sábado, 22 de febrero de 2014

Nacionalcatolicismo, un artículo del escritor Carlo Frabetti

Nacionalcatolicismo, un artículo del escritor Carlo FrabettiPara creer realmente que un feto es un ser humano y que abortar es un asesinato, hay que ser un perfecto imbécil; para afirmarlo sin creerlo, con objeto de mantener un determinado tipo de control social o de poder temporal (o para captar los votos de millones de descerebrados), hay que ser un canalla. Conclusión: los cristianos fundamentalistas -entre los que ocupan un lugar destacado los católicos ortodoxos- son canallas redomados o dementes peligrosos.

Los dirigentes políticos o eclesiásticos que intentan impedir que las mujeres aborten aunque hayan sido violadas o aunque el feto sufra malformaciones evidentes, son, pura y simplemente, criminales. La clase de criminales que durante varios siglos -desde Isabel la Católica hasta Franco- ejercieron un poder despótico en eso que algunos llaman España y en sus desventuradas colonias, cuando las hubo. La clase de criminales que desarrollaron la más repulsiva y persistente de todas las formas de fascismo: lo que acertadamente se ha dado en llamar nacionalcatolicismo.
A quienes, en países como Italia o España, hemos recibido una educación católica y hemos llegado a confundir la moral cristiano-burguesa con la normalidad, nos cuesta darnos cuenta de lo siniestra, aberrante y despiadada que puede llegar a ser esa corrupción del cristianismo que es el catolicismo en sentido estricto (afortunadamente, muchos de los que se dicen católicos, incluidos algunos curas, en realidad son herejes, como he señalado en las anteriores entregas de esta serie). Somos muy sensibles a los excesos del fundamentalismo islámico, sobre todo a sus manifestaciones más machistas, y nos rasgamos las vestiduras ante atrocidades como el matrimonio forzoso o el burka. ¿Por qué no reaccionamos del mismo modo ante los hábitos de las monjas o la maternidad forzosa? Algunas sí lo hacen, afortunadamente. Cuando las feministas gritan en sus ejemplares manifestaciones “Vamos a quemar la Conferencia Episcopal” o escriben en sus pancartas “La Iglesia Católica es una organización criminal”, nos recuerdan que toda la violencia revolucionaria que fue o pudo ser lícita contra el nacionalcatolicismo franquista, sigue siéndolo contra sus herederos (y nos demuestran, una vez más, que el feminismo es la gran fuerza emancipadora del siglo XX y lo que va del XXI, mal que les pese a tantos machitos recalcitrantes, incluidos algunos marxistas de neandertal).

Impedir que una mujer interrumpa un embarazo no deseado es peor, si cabe, que violarla. Y hemos de acabar de una vez por todas con los violadores, tanto los de sotana y mitra como los de corbata y cartera ministerial. Por las buenas o por las malas.

(Tercera entrega del trabajo titulado Fundamentalismo cristiano. Continuará)

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