
El análisis de la evolución de la
situación política y de la movilización general, concretamente de los
marcos populares en que venimos interviniendo, así como de la propia
situación económica e internacional, confirma la pertinencia de la
consigna que establecimos en nuestra reciente Asamblea Congresual: Nos
toca precisar aún más y reforzar la línea revolucionaria comunista, lo
que presupone garantizar la independencia estratégica y de clase de su intervención.
De acuerdo con lo decidido en nuestra
asamblea, y conscientes de que en realidad las “labores congresuales”
continúan, la aplicación de esa consigna pasa por poner el acento
principal de nuestra actividad militante en la conformación y
reforzamiento de núcleos, y en el fortalecimiento y especialización de
la dirección dentro de nuestra organización.
Esta actividad “más interna” seguirá
siendo complementada con nuestro trabajo de confluencia revolucionaria
con compañeros de otras organizaciones o colectivos en nuestro marco
estatal común a fin de extender al máximo la influencia política
de la perspectiva socialista, tanto en lo referente a los contenidos
programáticos como en lo que se refiere a la “cuestión del poder”.
1. La “salida de la crisis” entra en crisis y la militarización de la misma.
En medio de la propaganda gubernamental
de la “recuperación económica” surgen los graves acontecimientos
económicos en China con las sucesivas devaluaciones del yuan y las
inmediatas caídas en las principales bolsas mundiales. La incertidumbre
sobre el futuro se ha vuelto a instalar en la propia prensa económica
mundial y de nuevo se propagan los peores augurios llegándose a hablar
de “pánico entre los inversores” (El Economista, 20-09-2015).
Si bien a los propagandistas de “la salida de la crisis” no les tocaba
otra que decir que la culpa era exclusivamente china, el caso es que son
numerosos analistas los que coinciden en que estamos viviendo un
episodio dentro de esa misma crisis mundial “que no se ha ido”. No sólo
eso, sino que cada vez son más quienes coinciden con la interpretación
marxista en que la razón de fondo de la larga crisis que vivimos
responde a una superproducción relativa de mercancías que conlleva a un
proceso agudo de desvalorización mediante el cual se impone la ley
decreciente de la tasa de ganancia. No otra cosa significan las
presiones deflacionistas que se viven en el mercado mundial. Claro que
dado el papel dominante del capital financiero en la economía
capitalista –y la utilización de la deuda “a terceros” y otros productos
financieros por parte del mundo capitalista más desarrollado con EEUU a
la cabeza para conjurar la falta de rentabilidad de la “economía real”-
pone en bandeja los estallidos frecuentes de burbujas especulativas y
de crisis de deudas.
También esto sucede ya y en gigantescas
dimensiones en la misma China donde amenazan con estallar las burbujas
inmobiliarias y las generadas por la especulación financiera. El
crecimiento de la construcción que ha llegado a ser la cuarta parte del
PIB (que alcanza los 10 billones de dólares) ha dado lugar a numerosas
ciudades fantasmas. Y no es que haya más viviendas de las necesarias,
sino muchas más de las accesibles a una capacidad adquisitiva
condicionada por relaciones de explotación. Por otro lado, para
financiar la adquisición de viviendas y otras obras de infraestructura
se promovió el endeudamiento masivo de particulares y administraciones
de forma que la deuda total del país se multiplicó por cuatro desde 2007
a 2014.[1]
La sobreinversión y sobreproducción determinan una desvalorización
acelerada del capital-mercancía. Las presiones deflacionarias se
profundizan; la caída progresiva de los precios en el llamado gigante
asiático se mantiene desde hace más de tres años.
Pero, como ya hemos señalado, las
presiones deflacionarias no afectan sólo a China sino que tienen
carácter general. Son la expresión, no sólo de la caída de la demanda,
sino de guerras de precios por hacerse con mayores cuotas de mercado y
se manifiesta en los principales sectores de la economía mundial, desde
la minería a la industria automotriz, pasando desde luego por el
petróleo.
El debilitamiento del crecimiento, con
las consiguientes caídas de los precios, se extienden ahora a todas las
grandes economías mundiales. Los BRICS, lejos de actuar como el
amortiguador que fueron durante 2008 y 2009 –que dio lugar a absurdas
especulaciones acerca de su capacidad de escapar a la crisis- se
incorporan a los países con crecimiento débil o en franca recesión. El
resultado, según señalan numerosos analistas, será en el mejor de los
casos el de una cronificación de la crisis, o el del estallido de una
nueva crisis mundial, ahora sin paracaídas.
La cuestión es que se cae el mito de que
China podía sustraerse a la crisis capitalista y, más aún, de que ella
podía salvar al sistema de su crisis, como decían que había sido el caso
en 2007. El reciente aplazamiento de la subida de los tipos de interés
por parte de la FED (banco central de EEUU) condena a presionar aún más a
la baja al dólar ante la devaluación de otras monedas como el yuan.
Vivimos, pues, un anticipo de la guerra de divisas como
conclusión lógica de la fase financiera de la crisis y la utilización de
los bancos centrales (empezando por la FED) como ariete en un escenario
de contradicciones internacionales que se agrava. Hemos de recordar que
EEUU, más allá de consideraciones puramente económicas, ha venido
utilizando la divisa del dólar como una de las herramientas “menos
belicistas” para imponer y prolongar una hegemonía que cada vez tiene
menos base real.[2]
Pero las herramientas “menos belicistas”
ya hace tiempo que se vienen combinando con una creciente
desestabilización militar de la situación internacional. Cada vez cuesta
más ocultar la agudización de las diferencias entre potencias “amigas” y
estas –ya no sólo los EEUU- intervienen de forma descaradamente
imperial en los asuntos internos de los Estados que conforman su esfera
de influencia. Lo vivido durante meses en Grecia no es más que un
aperitivo de adónde estarían dispuestos a llegar aquí mismo dentro de la
Unión Europea. Al respecto, cabe recordar lo que advertíamos en
nuestras Tesis: “Ninguna
estrategia de lucha nacional o estatal podrá obviar la situación de
guerra en que progresivamente se instala el mundo. Y prácticamente en
ningún marco estatal podrá darse una vía de solución sólida en clave
popular si no considera que tendrá que enfrentarse tarde o temprano (…) a
factores oligárquicos internacionales.” [3]
La escalada belicista a escala mundial
-que se viene manifestando desde la caída de la URSS en una
intensificación sin precedentes del expolio y la destrucción de países
cuyos gobiernos no acceden con la diligencia debida a los intereses
imperialistas- tiene una especial concreción en las grandes Maniobras
militares que la OTAN desarrolla en el Estado español desde el 3 de
octubre al 10 de noviembre de 2015.
Han sido precedidas por un nuevo acto de
vasallaje a los intereses de EE.UU, que se suma a los que de forma
continuada han protagonizado todos los gobiernos, incluida la
vulneración de las tres condiciones para el Si en el Referéndum de la
OTAN. Por si alguien se creyó alguna vez lo de la “soberanía popular”.
El mes de junio pasado se cedió la Base de Morón para servir de sede
permanente del USAFRICOM (Mando de los Estados Unidos para África). El
objetivo es instalar allí de forma permanente la Fuerza Especial de
Respuesta de Crisis del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos (SP
MAGTF Crisis Response).
El movimiento antiimperialista contra la
guerra, prácticamente desaparecido tras las grandes manifestaciones
contra la invasión de Iraq, empieza resurgir en el proceso de
preparación de movilizaciones contra estas Maniobras en varios
territorios. El objetivo es que perdure y se amplíe, como lo hace la
guerra global promovida en primera instancia por EE.UU., la UE y el
Estado sionista de Israel, con sus aliados regionales que van desde
fuerzas abiertamente fascistas como en Ucrania o ejércitos mercenarios
que a veces, como en el caso del DAESH, tienen su propia agenda.
A la potenciación de ese movimiento, que
sostiene su columna vertebral sobre la solidaridad internacionalista
más estricta, que identifica como enemigo en primer lugar la mano del
agresor imperialista y apoya con todas sus fuerzas a quienes se le
enfrentan, dedica y dedicará Red Roja sus energías.
2. La inestabilidad política del Estado español más acá de la crisis. Sobre la situación en Catalunya y nuestras tareas.
Comparado con el periodo que va de las
elecciones europeas de 2014 hasta las municipales de este año –con los
casos de corrupción de “por medio” saturándolo todo, mediando también la
abdicación, etc- el Régimen político del 78 ha recuperado una cierta
estabilidad política en lo que particularmente se refiere al
bipartidismo. Evidentemente ha jugado a su favor la
canalización/desviación electoral de “la indignación”, más allá de que
las propias movilizaciones populares no se pueden mantener en el mismo
pico de flujo si no obtienen resultados tangibles; sobre todo, cuando no
se insertan en una estrategia revolucionaria de conquista de poder. En
cualquier caso, el Régimen del 78 ha asimilado en medida no desdeñable
“las expresiones” surgidas tras el 15M y se ha recuperado ante la
pérdida relativa de la iniciativa mediática frente al “efecto Podemos”.
Este, en buena parte y como ya habíamos señalado, se aprovechó del
desprestigio del sistema político en su conjunto y de las peleas dentro
del bipartidismo donde no se dudaba en utilizar los “casos de
corrupción”. Hemos analizado suficientemente al respecto; por ejemplo,
en los editoriales de nuestra revista.
Finalmente el desgaste en curso de
Podemos, la situación de UVI de IU (que sólo puede mantener su
existencia con una recuperación de un lenguaje radical, incluso
anti-sistema, al tiempo que este le ayuda por los años de “fiel
servicio” a la estabilidad de la “democracia del 78”), las querellas
internas por poner en marcha candidaturas de Unidad Popular que aseguren
a unos y otros puestos en la política profesional, todo ello, ha
llevado a que el PSOE (debidamente “descastizado” por la misma dirección
de Podemos) se vea de nuevo como eje central de la “alternativa útil” a
la derechona del PP. Desde principios de 2014 advertíamos de que este
podía ser el triste resultado de dejar que buena parte de la
“indignación” se expresara político-electoralmente tal como ha ocurrido.
En el siguiente apartado entraremos más en detalle en la situación de
las “expresiones reformistas y electoralistas” que se montaron a lomos
de la protesta social anticrisis. Parémonos ahora en la otra fuente de
desestabilización del régimen de la transición que se añade a la
inestabilidad producida por los “tijeretazos” socio-laborales. Nos
referimos a la cuestión nacional, que vive un momento de auge en
Catalunya.
La apuesta de Mas desde la Generalitat
de dopar el movimiento nacional en Catalunya en su demanda incluso de la
independencia (después de tanto años de contribuir con el PNV a la
estabilidad, no ya del Régimen de la Transición sino de su Monarquía) es
ciertamente un síntoma de la exportación al plano político de la
crisis. Sin esta no podría entenderse el “pulso institucional” al que
asistimos. Pero no menos cierto es que la “cuestión nacional” tiene su
propia dinámica y se convierte objetivamente en un elemento añadido de
desestabilización política de dicho régimen. Nuestra obligación
política, ante ello, es saber aprovechar esa fragilidad estatal siempre
que preservemos nuestra independencia estratégica y de clase.
Una vez dejado claro nuestro apoyo de
principio al derecho de autodeterminación y, por tanto, de independencia
(sea cual sea la línea de clase que se imponga en el movimiento
nacional), debemos intervenir en varios sentidos. Por un lado, para que
lo “nacional” no trabe la unidad de clase (independiente de la
procedencia nacional e incluso de la posición que se tenga al respecto),
empujando al máximo la movilización “social” contra las medidas de
recortes socio-laborales, etc. y advirtiendo sobre la utilización de “lo
nacional” por parte de la burguesía catalana para tapar su agresión de
clase. Por otro lado, estaremos codo a codo con aquellos compañeros de
la izquierda independentista que alertan contra la amenaza de que la
propia burguesía nacionalista traicione hasta las mismas tareas
nacionales (tal como ha venido haciendo históricamente). Y, por
supuesto, hemos de combatir en el resto del Estado español que “los
recortes” y “la lucha contra los corruptos” se utilicen demagógicamente
para negar el derecho de autodeterminación, tal como hacen de hecho los
Iglesias, poniéndose así (más allá de intenciones) al servicio del
nacionalismo españolista (el más rancio y peligroso, solo sea por el
poder estatal con que cuenta).
Hemos de advertir también de que ocurra lo que ocurra no habrá liberación social si no se comienza a postular una confrontación clara con la política imperialista de la UE y desde ya
(también independientemente de lo que ocurra en lo nacional) no se
trabaja entre la clase y otros sectores populares para acumular el
máximo de fuerzas en ese sentido. Para ello, han de aprovecharse todas
las posibilidades que nos ofrecen los actuales marcos estatales
existentes. Por tanto, hemos de manifestar nuestra oposición a la
confusión entre “lo nacional” y “lo social” y al “etapismo” a la hora de
afrontar ambas cuestiones.
3. El fuerte desgaste de la “apuesta reformista y electoralista” y cómo aprovecharlo para superar nuestros propios límites históricos.
Aunque ya había indicadores que
anunciaban el desgaste de la “apuesta electoralista” como canalización
de la “indignación y la protesta social”, los acontecimientos en Grecia,
la propia reacción de Podemos, esas querellas internas que cada vez
logran tapar menos, han acelerado la entrada en crisis del reformismo y
del oportunismo electoralista. Sabemos que estas desviaciones –que tanto
han venido afectando negativamente al ciclo de movilizaciones
“antirrecortes” iniciado antes de la actual legislatura- aún tienen
margen de maniobra. No nos queremos engañar al respecto. Pero ya no
cuentan con el mismo cheque en blanco. Ya no cuentan con la misma
incondicionalidad en el apoyo popular. Esto es muy importante para la
línea revolucionaria, pues no sólo importa cómo los sectores populares
se comportan ante el voto, sino cómo este les vincula en el
desarrollo de la lucha de clases: se puede estar votando hoy a una
opción electoral y no ser esto obstáculo para estar mañana movilizándose
contra esa misma opción.
Ciertamente los de Podemos (principal
concreción de la “apuesta electoral de la indignación”) ya venían
recortando el programa antirrecortes hasta el punto de que más que
Podemos les venía bien haberse llamado “A-ver-qué-Podemos”. Pero siempre
quedaba en algunos sectores la esperanza de que esas rebajas se hacían
por puro tacticismo y que cuando llegaran al gobierno las quitarían. Sin
embargo, lo de Syriza ha sido determinante. Aunque se ha querido
alargar la comedia con aquello de “Tsipras aguanta, que ya llegamos
nosotros”, finalmente la forma brutal en que este ha pasado a
visibilizar su papel de simple gestor del sistema no podía dejar de
crear la estupefacción en sus aliados de por aquí; hasta el punto de que
se ha convertido en un elemento de fractura interna, con un Podemos
apoyando a Syriza y otro a su escisión.
Ahora, tras conocerse el resultado de
las recién celebradas elecciones griegas, parece evidente que la
dirección de Podemos va a aprovechar la reelección de Tsipras y el
fracaso electoral de los que se escindieron de Syriza para venir a decir
cínicamente que “la gente” les apoya en
“ir-viendo-lo-que-realmente-se-puede-hacer”. Desde luego, las
especulaciones de que Unidad Popular-Syriza 2 pudiera heredar el apoyo
popular obtenido en enero, o al menos buena parte del mismo, e incluso
arrancar votos del KKE –olvidando la inocultable co-responsailidad de
sus dirigentes como ministros y altos cargos del gobierno de Tsipras
hasta el último momento– han quedado en agua de borrajas. En este
sentido, casi seguro que las elecciones griegas (concretamente, a quién
se ha apoyado) van a ser utilizadas como arma para ajustar cuentas en
las disputas por el poder organizativo dentro de Podemos. Otra cosa es
cuánto saldrá a la luz pública.
Pero todos saben que han perdido una
baza de cara a las elecciones generales de diciembre tras meses contando
con la “experiencia transformadora” de Syriza como uno de sus
principales activos. Máxime, cuando la dirección de Podemos ha apostado
por su “syrización” con “carácter previo”, viniendo sencillamente a
decretar que No-Podemos (y eso que “su-Podemos” ya estaba lejos de que
fuera lo que las movilizaciones de los últimos años manifestaban que
querían que se pudiera).
En cualquier caso, realmente todo lo
anterior contribuye a abrir un nuevo escenario en cuanto a cómo
actualizar la lucha contra el reformismo y el oportunismo electoralista
en nuestra intervención. Convencidos de que estamos ante algo más serio
que un simple contratiempo de la “vía electoral como apuesta de poder”,
convendría hacer una breve reflexión sobre cómo todo ello afecta (no
precisamente de forma negativa esta vez) a nuestros propios límites
históricos.
Hasta ahora hablábamos de dos crisis en
las que teníamos que desarrollar nuestro trabajo. Por supuesto la crisis
del sistema capitalista, que de cara al pueblo se manifiesta con toda
su crudeza en los “programas de rescate” que padecemos. Pero también la
propia crisis histórica de nuestro movimiento, que siempre hemos
mantenido que en buena medida ha facilitado la tarea de reformistas y
oportunistas: no en vano sostenemos que las apuestas electoralistas “tipo Podemos” subidas tan impunemente al carro de las protestas antiausteridad (y que tanto han contribuido a desactivar) son consecuencia más que causa de nuestros propios límites. El caso es que ahora entramos en un escenario donde se añade a esas dos crisis la crisis de nuestros críticos
en el seno del movimiento popular. Pues bien, aunque la crisis
capitalista se da, en realidad, antes que el zarpazo que sufrió nuestro
movimiento a nivel internacional, a caballo entre los 80 y 90 y que
llevó a decretar el “fin de la historia”, lo cierto es que en la percepción popular
fuimos los primeros en entrar en “crisis de existencia” con la caída de
la Unión Soviética, independientemente de la posición que ante ella se
mantuviera. Hay que insistir en que no estamos debatiendo sobre cuándo
consideramos (los comunistas) que empezó la “crisis del comunismo”, sino
cómo ha evolucionado en el imaginario popular –por supuesto, con toda
la falta de rigor de los relatos dominantes- la confianza acerca de las
posibilidades de futuro de la “alternativa comunista”. Y, en este
sentido, las consecuencias negativas de lo sucedido en los años 90 no
tienen parangón.
De lo que se trataría ahora es de
disponernos a aprovechar unas mejores condiciones para ser los primeros
en salir de esas crisis, ahora que a la crisis de los “de arriba” se le
suma la de los que tenemos más “al lado” en la disputa sobre qué clase
de programa y qué “vía de poder” interesan a nuestra clase. A partir de
ahora, nuestra claridad y voluntad serán mucho más determinantes,
siempre que entendamos la intervención comunista en los términos en que
la hemos descrito en nuestras Tesis.
4. El mayor obstáculo ahora en nuestra intervención y el no menor de “no intervenir”.
Volviendo a la coyuntura actual, el
mayor obstáculo para hacer avanzar nuestra influencia viene de los que
alargan la agonía reformista y meramente electoralista. El principal
problema no estriba en los que “se autocritican” por los hechos (por
ejemplo, la dirección de Podemos), esos que después de separar la casta
del sistema separan al PSOE de la casta y confiesan que no, que no se
puede dar cumplimiento a los que las movilizaciones reclaman desde hace
años. La gran traba ahora para desarrollar y fortalecer una
estrategia revolucionaria de conquista de poder la ponen precisamente
aquellos que siguen proclamando que sí, que sí se puede no pagar la
deuda haciendo una auditoría, cambiar la UE desde dentro, etc., etc. El
principal problema, en definitiva, lo tenemos con quienes siguen
apostando por cambiar el sistema desde dentro, sin derrocarlo y mediante
elecciones; aunque lo adoben de que hace falta “músculo social” aparte
del electoral cuando en realidad todo lo supeditan a la competencia por
“colocarse” en las listas de candidatos. Y tenemos que tener muy en
cuenta que esa “ala izquierda” –que ha sido cómplice del engaño que
apostó por canalizar electoralmente la protesta, pero ahora se ve
inmersa en luchas intestinas, en gran medida, por cuotas de poder
organizativo- no está dudando en flirtear incluso con consignas como la
del “no pago a la deuda” y hasta la de la “salida del euro”, alargando
el engaño y pretendiendo ocultar su responsabilidad.
Por eso, en el nuevo escenario que se nos abre, estaremos obligados a una labor de mayor explicación sobre lo que consideramos que es la línea de demarcación
que defendemos y que comienza (sólo comienza) por el no pago a la
deuda. Al respecto, bueno sería por empezar a ver qué establecimos en
nuestros propios textos hace ya más de dos años, antes de que se diera
este largo periodo electoral e incluso antes de la gran movilización del
22M. De momento, basten de muestra estos pasajes de “Línea revolucionaria y referente político de masas”:
“…la cuestión política clave que
habría que entender ahora es la obligación que tenemos de contribuir (y
acompañar) a que las masas vayan resolviendo por ellas mismas en la práctica contradicciones
como, por ejemplo, la siguiente: que no se acepte “ningún recorte venga
de donde venga” y se considere la deuda como ilegítima (un mínimo de
ese referente político a plantear), sin al mismo tiempo exigir el
derrocamiento de la burguesía, cuando resulta que precisamente esto es
una condición sine qua non para materializar con garantías incluso esas ‘meras’ exigencias”. Más adelante se dice: “el
sentido histórico de nuestra propuesta de referente político sería,
pues, la de contribuir a que sean las masas las que, expresando
determinadas exigencias a una burguesía aún ‘a los mandos’, terminen por
plantearse la propia disputa del poder”. El texto concluye expresando el espíritu con que se establece la línea de demarcación: “No
vamos a especular con la cantidad de personas que en nuestros países no
están aún por el comunismo. Pero lo que sí podemos afirmar es que va
adoptando un carácter de masas la exigencia de reivindicaciones
imposibles de satisfacer por la burguesía. Y que el movimiento real por
conseguirlas favorece como nunca desde hace decenas de años las
condiciones para trabajar por el socialismo…”[4]
Pocas dudas han de quedar, pues, de que,
bajo ningún concepto, quienes ahora radicalizan la frase para
distinguirse de los Tsipras (tanto en Grecia como aquí) atraviesan la
línea de demarcación que les separa de la línea revolucionaria. No es
esto algo que haya simplemente que aclarar fuera de nuestras “filas”. En
realidad, aún entre nosotros hay que entender mejor el significado de
nuestra intervención en la realidad tal como se da; una intervención que
no solo busca “hacer revolucionarios o juntarnos quienes nos
consideramos ya así”: algo fundamental, sí, pero que no basta. Tenemos
pendiente dominar el arte de revolucionar la realidad, sobre todo en tiempos de crisis, contribuyendo a poner en movimiento práctico reivindicativo a
quienes no se reconocen en la revolución pero la necesitan hasta para
sus reivindicaciones... no revolucionarias. Al respecto, se impone una
reflexión a “nuestro interior”.
No hay muchos precedentes, dentro de la
historia revolucionaria por el socialismo, de una situación de tres
crisis como la que tenemos que lidiar. Por eso debemos ser muy comprensivos con nosotros mismos, y entender la línea de construcción que estamos protagonizando.
Empezando por poner en valor nuestras tesis y análisis, algo que está
siendo cada vez más reconocido; sobre todo, cuando además van
acompañados precisamente por nuestro acompañamiento de las luchas
populares tal como realmente se dan. Pero hemos de ser conscientes de
que la crisis del reformismo no se traducirá en una venida en masa a
nuestras tesis por implacables que estas puedan parecer. Esto es algo
que también tenemos teóricamente trabajado y que nos inmuniza contra el
dogmatismo, el sectarismo y la tentación de elevar en demasía la
potencia de la mera frase, también la nuestra, por correcta que esta
resulte.
En el nuevo escenario que se abre por
los “desencuentros” dentro del reformismo y del oportunismo
electoralista habrá que reorientar nuestro trabajo en los marcos de
lucha abiertos en los últimos años. Sin embargo, debemos huir de la
tentación del aislacionismo prepotente y hemos de detectar el verdadero
nivel de las masas estableciendo relaciones diferenciadas según el grado
de conciencia, moral y disposición. Y esto sólo se puede hacer desde la práctica (en las diversas “modalidades” en que esta se nos presenta). E interviniendo en ella.
Bajo ningún concepto hemos de olvidar lo que hemos establecido en
nuestra Tesis acerca de lo que significa mejorar la correlación de
fuerzas a favor del proceso revolucionario.[5]
5. La reorientación del trabajo en los marcos de intervención al servicio del fortalecimiento de la línea revolucionaria.
Una vez dejado esto claro, ciertamente
hay que insistir en que el acento hemos de ponerlo en elevar la calidad
de nuestra “profesionalidad militante” y la de la propia organización en
su conjunto. La calidad de nuestra intervención comunista al
exterior dependerá de la intervención de calidad que hagamos en nuestra
organización. Se nos requerirá dar pasos firmes en el compromiso
militante, máxime cuando las condiciones generales nos llevan a un
enfrentamiento propio de estados de contrarrevolución preventiva que
realzarán sus perfiles antidemocráticos, facciosos; por añadidura, en
una situación internacional que agudiza sus tendencias belicistas.
Sumémosle que ya no nos encontramos en la misma fase de las
movilizaciones populares antiausteridad, con todos los peligros que ello
conlleva de incubar tendencias reaccionarias en el seno de un pueblo
desorganizado, engañado e impotente. En realidad, poco de todo esto se
nos ha escapado. ¿Pues, acaso, no hemos adoptado con “carácter
congresual” la consigna estratégica del DER?[6]
Con respecto a los marcos en que se ha
venido desarrollando desde hace años las protestas contra las brutales
medidas de recortes y sus consecuencias sociales y laborales, se imponen
cambios en su caracterización y, consecuentemente, se nos exige una
reorientación de nuestra intervención en ellos. En primer lugar, sufren
en su conjunto un reflujo en la movilización popular (tras el pico del
22M en el 2014 que culminaba la fusión de las diferentes mareas). Por
tanto hay mucho “menos pueblo” que se relaciona con ellos. Pero es que
además (y relacionado con ese bajón) han venido, en gran medida, siendo
copados (o fuertemente dañados previamente a su abandono) por el
reformismo y el oportunismo electoral pretendiéndolos transformar en
terreno de diferentes cálculos electoralistas y “politiqueros”, por más
que se haya jurado que no se venía con intención electoral. En
consecuencia, nuestro trabajo ahí ha de consistir también en rescatar
literalmente de la “politiquería” lo mejor del activismo realmente
existente y relacionarlo con las tareas revolucionarias, al tiempo que
se promueve una recuperación de la movilización de calle, solo sea
porque nos pone en contacto directamente con el pueblo.
Dadas las experiencias acumuladas por la
“apuesta reformista y electoralista”, pasa a principal nuestra trabajo
de propaganda revolucionaria explícita, allí donde intervenimos, por más
que deba ser complementado con nuestra capacidad de llegar acuerdos
inmediatos para la movilización. Hemos de considerar, pues, los marcos
populares (los que surjan o lo que quedan de ellos) como escuela
práctica de preparación para el apoyo y el compromiso con la estrategia
revolucionaria. Al servicio de ello, y como ya hemos apuntado
anteriormente, procede tomar en consideración de forma completa el
sentido de nuestra línea de demarcación del “no al pago de la deuda”
como causa inmediata de los recortes; y con qué proyección estratégica
hacia el socialismo la establecimos, contribuyendo a que el propio
movimiento práctico rechace las propias instituciones europeas, plantee
la expropiación bancaria, rechace la OTAN, etc.
En el aspecto organizativo hemos de
“interiorizar” más cómo relacionamos la línea de demarcación y el
referente político de masas precisamente con la dualidad organizativa.
Nuestro trabajo en los marcos no se limitará al tiempo en que se esté en
ellos, sino que debe prolongarse más allá. Es verdad que, en general,
esto siempre se hace sin necesidad de directriz alguna, pero ahora ha
tomar mucha mayor importancia, debiendo ser parte de los planes
organizados desde el núcleo. En ese sentido, el núcleo local de la
organización debe ser el verdadero medidor de la táctica de intervención
una vez establecida la línea general de reorientación de nuestro
trabajo político-práctico en los marcos.
[1] http://redroja.net/index.php/noticias-red-roja/noticias-externas/3623-economia-mundial-se-profundizan-los-problemas
[2] Ya en 1965 De Gaulle habla del “privilegio desorbitado” que venían poseyendo los norteamericanos en cuestiones de emisión de moneda y que le lleva a “endeudarse gratuitamente a costa del extranjero”
(Conferencia de Prensa en el Palacio del Eliseo, el 4 de febrero de
1965). Y, según informó Granma, en una importante reunión de su Partido
el 1 de julio de 2006, Fidel hablaba de que los Estados Unidos están
ejerciendo una “considerable influencia negativa (…) en la economía
internacional, como consecuencia, entre otros factores, de la
descontrolada emisión de dólares para pagar productos y servicios por
encima de su real poder adquisitivo”.
[3] De las Tesis aprobadas en la II Asamblea Congresual de Red Roja, junio 2015). Consultar en: http://redroja.net/index.php/documentos/tesis-asamblea-general-congresual/3527-tesis-politicas-aproprobadas-en-la-ii-asamblea-congresual-de-red-roja-junio-2015
[4] Artículo completo en:
[5] “…tenemos
por delante una difícil y no menos urgente tarea, la de mejorar en lo
posible la relación de fuerzas. Esto significará que deberemos:
reagrupar militantes en un plano coherentemente revolucionario; saber
ganarse y rodearse de “aliados” que a veces van y vienen sin terminar de
comprometerse definitivamente; neutralizar a aquella parte de la
población menos consciente o ya “desclasada” para que al menos no se la
gane los principales enemigos de clase; aprovechar al máximo las
divisiones entre el enemigo para fomentar su debilitamiento.” (De las
Tesis… Ver nota 3)
[6] “En
el sentido de afrontar esta compleja y múltiple tarea venimos adoptando
la consigna DER (Discurso, Estar, Resistencia) que ha de inspirar
nuestros esfuerzos político-organizativos. Requerimos de un discurso
comprensible y acertado sobre la viabilidad del proceso revolucionario
en nuestro marco de actuación. Pero no nos bastará con ello. Hay que
saber estar entre el pueblo para ganarse, efectivamente, el
derecho a que se nos escuche, al tiempo que somos conscientes de los
propios límites de todo discurso (por acertado que sea) cuando reparamos
en que las transformaciones históricas son, en definitiva, resultado de
relaciones de fuerzas; lo que desde ya implica plantear la necesidad de
generar dinámicas de resistencia en vista a cortocircuitar
determinadas relaciones de poder y, en definitiva, a ir mejorando esa
correlación de fuerzas.” (De las Tesis aprobadas en la II Asamblea
Congresual de Red Roja, junio 2015)
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