martes, 17 de marzo de 2015

'EL INSOPORTABLE CIRCO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL', por Luis Enrique Ibáñez

"Cualquier campaña electoral, también la de Andalucía, debería servir para denunciar la falsedad del juego democrático. Si alguien no lo hace, está asumiendo la derrota... no cree realmente en esa hiriente falsedad y aspira, como los otros, a pillar una silla manchada en esta partida de póquer amañada...

O aquellos en los que, más o menos, uno podía creer... rescatan, para gritarla, la expresión 'Proceso Constituyente', o, por favor, que dejen de hablarme... Me quedaré leyendo una y otra vez aquella frase, "reformar para que nada cambie"
 

EL INSOPORTABLE CIRCO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL

Siguen, casi todos (me sigue costando decir "todos", aunque cada vez menos), pensando que somos idiotas, y lo peor es que puede que lleven razón. Idiotas, o bueyes, ¿dónde estás Miguel Hernández?

Cualquier campaña electoral, también la de Andalucía, debería servir para denunciar la falsedad del juego democrático. Si alguien no lo hace, está asumiendo la derrota, o, en el peor de los casos, no cree realmente en esa hiriente falsedad y aspira, como los otros, a pillar una silla manchada en esta partida de póquer amañada.

Cualquier campaña electoral, también la de Andalucía, debería servir para explicar, sí otra vez, algo que la gente parece haber olvidado: qué significa el Pacto del Euro, qué es el MEDE y por qué sigue vigente la reforma del artículo 135 de la Constitución. Si no se hace así, se está aceptando la tiranía de los mercados financieros, se está aceptando la inevitabilidad del capitalismo expansivo, se  está aceptando la esclavitud moderna, el regreso, entretenidos, a una Edad Media incrustada en un paisaje de futuro.

Cualquier campaña electoral, también la de Andalucía, debería servir para advertir, para proclamar, para prometer, que los servilismos del sistema, esos que permiten con toda impunidad que esto pueda ser cualquier cosa, menos una democracia, van a ser derribados, a saber,

- La Ley Electoral, esa que hace que todas las cartas estén marcadas.

- La Ley de Financiación de Partidos, una burla a la inteligencia y a la igualdad de oportunidades, del mismo modo que la anterior.

- El mafioso contubernio, el gran nudo gordiano, el que hace que cualquier esperanza sea imposible,  el que mantienen besados los grandes Bancos, los Medios de Comunicación y los principales partidos políticos. Y con los grandes Bancos no nos referimos, como es obvio, a las catetas y usureras, por definición, entidades españolas, nos referimos al sistema que nos gobierna, que nos desahucia, que nos quita la vida.

Oír a Susana Díaz que se pueden meter con ella, pero no con Andalucía, provoca vómitos, permite que el fantasma de Puyol vuelva a nuestra humilde salita, el fantasma de Puyol y la sombra del fascismo más populista y traidor.

Oír a Antonio Maíllo que quiere que vuelvan los jóvenes exiliados, y que se vayan los responsables de los ERES tampoco resulta agradable, después de que ellos sostuvieron a esos responsables, argumentando que en Andalucía, en las anteriores elecciones, habían ganado las izquierdas.

Dejar de oír a Podemos hablar sobre las esencias democráticas, sobre la democracia real, verlos completamente asimilados a un sistema personal, narcisista y televisivo, provoca algo más que tristeza, otra vez, ya son demasiadas.

De los otros partidos, ni hablamos, me niego.

O aquellos en los que, más o menos, uno podía creer, me refiero a Podemos e IU, rescatan, para gritarla, la expresión 'Proceso Constituyente', o, por favor, que dejen de hablarme. 

Cansado ya de cacareos inútiles.

Me quedaré encerrado con Antonio Machado, leyendo una y otra vez aquella frase, "reformar para que nada cambie".

¿Acaso es eso a lo que aspiramos?

Tenemos, todos, demasiada hambre de ilusión, la necesitamos, es cierto. Sin embargo, ese deseo no debería hacer que perdiéramos la perspectiva.

Lo perderíamos todo, si no lo hemos perdido ya.

Mucho me temo (ahora sí, ojalá me equivoque) que algunos ya no hablan como decían que hablaban.

Y no, no queremos hacer la revolución sólo en bares y blogs. Pero tampoco la queremos hacer besando la mano del banquero que ríe mientras las vidas se van por los desagües de la mentira consentida.


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