jueves, 12 de mayo de 2016

Folleto-guía de formación. RedRoja ... y mucho mas

Cuando un cuadro revolucionario interviene para superar la realidad en la perspectiva comunista desde donde se encuentra, debiera tener un conocimiento lo más profundo posible precisamente de la realidad que le “toca vivir” en diferentes planos. Al tiempo, ha de saber insertar el “eslabón” presente en la lucha histórica e internacional por la revolución y la construcción socialistas. Con respecto a esto último, ha de ir más allá y tener en cuenta las luchas populares en todos los tiempos y lugares para sacar lecciones acerca de cómo los pueblos actúan realmente, prácticamente, en las transformaciones históricas. Pero la primera erudición que no podremos obviar es la de los propios límites de la erudición por sí sola; es decir, si esta no es acompañada (y a menudo precedida) por el compromiso en el trabajo práctico y por el distintivo de “persona de ideas y convicciones” en esa lucha práctica, lo que tanta importancia tiene para crear las imprescindibles confianza y lealtad entre el pueblo.


Desde hace tiempo se viene hablando en nuestra organización de la necesidad de establecer unos criterios comunes en la línea de formación. Fue con esta idea que hace meses se adelantó el escrito “Unos primeros apuntes para unos criterios generales de formación en Red Roja”. Ante otras prioridades en nuestra propia construcción organizativa, y dados el ritmo y la propia forma con que estamos llevando a cabo dicho proceso constructivo, dejamos el asunto “aparcado”. Ahora, realizada la Asamblea Congresual, desde la Comisión Ejecutiva que fue en ella elegida, creemos que hay que retomar esta cuestión con toda la importancia que se merece. Se ha propuesto a la Coordinadora Estatal que, en un principio, la tarea central de formación quede a cargo de la responsabilidad política de la Comisión Ejecutiva, con la idea de ir avanzando hacia la constitución de una comisión de formación en toda regla.

En aquellos primeros apuntes citados subrayábamos que “la formación (en su significado más teórico) debería supeditarse a la tarea principal de, precisamente, formar (en su significado más organizativo) cuadros revolucionarios de intervención”. Tras la Asamblea Congresual, podemos concretar aún más que esto debe supeditarse a la tarea central que supone la creación y el reforzamiento de núcleos. Este folleto se pondrá al servicio de esa necesidad organizativa y, por tanto, no puede pretender abarcar toda la formación posible. Y no solo eso, sino que, además, será calculadamente selectivo concibiéndose desde el comienzo mismo como un punto de partida que se irá enriqueciendo, precisando y corrigiendo progresivamente. Especialmente habrá que tener en cuenta esto a la hora de las recomendaciones concretas de contenidos que desde ya haremos. Es evidente que ni por asomo cubriremos aquí todos los materiales disponibles conocidos y por conocer en cada uno de los apartados que se presentarán. En ese sentido, podemos afirmar que este folleto no sólo persigue ser una herramienta para formar sino que es una invitación a ser él mismo formado y “rellenado”.

También estrechamente relacionado con las necesidades organizativas, hemos de decir que otro elemento que inspira la concepción de este folleto es “la vinculación teórico-práctica que debe tener este proceso formativo”, como ya decíamos en aquellos primeros apuntes. Por tanto, aquí hemos de huir del academicismo y de querer transportar el espíritu meramente universitario tan dado a especular y que busca la necesidad de la teoría en la teoría misma. Añadíamos entonces que “hoy día aún cobra mayor importancia la intervención práctica como elemento en la propia formación, dada la crisis específica e histórica de nuestro movimiento comunista” que ha limitado más aún el valor de la propia “teoría en sí”. Efectivamente, pocas veces como ahora se necesita tener en cuenta lo que decimos en la entradilla de este folleto, donde hablamos del imprescindible ejemplo práctico como valor previo imprescindible para hacer fértil la erudición de cualquier militante.

Procede recordar igualmente de aquellos apuntes que esta línea de formación más centralizada (a nivel de la Coordinadora Estatal) se lanza “sin menoscabo de las iniciativas más locales que ya están en curso”. Esto se justifica no ya por la propia naturaleza inabarcable de la formación, sino, especialmente, porque esta iniciativa no puede ir más allá del objetivo de forjar un denominador común formativo en nuestro marco organizativo. Y no es poco. No puede pretender, pues, cubrir todos los factores, necesidades y realidades militantes en juego. Dicho de otro modo, la formación también habrá de tener en cuenta el particular proceso de construcción a nivel estatal que estamos forjando. Es más: como se comentará en el apartado correspondiente, la comprensión teórico-práctica de nuestro particular proceso de construcción es, precisamente, un reto crucial para nuestra propia militancia.

Tras esta introducción, en la primera parte de este folleto, concretamos algo más los contenidos expresados en aquellos primeros apuntes. Para ello, se hará un uso actualizado de la clasificación en apartados allí reflejada. Ya hemos expresado que lo que aquí se recoge es sólo un comienzo (abierto a ampliaciones y precisiones) que se considera que debería trabajarse por el conjunto de la organización. De hecho se presenta este folleto cuando aún se está pendiente de culminar una serie de recomendaciones de partida en determinados apartados. En realidad, será tras esta presentación a la Coordinadora Estatal y la constitución de un primer grupo de formación, cuando comenzará un trabajo coordinado a nivel estatal tanto para concretar mucho más los contenidos como para confeccionar un plan de formación debidamente calendarizado que plantearemos al conjunto de la organización y que, en cualquier caso, tendrá en cuenta la diversidad de situaciones en cuanto a requerimientos y necesidades. En ese plan se contemplarán diferentes modalidades, formatos y medios a utilizar para llevar a cabo las tareas de formación: trabajo permanente en los núcleos, combinación entre presencia física más local y relación virtual a nivel estatal en la realización de cursos para determinados temas, realización de las jornadas periódicas, “seminarios” internos de análisis de documentos, utilización de vídeos, charlas itinerantes para la clarificación de los conceptos o de las nuevas tesis que vayamos asumiendo…

Pero antes de entrar directamente en los apartados de contenidos, traigamos a colación un par de reflexiones sobre la metodología.

Ya hemos apuntado que para llevar adelante una formación profunda e integral, de raíz, debemos huir de contentarnos sólo con generalidades o breviarios. Y que si para ello debemos tender a recurrir a todo el conocimiento adquirido (aquel que nos aportan las distintas disciplinas particulares como la filosofía, la historia, la psicología, la pedagogía, la ecología…), también hemos de tomar en consideración las experiencias acumuladas sobre las que nosotros mismos tenemos una obligación de sistematización teórica. Y ello tanto para ampliar el conocimiento universal como para precisar el ya existente. (Ver Anexo con la carta de Engels).

Por lo demás, si todo el bagaje teórico que ofrecen otras disciplinas ha de ponerse al servicio del plano superior (enriqueciéndolo) que es para nosotros la formación de cuadros revolucionarios de intervención, la metodología debe ponerse prioritariamente al servicio de la adquisición del contenido que la lucha de clases nos exige desde fuera, es decir, desde los intereses de la clase trabajadora en su conjunto.

Acabemos, por cierto, esta introducción diciendo que Red Roja no sólo debería generar una dinámica de formación interna o más específica del plano de los aspirantes a “revolucionarios profesionales”. También se presta a intervenir en la formación de la clase obrera y del pueblo en general en función de la movilización. Estamos hablando de las “universidades populares”, donde evidentemente los criterios de intervención no pueden responder a nuestras propias autoexigencias en materia de formación y nuestro grado de protagonismo no puede ser el mismo. Aunque, por otro lado, será ese un terreno como ningún otro que nos exigirá ser de una clase de formador que esté dispuesto en todo momento a ser asimismo formado por la clase a cuya victoria ha consagrado su vida.

CONTENIDOS

I. TEORÍA DE LA TEORÍA

A fin de evitar caer en el dogmatismo y el esquematismo, hay que profundizar en el conocimiento de cómo se relaciona el movimiento de la realidad con las ideas que intervienen en su transformación. Y concretamente en conocer cómo los pueblos intervienen en las transformaciones históricas y cómo “hacen suyas” las ideas transformadoras, es decir, las tesis políticas, las consignas; en definitiva, lo que proviene de la teoría. Una teoría que, en lo que se refiere a su elaboración y hasta en lo que tiene que ver con el mismo proceso de asimilación, es ajena en gran medida a esos mismos pueblos que realizan las transformaciones prácticas sobre las que se desarrolla la teoría. En ningún momento deberíamos obviar la forma eminentemente práctica en que los pueblos “hacen suya” la teoría, con todas las contradicciones que ello plantea a la propia teoría que hay que asimilar.

En más de una ocasión hemos hablado entre nosotros de los límites de la teoría. Hasta este folleto lo abrimos con una entradilla que trae a colación los “límites de la erudición”. Pero también hemos dicho que, paradójicamente, en la actualidad se requiere de un profundo conocimiento de la teoría marxista por parte de los cuadros revolucionarios. A eso nos referimos en nuestras Tesis cuando decimos que “hoy nuestro movimiento vive una gran contradicción que no ha tenido parangón antes (…) necesitamos más que nunca elevarnos teóricamente mientras la lucha de ‘la gente’ sigue viendo muy deficientemente esa necesidad”. Entender esta contradicción, y entenderla teóricamente, es uno de los mayores retos que tenemos.

En primera instancia, “necesitamos avanzar en la misma comprensión teórica de la relación dialéctica entre la propia teoría y la práctica, y de cómo se desarrolla la propia teoría en general y el proceso de conocimiento. Esto nos ayudará a comprender también cómo se asumen en la práctica las tesis políticas que elaboramos y, en definitiva, cómo se insertan en la lucha de clases. Sólo así optimizaremos nuestra contribución a la precisión de la línea política que necesita el desarrollo del movimiento revolucionario por el socialismo en nuestros marcos de actuación. Y, en definitiva, a cómo la aplicamos en nuestra práctica militante.” (Tesis de Red Roja)

Al respecto, nada como comenzar a beber de las propias fuentes del marxismo para adentrarse en este campo. Así procedió Lenin cuando le tocó vivir una de esas recurrentes “crisis del marxismo” entre la fracasada tentativa revolucionaria rusa de 1905 y los albores de la Primera Guerra Mundial. Fue cuando dijo aquello de “después de 50 años, no hemos comprendido a Marx”. (Cuadernos Filosóficos)

Ahora bien, los mejores materiales clásicos al respecto de lo que dice la teoría marxista sobre sí misma son duros de digerir, siendo “natural” la tendencia normal a evitarlos. Sin embargo, no hay nada que se les pueda comparar. Que resultan difíciles de asimilar se desprende de esa misma afirmación de Lenin a la que nos acabamos de referir. Y de que son fundamentales, en el sentido estricto del término, nos ha de convencer la certeza de que las líneas político-prácticas que imprimen las direcciones revolucionarias en los procesos históricos –y cómo las insertan en la revolución a nivel mundial- dependen mucho del grado de comprensión en este campo de la teoría de la teoría. El mismo Lenin no hubiese actuado como lo hizo tanto en 1917 como en los años posteriores –quedando a menudo en minoría en el propio partido bolchevique, sobre todo cada vez que debía lanzar una directriz de actuación que parecía que iba contra el dogma preestablecido-; no hubiese actuado como lo hizo, decimos, si años antes no se hubiese “parado a reflexionar” teóricamente en su exilio suizo en medio de la carnicería de la primera guerra mundial. Y podemos aventurar que se dejó notar decisivamente la ausencia de su altura teórica tras su desaparición (demasiado temprana) en mitad de los ingentes problemas y retos que le sobrevinieron a la revolución rusa.

Por lo demás, una dificultad intrínseca a la comprensión del proceso del conocimiento y de cómo la teoría se desarrolla estriba en que los planteamientos marxistas al respecto beben mucho de lo que Hegel ya había avanzado en ese campo. No en vano, Lenin llega a escribir en sus “Cuadernos Filosóficos”: “Continuar la obra de Hegel y de Marx debe consistir en el tratamiento dialéctico de la historia del pensamiento humano, de la ciencia y de las técnicas.”

El conocimiento no sólo se desarrolla en espiral, por emplear los propios términos que empleaba Lenin, sino que debemos “planificar” conscientemente su conquista de esa manera. Este propio folleto, como ya señalamos desde la introducción, se genera con tal espíritu y, por tanto, se irá completando teniendo en cuenta el propio desarrollo de nuestra organización y nuestro propio proceso de aprendizaje. Llegados a este punto hemos de decir que si hay algún campo de la teoría donde no podamos pretender que la adquisición se dé “por igual” en toda la organización es precisamente en este de la teoría de la teoría. Debemos contribuir a dar orientaciones de partida para aquellos compañeros que quieran llegar todo lo lejos que necesiten y no hagan de la dificultad de contenido un problema; es decir, para aquellos compañeros cuyo “problema” principal sea justamente remontar esa dificultad y que no tiendan con facilidad a los breviarios que, si bien son necesarios para elevar el denominador común teórico-político de la organización, no por ello dejan de tener inoculada desde su misma concepción la tendencia viral del esquematismo. Habrá que estar dispuesto, por tanto, a una labor de orientación individualizada en este campo y estar abierto, desde la futura comisión de formación, a un trabajo humilde de estudio en su propio interior. Así pues, y sobre todo en este crudo campo de la “teoría más teórica”, la propia comisión de formación será, pues, al mismo tiempo instrumento y objeto de la formación.

Teniendo en cuenta lo anterior, y en lo que se refiere a las fuentes originales marxistas acerca de este asunto de la teoría de la teoría, recomendaremos en un primer momento estos materiales:

  • Marx. Método de la Economía Política [Apartado III de la Introducción del Tomo I (El dinero) de los Grundrisse (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política)]

No se recomienda ahora porque hable de economía, sino por todo lo que versa acerca de la “elaboración de los conceptos”, según las propias palabras empleadas allí por Marx.

  • De los Cuadernos Filosóficos de Lenin, sus apuntes sobre la “Ciencia de la Lógica” y “Lecciones de Historia de la Filosofía” de Hegel, así como el capítulo “Sobre la cuestión de la dialéctica”. (Nota: la traducción española es manifiestamente mejorable y llega a tener errores de traducción)

  • Cartas “filosóficas” de Engels, en sus últimos años, a diferentes dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán. Están incluidas en el siguiente libro en francés: Études philosophiques. Ludwig Feuerbach. Le matérialisme historique. Lettres philosphiques. Pero se tendrán en castellano.



Los dos primeros textos son fundamentales, pero son claros ejemplos de ese tipo de material que resulta difícil de digerir. Las cartas de Engels ayudan mucho a aprehender el asunto de la elaboración de conceptos y de su relación con la realidad sobre la que se desarrollan. Hay cartas de una extraordinaria potencia y precisión conceptuales porque ya incide en aspectos que la práctica ha descubierto que no quedaban del todo claros. Y es que Engels tuvo que salir al paso de las incomprensiones teóricas en este asunto que notaba en su propio partido a nivel de la dirección misma.

En la idea de facilitar más accesos de entrada a este apartado de la teoría de la teoría, recomendaremos asimismo el siguiente trabajo de elaboración propia que lo trata explícitamente:

  • “Acerca de la teoría marxista sobre el desarrollo de los principios políticos en su relación con la práctica” (V.S.C.).


Este texto, además, aplica este asunto teórico a la interpretación histórica del desarrollo del socialismo “tal como se ha dado” y de sus contradicciones tanto internas como en su relación con el mundo capitalista. Aparece “la interpenetración de contrarios” como elemento objetivo que ayuda a asumir la propia suerte de la revolución mundial independientemente de los debates que históricamente se han dado. De alguna manera, es una crítica previa de conjunto al debate teórico que ha habido sobre la suerte del socialismo y la interpretación de sus crisis históricas.

II. Estructura del capital con sus actualizaciones

Sabemos de la existencia en nuestro entorno organizativo de talleres sobre El Capital de Marx y desde aquí animamos al fortalecimiento y extensión de esta iniciativa. Aquí pondremos el acento ahora en preparar a nuestra militancia para argumentar:

a) Sobre la historicidad del modo de producción capitalista (y, por tanto, sobre su necesaria desaparición y de la barbarie que implica que ello no ocurra). Al respecto, es importante no sólo argumentar nuestra convicción de que el capitalismo muere matando (sobre todo, desde un punto de vista mundial), sino igualmente conocer que nació “chorreando mucha sangre”, como describe Marx en “La llamada acumulación originaria”, el célebre capítulo XXIV de El Capital. Es importante esto para fundamentar desde el origen mismo nuestra crítica al “capitalismo bueno”, conociendo bien de dónde han venido y vienen los desarrollos materiales y los niveles de vida que dentro del sistema capitalista se han dado (y aún se dan) en determinados lugares y momentos del sistema.

b) Sobre el origen de la actual crisis capitalista, que en el fondo no tiene una causa tan nueva. Su causa fundamental no está en el ámbito financiero, por más que se hable de “crisis financiera” y que la misma, efectivamente, agrave la propia crisis sistémica de conjunto. La causa fundamental hay que seguir buscándola en la tendencia a la tasa decreciente de ganancia (con el capital financiero dominante, claro está, “inventando” fórmulas para sortear esa tendencia). Avanzar en este campo es necesario para contrarrestar la tesis de que esta “crisis es una estafa”; tesis que conlleva atribuirle al sistema un poder de control total frente a nuestras debilidades. Y hay que contrarrestar esa tesis por más buena que sea la intención con la que se lance y por más que, efectivamente, se utilice la crisis para atacar derechos adquiridos.

Requerimos también conocer el papel del Estado como elemento mayor de intervención económica que llega a negar las tan cacareadas leyes del libre mercado. La tesis de la desaparición del Estado comenzó a tener mucho predicamento en los años 90 justo tras el “triunfo” del capitalismo sobre el bloque socialista del Este europeo y en el contexto de la aparición de las teorías de la mundialización y el neoliberalismo. Es muy importante esta cuestión, por un lado en lo ideológico, para la crítica de las tendencias que sostienen que “otro capitalismo es posible” y que necesitamos volver al “Estado del bienestar”; y por otro lado en lo político, para comprender la base material de las contradicciones interimperialistas en curso, que no han cesado y que precisamente la crisis capitalista internacional está agudizando.



Ya particularmente en la explicación de la actual fase financiera de la crisis, procede llevar a cabo un estudio de la economía mundial, de los bloques económicos, del papel de la Unión Europea y el de Alemania, del de China, de la situación real de EEUU y de sus consecuencias para su hegemonía dentro del mismo mundo capitalista, del papel del los bancos centrales para dictar las políticas económicas, y en relación con esto, del papel de las divisas como mecanismo de lucha económica internacional con especial atención a la situación del dólar. Estudiar especialmente esto último se hace tanto más necesario por cuanto surgen cada vez más voces que anticipan un escenario de guerra de divisas como próxima fase lógica –en lo estrictamente económico- del desarrollo de la actual crisis sistémica.

Pero si de guerras hablamos, ni que decir tiene que se hace necesario el estudio de la situación económica mundial y de sus diferentes bloques por su relación con la persistente y creciente inestabilidad bélica que vivimos. Al respecto, en nuestras Tesis hablamos de que las actuales guerras no se limitan a ser una reedición de las coloniales de antaño, propias de un sistema que busca expandirse. Afirmamos que las actuales tienen mucho de guerras de desestabilización para prolongar hegemonías –la de la potencia dominante estadounidense principalmente- puestas en cuestión por actores varios. Evidentemente esto enlaza directamente con la parte dedicada al análisis geoestratégico en el apartado III.

Somos conscientes, pues, de que este apartado estará abierto a muchas contribuciones de estudios económicos concretos y detallados de actualidad. También, cómo no, será en este apartado donde tenga cabida el estudio de la formación económica española incluyendo su dimensión social. Este es un apartado que ya está siendo objeto actualmente de un trabajo de selección de contenidos (libros, artículos, conferencias, programas de televisión, etc.) incluyendo una extracción de datos e indicadores objetivos que necesitamos conocer, incluso más allá de las posiciones ideológicas y políticas de quienes expresen dichos contenidos. Seguidamente nos limitamos a ofrecer, por un lado, unos “clásicos” que nos parecen fundamentales en línea con lo expresado al principio de este apartado; por otro, unos textos más modernos por el interés de los datos que brindan. También aportamos unos links que sirven para ir edificando una base para el trabajo de investigación-selección en el campo económico-social en la idea de apoyar al grupo de formación en el “relleno” de este apartado con nuestra recomendación de priorizar el criterio de selección de temas expresado más arriba.

De momento, avanzamos unas primeras sugerencias:



  • De El Capital, capítulos de mercancía y valor. Función del crédito y del dinero. Historia de la acumulación (acumulación originaria).
  • El imperialismo, fase superior del capitalismo, de Lenin
  • El capitalismo financiarizado, de Costas Lapavitsas. Es una aproximación, desde una perspectiva marxista, a los debates presentes y a la evolución del capitalismo financiero; aunque, por corto, se echa en falta profundizar en algunos temas.
  • Diccionario de Economía Política, de varios autores soviéticos. Sigue siendo un interesante breviario de conceptos y categorías de partida, una vez extraído todo lo referente a la economía del bloque socialista ya inexistente, y si se tiene en cuenta que no puede dejar de ser incompleto, pues dada su fecha no recoge nada de los cambios en el mundo capitalista en las últimas cinco décadas. Aparte de disponer de una edición de bolsillo, lo podemos tener en: http://www.eumed.net/cursecon/dic/bzm/index.htm
  • Capitalismo y economía mundial, de Xavier Arrizabalo. Está plagado de citas y con números y tablas esclarecedores que afrontan los problemas fundamentales de la economía capitalista contemporánea (UE, financiarización, deuda externa...) desde una perspectiva marxista y abiertamente militante. Si bien cuenta con algunos límites, como el hecho de diluir las contradicciones interimperialistas dentro de Europa y entre Europa y EEUU, así como una crítica excesiva y unilateral de la URSS que no puede ser bien recibida por muchos de nosotros.
  • De El colapso de la globalización (El viejo topo) y La nueva economía política de la globalización (Universidad del Pais Vasco) se pueden extraer artículos concretos e interesantes aunque no concuerden con nuestra perspectiva.
  • Textos selectos de economía y sociedad:



III. Análisis político y geoestratégico.

Ya hemos tratado en nuestra organización la necesidad de hacer un seguimiento lo más concreto y detallado de la evolución de los acontecimientos políticos e internacionales, huyendo de la autosuficiencia y de la pretensión de resolver la cuestión con frases generales y meramente descriptivas. Lejos de eso, hemos de tener en cuenta los datos reales y no forzarlos para que satisfagan esquemas previos. Sólo así estaremos en disposición de hacer análisis y editoriales que susciten el respeto y la seriedad, lo cual hoy cobra mayor peso dada la “desideologización” imperante. Y lo que es aún más serio: si no sabemos en qué estado real se encuentra la diversidad de fuerzas y “actores” políticos y sociales, no podremos llevar a cabo consecuentemente nuestras labores de dirección en el proceso de mejora de nuestra relación de fuerzas; proceso que, como hemos declarado en nuestras Tesis, no incumbe sólo al plano estrictamente revolucionario.

Esto es algo sobre lo que tuvieron que alertar muchas veces los fundadores del marxismo. Ahí están las cartas de Engels hablando de la “autonomía relativa” del plano político y ridiculizando esa tendencia a explicar todo lo que ocurre limitándose a invocar el interés material de clase y el plano económico. Y ahí están también los discursos de Lenin cuando, en medio de las gravísimas dificultades de la revolución rusa, tuvo que luchar en el seno de su propio partido para que algunos camaradas no convirtieran todo en frase general.

Precisamente Engels, en una de sus cartas a los dirigentes de su partido, trae a colación, como ejemplo sin par de análisis político, la primera de las obras que ahora recomendamos:

  • Marx: La guerra civil en Francia, El 18 brumario de Bonaparte y La revolución en España.
  • Lenin: “Acerca de la frase revolucionaria”. También seleccionaremos sus discursos y textos estrechamente ligados con los cambios que tuvieron que hacerse en los planos económico y diplomático-militar tras en el contexto de aislamiento internacional de la revolución rusa.

De producción propia recomendamos:


En el ámbito geostratégico se requiere profundizar en la comprensión de la situación de desestabilización internacional que vivimos desde principios de los 90 y, en especial, hemos de prestar una atención prioritaria al análisis de la situación en Oriente Medio con todo el juego de intereses cruzados que allí se da. Se propone de partida el siguiente escrito de producción propia:

  • “Y que los de abajo nos enteremos (la importancia de poner el acento en las contradicciones interimperialistas )”


IV. formación histórica.

Ya hace un tiempo, integramos en nuestra línea política de intervención la necesidad de no quedarnos en tesis meramente anticapitalistas; y recordamos que el proceso revolucionario que tenemos pendiente desarrollar en nuestro marco estatal de actuación no parte de cero, por lo que hemos de asumir y asimilar la obra revolucionaria hasta aquí acumulada. A partir de ahí, no sólo hemos de conocer las experiencias históricas que conscientemente se incluyeron en la revolución socialista, sino también la de otros procesos de liberación antiimperialista. Incluso debemos estudiar procesos revolucionarios de otros periodos históricos. Por supuesto que hemos de conocer la última gran experiencia de proyección revolucionaria con carácter de masas que se dio en nuestro marco estatal, y que fue abortada a partir del golpe fascista del 36. Más aún, se trata de ampliar ese conocimiento al mucho más extenso de la propia historia de la formación social del Estado español a fin de comprender desde la raíz las peculiaridades con que nos encontramos.

Todo ello es especialmente pertinente para comprender la problemática del “acceso” a la revolución por el socialismo y de su construcción; y antes de eso, para estudiar cómo los procesos insurgentes se han enfrentado realmente al reto de superar la correlación de fuerzas con respecto al poder establecido y se han aprovechado de las debilidades y contradicciones de este. En definitiva, es muy necesario tener en consideración este apartado que aborda el conocimiento de los hechos históricos revolucionarios ya que, en definitiva, y tal como dijimos en las penúltimas jornadas de formación, si el reto es disputar el poder, qué menos que saber cómo se ha disputado realmente en la historia y qué problemáticas han surgido en la práctica tanto para su mantenimiento como para la construcción del socialismo.

Con respecto al estudio específico de la historia de nuestro movimiento, no nos limitaremos a ensayos de autores del campo revolucionario como la obra de Trotski acerca de la revolución rusa. También utilizaremos determinados estudios de la historia del socialismo haciendo abstracción, si necesario (que lo será), de las opiniones de sus autores, como en los casos de Jacques Droz y Max Beer. Y ni siquiera nos limitaremos a ensayos estrictamente históricos de conjunto. Trabajaremos igualmente testimonios como, por ejemplo, el de Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed, así como documentales, etc.

V. formación en organización.

Uno de los daños colaterales que sobrevinieron con la crisis histórica de nuestro movimiento es el de la negación de la organización revolucionaria y de su papel de vanguardia. Nuestra propia construcción organizativa no puede entenderse si no partimos de esa realidad. Hoy se dan mejores condiciones para negar al “quincemismo (des)organizativo” en tanto que negación de la organización.

En cualquier caso debemos afrontar qué ha habido de límites en la propia concepción de la teoría organizativa sintetizada hasta ahora por nuestro movimiento o en su aplicación práctica. No empezamos de cero pero tampoco podemos simplemente copiar lo acumulado por nuestro movimiento. Y no ya sólo porque en cada sitio haya que aplicar de forma creativa un fondo común universal, sino porque hemos de enriquecer la teoría de la organización desde un punto de vista universal.

En nuestro propio marco organizativo en construcción, modestamente y muy atentos a la propia maduración interna, hemos lanzado una serie de ideas y tesis adaptadas a los objetivos que nos hemos ido marcando como línea revolucionaria de intervención, siempre conscientes de que no nos bastaban las frases generales lanzadas por aquellos compañeros de otras organizaciones que se consideraban ya el partido. Así comenzamos a hablar de la dualidad organizativa como fórmula necesaria para desarrollar la inserción revolucionaria (y preservarla sin caer en el aislacionismo) en un medio afectado por una crisis sistémica que era de proyección revolucionaria -en la medida en que el sistema no podía satisfacer a muchos sectores movilizados al mismo tiempo- pero también en unas movilizaciones anti-austeridad que, sin embargo, no se insertaban real y explícitamente en una estrategia revolucionara por el socialismo, alargando la hegemonía del reformismo y, posteriormente, alimentando el oportunismo electoralista desmovilizador.

Al tiempo, ha habido un proceso de discusión ya propio del plano mas militante acerca de la propia necesidad del partido, y en relación con esto hemos avanzado que, sea como sea, ni podemos ser un partido de cuadros que “se quede a cuadros” por no saber relacionarse con las masas y sus diferentes planos de conciencia, compromiso y movilización, ni podemos tampoco ser un partido que “se quede partido” entre las masas precisamente por querer hacer un partido de masas buscando crecer como sea. Y hemos debatido esta cuestión comprobando otras experiencias que caían en eso, más allá de algún que otro éxito coyuntural de crecimiento que se convertía después en fracaso. Teniendo en cuenta todo ello, no hemos esperado a estar todos de acuerdo en cómo debe ser el partido para acordar que en todo caso la incorporación al mismo ha de ser un proceso de llegada y no de partida y no perdiendo de vista que para poder sumar lo primero que hay que saber es restar. Pero como no hay nada que no se pueda malinterpretar (asunto que trataremos en los límites de toda teoría) últimamente hemos tenido que precisar que, a su vez, es obligación de la organización saber restar a fin, por paradójico que pueda resultar, de sumar en otro plano.

En toda lógica, este tema hemos de ligarlo a la necesidad de avanzar en la puesta en marcha de mecanismos adecuados (y hasta preventivos) para una correcta resolución de los inevitables conflictos que surgen en toda organización. Y que no deben sólo responder –y he aquí la cuestión no fácil de comprender- a la necesidad de preservar el plano organizativo propio, sino que también deben servir para la mejora de la correlación de fuerzas con respecto al enemigo; algo que, como en Red Roja ya hemos hecho tesis, implica más planos que el estrictamente militante nuestro. Y es que nuestra capacidad de liderazgo y de influencia política también dependerá de cómo sepamos tratar correctamente las contradicciones organizativas que surjan.

Tras un periodo largo de acompañamiento de las luchas en lo que denominamos marcos de actuación, donde se ha trabajado mucho más la influencia política que el propio desarrollo interno de la organización, ya últimamente se está poniendo el acento principal en el desarrollo organizativo propio, con planes de potenciación de la organización que tienen que ir mucho más allá de lo coyuntural. De hecho han de responder a los objetivos revolucionarios de conquista de poder (que no pueden compartir ilusionismos “ambientes”) y a la necesidad de tener en cuenta en el presente el tipo de régimen de contrarrevolución preventiva con el que nos encontramos. Así, tanto para los objetivos externos (al servicio de la lucha de clases), como para los objetivos internos, venimos acordando la necesidad de forjar una organización lo más “profesionalmente revolucionaria” posible que, en definitiva, debe perseguir forjar cuadros revolucionarios profesionales. Tal es la necesidad de ello que, ante la contradicción actual entre las necesidades organizativas y el grado de compromiso militante realmente existente, hemos de plantear la necesidad de profesionalizar al máximo nuestra labor sin esperar a que seamos profesionales de la revolución. Y esto implica entrar en unos detalles sobre el modo de trabajar y acerca de las tareas propias de un militante que la formación no puede dejar de considerar de forma prioritaria.

Dado el particular camino que seguimos en nuestra construcción organizativa, es normal que tampoco en este terreno nos baste con generalidades acerca de lo que es un partido, del centralismo democrático, etc. Pero, desde luego, lo que podamos sintetizar como tesis adaptadas a nuestra realidad no es comparable a toda la teoría universal acumulada ya. En consecuencia, formarse en organización implica necesariamente conocer el tesoro acumulado (sin parangón) por el movimiento revolucionario en general y en particular por el movimiento comunista. E implica también estudiar la teoría al respecto y ponerla en relación con la propia síntesis de tesis, ideas-fuerza, etc. que nos vemos obligados a realizar para cumplir el objetivo mayor que supone garantizar la intervención autónoma de la línea revolucionaria en la lucha de clases tal como se está desarrollando.

Por todo lo anterior, proponemos considerar los siguientes subapartados dentro de la formación en organización:

  • Historia de las organizaciones.
  • Debates organizativos debidamente contextualizados.
  • Conocimiento de la línea organizativa que estamos sintetizando.

VI. formación “ideológica”

La organización no sólo debe concebirse como mero instrumento para la lucha de clases. Quedarse en ese único aspecto –sobre todo, cuando se olvidan los objetivos estratégicos- alimenta el peligro del pragmatismo y el utilitarismo. También debe entenderse como marco de superación militante. Ello implica un proceso de “deconstrucción” ideológica frente a la educación que el sistema, en toda su complicación, nos imbuye. Hablamos de “complicación” porque a menudo muchos factores reproductores de la ideología dominante no son conscientes ni de su papel ni de su imbricación en el sistema de propaganda de la división en clases, y nosotros mismos nos podemos ver inmersos en “terreno enemigo”.

En este apartado de la formación se incluye el acceso a la cultura y el arte de proyección revolucionaria, que no son precisamente impulsados por los aparatos de propaganda y de (de)formación del sistema.

En línea con lo que ya recogíamos en nuestras Tesis, la organización ha de ser además marco y motor que impulse la superación de los necesarios procesos de contradicciones que se plantean a la humanidad desde un punto de vista histórico. Esto va más allá de la superación de la contradicción capital/trabajo huyendo de todo etapismo del tipo: “esa contradicción, por ejemplo la de género, la afrontaremos cuando se haya resuelto primero esta (la de capital-trabajo)”.

Una de las consecuencias más inmediatas de la formación en este apartado específico es el avance sustantivo en todo lo referente a la propaganda. Sobre este particular, hemos de profundizar en el concepto de superación que el marxismo desarrolla, que no es sinónimo de simple destrucción de todo lo anterior –su incomprensión ha causado verdaderos problemas en la historia del proceso revolucionario mundial- sino que implica reconocer todo lo que de elevado han generado los modos de producción anteriores al socialismo, así como lo que las sociedades burguesas, en su heterogeneidad, han desarrollado en el plano de las ideas y de la intelectualidad, etc., por más que no respondan a una concepción de conjunto que compartamos.

Dado el inmenso campo que abarca este apartado, no iremos más lejos de la exposición de intenciones que se acaba de hacer, en espera de una próxima reunión del grupo de formación en la que se precisarán y concretarán las líneas reflejadas aquí y se confeccionará un plan de trabajo.



ANEXO

FRIEDRICH ENGELS. CARTA A CONRAD SCHMIDT (5 de agosto de 1890)

En general la palabra “materialista” sirve a muchos escritores recientes en Alemania como simple frase con la cual se etiqueta todo tipo de cosas sin estudiarlas más profundamente, pensando que basta con pegar esta etiqueta para que todo sea dicho. Ahora bien, nuestra concepción de la historia es, ante todo, una orientación para el estudio, y no una palanca que sirva para realizar construcciones tal como hacen los hegelianos. Hay que reestudiar toda la historia, hay que someter a una investigación detallada las condiciones de existencia de las diversas formaciones sociales antes de intentar deducir los modos de concepción políticos, jurídicos, estéticos, filosóficos, religiosos, etc. que les corresponden. Sobre este punto, no hemos hecho hasta ahora que muy poco, porque poca gente se ha puesto seriamente manos a la obra. Sobre este punto, tenemos [se refiere al Partido Socialdemócrata Alemán] necesidad de una ayuda en masa; el dominio es vasto, y aquel que quiera trabajar seriamente puede hacer mucho y distinguirse. Pero, en lugar de esto, para un gran número de jóvenes alemanes las frases vacías sobre el materialismo histórico (todo puede precisamente transformarse en frase) no les sirven nada más que para hacer lo más rápidamente posible de sus propios conocimientos históricos relativamente escasos –¿no se encuentra todavía en mantillas la historia económica?- una construcción sistemática artificial e imaginarse enseguida que son unas potentes cabezas pensantes.



(…) Usted que ya ha hecho realmente algo, usted habrá notado ciertamente cuán pocos son los jóvenes literatos adheridos al Partido que se esfuerzan en estudiar la economía, la historia de la economía y la historia del comercio, de la industria, de la agricultura, de las formaciones sociales. ¿Cuánto no conocen del Moro (Marx) más que su nombre? Es la suficiencia del periodista que debe resolver todas las dificultades, ¡y así son los resultados! A veces podría decirse que estos señores creen que todo vale para los obreros. Si estos señores supieran cómo Marx consideraba que sus mejores producciones no eran todo lo buenas que se requería para los obreros y cómo consideraba un crimen ofrecer a los obreros cualquier cosa que estuviera por debajo de la perfección!

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