La
historia de las sociedades humanas muestra como a través del tiempo se
han construido y construyen elaborados procedimientos, apoyados en la
diversidad social, cultural y hasta biológica de los pueblos, para
desestabilizar, subvertir, invadir y ocupar territorialmente países así
como para aniquilar o estimular oposiciones políticas y protestas
sociales, los cuales serían una importante base del nuevo colonialismo
en curso.
Las
guerras de conquistas y colonización en África, Asia, y América Latina y
el Caribe son ejemplos clásicos de estos procedimientos. En la
actualidad se sabe que existen programas que emplean antropólogos en el
apoyo a unidades de combate de las tropas estadounidenses para sus
operaciones contrainsurgentes, lo que nos hace recordar las acciones
desarrolladas en Chile en los años 60 a través del conocido Plan
Camelot, calificadas como una “prostitución de la disciplina”. Incluso
de la Universidad de Chicago salieron académicos a experimentar el
empleo de las políticas neoliberales en ese país, tras el golpe de
Estado ejecutado por Richard Nixon, Henry Kissinger y el general Augusto
Pinochet en septiembre de 1973. Afganistán, Irak. Siria, Ruanda,
Angola, Guatemala, son otros ejemplos, entre muchos.
Diversas
agencias del gobierno estadounidense y ciertas organizaciones no
gubernamentales que son apoyadas y contratadas por ellas, se valen de
especialistas de distintas ramas de la ciencia para obtener
informaciones en distintos países, a fin de desarrollar planes de
desestabilización y subversión a corto, mediano y largo plazo contra
gobiernos que consideran enemigos o potencialmente enemigos. En estos
planes se conoce de la cooperación y coordinación del Departamento de
Defensa con los integrante de la “comunidad de inteligencia” (CIA, DEA,
FBI, etc.) y, entre otras, con la Agencia para el Desarrollo
Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés), que
depende del Departamento de Estado. Generalmente se recurre al trabajo
de expertos en antropología, sociología, psicología, economía, ciencias
políticas.
También
resalta la necesidad de que las campañas de contrainsurgencia cuenten
con “fuerzas flexibles”, adaptables a las distintas circunstancias en un
país dado y capaces de “comprender” las culturas de los “nativos” que
se rebelan contra el orden establecido. Cuestiones claves son:
- - las labores de inteligencia y el análisis y aprendizaje de la sociedad de un país objetivo,
- - los grupos étnicos que lo habitan,
- - la forma de gobierno,
- - las fuerzas coercitivas del Estado,
- - sus instituciones, cultura, lenguaje, percepciones de sus connacionales, valores, redes,
- - creencias de la población,
También
se persigue evaluar el apoyo o tolerancia de la población hacia un
grupo guerrillero, un gobernante o dirigente político, sus capacidades y
vulnerabilidades, sus tácticas y estrategias y formas de organización.
Los
dirigentes y líderes son motivo de un reconocimiento detallado, que
comprende la historia personal, trayectoria, creencias, ideología,
temperamento y educación entre otros aspectos.
Quienes
colaboran en estos planes no son más que instrumentos de guerra,
suministradores de informaciones, ya que las decisiones finales las toma
el personal militar.
Los
cubanos tenemos una larga y amarga historia que narrar sobre estos
métodos, desde el bioterrorismo hasta los hechos recientemente
divulgados por la agencia de prensa AP sobre un plan promovido por la
USAID y su contratista Creative Associates International, en el cual un
ciudadano costarricense, jefe de una organización de derechos humanos en
Costa Rica llamada Fundación Operación Gaya Internacional, contrató
jóvenes latinoamericanos de distintos países a fin de identificar y
convertir jóvenes cubanos en actores políticos efectivos contra el
gobierno. y promover la desestabilización interna bajo la cobertura de
programas culturales, de salud, de intercambios estudiantiles, entre
otros.
El caso del empleo del conocimiento antropológico: un poco de historia
Aunque en alguna que otra ocasión me refiero al estudio del otro,
no es una expresión que sea de mi agrado pues siempre me da una especie
de aire o tufo colonialista, neocolonialista e imperialista, que sirvió
y sirve, entre otras cuestiones, para el uso de la antropología con
fines de manipulación y dominación del llamado “otro”.
La
historia de los inicios de la antropología muestra los vínculos de las
tradiciones antropológicas estadunidenses, británicas, francesas,
holandesas y alemanas con la expansión colonial en África, Asia,
Indonesia y sobre los territorios de los pueblos indígenas de América.
Según
diversos autorizados antropólogos de la época, numerosos pueblos del
planeta, de acuerdo con un riguroso análisis científico, no podían ser
propiamente denominados humanos, y consideraron al europeo blanco como
criterio de medida que consagraba la inferioridad de cualquier otra
persona.
Así
la antropología se vio involucrada en numerosas empresas coloniales, la
conquista y el genocidio, mostrando, desde entonces, que no existe la
neutralidad política en la disciplina.
El imperio colonial, la jerarquización de los seres humanos y los llamados zoológicos humanos.
La
historia de la humanidad nos muestra, amargamente, cómo durante la
etapa colonialista numerosos pueblos fueron conquistados y masacrados,
cometiéndose verdaderos actos de genocidio. Las personas de otras
culturas que sobrevivieron, muchas veces fueron sometidas a atrocidades
que los despojaron de toda dignidad.
Durante
mucho tiempo los europeos secuestraron personas de distintas partes del
planeta y las exhibían degradantemente, práctica que dio carácter a
modos discriminatorios que persisten hasta nuestros días. El término de zoológicos humanos,
usado para denominar estas exhibiciones, fue popularizado en el 2002
por la publicación de la obra Zoológicos humanos, escrito por varios
historiadores franceses especialistas del fenómeno colonial. En su época
eufemísticamente se les rotulaba como "exposiciones etnológicas" o
"Ciudades de negros".
Así,
numerosas personas de origen no europeo fueron expuestas como animales
durante el siglo XIX, en los zoológicos, ferias coloniales, en
exposiciones universales y hasta en congresos antropológicos. Durante
todo el siglo XIX y hasta los inicios del siglo XX, la biología humana y
la antropología física más ortodoxas habían proporcionado un marco
teórico que podía servir de legitimación de este tipo de exhibiciones
humanas así como de las conquistas coloniales.
En
la Exposición Universal de Bruselas de 1897, el rey Leopoldo II había
organizado una representación del Congo con 267 hombres, mujeres y niños
traídos de África, entre los que se contaban dos pigmeos. Llegaron casi
un millón de visitantes que arrojaban comida a los africanos, quienes
terminaron indigestados. Las autoridades colocaron un cartel: “Los
negros son alimentados por el comité organizador”.
Para
muchos de los más calificados antropólogos físicos de la etapa
decimonónica finisecular, numerosos pueblos del planeta, de acuerdo con
un riguroso análisis de las ciencias naturales, no podían ser
propiamente denominados personas. De esta manera la objetivación
científica de la jerarquía racial, impulsaban la expansión colonial.
Las
eufemísticamente llamadas "exhibiciones etnológicas" del Jardín de
Aclimatación de París “fueron legitimadas por parte de la Sociedad de
Antropología -y por la casi totalidad de la comunidad científica
francesa.
“La
antropología física, como la antropometría naciente, que constituye
entonces una gramática de los "caracteres somáticos" de los grupos
raciales -sistematizada en 1867 por la Sociedad de Antropología con la
creación de un laboratorio de craneometría- y el posterior desarrollo de
la frenología, legitiman la difusión de esas exhibiciones. Esas
disciplinas incitan a los científicos a apoyar activamente dichas
muestras, por tres razones pragmáticas: permiten disponer de manera
práctica de un "material" humano excepcional (variedad, cantidad y
renovación de especímenes…); despiertan el interés del gran público por
sus investigaciones y por lo tanto permiten promover sus trabajos en la
gran prensa; finalmente, aportan la prueba más concluyente de lo bien
fundado de sus enunciados racistas con la presencia física de esos
"salvajes".”
Las
investigaciones realizadas han demostrado que los llamados zoológicos
humanos no aportaron nada acerca de los "pueblos exóticos". Al
contrario permiten el análisis de las concepciones racistas europeas a
finales del siglo XIX. Tales espectáculos degradantes tenían básicamente
por función mostrar las manifestaciones de lo no acostumbrado y de lo
disímil, por oposición a una elaboración de la humanidad según los
cánones europeos.
Este ejemplo de la triste y amarga historia de los zoológicos humanos
nos muestra como la antropología sirvió a la fría maquinaria del
genocidio en aquellos momentos. Tristemente, aún hoy y bajo veladas
formas, persiste la costumbre de llevar representantes de los “pueblos
exóticos”, “pueblos primitivos” a determinadas celebraciones.
La perspectiva histórica de la antropología
nos muestra que con mucha frecuencia fue usada - y aún no deja de serlo
- para hacer énfasis en las diferencias llamadas raciales y ser un
sustento para el racismo, la discriminación racial y los prejuicios
raciales. Es innegable, y sobran los ejemplos de cómo el discurso
antropológico en general, con su sello de cientificidad, ha dado
elementos para justificar superioridades e inferioridades de “raza”, clase y género y para el accionar contra los pueblos del llamado tercer mundo.
(Fin de la primera parte)
*Sociedad Cubana de Antropología Biológica.
Vea también entrevista al autor en Cubadebate
La construcción social del OTRO: Los zoológicos humanos
Imágenes tomadas de Wikipedia y Blog H-B, de José Barriga y de Taringa.net
Publicado por Rosa C. Báez el agosto 24, 2014
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