sábado, 8 de marzo de 2014

Dossier especial 8M Mujer trabajadora. En primera línea para abortar este sistema.

Red Roja, en el 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora 



El 8 de Marzo es un día de lucha, no de flores. De rabia, no de regalos. De combate, no de celebración. Precisamente este año se cumple un siglo de la primera conmemoración oficial (en Rusia, Alemania y Suecia) del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora aceptando así la propuesta realizada por la comunista alemana Clara Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas.

El presente aniversario se sigue realizando en el contexto de una crisis profunda y persistente desde hace años. Los “recortes” ordenados por la UE y ejecutados por el gobierno mercenario de turno nos afectan de manera especial y con más fiereza a las mujeres. No es solamente para “ahorrar dinero” (argumento que esconde la verdadera finalidad de las medidas que adoptan los gobiernos); es que, ahora más que nunca, el sistema capitalista necesita para su explotación del proletariado ahondar y prolongar la opresión patriarcal que viene de antes del propio capitalismo. 

En estos tiempos de crisis estructural de este sistema, se materializa como nunca la tendencia del capital de asignarnos los trabajos remunerados más precarizados o devolvernos a casa, a la explotación invisible que (re)produce mano de obra barata y a cuidar “gratis” de quienes “estorban” al sistema productivo capitalista.

La agresión contra las mujeres se produce en todos los campos y desde todos los frentes: desde el judicial y laboral hasta el doméstico, personal y afectivo. Se concreta igualmente en la eliminación de las prestaciones sociales, particularmente las que servían para contrarrestar esa tendencia opresora a arrinconar a la mujer de la peor manera en el seno de la “familia tradicional”. En este sentido, esa agresión global contra la mujer afecta también, en este plano ya más ideológico, a la propia desaparición de la educación sexual, imponiéndose una moral machista (misógina, homófoba y financiada desde los Estados a través de la misma Iglesia) y la sacralización del más clásico y reaccionario modelo de familia heteropatriarcal. El capitalismo necesita de la doble explotación de las mujeres para su supervivencia; por eso, la lucha anticapitalista para ser eficaz, debe ser además antipatriarcal.

NATIVA O EXTRANJERA, TÚ DECIDES, COMPAÑERA

La anunciada reforma de la Ley del Aborto, que obligará a muchas de nosotras a recurrir a la interrupción voluntaria del embarazo en condiciones de riesgo (sobre todo a las compañeras inmigrantes), no es solamente una deriva ideológica reaccionaria. Este candado, que cancela la soberanía de las mujeres sobre su cuerpo y que complementa la ya importante precarización del derecho a la maternidad de las mujeres trabajadoras, busca profundizar el control sobre la libre decisión de estas sobre su propia maternidad. En última instancia, es coherente con la tendencia del capital y su Estado a que sean ellos quienes impongan el “volumen” y el tipo de clase proletaria que necesitan. 

Nos referimos a la tendencia a asegurarse de la existencia de “máquinas de reproducción” de mano de obra semiesclava de procedencia estatal, y así no hacer depender el aumento del proletariado exclusivamente de la inmigración, reduciendo los imprevisibles problemas colaterales que pueda acarrear la “acogida” de inmigrantes.

Por supuesto que el anteproyecto de ley del aborto se corresponde con las restricciones en la seguridad social y las privatizaciones sanitarias, lo cual originará un considerable aumento de la mortalidad de las mujeres trabajadoras. Y también va en línea con el incremento de la opresión ideológica contra las mujeres, haciendo retroceder el histórico combate por su emancipación. Por eso, la lucha por un aborto libre, gratuito, y en la sanidad pública (no en clínicas privadas que se lucran bajo la bandera de un supuesto feminismo), así como por una educación sexual que no centre la planificación familiar en los cuerpos de las mujeres, se constituyen en puntos imprescindibles de una lucha revolucionaria que debe ser, necesariamente, feminista.
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Red Roja, que apuesta por una salida socialista a la crisis, proclama que en la lucha revolucionaria para derribar el capitalismo -y teniendo en cuenta que el patriarcado, aunque preexistente, es un pilar básico del mismo- las mujeres debemos incorporarnos a la primera línea de combate y llamar a esta incorporación a todas nuestras compañeras. No sólo porque somos la parte más explotada (precarizada e invisibilizada) del pueblo trabajador, sino porque además tenemos el derecho y la obligación de poner sobre la mesa nuestras reivindicaciones específicas como mujeres trabajadoras: hacia fuera, para cambiar de sistema, y hacia dentro, en nuestra clase y en nuestras propias organizaciones revolucionarias.

La imprescindible lucha cotidiana por la igualdad en todos los campos, por los derechos reproductivos, por la libertad afectivo-sexual, no es aplazable ni discutible. Tenemos claro que la lucha por nuestra emancipación nada tiene que ver con la de “feministas” burguesas que buscan beneficios particularistas que dejen intacta su posición de clase explotadora. Sabemos que la dominación de las mujeres no comenzó con el capitalismo ni lograremos liberarnos sólo con su superación. Pero sin destruir este sistema sólo podremos optar por logros parciales y puntuales. Nuestro combate es imparable y, aunque continuará después de la caída del capitalismo, destruirlo es una condición imprescindible para poder combatir de forma efectiva la división sexual en todos los ámbitos donde esta se ha impuesto de forma forzada y opresora.

En definitiva, para conseguir nuestra liberación, nada como tener presente el ejemplo de la mujer guerrillera, que toma en sus manos el fusil y las riendas de su propia emancipación.

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El sujeto feminista. Una salida antipatriarcal al capitalismo en crisis. Escrito por Isabel Benítez Romero

La lucha contra los efectos del capitalismo nos interroga sobre la cuestión del sujeto colectivo. A partir de un somero repaso histórico sobre la construcción de la opresión patriarcal en el capitalismo y la dinámica histórica del movimiento feminista, se pone sobre la mesa la necesidad de reconstruir un planeamiento de clase que, desde la filosofía de la praxis y no desde la unilateralidad economicista, permita superar la fragmentación de los combates. Este rearme no es posible sin una lucha consecuente contra todas las divisiones que el capitalismo produce en el seno de la clase trabajadora, y específicamente, las emanadas de la opresión patriarcal, inscritas en la dinámica de la lucha de clases.

1. El sujeto y el sujeto feminista
Las dimensiones de la crisis sistémica en que nos encontramos hacen urgente abordar la transformación de una situación que nos ubica en la disyuntiva anunciada por Rosa Luxemburgo: socialismo o barbarie.

Si la crisis golpea con fuerza al conjunto de la clase trabajadora, la energía del golpe no se reparte por igual: recae sobre las mujeres, y entre ellas, las inmigrantes. El desempleo, subempleo, desmantelamiento de servicios públicos (altamente feminizado), privatización doméstica de las tareas de cuidado y atención a a personas dependientes… La crisis está reforzando la división sexual del trabajo y la violencia machista disciplinadora asociada a ella: reclusión doméstica, merma de la autonomía económica y revitalización de relaciones de dependencia económica familiar o de pareja. Los recortes salariales se ceban en los sectores menos organizados- o con menor capacidad de respuesta sindical- y alimentan la brecha salarial estructural. La reacción conservadora en materia de salud reproductiva en el Estado español es la enésima broma macabra en una coyuntura donde, ahora más que nunca, la maternidad forzosa constituye un factor de riesgo de exclusión social evidente y la desnutrición infantil es una realidad insoslayable.

Evitar la barbarie exige una toma de partido fundamental: ¿es posible desarrollar un modelo social, económico y político emancipador – también para las mujeres- dentro del capitalismo o si por el contrario es necesario romper con actual modelo: ¿reforma o revolución?. ¿Y quiénes debemos abordar, a quiénes interpelan estas tareas? La cuestión del sujeto es una cuestión estratégica:¿cuáles son nuestros objetivos?¿quién es el enemigo?; táctica ¿qué aliados?¿bajo qué condiciones?; y organizativa:¿cómo nos organizamos?¿bajo qué parámetros?.

Así pues, la discusión sobre el sujeto no es un debate filosófico para gente con tiempo libre: es una de las condiciones del éxito de la batalla. Tampoco es un ejercicio teórico estéril, si es que realmente nos podemos permitir el lujo de prescindir de la teoría. Sin embargo, es comprensible que en los términos en que se ha desarrollado esta temática, también para el caso del feminismo, se haya convertido en una materia poco accesible fuera del ámbito universitario, la inflación de neologismos y los argumentos de autoridad tampoco no han ayudado a democratizarlo , asfixiando demasiado a menudo el pensamiento crítico.

Es un lugar común de la literatura feminista contemporánea la crisis del sujeto feminista una crisis que cabalga paralela al cuestionamiento general de la noción de sujeto colectivo y especialmente al cuestionamiento de la pertinencia y la existencia del sujeto colectivo en de la clase trabajadora. En su lugar se han sucedido una la explosión cámbrica de candidaturas alternativas- unas nuevas, otras no tanto- : precariado, cognitariado, ciudadanía, … Mientras la agenda capitalista se ha impuesto a escala planetaria poniendo y deponiendo gobiernos, interviniendo política, económica y militarmente y la miseria se generaliza entre la población de la Champion League de la economía, se han ido sucediendo análisis que preconizaban un nuevo capitalismo, tan diferente, que justificaba el lujo de volver la espalda a siglos de teoría y experiencia práctica de movimiento obrero internacional. A pesar de que el hacinamiento, el hambre, los CIES (campos de concentración de extranjeros), la censura, la represión política y sindical y el tráfico de personas son fenómenos muy actuales y recurrentes del capitalismo.

Tratamos la cuestión ubicándonos en una tradición política y filosófica concreta, con humildad y abierta al debate para la acción. En el contraste de posturas se estimula el pensamiento crítico y se clarifican las posiciones, avanzamos. Defendemos una perspectiva de ruptura desde una posición tanto epistemológica como práctica desde la tradición de la filosofía de la praxis2. Una perspectiva que nos posibilite entender las relaciones sociales que constituyen las relaciones de explotación y de opresión y ver las siluetas de los sujetos colectivos que -emanados de dichas relaciones- no sólo las producen o reproducen sino que se erigen en sujetos políticos para su destrucción y la creación un futuro alternativo a la barbarie capitalista.

La filosofía de la praxis postula la lectura antropológica de Marx que planta en el seno de la teoría del valor la teoría del fetichismo de la mercancía, y que nos remite a un sujeto colectivo vivo y concreto que hace la historia en unas condiciones históricas dadas (Prior Olmos, 1998; Kohan, 2014). La clase trabajadora abordada por tanto como el conjunto de personas desposeídas de los medios necesarios para existir y desarrollarse, obligada a someterse a relaciones salariales (directas o mediadas), entendida como un sujeto colectivo que “se construye como tal (incorporando las múltiples individualidades e identidades de grupo) en la lucha contra su enemigo histórico. Constituye el conjunto de la clase trabajadora, por eso conforma un sujeto colectivo” (Kohan, 2014:52).

Artículo Completo


Ponencia preparada para las jornadas de RAM en León en febrero de 2014

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8 de marzo: por la liberación integral de la mujer
Por Eduardo Arroyo . Río de Janeiro, 4 de marzo de 2014

El mundo celebra este 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer. No es una efemérides banal, ni una concesión otorgada por el patriarcalismo vigente sino una fecha de militancia que recuerda las jornadas de lucha de las mujeres en su compromiso por forjar un planeta diferente, en el que ambos géneros compartan derechos, sueños, igualdad de oportunidades y deberes similares en la construcción de una nueva humanidad.
Ya Clara Zetkin, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas (Agosto de 1910) celebrada en Copenhague logró la aprobación del sufragio universal y a su propuesta se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
El 19 de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca. Menos de una semana después, más de 140 mujeres obreras, entran en huelga en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de New York exigiendo igualdad de oportunidades, consideraciones y de salario que los hombres. El dueño las encerró, incendió la fábrica y murieron carbonizadas todas las trabajadoras. La insanía del machismo en este acto inhumano y criminal hizo evidente el odio al género femenino y a lo que puede llevar el patriarcalismo fundamentalista.
Desde 1913 se celebra en Rusia, Alemania y Suecia, el Día Internacional de la Mujer. Recién en 1977, las Naciones Unidas instituyeron el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional.
Orígenes del patriarcalismo
La tradición judeo-cristiana nos presenta un Dios omnisciente, creador de todo lo existente, infinito e inmortal, por encima de las diferencias sexuales. Pese a ello, los niños siempre dibujan a Dios como un ser barbado, difícilmente una mujer.
Es hacia el 10,000 a.c. que aparece la nueva división social del trabajo entre agricultores y pastores. Ambas dejan excedentes de producción. Serán 5,000 años después que ya aparezcan estos excedentes en poder de unos y no de todos, con imperios altamente militarizados y organizados y que se habrá instituido la propiedad privada sobre la tierra, sobre los trabajadores, sobre los excedentes y a su vez, encontremos un mundo gobernado por los hombres, porque la mujer se habrá convertido en su posesión privada. Ellas quedarán supeditadas a la esfera doméstica del hogar.
Aristoteles hacia el siglo III a.c. nos habla de “hombres” subsumiendo a las mujeres en este concepto. Dirá que el hombre encarna más racionalidad y por tanto más humanidad que la mujer, portadora de la pasión, de los sentimientos.
Esta diferenciación de opiniones se suceden con el correr de la historia. Nietzche dirá en el siglo XIX que la mujer era un ser de cabellos largos e ideas cortas. Muchos pensadores han acentuando la supuesta superioridad del hombre, que en la síntesis de Simone de Beauvoir en “El segundo sexo” ha significado considerar al hombre como el uno y la mujer como lo otro, el complemento y en el mejor de los casos, el suplemento.
En cambio, en la vida real y cotidiana, la mujer se evidencia como altamente emocional ( inteligencia emocional, superior a todas), racional, volitiva, intelectual. La mujer es más fuerte, vive más años que los hombres y se enferma menos, lo que demuestra que la diferencia entre sexo fuerte y débil es una creación mental del patriarcalismo.
Ya en la década del sesenta del siglo XX, el cuestionamiento al patriarcalismo se convierte en una tendencia que habrá de marcar al siglo XXI y posteriores. Destacan las visiones feministas, ecologistas y contra todo tipo de discriminación.
Hasta los grandes prohombres de la historia han padecido de las desviaciones machistas. Basta ver a Marx con su esposa Jenny de Westphalia con hijos muriéndosele de hambre en los brazos mientras Marx, olímpico, escribía los Grundisse y los tres tomos de “El Capital” en la Torre de la Biblioteca de Londres. De no ser por Federico Engels, de otra sensibilidad, menos olímpico, Marx no hubiera podido sobrevivir. Idem con Lenin y Krupskaia, la mujer que lo siguió a lo largo de su vida, supeditada a él. Mucho temía Lenin el vuelo de Rosa Luxemburgo, mujer independiente, que escribía, reflexionaba dotada de una gran voluntad, que no necesitaba satelizar alrededor de ningún hombre.
La historia se hubiera escrito de otro modo si no se las hubiera subordinado a lo largo de la historia. Tendríamos un sistema humano más armónico, sumando lo mejor de ambos géneros, compartiendo la responsabilidad del planeta hoy en gran medida destruido por el patriarcalismo. Debemos dejar de lado los discriminaciones, inseguridades y estereotipos salvo que, al final, los hombres terminemos siendo víctimas de nuestra propia historia de dominación, negándonos nuestra identidad, nuestra capacidad integral de realización humana que lejos de supeditar y anular a la mujer, pase por considerarla una compañera, consejera y líder.
* Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1978). Magíster en Sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú (2005) y Doctorando en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Ricardo Palma 2007.  Catedrático en la Universidad Ricardo Palma (desde 1974 hasta la actualidad) y Universidad Nacional Federico Villarreal (desde 1993).
Poeta
 http://elblogdelapolillacubana.wordpress.com/2014/03/07/8-de-marzo-por-la-liberacion-integral-de-la-mujer/

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ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA

El 8 de Marzo de 1.908, un grupo de mujeres se reunieron en la fábrica textil Cotton de Nueva York para declararse en huelga. El dueño las encerró con llave y prendió fuego al edificio: murieron 129 mujeres. Las telas que fabricaban eran de color violeta, por eso desde entonces este color se convirtió en un símbolo de la lucha  de la mujer por sus derechos”1.
 
Esta es la versión más extendida de la falsificación de la realidad histórica del 8 de Marzo. En otras versiones el color violeta proviene del color del uniforme que, supuestamente, estaban obligadas a llevar las obreras del textil. Y en otras el incendio ocurrió en el año de 1.910, algunas versiones se retrotraen al año 1.857, con el objetivo de hacer más difícil la investigación histórica pues suponen que hay menos documentos para su corroboración o desmentido.
 
A pesar de todo en algunas ocasiones la prensa burguesa ha declarado la falsedad del mito. Pero las necesidades de clase se imponen por encima de las consideraciones a la verdad, y no es sólo por ignorancia.
 
“El 8 de Marzo de 1.908 –fecha que se toma como referencia para la celebración del Día Internacional de la Mujer- no hubo ningún incendio en ninguna fábrica textil de Nueva York. Tampoco perecieron en él, como se suele contar 156 mujeres. Y tampoco ocurrió en 1.857 ni en 1.910”2.
 
Las dos citas sacadas del periódico El Mundo plantean algunas preguntas del porqué se eligió el día 8 de Marzo para la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. ¿Es cierto o falso que el 8 de Marzo de 1.908 ocurrió el mítico incendio? ¿En el caso de ser falso porqué se sigue divulgando tal falsificación? ¿Cuál es el motivo de dicha falsificación?

La leyenda del mítico incendio es una falsificación deliberada por parte de las feministas burguesas con el único fin de engañar y manipular a las mujeres de la clase trabajadora. Un intento de las mujeres burguesas de poner bajo su control a las trabajadoras para dividir al proletariado y al tiempo conseguir una masa de maniobra para luchar contra los hombres burgueses por una mayor parte de la plusvalía arrancada a todo el proletariado.

El 8 de Marzo de 1.908 no hubo ningún incendio en ninguna fábrica textil de Nueva York. Ese día era domingo, día de descanso, y por esa razón es absolutamente imposible que se reunieran y declararan en huelga dentro de los recintos de la fábrica. En esas fechas no se desarrolló ninguna huelga ni manifestación. Tampoco se incendió nunca, que se sepa, una fábrica de nombre Cotton. Cogidas in fraganti las feministas cambian de fecha y dicen que sucedió en 1.910, pero esto también ha sido demostrado que es completamente falso. Nuevamente las burguesas continúan en su intento de falsificación y declaran que ocurrió en 1.857, porque será más difícil demostrar su falsificación, y nuevamente las falsificadoras quedan en evidencia, ese día también era domingo y no hubo ningún incendio ni ninguna huelga ni manifestación. También es falso que las obreras del textil estuvieran obligadas a llevar uniforme de color lila o que trabajaran telas de color violeta.
 
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8 de marzo, con más razones que nunca

DIGNIDAD Y REBELDÍA, NI UN PASO ATRÁS EN NUESTROS DERECHOS
El 8 de marzo es un día de lucha y movilización en la calle y en 2014 existen más razones que nunca para convertir nuestra indignación en resistencia, nuestra resistencia en rebeldía.
Las mujeres llevamos dos siglos de lucha por la igualdad y se han conseguido avances muy importantes. Pero todavía queda mucho camino por recorrer.
Las mujeres cuando luchamos por nuestros derechos desde una óptica de clase lo hacemos desde el convencimiento de que bajo este sistema capitalista y patriarcal no es posible alcanzar una igualdad real. Es necesario derribar este sistema y abrir la senda de un mundo nuevo, libre, justo y solidario.

Mientras tanto, tenemos que conquistar nuevos derechos y sobre todo, impedir que las conquistas anteriores nos sean arrebatadas. Es el caso de la contrarreforma de la ley del aborto que plantea el Gobierno del PP que pretende imponer de nuevo la visión nacional-católica y machista que imperó durante el franquismo.

Una contrarreforma que infantiliza a las mujeres al considerar que no somos capaces de decidir libremente sobre nuestra maternidad. Estos herederos de una dictadura que consintió el robo de niños y la práctica de miles de abortos en condiciones insalubres de clandestinidad no pueden darnos lecciones de defensa de la vida. Ellos que aterrorizan a millones de ciudadanos y ciudadanas con los recortes, los despidos y los desahucios son los que atentan cada día contra el derecho a una vida digna.

Queremos la despenalización completa del aborto y el reconocimiento del derecho pleno de las mujeres a decidir libremente sobre su maternidad sin intromisión alguna. Nosotras parimos, nosotras decidimos. Y por ello nos debemos oponer a esta contrarreforma con la movilización contundente en la calle.

Las mujeres somos las principales víctimas de la crisis económica y de las políticas neoliberales que aplican tanto en La Moncloa como en San Telmo. Necesitamos sacarles la tarjeta roja a estos Gobiernos de La Troika que no nos representan y por ello debemos sumarnos a la MARCHA DE LA DIGNIDAD y acudir masivamente el 15 de marzo a la manifestación de inicio de la marcha en Córdoba y acudir el 22 a Madrid. Y darle a las que puedan hacer el camino de la Columna Andalucía la bienvenida. Compañeras, nos vemos en Santa Elena (Jaén) el 16 de Marzo para comenzar a andar el camino de la rebeldía y la dignidad. Te esperamos.

DERECHO AL ABORTO LIBRE Y GRATUITO, NOSOTRAS PARIMOS, NOSOTRAS DECIDIMOS
FUERA LOS GOBIERNOS DE LA TROIKA, PAN, TRABAJO Y TECHO PARA TODAS

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