miércoles, 26 de junio de 2013

El neoliberalismo o la acumulación senil del capitalismo .Rafael Castaño Rendón

El neoliberalismo o la acumulación senil del capitalismoLos movimientos contestatarios se llaman revolucionarios simplemente porque el capitalismo ya no ofrece nada. Hoy día, es revolucionario quien simplemente pida pan, casa y trabajo. Nunca, hasta la fecha, la izquierda se había conformado con tan poco. 

     En el famoso capítulo 24 del tomo primero de El Capital, Marx describe la llamada acumulación originaria del capital. Se comenta en breves líneas la visión que daba la economía oficial de cómo se produjo la gran acumulación de capital y riquezas en la clase capitalista y la desposesión total del conjunto de la sociedad: hubo un pequeño grupo de personas, ahorradoras e inversoras, mientras que el resto se dedicaba a haraganear, irse de bares, tomar el sol, ligar,...hasta que al final los primeros se enriquecieron y los segundos se quedaron con lo puesto,…
     Pasando de largo sobre semejantes memeces, Marx pasa a trazar un extraordinario cuadro del proceso por el cual la clase capitalista, entre los siglos XV y XVIII, logró desposeer a través de la guerra, la violencia, el saqueo,...a toda la sociedad de los bienes comunes y a través del trabajo esclavo (y el femenino, también esclavo, para abaratar la mano de obra y procrear trabajadores, en el hogar, y cuando la mujer quedaba viuda, vieja, infecunda,...se le calificaba de bruja y se la mataba para disminuir los gastos sociales) la explotación de la naturaleza, a través de la extracción de los metales preciosos en América y otros continentes.

      Ello permitió que el capitalismo revolucionara el mundo entre los siglo XV y bien entrado el XX. Sin embargo, en 1973, el capital ya se había quedado sin lugares donde colocar sus productos, surgió la competencia de los países asiáticos, la naturaleza no daba más de sí (fin del petróleo barato o del petróleo sin más), y se sacó de la manga el neoliberalismo, que va a consistir en otra acumulación, esta vez no originaria, sino senil, del capitalismo.
    A través del neoliberalismo, se acaba por un lado con las organizaciones obreras (los sindicatos que se había ido formando durante siglos), en 1989 se hunde el bloque soviético, al que se desvalija por completo: es de sobra conocido, como a cambio de crearse las famosas mafias del Este con Yeltsin a la cabeza, el mismo Yeltsin que entregó todas las riquezas de la antigua URSS a los USA y países de Europa Occidental; lo mismo hicieron otros de su ralea (sólo se libró Bielorrusia) con las riquezas acumuladas en los otros países del ex-bloque soviético y, en un proceso de tres décadas, se privatiza todo lo privatizable en los países centrales del capitalismo y de la periferia. Al mismo tiempo, desde 1980, a través del mecanismo de la deuda pública, el FMI y otros organismos hace trabajar a las poblaciones de América Latina, África y parte de Asia para pagar los intereses de una deuda infinita. Al mismo tiempo, en los últimos años, como en su juventud, los estados imperialistas lanzan sus ejércitos a saquear directamente los países de la periferia: Libia, Afganistán, Irak,…
      Sin embargo, a pesar de todo ello, el capitalismo, entre 1973 y 2008 no logró aumentar en más de un 3 por 100 el PIB anual. Empezó, como ya hiciera en otras épocas, a crear riquezas imaginarias, a través del crédito bancario y la creación de burbujas de todo tipo, destacando la inmobiliaria. Se inflaba los precios de las cosas (las casas, las acciones, los planes de pensiones,...) y oficialmente se extendió lo que un desafortunado presidente de un desafortunado país del sudoeste de Europa llamó el capitalismo popular, por lo que los bancos daban dinero a todo el que se lo pedía. Cuando en 2008 el espejismo se desvaneció y las cosas volvieron a su sitio,  nadie podía pagar la deuda bancaria y los estados se encargaron de desvalijar las arcas públicas y darle el dinero a las entidades financieros (otra de las formas de acumulación senil del capitalismo, de la noche a la mañana).
   En el Sur de Europa, se ha introducido, como décadas antes en Latinoamérica, el pago de la deuda: los bancos del norte de Europa habían prestado dinero a los Bancos del Sur para que estos especularan, crearan e inflaran burbujas. Ahora los países del Sur deben dedicarse a pagar una deuda, infinita como la que vimos antes, a los países del Norte, cuyos bancos están en una situación de entubamiento de las que sólo los salva el que las poblaciones de España, Portugal, Irlanda o Grecia vayan cayendo en una situación de vida tercermundista, a fin de pagar el déficit estatal producto del desvalijamiento de las arcas estatales en beneficio de los bancos.
      Y sin embargo, el capitalismo no sale del bache: el petróleo desaparece, América Latina se ha lanzado a una política extractivista en donde en algunos países las poblaciones aborígenes son desposeídas de cuanto tiene; el mercado de los países ex-socialistas, que durante unos años sirvió de válvula de escape, ya no existe y los países del sureste asiático y China desbordan los mercados.
      En esta situación, prosigue la imparable máquina de acumulación senil del capitalismo, intentando apoderarse en los países europeos de bienes que durante décadas se habían considerado públicos: la sanidad, la educación, las pensiones...
      Lógicamente el capitalismo, de esta forma, consigue sobrevivir. La cuestión es si el 99 por ciento de la población mundial soportará eternamente vivir a pan y agua o simplemente no poder vivir: aumenta el feminicidio por doquier, en ciertos países (Pakistán, India, Turquía, México,...) tras la deslocalización, niños y mujeres trabajan en condiciones parecidas a las de la Primera Revolución Industrial. En otros países, como España, la gente pierde el trabajo sin la esperanza de encontrar otro en esta vida (y parece que sólo hay una), se queda sin casa –que pasa a manos de los bancos- y si no viven en la calle, malviven en los hogares paternos, hacinados abuelos, hijos y nietos, en una situación de miseria.
    La acumulación senil del capitalismo puede darles décadas de vida artificial a este. Los movimientos contestatarios se llaman revolucionarios simplemente porque el capitalismo ya no ofrece nada. Hoy día, es  revolucionario quien simplemente pida pan, casa y trabajo. Nunca, hasta la fecha, la izquierda se había conformado con tan poco.
Domingo, 16 de Junio de 2013

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