jueves, 10 de septiembre de 2015

Seguimos teniendo la palabra. Luis Enrique Ibáñez... y mas del autor



“No es necesario que seas un Al Capone para transgredir las reglas,
sino que basta con que pienses”
Philip Roth, Me casé con un comunista

Nosotros, los maestros, seguimos teniendo la palabra.
Aunque en demasiadas ocasiones parece que nos han despojado de ella, que, efectivamente, nos han dejado sin ganas de vencer, tenemos voz y podemos, debemos, pensar. Son demasiadas las cosas, malas, que están ocurriendo, y demasiado poco el tiempo que nos regalamos para reflexionar sobre ellas. También son demasiadas las trabas que, desde instancias sin alma, devotas de la estadística, nos ponen a cada paso, a cada intento de hablar, a cada idea de hacer.

No son pocos los sueños docentes que algunos vamos dejando por el camino, alentados por un tristeza rutinaria que al parecer nos han impuesto, o, quizá peor, nos hemos dejado imponer. No son escasas las miles de excusas (muchas de ellas absolutamente razonables) que podemos poner encima de la mesa para decir después “no puedo más y aquí me quedo“. Pero, precisamente esas son las palabras que José Agustín Goytisolo pidió a su hija que nunca pronunciara. Mas sí, es cierto son excesivas las vejaciones a las que hemos sido sometidos. Acompañadas siempre por un desprecio emitido desde arriba, y generalmente asumido, sin problemas, por aquellos que tendrían que estar a nuestro lado, defendiéndonos, defendiéndose, me refiero a los ciudadanos de a pie, a los padres, a la gente que, equivocando la diana, adoptando la posición más cómoda, sigue pensando que “no hacemos ni el huevo, que cobramos un pastón y que tenemos demasiadas vacaciones.” Porque es mucho más fácil canalizar tu rabia contra el que tienes al lado que plantear la lucha, de verdad, contra aquello, aquellos, que realmente te tienen sometido. Se trata, simplemente, de abrazar el discurso del esclavo.

Ahora, además, vendrán esas campañas institucionales de inicio de curso, alabando de modo hipócrita la figura del maestro. Pero todos sabemos que en cuanto empiece el partido nos coserán a palos.

Y esto ocurre en ese plano general, y también en nuestras relaciones internas como profesores, y esto es grave, muy grave. A veces tengo la sensación de que somos capaces de machacarnos entre nosotros, porque ya hemos abandonado, débiles, la idea obligatoria de luchar contra lo de arriba, contra aquello que define nuestra condición de seres callados.

Nosotros trabajamos con seres humanos, con jóvenes, y nosotros, los maestros, seguimos teniendo la palabra.

Trabajamos todos los días con un material humano, vulnerable. Por eso nuestras palabras, y los significados que podamos exigirles, son importantes. Cada palabra, cada gesto que producimos tiene una incidencia, puede producir chispazos de reacción, de significado real, vital. Y estamos cansados, al menos yo, pero resulta imposible desprenderse del poder que todavía tenemos, aunque no lo queramos.

Estar, hablar con seres humanos, ese es nuestro oficio, enseñar, abrir las puertas del pensamiento. Esto supone, también inevitablemente, un chantaje que, como todos, es de carácter emocional.

Ese chantaje tiene casi siempre una traducción que eterniza las inercias de un sistema y nos hace bajar la cabeza, incluso sin saber cómo nos sentimos al hacerlo; nos induce a seguir, y seguir, porque todos los días, no tenemos más remedio, vemos más de 120 caras que al parecer dependen de nosotros, de lo que hagamos, de lo que digamos. Y, a pesar de todo, hacemos que la cosa funcione. Y Ellos, arriba, sonríen y piensan “míralos al final cumplen bien, da igual lo que les hagamos“. Lo que ocurre es que sin darnos cuenta terminamos trabajando como Chaplin en aquella fábrica: sacamos las piezas, la producción se completa, todo funciona, pero en el camino olvidamos cómo salen las piezas.

Y no son piezas, ojalá, son el futuro aletargado, nuestros jóvenes, nosotros. Son nuestras palabras, los tesoros que nos están robando, y duele.

Sin embargo, el hecho de que Ellos sepan que al final, y a pesar de todo, vamos a cumplir con nuestro deber puede ser convertido en un arma interesante que, como inteligente bumerán, se vuelva contra esos que continuamente están realizando reformas para que nada cambie. Somos conscientes de que, aunque en los textos oficiales no se cansan de repetir aquello de “fomentar el espíritu crítico”, en realidad, desde esa oficialidad no se cansan tampoco de poner todos los obstáculos posibles para que en las aulas no se pueda sembrar ese pensamiento crítico.

Ese es lugar que debe ocupar el profesor como significante fundamental de un idioma que no se puede perder.

La escuela siempre ha sido, salvo históricas excepciones, un factor crucial utilizado sin ningún pudor para validar el sistema de poder. Pero ahora quizá, ay Celaya, estamos tocando el fondo. Parece que ya ni siquiera se molestan en emplear las palabras “pensamiento” y “crítico”, para qué. Ahora las nuevas reinas de la tribu alienada son palabras traidoras, compradas, como “competitividad” o “cultura emprendedora”, toma ya… Flaubert lo vio con absoluta claridad: “Llegará un tiempo en que todo el mundo se habrá convertido en hombre de negocios (para entonces, gracias a Dios, ya habré muerto). Peor lo pasarán nuestros sobrinos. Las generaciones futuras serán de una tremenda grosería.” (Enrique Vila-Matas, ‘Dietario voluble’) Ahora la Filosofía ha sido denostada como una suerte de chuchería innecesaria y las Humanidades, en general, van a resbalar indefensas por el desagüe de la Historia. “Todas las palabras del lugar se han intoxicado” y las que nos quedan limpias pueden ser prohibidas.

Sin embargo, nosotros, los maestros, seguimos teniendo la palabra.

Habrá que pensar qué queremos hacer con ella. Podemos bajar la mirada y hacernos cómplices de su discurso enajenador, hundidos en lo cotidiano, esclavos de cifras y normativas, repitiendo todos el mismo decir, siguiendo todos el mismo guión, como en la iglesia… mudos.

También podemos hablar de verdad. Abrir las orejas de nuestros alumnos. Obligarles a preguntarse si es verdad que las cosas son como les dicen que son. A que sean ellos los que se atrevan a interpretar la realidad para, después, rebelarse contra ella. A no aceptar que esto siempre ha sido así. A no creer que las cosas son inevitables. A creer que puede que alguien esté moviendo los hilos de la Historia en sentido contrario. A construir su propio discurso. A desenmascarar el Discurso del Amo. A recuperar el lenguaje.

Tenemos que eliminar la posibilidad de que el complejo de culpa, ya aceptado por sus padres, invada la conciencia de nuestros alumnos. Debemos proyectar en su pensamiento la idea de que el saber, el conocimiento, no son vías para la obtención de un empleo. Son, fundamentalmente, armas imprescindibles para poder defenderse del Mal.

Y nosotros, los maestros, seguimos teniendo la palabra. Y Blas de Otero quiere saber cómo vamos a utilizarla.
 Luis Enrique Ibáñez
Profesor de Lengua y Literatura
Fuente: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/5285/seguimos-teniendo-la-palabra/





Del Autor

 

"A veces hay que romper las normas para aclarar las cosas... Vosotros sois príncipes"
(Las normas de la casa de la sidra, John Irving)

"Las calles, las aulas y los libros son vuestros.

Que no os desahucien mientras miráis el whatsapp"
 
 
 

Tantos libros leídos, tantos artículos de opinión, análisis sesudos, informes... y ahora llega El Roto, otra vez, y en menos de un segundo nos explica a la perfección en qué consiste eso que llaman crisis, es decir, la estafa a la que estamos sometidos el 99% de los ciudadanos desde hace ya muchos años, demasiados.

 


"Los años de abundancia, la saciedad, la harturaeran sólo de aquellos que se llamaban amos.

Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos...
No habéis querido oír con orejas abiertas"





"Bocaccio conecta con sensibilidad excepcional y modernidad de pensamiento feminista, con la psicología femenina: denuncia la injusta situación de la mujer, le ofrece alternativas como represalia y reivindica con fuerza los derechos de la mujer en materia sexual, familiar y social"
 
(ver el reportaje 'Infieles, ¿por qué?' y contraponerlo con la aparición del libro 'Cásate y sé sumisa')
 
 
 
 

"Es como si la marca España se tradujera hábilmente en la visión de un pueblo condenado, que mientras cumple su penitencia se mira extasiado en el indecente oro de los tronos religiosos"

"No hay hoy en España ningún obispo inteligente; yo leo desde hace años sus pastorales y puedo asegurar que no he repasado nunca escritos tan vulgares, torpes, desmañados y antipáticos. ¡Son la ausencia total de arte y de fervor!"

(José Martínez Ruiz, Azorín)
 
 
 

"... hay una parte de la población, biempensantes sin alma, gente de orden, de los suyos, personas como Dios manda, que sí se sienten ofendidas cuando ven por sus calles seres humanos sin nada que, además, portan otro color en su piel vapuleada...

Nosotros somos los otros españoles... Los españoles que sabemos, perfectamente, que ningún hombre deja su tierra por capricho, que ningún inmigrante quiere morir en el mar, por gusto, en el mar, o enganchado en sus cuchillas, señor ministro"
 
Según Fernández Díaz, las cuchillas en la frontera de Melilla "son disuasorias y causan heridas superficiales"
 
 
 

 ASAMBLEA CIUDADANA POR LA UNIDAD CANDIDATURA POPULAR  PARA LAS MUNICIPALES EN SANLÚCAR VIERNES 19 DE DICIEMBRE, COLEGIO BLAS INFANTE, 18:30

"Si nos quieren en soledad, que nos tengan en común... 
Los ciudadanos de Sanlúcar tienen que percibir que les estamos ofreciendo, proponiendo, un mensaje absolutamente nuevo... Se trata de ser eficaces aquí, y ahora...

Queremos acabar con el lenguaje casposo, trillado, con el discurso grueso y tramposo que lleva años dominando la política en nuestra ciudad. Y para hacerlo, para vencer, para convencer, debemos ser capaces de generar una ilusión inédita. Con la acción, con el idioma, y también con el envoltorio"



"Nosotros hemos puesto nuestro dinero para salvar a muchos bancos. Ahora nos dicen que no tenemos dinero para nuestras necesidades básicas. Entre ellas están nuestras pensiones, ya pagadas. Por eso nos invitan, muy educados ellos, a que contratemos un plan de pensiones privado en uno de esos bancos a los que nosotros, con nuestro dinero, con nuestro trabajo, hemos rescatado. ¿Se puede ser más gilipollas?...

Desahucios, suicidios... noticias, tragedias, cada vez más tapadas, censuradas, ocultadas por los cómplices medios desinformativos"
 
 
 
 
 Pero entra en el Blog http://dueloliterae.blogspot.com.es/  y podras leer mucho mas.



 

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