jueves, 29 de mayo de 2014

IU, PODEMOS y más. Editorial de inSurgente

Los habidos de poltrona se han unido a los que están adheridos a ellas con pegamento del bueno para hacer una cuenta. En la misma noche electoral  juntaron  boli y papel para sumar los resultados de IU y PODEMOS. Esto les ha llevado a considerar la cantidad enorme de
concejales y poder que se podría conseguir, incluso en los parlamentos autonómicos y en el Congreso en las venideras elecciones. Los líderes de IU (Cayo Lara, Willy Meyer, Llamazares…) han explicitado con claridad la necesidad de unirse, y los de PODEMOS  (Iglesias, Villarejo…) se han dejado querer. Éstos últimos, incluso, han anunciado el voto al Tsipras – el líder de Syriza en Grecia- en la eurocámara, sin que los círculos opinasen y pese a que los comunistas y anarquistas griegos están hartos de denunciar el carácter socialdemócrata y reformista de Syriza, verdadero heredero del PASOK, la socialdemocracia helena. Toda una alegría para la estrategia de IU tras la imposibilidad de ir juntos en una única lista.

Los programas de ambas organizaciones no tienen diferencias insalvables y eso ayuda a la fusión, otra cosa es el sentir de los votantes, sobre todo los de PODEMOS, que si hubieran querido votar a IU y alzar a la coalición hasta el 20% y convertirla en alternativa al bipartidismo, lo hubieran hecho sin problema alguno. Pero no lo hicieron y optaron por una organización más asamblearia, sin contaminar por pactos de subsistencia (disfrazados de “pactos de progreso”), ni por líderes eternamente liberados más cerca de la casta que de otra cosa. Las muchas energías positivas del legado del 15M donde se cuestionaban pilares hasta entonces intocables del régimen, o el hartazgo de soportar tantos recortes y merma de derechos, también están detrás del espectacular resultado de PODEMOS.

Algunos incluso siguieron sumando la noche del 25, y unieron a IU y PODEMOS, los votos del PSOE. Entonces el éxtasis fue total porque la victoria sobre el PP sería segura. Un gobierno de izquierdas para acabar con la derecha, una consigna que hasta Jordi Évole podría asumir y difundir, porque a la postre estaríamos “salvados”. Cosas menores como el programa o la destrucción del capitalismo no aparecieron por ningún lado del cerebro de los sumadores. El PSOE va a afrontar en las próximas semanas la elección de su cúpula, y no son pocos los actores empresariales “progres” que han querido jugar la base de un sector fuerte en votos a la izquierda del partido para que se repiense la política de alianzas. De todos modos, las cartas parecen están marcadas. Nos conducen –al igual que en la U.E - a un gobierno donde el PP y el PSOE se repartirán los ministros de un mismo gobierno. Mientras ocurre, podemos festejar.

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