domingo, 16 de noviembre de 2014

REFLEXIONES EN TORNO A LA "SEGUNDA TRANSICIÓN". EDITORIAL DE CANARIAS SEMANAL

Iñaki Gabilondo es un conocido presentador televisivo y locutor radiofónico español. Hace unos días este profesional de la comunicacion rechazó ante sus televidentes a quienes condenan a la formación política "Podemos" porque, decía el locutor: "¿se imaginan la ira ciudadana sin Podemos?, ¿se la imaginan descontrolada y suelta?, ¿se la imaginan en las calles?". La editorial de Canarias Semanal reflexiona sobre lo que realmente subyace bajo estos deseos de Gabilondo...

 EDITORIAL CANARIAS-SEMANAL.ORG.-    Iñaki Gabilondo es un presentador televisivo y locutor radiofónico que,  desde las empresas españolas  más  poderosas de la comunicación,  ha jugado un papel decisivo en la defensa del régimen político monárquico  nacido de la dictadura y de la Constitución de 1978.

     Aparentemente "mesurado", flemático y "ecuánime", con maneras muy alejadas de cualquier radicalidad, Gabilondo ha desempeñado ha desempeñado la importante función de justificar teóricamente la "transacción" acordada  a finales de la década de los 70  entre los herederos de la dictadura y los partidos  de la "oposición" antifranquista.

       La verdad es que durante años este presentador de TV ha constituido la cobertura mediática del PSOE. Muy vinculado a los círculos gubernamentales socialdemócratas, Gabilondo ha tenido  la habilidad de remar siempre a favor de la corriente dominante, realizando, no obstante, las maniobras más oportunas para  que la  nave del sistema estuviera  preservada de las amenazas que desde el oleaje social la pudieran hacer  zozobrar.

      No puede decirse, sin embargo, que Iñaki Gabilondo sea único en su estilo. En el gremio de los periodistas y comunicadores el arquetipo Gabilondo ha sido frecuente. Entre otras cosas, porque la aparente "distancia" que mantenían sobre la política cotidiana les otorgaba "respetabilidad" ante los mismos gobiernos, ya fueran éstos del PP o del PSOE. Los socialdemócratas, particularmente han tenido mucho que agradecerle a Gabilondo por los inestimables servicios que a lo largo de casi cuatro décadas les ha prestado.

        Pero  las fidelidades no son eternas. Y especialmente ahora, cuando el edificio de las instituciones monárquicas construido ad hoc para preservar los intereses históricos de las clases económicamente hegemónicas empieza a dar peligrosas señales de resquebrajamiento. La lealtad tiene siempre una medida, y ésta viene determinada por fidelidades superiores y no circunstanciales.

       Gabilondo, que a lo largo de los últimos 40 años ha demostrado tener buen olfato, se ha dado cuenta de que sus amigos políticos de antaño -los socialdemócratas de ayer -no parecen encontrarse en condiciones de preservar las esencias últimas del sistema en el que él siempre ha creído. La evidencia de que ello es así la dejó clara el mismo "Iñaki" hace apenas unos días cuando dijo:

      "Si el crecimiento espectacular de "Podemos" refleja la magnitud de la ira ciudadana, ¿se imaginan esa ira ciudadana sin Podemos?, ¿se la imaginan descontrolada y suelta?, ¿se la imaginan en las calles? Los que ningunean a Podemos deberían valorar su contribución al encauzamiento de esa indignación en los márgenes de la democracia".

      Resulta curioso observar cómo los papeles en la historia  frecuentemente se trastocan. Miren ustedes por donde, frases como ésta las repitieron una y otra vez los periódicos, la radio y la televisión de la derecha durante la llamada "Transición política", a finales de la década de los 70. Durante aquellos años  el poder se apercibió de que ante el grave deterioro político y la profunda crisis económica  resultaba imprescindible tener a mano  organizaciones y partidos  que sirvieran  de mullido colchón frente a la iracundia de los que nada  tenían que perder. La habilidad que en aquellas frágiles circunstancias tuvieron unos  y la  traición miope  de otros, nos terninaron arrastrando hasta la insondable crisis institucional  que vivimos actualmente.

       De lo que en el fondo se ha tratado siempre,  tanto ayer como hoy,  es de contener la ira de las masas, de reconducirla por aquellos caminos que les impidan romper la integridad de un sistema de dominio social  tan laboriosamente montado. Gracias a su larga experiencia, las clases dominantes son conscientes de que en momentos  de crisis catastrófica se hace preciso ceder para no perderlo todo. No tuvieron remilgos a la hora  de retirar a las cocheras a un monarca degradado y sin prestigio que les había servido de instrumento idóneo durante casi cuarenta años. ¿Qué no hacer ahora, ante una situación económica que no tiene salida y que, según todos los pronósticos, empeorará irremediablemente en el curso de los proximos meses?  Si, como sucediera en 1982, hay un partido homónimo  a aquel PSOE de las chaquetas  de pana que pueda cumplir ese papel, ¿por qué no utilizarlo, aunque ahora lleve coleta?

        Quienes dirigen el sistema económico, que tiene ya más de dos siglos de antigüedad, han aprendido inteligentemente las lecciones que le ha proporcionado su propia historia. A la luz de lo que  contemplamos, sin embargo,  los que  no  hemos aprendido nada somos todos nosotros.
 

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