viernes, 23 de mayo de 2014

'VOTAD, VOTAD, MALDITOS', por Santi Ortiz

"Soñad con que así sois útiles... convenciéndoos de que vais a cambiar el rumbo de la nueva Europa, la ramera de Maastricht, la que se vende en euros chuleada por el proxenetismo del Banco Central Europeo y la mafia del Neoliberalismo. Vamos, votad, cumplid con vuestra única misión en la vida... es lo menos que podéis hacer después de haber estado viviendo por encima de vuestras posibilidades, como os escupen en la cara, muertos de risa, los que os quitan la paga y la esperanza"

VOTAD, VOTAD, MALDITOS

     Entramos en la recta final del Carnaval electoral. Los políticos nos brindan a boca llena el poder amnésico de sus trifulcas. Lo que se nos ha venido encima en estos años: el progresivo endeudamiento del país, los infames recortes, la connivencia entre la casta política para que al Sistema no se le toque un pelo, la corrupción, la creciente desigualdad social y económica, la desfachatez de los banqueros, la prepotencia criminal de la Patronal, el servilismo pesebrero de los grandes sindicatos, los millones de parados, las cientos de miles de pequeños comercios y empresas que han tenido que echar definitivamente las persianas, la despiadada e intolerable cifra de desahucios, los suicidados por desesperación, el ejército de indigentes que hacen de los contenedores de basura su vergonzante ecosistema, la bajada de salarios, la subida arbitraria de la luz y el agua, el desencanto generalizado…, sólo son daños colaterales, o justo el peaje necesario para que en el país de los ilusionistas –ese que sólo ellos ven– la alegría haya vuelto a tomar las calles. Nada. Pelillos a la mar. Y a seguir, el Gobierno el primero, por la senda del circo electoral, que en cuestión de días alcanzará una vez más su meta.

     Pasen y vean, el punto álgido de la cabalgata de la distracción. Contemplen cómo las señoras y los señores candidatos se tiran a la cabeza todo tipo de dicterios y descalificaciones al módico precio de las palabras que no se han de cumplir. La veda se ha abierto. Es el periodo de las promesas de pedrería y las soluciones a precio de ganga. Vean cómo tiran la casa por la ventana. Unos ofrecen el Ojo de Horus, símbolo de la eterna felicidad; otros, la azucena, imagen de la pureza; aquellos, la flor de loto, como alegoría de lo que estando en aguas estancadas y podridas, no se mancha; éstos, el delfín, que simboliza la salvación, y todos, una España más próspera y mejor, con casitas de chocolate, hipotecas de mazapán y maná para todos. ¡Votad, votad, y os salvaréis!  (Al menos –dicen con boca chica–, votad y nos salvaremos nosotros.)

     No dudéis. Acudid a los puntos señalados por la magia negra de la seducción. Allí os encontraréis con cortinas de humo de metacrilato, ofreciéndoos sus paralelepipédicos cuerpos ávidos de ser penetrados por vuestros votos. No dudéis. Depositad la papeleta, que menuda es la que os ha tocado. Cumplid con vuestra condición de idiotas civilizados. Honrad al Sistema que os despelleja con la dádiva de vuestra estulticia. Ánimo, sumisos, maquillad de ciudadanía vuestra necedad y contribuid a la preservación de la farsa. Soñad con que así sois útiles. Masturbaos mentalmente creyendo que decidís algo, convenciéndoos de que vais a cambiar el rumbo de la nueva Europa, la ramera de Maastricht, la que se vende en euros chuleada por el proxenetismo del Banco Central Europeo y la mafia del Neoliberalismo. Vamos, votad, cumplid con vuestra única misión en la vida. Habéis venido al mundo para eso. Después ya tendréis tiempo de quejaros en el bar, de llorar vuestra desgracia en casa, de devanaros los sesos buscando el modo de afrontar el desorbitado coste de la vida. Venga, desgraciados, es lo menos que podéis hacer después de haber estado viviendo por encima de vuestras posibilidades, como os escupen en la cara, muertos de risa, los que os quitan la paga y la esperanza. Pagad parte de vuestra mísera existencia votando como mandan las Santas Escrituras de la que llaman democracia y no lo es.

     Seguidles el juego. Así espantaréis al único fantasma que les preocupa: la abstención en cualquiera de sus formas. Aunque para eso también cuentan con sus maquilladores. Ya veréis cómo al final, según sus datos, vota al menos el cincuenta por ciento de la gente. Pero, ¿quién controla a los controladores? Porque, aquí, mucho pedir observadores internacionales, cuando se trata de garantizar la transparencia y corrección de las elecciones en países verdaderamente democráticos, como Venezuela –¡Jesús, María y José!–, pero nadie cuestiona los datos que se nos ofrecen desde las instancias de un poder infestado de corrupción desde las orejas a los juanetes, como el nuestro, con un Gobierno tan embustero como el de Rajoy y con un Parlamento que defiende su derecho de pernada por encima de todo.


     Yo, que hace mucho que no tengo remedio, me sigo preguntando todavía si el NO a la OTAN fue quien verdaderamente ganó aquel referéndum y contabilizó el primer pucherazo del Gobierno de Felipe González. Cosas de la edad, dirán algunos. ¡Y un cuerno!, digo yo, mientras os veo pasar como corderos con vuestra papeleta de la inutilidad.



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