadas conducen a la desmoralización y al fracaso. Sólo la acción planificada y organizada puede responder a asuntos esencialmente políticos: destruir el poder que nos oprime y construir una sociedad de mujeres y hombres libres.

Sabemos que sin cuestionar el marco capitalista sólo se pueden lograr mejoras parciales y que la lucha es el único camino, pero al recorrerlo deberemos, todas y todos, empezar a cuestionarnos quiénes somos, revisar nuestros privilegios y cómo nos relacionamos con el mundo. La superación de toda opresión de género es una tarea no exclusiva de las mujeres pero debemos liderarla nosotras. Sabemos que nada cambia si nada cambia, y eso es aplicable desde ya y seguirá siendo una tarea urgente en el mundo nuevo que construiremos.
 *********
[Madrid] Acto público: Capitalismo y salud mental

El próximo 1 de marzo, martes, 19hrs. en el Ateneo de Madrid (calle Pardo nº 21). 

http://redroja.net/index.php

No hay comentarios:

Publicar un comentario