sábado, 18 de julio de 2015

Una película explora la vida de Lyudmila Pavlichenko. Nuestras heroinas

Rara vez una mujer ha recibido con justicia el merecido reconocimiento por sus actividades y méritos en la industria del cine y de la cultura. El caso de la heroína de guerra e historiadora soviética Lyudmila Pavlichenko es, por suerte, una honrosa excepción. En un terreno como el bélico, dominado y hegemonizado por la cultura heteropatriarcal durante siglos, la figura de la francotiradora de élite Pavlichenko ha intentado desde hace
décadas imponer su hueco en la historia internacional de la clase trabajadora. Después de numerosas películas dedicadas al tema en general, y a luchadores soviéticos en particular (como el caso de Vassili Zaitsev), hacía falta una producción que se centrara e inmortalizara en la gran pantalla el papel de una mujer que luchó toda su vida y trabajó duramente para encontrar su hueco en un mundo tradicionalmente dominado por los hombres, incluso en un país igualitario como la Unión Soviética.

Para recuperar y reivindicar su figura, en abril de este año 2015, se lanzó al cine la película "La batalla por Sevastopol", una co-producción ruso-ucraniana (bonito ejemplo de cooperación en tiempos difíciles), dirigida por el ruso Sergey Mokritskiy y protagonizada por la actriz Yulia Peresild en la figura de la heroína de guerra soviética. La película, que se adentra en la biografía y explora la mentalidad y la personalidad de Pavlichenko, fue galardonada en el Festival Internacional Cinematográfico de Pekín, que premió a Peresild como mejor actriz.

La película se centra en diversos momentos de la biografía de Lyudmila Pavlichenko, nacida en 1916 en Ucrania, y que creció y se formó académicamente en Kiev, donde además de realizar instrucción de tiro (pues desde muy jóven mostró su destreza con las armas y su extraordinaria visión bélica), ingresó en la Universidad de Kiev para formarse como historiadora, su gran pasión desde jóven.

En 1941, y en su cuarto año de estudio, se incorpora a filas como voluntaria con la invasión nazi de la URSS, y es asignada a la 25ª división del rifle del Ejército Rojo sovietico, donde se convirtió en una de las más de 2000 mujeres francotiradoras del ejército rojo, que destacaron durante la Gran Guerra Patria, a diferencia del resto de ejércitos de la época, formados en el frente exclusivamente por hombres, debido a la mentalidad machista que les diferenciaba del ejército soviético.

Durante el año de guerra en la que formó parte entre junio de 1941 y junio de 1942, Pavlichenko sirvió con valentía en los frentes de guerra de Odessa y Sevastopol, donde se destacó por su talento y precisión bélicas, llegando a causar hasta 309 bajas en los ejércitos nazi-fascistas de Hitler, debido a lo cual se convirtió en objetivo prioritario de los francotiradores fascistas.

En junio de 1942, Pavlichenko fue herida en Sevastopol gravemente por un mortero, debido a lo cual se la dió de baja en la línea de frente, y se la envió en misión diplomática internacional al mundo occidental para promocionar los esfuerzos de guerra soviéticos ante sus aliados. Primero fue enviada a Canadá y a los Estados Unidos, donde causó gran impresión a los políticos y presidentes estadounidenses Eleanor y Franklin Roosevelt (como de hecho narra la película, que trata parcialmente de la amistad personal entre Eleanor y Lyudmila) hasta el punto de haber sido invitada a la Casa Blanca, siendo la primera ciudadana soviética en recibir este tratamiento en la conflictiva historia entre estos dos países.

En EE.UU., Pavlichenko fue apreciada por el pueblo estadounidense, pero también tuvo que soportar los prejuicios machistas de un público atrasado en lo social, que inicialmente no tomaba en serio a una mujer militar, y que incluso fue cuestionada en sus dotes bélicas y su aspecto físico. Como respuesta, Pavlichenko desplegó allí, en América su tercera gran cualidad; bélica, académica, y ahora también político-diplomática, efectuando un encendido alegato en defensa de la guerra contra el nazismo, que conquistó al público estadounidense.

Con 25 años, Pavlichenko se había convertido en una académica prometedora, en una militar admirable y en una brillante diplomática de la causa soviética. Posteriormente, visitó el Reino Unido, cuya clase trabajadora mostró su solidaridad y afecto por la causa y el sacrificio soviético en la guerra antifascista internacional.

El final de la guerra lo pasó instruyendo en la URSS nuevos francotiradores, y poco antes de su finalización, en 1943, su triple aportación a la causa soviética fue reconocida con el mayor galardón que otorgaba ese país, la Medalla de Oro de Heroína de la Unión Soviética. Desde 1945, Pavlichenko completó sus interrumpidos estudios de historia en la misma universidad donde los inició, y ejerció de historiadora, y miembro asesor del ejército soviético, y del comité de veteranos de guerra.

En 1974, Pavlichenko murió, siendo reconocida y apreciada por todo el pueblo soviético, por sus numerosas aportaciones al país, y siendo un símbolo no sólo de compromiso y trabajo, si no del grado de liberación al que llegó la mujer en el campo socialista durante del pasado siglo.

A pesar de sus aportaciones en la URSS, Pavlichenko fue deliberadamente ignorada y olvidada por la historiografía occidental, incapaz de asumir que una mujer puediera ostentar tales dotes y cualificaciones.

Finalmente esta película, a pesar de dotarse de las lógicas licencias cinematográficas y dramáticas, recrea y coloca en su merecido lugar a una de las mujeres más destacadas del pasado siglo. Un nombre al que tenemos mucho que agradecer y que jamás debemos olvidar.

Fuente; http://www.playgroundmag.net/

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