sábado, 26 de abril de 2014

Los niños.

Me preocupan las personas que se adaptan, que son capaces de vivir con el horror diario, que pasan página y miran para otro lado.

Me preocupa que los hijos de estos despreocupados crezcan indiferentes al sufrimiento ajeno, lejos de ellos mismos, entrenados para la docilidad, acostumbrados a la escasez de preguntas o de ideas, al desconocimiento de la libertad y sobre todo me preocupa que  hagan borrón y cuenta nueva y crean que la empatía es algo que no sirve.

Creo que la colonización de la humanidad será completa el día que la infancia desconozca que hay quien llora y quien canta más allá de los muros de sus casas. 

Que màs allá de su pan, en otras mesas escasea.

Es sistema es tan perverso que sabe esto, sabe que los niños serán sumisos mañana si  neutralizan pronto sus conciencias, si  les arrancan su sed de saber, de crear, de reír o de juntarse.

Necesitarán sus brazos en el futuro, sólo eso, unos brazos mansos, silenciosos, solitarios.

Por esto me preocupan los padres fríos, porque en realidad sus hijos nacieron  para ser libres aunque ellos no lo sean, aunque a ellos no les importen los andrajos, ni las rejas, ni las letras.

Y porque son tantos los que respiran ajenos al dolor que vive enfrente que pienso en sus niños y no puedo dejar de estremecerme al imaginarlos en un futuro con su corazón tristemente vacío mendigando salario y besando a quien se lo da o se lo arranca de las manos. 

Viñeta de Kalvellido

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