En el famoso capítulo 24 del tomo primero de El Capital, Marx describe la llamada acumulación originaria del capital.
Se comenta en breves líneas la visión que daba la economía oficial de
cómo se produjo la gran acumulación de capital y riquezas en la clase
capitalista y la desposesión total del conjunto de la sociedad: hubo un
pequeño grupo de personas, ahorradoras e inversoras, mientras que el
resto se dedicaba a haraganear, irse de bares, tomar el sol,
ligar,...hasta que al final los primeros se enriquecieron y los segundos
se quedaron con lo puesto,…
Pasando de largo sobre semejantes
memeces, Marx pasa a trazar un extraordinario cuadro del proceso por el
cual la clase capitalista, entre los siglos XV y XVIII, logró desposeer a
través de la guerra, la violencia, el saqueo,...a toda la sociedad de
los bienes comunes y a través del trabajo esclavo (y el femenino,
también esclavo, para abaratar la mano de obra y procrear trabajadores,
en el hogar, y cuando la mujer quedaba viuda, vieja, infecunda,...se le
calificaba de bruja y se la mataba para disminuir los gastos sociales)
la explotación de la naturaleza, a través de la extracción de los
metales preciosos en América y otros continentes.
Ello permitió que el capitalismo
revolucionara el mundo entre los siglo XV y bien entrado el XX. Sin
embargo, en 1973, el capital ya se había quedado sin lugares donde
colocar sus productos, surgió la competencia de los países asiáticos, la
naturaleza no daba más de sí (fin del petróleo barato o del petróleo
sin más), y se sacó de la manga el neoliberalismo, que va a consistir en
otra acumulación, esta vez no originaria, sino senil, del capitalismo.
A través del neoliberalismo, se
acaba por un lado con las organizaciones obreras (los sindicatos que se
había ido formando durante siglos), en 1989 se hunde el bloque
soviético, al que se desvalija por completo: es de sobra conocido, como a
cambio de crearse las famosas mafias del Este con Yeltsin a la cabeza,
el mismo Yeltsin que entregó todas las riquezas de la antigua URSS a los
USA y países de Europa Occidental; lo mismo hicieron otros de su ralea
(sólo se libró Bielorrusia) con las riquezas acumuladas en los otros
países del ex-bloque soviético y, en un proceso de tres décadas, se
privatiza todo lo privatizable en los países centrales del capitalismo y
de la periferia. Al mismo tiempo, desde 1980, a través del mecanismo de
la deuda pública, el FMI y otros organismos hace trabajar a las
poblaciones de América Latina, África y parte de Asia para pagar los
intereses de una deuda infinita. Al mismo tiempo, en los últimos años,
como en su juventud, los estados imperialistas lanzan sus ejércitos a
saquear directamente los países de la periferia: Libia, Afganistán,
Irak,…
Sin embargo, a pesar de todo ello,
el capitalismo, entre 1973 y 2008 no logró aumentar en más de un 3 por
100 el PIB anual. Empezó, como ya hiciera en otras épocas, a crear
riquezas imaginarias, a través del crédito bancario y la creación de
burbujas de todo tipo, destacando la inmobiliaria. Se inflaba los
precios de las cosas (las casas, las acciones, los planes de
pensiones,...) y oficialmente se extendió lo que un desafortunado
presidente de un desafortunado país del sudoeste de Europa llamó el
capitalismo popular, por lo que los bancos daban dinero a todo el que se
lo pedía. Cuando en 2008 el espejismo se desvaneció y las cosas
volvieron a su sitio, nadie podía pagar la deuda bancaria y los estados
se encargaron de desvalijar las arcas públicas y darle el dinero a las
entidades financieros (otra de las formas de acumulación senil del
capitalismo, de la noche a la mañana).
En el Sur de Europa, se ha
introducido, como décadas antes en Latinoamérica, el pago de la deuda:
los bancos del norte de Europa habían prestado dinero a los Bancos del
Sur para que estos especularan, crearan e inflaran burbujas. Ahora los
países del Sur deben dedicarse a pagar una deuda, infinita como la que
vimos antes, a los países del Norte, cuyos bancos están en una situación
de entubamiento de las que sólo los salva el que las poblaciones de
España, Portugal, Irlanda o Grecia vayan cayendo en una situación de
vida tercermundista, a fin de pagar el déficit estatal producto del
desvalijamiento de las arcas estatales en beneficio de los bancos.
Y sin embargo, el capitalismo no
sale del bache: el petróleo desaparece, América Latina se ha lanzado a
una política extractivista en donde en algunos países las poblaciones
aborígenes son desposeídas de cuanto tiene; el mercado de los países
ex-socialistas, que durante unos años sirvió de válvula de escape, ya no
existe y los países del sureste asiático y China desbordan los
mercados.
En esta situación, prosigue la
imparable máquina de acumulación senil del capitalismo, intentando
apoderarse en los países europeos de bienes que durante décadas se
habían considerado públicos: la sanidad, la educación, las pensiones...
Lógicamente el capitalismo, de
esta forma, consigue sobrevivir. La cuestión es si el 99 por ciento de
la población mundial soportará eternamente vivir a pan y agua o
simplemente no poder vivir: aumenta el feminicidio por doquier, en
ciertos países (Pakistán, India, Turquía, México,...) tras la
deslocalización, niños y mujeres trabajan en condiciones parecidas a las
de la Primera Revolución Industrial. En otros países, como España, la
gente pierde el trabajo sin la esperanza de encontrar otro en esta vida
(y parece que sólo hay una), se queda sin casa –que pasa a manos de los
bancos- y si no viven en la calle, malviven en los hogares paternos,
hacinados abuelos, hijos y nietos, en una situación de miseria.
La acumulación senil del capitalismo
puede darles décadas de vida artificial a este. Los movimientos
contestatarios se llaman revolucionarios simplemente porque el
capitalismo ya no ofrece nada. Hoy día, es revolucionario quien
simplemente pida pan, casa y trabajo. Nunca, hasta la fecha, la
izquierda se había conformado con tan poco.
Domingo, 16 de Junio de 2013
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