domingo, 29 de marzo de 2015

Soberanía y luchas de clases x Iñaki Urrestarazu

La soberanía es un concepto sumamente importante para la lucha por la emancipación de los pueblos y de las clases oprimidas en un mundo en que las garras del imperialismo y sus subalternos  tratan de supeditar todo a sus intereses. La soberanía es la capacidad real de los pueblos de disponer de su presente y de su futuro, de ser dueños de sus recursos y de organizarse política, económica, social y culturalmente, de la forma que entiendan más adecuada. Y la soberanía es condición sine qua non, el necesario primer paso,  para encaminarse a una sociedad socialista, igualitaria y sin clases.  La soberanía de los pueblos es algo de lo más
odiado por el imperialismo, y así que, gran parte de las guerras que vienen desarrollándose en Oriente Medio, Africa, Asia, Europa y América, desde Libia, Siria, Palestina, Irak, Libano, Donbas en Ucrania y la muy posible de Venezuela, así como todas las guerras anticoloniales, por poner algunos ejemplos, son guerras en primera instancia en defensa de la soberanía frente al invasor.

La soberanía se ha solido asociar históricamente, principalmente a nivel de la izquierda, con el Derecho de Autodeterminación, entendido de muy diversas maneras y utilizado con frecuencia como concepto más retórico que real, para atraer  a las nacionalidades a una lucha estatal unitaria contra el poder capitalista del Estado. Hoy enEuskal Herria se está utilizando el concepto de Derecho a Decidir, en lugar del anterior, no sabemos muy bien bajo qué diferencias semánticas, quizá como una fórmula más “políticamente correcta”, menos susceptible de asustar a ciertos sectores y en esa lógica democraticista que están defendiendo algunas corrientes de la izquierda abertzale.

Es cierto sin embargo que el Derecho a Decidir, incide en principio, al menos formalmente, precisamente en eso, en el derecho a decidir, que apunta más allá del simple derecho a unirse con el resto de pueblos del Estado (sea el español o el francés) o a separarse de ellos, que apuntaría a poder decidir en todo momento, sobre todas las cuestiones que afectan a Euskal Herria. Y entendido de esta manera es como cobra sentido más profundo el concepto. Aunque hay mucho que matizar.

Es erróneo “exigir el reconocimiento” del Derecho a Decidir, o mejor de nuestra SOBERANÍA, porque eso, el que nos reconozcan,  es algo que no va a suceder nunca. Hoy está más que demostrado que el Estado español surgido del franquismo, sin ruptura con él, mediante la Transición culminada con la Constitución de 1978 y susderivaciones  como el Estatuto de Gernika de 1979 y el Amejoramiento del Fuero de Navarra  de 1982, no nos va a reconocer ese derecho. Y tampoco lo van a hacer lasprincipales fuerzas políticas que han protagonizado esa Transición, el PSOE o el PP, el heredero de UCD. Ni tampoco Izquierda Unida ni el PNV y menos UPN, han apostado ni apostarán por la soberanía. Tendría que suceder un cataclismo, un cambio de fuerzas brutal en el Estado para que se nos pudiera reconocer ese derecho. La aparición de PODEMOS no parece que vaya a cambiar mucho las cosas. Primero porque es muy difícil que gobierne, segundo, porque no pretende cambiar las cosas en profundidad y tercero porque se ha manifestado meridianamente claramente que no apuesta por el reconocimiento de la soberanía de los pueblos, sólo la del pueblo español. Y en Iparralde, las cosas se presentan más duras todavía.

La Via Vasca: La soberanía mediante una revolución democrática y popular dirigida por los trabajadores
Por tanto de lo que se trata es de CONQUISTAR el Derecho a Decidir, conquistar la Soberanía, arrancarla y ejercerla. Las fuerzas que han sustentado la Transición, ni siquiera se van a sentar en una mesa para discutir cómo aplicar la soberanía, para tratar de ver a qué acuerdos mínimos se podría llegar. Rechazan de plano la soberanía y por tanto no van a entrar en esa dinámica. Podrían entrar en dinámicas de subterfugio, como discutir mejoras del Estatuto, pero siempre dentro de la “soberanía española” y de los cimientos de la Transición, como es la Constitución. Y el PNV tampoco. El PNV ha demostrado sobradamente que no está por la soberanía, que sus aliados son siempre el PSOE y el PP, que no va a romper con las reglas de juego del Estado, que no se va a enfrentar al Estado y que tiene suficiente con su feudo territorial que le permiten el Estatuto y el Concierto económico, para hacer sus negocios, que es lo único que le importa.

La conquista del Derecho a Decidir, de la Soberanía, no se va a poder realizar sin una Ruptura, sin una Ruptura Democrática desde Euskal Herria y en Euskal Herria, con el sistema semifranquista actual. Es decir, es preciso lograren Euskal Herria lo que no se logró en la Transición a nivel del Estado. Y si entonces no se logró es porque muchas de las autoproclamadas fuerzas de izquierda se vendieron al poder, pactaron y transigieron, pasaron por el aro, tanto a nivel del Estado como  en Euskal Herria. Y en ello siguen. En Euskal Herria también se formó el denominado Organismo Unitario con la presencia de muchas fuerzas de izquierda, y que pretendió ser una especie de organismo de ruptura, pero ante las elecciones de 1977, se produjo la gran desbandada, cada cual por su lado y a “pillar cacho”. El PNV tampoco quiso saber nada de rupturas, tal como lo manifestó en Txiberta y en su política en torno al Estatuto. Y por otra parte, tampoco lo ha conseguido ETA ni la izquierda abertzale ni los núcleos de izquierda revolucionaria que estaban por la ruptura.

Hoy, el primer gran problema que tenemos es el de lograruna amplia mayoría por la soberanía, dispuesta a luchar consecuentemente  por ella, lograda sobre todo en la calle, lo cual tendría su reflejo también, y a posteriori,  en las instituciones. La supuesta mayoría abertzale en el Parlamento es una falacia, es una aritmética falsa, porque el PNV no está por la soberanía. Como tampoco lo están por supuesto, ni lo estarán, el PSOE, PP, UPN…Es preciso lograr cambiar el mapa político y social de Euskal Herriatotalmente. Todo lo cual nos debe de llevar a hacer un replanteamiento de la cuestión de la soberanía, en especial   en relación a la lucha de clases, a lo que se ha solido denominar como “cuestión social”.

Durante muchos años se ha venido diciendo que el tema nacional y social son dos caras de la misma moneda, queson parte de lo mismo, etc. Pero en realidad, nunca se han integrado debidamente los dos conceptos ni la estrategia que derivaría de ello. Han funcionado por libre y el concepto de socialismo, el de lo social, ha quedado básicamente  reducido a un segundo plano, a figura decorativa, a simple retórica. Situarse en  un punto de vista consecuente de izquierda, en  un punto de vista revolucionario y abertzale, significa situarse en la perspectiva de los intereses de la clase trabajadora vasca y de las clases populares vascas, para establecer una estrategia de emancipación nacional y social, de cambio de estructuras –es decir de destrucción del capitalismo-hacia el socialismo, empezando por la soberanía, por la apropiación popular de las riendas de la sociedad.

Los sectores sociales objetivamente más interesados en lograr la soberanía, son precisamente los sectores más machacados y oprimidos, la clase trabajadora y clases populares. Porque esa soberanía, dirigida por las clases oprimidas es la que puede permitir, la que va a permitir, tener acceso a los mecanismos económicos, sociales, políticos, legales y culturales, que van a hacer posible el adoptar las medidas radicales conducentes a eliminar el paro, la pobreza, la marginación, el crear una educación pública al servicio de todos y con curriculum propio, el impulsar nuestro idioma y nuestra cultura así como las diversas identidades existentes,  el crear una sanidad pública al servicio de todos, controlar la banca, los intermediarios financieros y los seguros, la Seguridad Social, desprivatizar las propiedades públicas privatizadas,controlar el suelo, todo el proceso de la vivienda y las inmobiliarias, eliminar los desahucios y las viviendas vacías, controlar los servicios públicos, la eliminación del despilfarro que implica la construcción de las grandes infraestructuras, controlar las multinacionales, etc. Así que el tema de la soberanía no es un problema del nacionalismo, sino algo que afecta a gran parte de la sociedad, especialmente a los sectores más oprimidos. Y la toma de conciencia de esta perspectiva, que hay que saber trasmitirla bien, puede hacer cambiar completamente las relaciones de fuerza y el mapa político tradicional, puede hacer salir de ese fatídico 20% prosoberanista en las instituciones,- proporción en realidad mayor en la calle pero desactivada por el PNV-, a representar una mayoríaprosoberanía clara y consciente en la calle y después en las instituciones. Una cosa que se ha demostrado con PODEMOS es precisamente que se pueden cambiar radicalmente los apoyos actuales de las fuerzas tradicionales, creando tsunamis en ellas. En nuestro caso sería atraer hacia nosotros los apoyos de las fuerzasdefensoras del capital y de la Transición, enemigas de la soberanía y de los cambios sociales.

La  ofensiva neoliberal antiobrera y antipopular del capital internacional y estatal es brutal. Su política es una políticade eliminación progresiva de todos los gastos sociales, de liquidación de todas las coberturas sociales al paro, a la pobreza, enfermedad, incapacidad, vejez, etc. De flexibilizar todavía más los mercados laborales, los salarios y las condiciones de trabajo, mediante nuevas leyes laborales. De buscar más beneficios por todos los lados, privatizando todo lo habido y por haber, la sanidad, la enseñanza, los servicios públicos, el sistema de pensiones…De atar las manos de los trabajadores mediante leyes y convenios tremendamente restrictivos, fomentando el amarillismo, la colaboración, el servilismo, la sumisión, la división y la desmovilización. Siempre con el importante ingrediente de la represión. De limitaciones crecientes de libertades, de centralización cada vez mayor, y de un control ideológico masivo. Y a la vez impulsando los negocios, las facilidades al capital, los menores costos,las subvenciones al capital, el fraude fiscal, la corrupción, las dobles cuentas y los trapicheos, la especulación, las grandes infraestructuras –aunque algo más moderadamente-, el negocio del cemento, de la construcción…Prioriza el pago de la deuda a la gran banca y multinacionales internacionales –para lo que incluso ha cambiado la “sagrada” Constitución en un golpe de manoabsolutamente autoritario y antipopular- a cualquier otro gasto y sobre todo a los gastos sociales. Tapa los agujeros de la banca estatal fruto de su compulsivo afán de beneficios y de su política desordenada, sabedora de que siempre la factura la pagará al final el pueblo, justamente de esta manera, cargándosela al pueblo.

El “Estado del Bienestar” quedó atrás, pero quedó para siempre, ya no volverá, es una falacia pensar que se podrá recuperar. La crisis y la prepotencia del capital, están conduciendo y seguirán conduciendo a un deterioro creciente de las condiciones de vida de los trabajadores, a más paro, más miseria, más desprotección, a un menoscabo generalizado de las condiciones de vida.Frente a esto no caben políticas gradualistas, socialdemócratas o reformistas. Solo cabe organizar y preparar fuertes ofensivas de los trabajadores que hagan tambalear la política del capital, del gobierno central como de los gobiernos autonómicos, incluyendo a la burguesía vasca del PNV. Y es ahí donde hay que enlazar con la lucha por la soberanía. Porque sólo con una soberanía lograda mediante una ruptura, se podrán mejorar sustancialmente las condiciones de vida de los trabajadores y clases populares.

Esa soberanía con una economía social avanzada, no es todavía el socialismo ni mucho menos. Pero sí un primer paso que puede tener continuidad si está dirigido por los trabajadores y clases populares, si hay una estrategia clara orientada al logro de ese socialismo, si se fortalecen las organizaciones y partidos revolucionarios de la clase trabajadora y si se mentaliza la clase trabajadora de la necesidad de socializar la propiedad de los medios de producción, de poner la economía al servicio de las necesidades, de desarrollar en profundidad los valores de igualdad, respeto de la naturaleza y de sus límites, voluntad de defensa de ese modelo económico social frente a los posibles agresores internos y externos, etc. No de otra manera. Sin la dirección decidida y organizada de los trabajadores, el proceso no tendría continuidad, se produciría una marcha atrás. No sólo eso, sino que no habrá avances de ningún tipo. Ni habrá mejoras sociales y económicas ni habrá soberanía. Pero por otra parte, hoy no creemos que haya condiciones para  construir a corto plazo el socialismo. Hay una necesidad tremenda de mejorar las condiciones de vida, y salir de la asfixia, pero para construir el socialismo es preciso tener muy claro este objetivo, y acumular las fuerzas necesarias para avanzar decididamente hacia él a partir de condiciones adecuadas, como son las que nos proporcionaría la soberanía.

Otra cuestión que hay tener muy clara, es que la presencia en la UE y en la OTAN, son la antítesis absoluta de la soberanía y de cualquier avance social. La UE es una estructura capitalista muy centralizada, con grandes atribuciones y poderes, que ha asumido muchos de los poderes de los estados a muchos niveles, y que marca las políticas económicas y sociales de cada país casi hasta en los menores detalles. Una estructura que no permite ni el más mínimo amago de políticas sociales y menos socializantes, en donde la propiedad y el mercado son las grandes vacas sagradas, absolutamente intocables. Por otra parte, es una estructura donde existen ciertas contradicciones, pero en donde la gran banca y las grandes empresas (fundamentalmente francoalemanas) hacen y deshacen en la UE. Y todo ello supeditado férreamente al imperialismo norteamericano a través de múltiples mecanismos y especialmente de la OTAN. Hay una pirámide cuyo vértice es EEUU y lo que ellos quieren y dicen (como lo hemos visto con evidencia en la política imperialista y antirrusa en Ucrania por ejemplo y en la política imperialista  contra la soberanía de los pueblos en todo el Oriente Medio). Por debajo están los grandes capitales europeos, más o menos reticentes con los EEUU, pero al final lacayos sumisos, pero que a su vez ejercen con disciplina militar su política económica y la garantía de sus negocios. El caso de Syriza ha sido y es paradigmático de esto. Todas las ínfulas con las que se presentó ante sus votantes y ante Europa, como que no iban a aceptar los dictados de la UE y de la Troika, se han ido por la borda y han tragado prácticamente todas las imposiciones de aquellos y han renunciado a la mayor parte de su programa. Esto les traerá –ya les está trayendo- serios problemas con los trabajadores y el pueblo, y como no adopten decisiones radicales, es decir no pagar la deuda y salirse de la UE y del euro, les va a llevar a la ruina como partido y lo que es peor va a empeorar todavía más las condiciones de vida del pueblo griego. Y en nuestro caso, en el caso de Euskal Herria, toda nuestra supuesta soberanía y cambios sociales, quedarían en nada, serían totalmente barridos. Por tanto, una condición absolutamente fundamental de nuestra soberanía es salirnos inmediatamente de la UE, de la OTAN, del euro y no pagar ni un céntimo de lo que nos toque de deudas internacionales. El argumento de que la UE nos podría hacer de cobertura y colchón frente al Estado español,pertenece al mundo de la fantasía y de la ficción. Sería pasar de las manos del lobo a las manos del león. Y si de futuras relaciones comerciales se trata, el mundo es muy ancho, ahí está Latinoamérica, Africa, el BRICS…

¿Cambios profundizando la democracia?
La democracia es una de las formas políticas que adopta el poder del capital, el capitalismo. Siempre reducida a aspectos formales –democracia formal- (en abanicos deapertura mayores o menores según las circunstancias, relaciones de fuerza, historia del país, etc). Aspectos formales como libertades reglamentadas de asociación, participación en elecciones de instituciones políticas, que no dejan de ser libertades virtuales. El ejército, la policía, la economía, la propiedad, la producción, distribución, cambio, la banca, el crédito, los medios de comunicación, la accesibilidad a las instituciones, la justicia, etc, están bajo control cuasi total del capital. Y eso es el núcleo de la democracia, su soporte y su frontera. Es la línea roja que no se puede franquear, que no se permite franquear. Pensar que “profundizando” la democracia, se puede cambiar toda la estructura del poder, el grueso de las leyes, el armazón del Estado, no es más que una ficción, una ficción alienante y engañosa, una vía muerta, sin salida, que no conduce más a que a chocarnos contra la pared, perder tiempo, energías, esfuerzos e ilusiones, en algo que impide el concentrar las fuerzas en lo que habrían de ser los verdaderos objetivos, los de destrozar las estructuras del Estado capitalista y transformar la sociedad. Los cambios que el sistema puede asumir son muy limitados. Más allí, no hay más opción que el derrocarlo o el separarnos de él para construir otra cosa, mediante una ruptura.

Por tanto, la idea de la “Democracia participativa” es una variante de reformismo, de social-democracia, que no conduce a ninguna transformación social, sino en todo caso a mejoras decorativas. Al igual que la supuesta vía de las reformas sucesivas que conducirían al socialismo, o incluso que la vía de las pretendidas reformas no reformistas, que son otro camelo.

De hecho, la “democracia” es una de las grandes coartadas que está utilizando el imperialismo, para derrocar y destruir países que no son de su agrado, que no le son sumisos, que les estorban o suponen un mal ejemplo, o que defienden consecuentemente su soberanía y sus recursos.

La democracia, es decir la democracia formal, o lo que es lo mismo la democracia burguesa, es algo muy distinto, es lo contrario, de la democracia real, que es lo que correspondería al socialismo,  que entiende que la democracia se extiende a la propiedad, al acceso a todos los servicios, instituciones, medios de comunicación, en suma, a la organización y gestión colectiva de la sociedad.

Cualquier vía de transformación social, cualquier estrategia encaminada a ello, se va a encontrar en un momento dado, antes o después dependiendo de las correlaciones de fuerza, con el muro de los intereses de las clases dominantes, que van a tratar de impedir a toda costa perder su poder. Y en ese momento crítico, es prácticamente inevitable un enfrentamiento más o menos duro, violento de clases, tome la forma que tome. Y las posibilidades de producir cambios importantes,dependerán mucho de la acumulación de fuerzas que la izquierda revolucionaria haya logrado.

Las realidades de Cataluña y de Euskal Herria no son iguales
Las realidades de Euskal Herria y Cataluña son bastante distintas y hoy, a muy corto plazo, es difícil imaginar en Euskal Herria una vía semejante a la Catalana. Lasespecifidades de Euskal Herria van a requerir una vía propia. De hecho en Cataluña, a pesar de la menor conflictividad que se ha dado respecto de Euskal Herria, las frecuentes alianzas de CiU con el poder de Madrid, de que aprobaron la Constitución contrariamente a EuskalHerria –aunque sí se aprobó en Navarra-, los últimos años se ha producido una aceleración muy importante del catalanismo. Y se ha producido a partir del hecho del laminado de la propuesta de Estatuto acordada por muy amplia mayoría por las fuerzas catalanas por el Tribunal Constitucional. Ya hubo unos primeros recortes por el gobierno central que fueron “negociados” con Cataluña, tras lo cual se elaboró una segunda propuesta que recogía bastantes niveles de autonomía y el concepto de Cataluña como nación. Los importantes recortes producidos en este por el Tribunal Constitucional, indignaron a los catalanes, y condujeron a la dinámica que ya conocemos de movilizaciones, Diadas multitudinarias, Referendums en los municipios, hasta la convocatoria del referéndum, que fue prohibido, que supuso complicadísimas negociaciones entre las fuerzas catalanas, mil triquiñuelas alegales para esquivar el golpe, y que condujo a una participación masiva, importantísima de 2,5 millones de personas. Luego vino la convocatoria de las elecciones plebiscitarias para el próximo 27 de septiembre de 2015 donde habrá que ver qué pasa. Las iniciativas formales han venido de la mano del gobierno catalán en alianza con los grupos más catalanistas, pero ha sido un proceso donde la calle ha jugado un papel muy importante de presión, como también lo ha jugado la Asamblea Catalana. Hay siempre unas tensiones evidentes entre las fuerzas populares y las fuerzas de la burguesía, como el CiU, más proclives éstas a pactar, transigir, negociar o no tirar mucho de la cuerda.Desde el momento en que pretenden como parece  entrar en la UE, la Cataluña “independiente” que pudiera surgir de ahí, sería una Cataluña capitalista y con muy poca soberanía real. La burguesía catalana, con gran peso en Cataluña, siempre ha sido, eso sí, catalanista al menos en el sentido cultural, y ha impulsado de forma importante la cultura catalana y el uso del idioma, en general y en la enseñanza. La mayor parte de las fuerzas catalanas, a excepción de la extrema derecha que es el PP o Ciutadans, como por ejemplo el PSOE catalán, son bastante catalanistas, al menos respetan  lo catalán, o no son visceralmente anticatalanistas como sucede en EuskalHerria con el PSOE local.

En Euskal Herria, para empezar,  la composición de clases y su evolución histórica es bastante diferente. La gran burguesía de origen vasco, la que surgió de las minas y que luego se convirtió en la oligarquía española, en la forjadora de la “España” moderna, es, o lo ha sido,  parte fundamental del poder central. El PNV es una burguesía nacida después, con poco peso y fuerza, una burguesía sin mucha autoestima, que ha estado mirando más a Madrid que a Euskal Herria, y siempre bastante dependiente de Madrid. Hoy sigue igual. Lo único que ha pretendido es tener su corral, su pequeño feudo,  el Estatuto y el Concierto para hacer negocios, y eso le vale.

Por otra parte está la división territorial con Navarra, orquestada por la derecha navarra y española desde los primeros momentos de la Transición, que supone un obstáculo añadido. Tras el final de la lucha armada de ETA, uno de los contenciosos más complicados se encuentra en la actual guerra por la “normalización”, la “pacificación”, la Memoria histórica, el Relato, los presos y la amnistía, que colean creando una enmarañada situación. El Estado y las fuerzas que lo respaldan están queriendo imponer su versión de “victoria”  sobre EuskalHerria, de que las únicas víctimas han sido las de ETA y están chantajeando con los presos, mediante la dispersión y el rechazo de cualquier amnistía, para paralizar las luchas y tratar de imponer, una vez más,  el “orden postfranquista” que no han podido imponer hasta ahora en la díscola Euskal Herria. Y está también, en relación con ello,  la considerable fractura social  y el odio acérrimo  a lo vasco de ciertos sectores, como el PSOE.

La lucha por la soberanía y por los cambios sociales subsiguientes, ha de implicar necesariamente la amnistía de todos los presos y la imposición de la visión de nuestra historia que corresponde a la lucha por la emancipación deEuskal Herria y de la clase trabajadora y clases populares vascas. Y habrá de partir de cada una de las realidades territoriales en que  nos han divido a Euskal Herria, Euskadi, Navarra e Iparralde, con sus propios ritmos, pero de la manera más paralela posible y de forma confluyente.

A nivel institucional las fuerzas pro-soberanía son minoritarias, y no cabe esperar que se inicie un proceso semejante al catalán al menos a corto plazo. La única vía que cabe es potenciar desde la clase trabajadora y las clases populares, desde la calle, una toma de conciencia de la necesidad de cambios sociales profundos y de soberanía, que no se pueden dar más que en ruptura con el Estado, como primer paso hacia el socialismo. En la medida en que esa conciencia se plasme en lo concreto en luchas y se traduzca en presencia mayoritaria en las instituciones, incluidas las municipales, se podrá iniciar un proceso real hacia la soberanía.

A modo de conclusión
Todo esto supone, evidentemente a su vez, la necesidad de cambiar el discurso y la práctica de la izquierda abertzale y de los organismos que como Gure Esku Dago, pretenden impulsar la soberanía o el derecho a decidir.

No podemos disolver conceptos y realidades esenciales como son los de clase trabajadora y clases populares en conceptos vacuos y sin significado, como el de ciudadanos, ya que a pesar de los cambios habidos –fragmentación, importantes sectores de parados, excluidos o marginados…-siguen siendo la base fundamental en la que se asienta el sistema jerarquizado de explotación nacional y social, el poder del capital, de los que detentan la propiedad de los medios de producción, cambio,distribución, capital, crédito, finanzas y de todos o parte delos aparatos del Estado. Hoy sigue habiendo clases, igual que ayer, unos explotan y dominan y otros  son los explotados, y estos incluyen a sectores cada vez más amplios y que sufren las consecuencias del sistema, en todos los ámbitos de la vida. El concepto de ciudadano difumina las diferencias de clases y de intereses de clase y mete a todos en el mismo saco, en favor en del mantenimiento del actual estado de cosas. De la misma manera no se nos tiene que llenar la boca con términos como democracia, que básicamente, no lo olvidemos, tienen un contenido burgués y que no hacen más que ocultar el trasfondo de clases y de explotación que existe en la sociedad.

Iñaki Urrestarazu

Texto completo en: http://www.lahaine.org/soberania-y-luchas-de-clases

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