martes, 10 de mayo de 2016

“El Cóctel de la verdad” (A Cipriano Martos). Maité Campillo (actriz y directora de teatro)

Cipriano Martos (militante del PCE (ml)-FRAP)
Sus ideas fueron silenciadas con una bebida letal,  método de tortura importado por la CIA?:  salfumán y gasolina,  “el cóctel de la verdad”.


Año 1973,  hacia los últimos culatazos de una resistencia sin final, el aceite de ricino degollando intestinos había quedado obsoleto...)  ¿Empezaba la Guardia Civil a
“mostrar” un talante más acorde en vistas a la sucesión?.  ¿De quién partió la idea ‘de cambio’ del tradicional método represivo por los esbirros:  aceite de ricino,  a salfumán y gasolina?.  ¿Existían tales órdenes por los servicios secretos entorno a Alemania,  EEUU,  y hasta la propia UNESCO,  de “moderar” los métodos de estrangulamiento,  y “alejarse” del tradicional fusilamiento que partió la historia en dos?.  Lo que al dictador le permitió una mayor expansión y mucho más poder represivo hacia el escarmiento final contra las “hordas rojas”,  de sus días en la tierra de los vivos.  Abriendo cómodamente portones,  compuertas y ventanas soterradas sobre una “paz” de sangre,  filtrándose entre mazmorras.  Riadas bajaban desde los montes y encerronas sobre valles atestando cunetas,  uniéndose de forma involuntaria a los combatientes contra la paz impuesta por más de 35 años;  respuesta como guerra antifascista de liberación,  la lucha no cesó. ¿“Últimos” culatazos a la resistencia favoreciendo la represión descarnada,  la trituración de huesos,  la perforación estomacal,  la irradiación de electrodos,  asfixia,  bañera,  barra de hielo,  salfumán y gasolina?.  Se fueron dejando atrás los fusilamientos en masa y pasaron a ser individuales.  Animaba al esbirro y predisponía a tomar calles  arrasando cualquier conato fuera estudiantil,  obrero,  comunista,  anarquista,  republicano... Hoy tu sangre está llamando a cada puerta.  Ayer fuiste lucha,  grito que ensalzo entre líneas.  Ayer fuiste sangre,  hoy el reguero de su estela.  Ayer sudor y lucha,  hoy justicia contra la barbarie.


Salfumán y gasolina.  Quizá un método de tortura importado por la gestapo,  la falange italiana fiel colaboradora,  o aplicado por la propia CIA en Vietnam... Quizá una ocurrencia de los cerebros de charol,  un invento franquista de amplias redes residentes tras la posguerra,  o del propio sargento del cuartelillo de Reus... “quizá”.  Fue un día 17 del mes de septiembre.  Cuando al joven obrero Cipriano Martos le arrancaron la vida y dejaron sin sonrisa.  Su futuro de esperanza quedó abolido,  como había quedado la república y con ella la libertad.  Al igual que a otro joven militante vasco,  lo destrozaron a palos hasta dejarle sin un halo de vida;  a Joseba Arregi,  en otro siniestro cuartel.  Sin olvidar a José Delgado “ACERO”,  primera victima militante del PCE(ml);  ni a  Joxu y Zabala,  masacrados salvajemente en el cuartel de Itxaorrondo,  enterrados en cal viva.  A Puig Antich estrangulado a garrote vil,  pese a no quedar clara la muerte del policía de la que le acusaban (por estar implicados números del propio cuerpo represivo.)  Muertes que han ido apuntalando la historia,  dura conclusión que lo evidencia.  ¿Reflejaban éstos últimos métodos la “necesidad de cambio”?... se respiraba tras el ajusticiamiento de Carrero Blanco,  algún tipo de halo interno “liberal-aperturista”?... se diferenciaba algo Arias Navarro como sucesor de Carrero,  del gobierno del PSOE con los GAL?.  Y hoy tu sangre Martos… hoy tu sangre se convierte en un cuchillo.  Que romperá las cadenas y abrirá nuevos caminos.

Recuerdo una de las mejores películas de Pilar Miró “El Crimen de Cuenca”,  donde la tortura sádica de la Guardia Civil queda reflejada en la memoria de los que algún día la padecieron,  llevaron al Cuartelillo por “sospechas y les dieron el “paseo” o formaron parte de las sacas,  incluso de los que han pasado cerca del portón por donde asoma el tricornio del terror,  pánico,  todo miedo.  Los viví pisando nuestros movimientos de familia,  sufrió sus envestidas.  En el libro “Incomunicado”,  que próximamente saldrá a la luz,  relato hechos reales sobre la represión y torturas que sufrió a manos de los cuerpos represivos
franco-españoles (biografía sobre Ángel Campillo,  cofundador y dirigente del PCE(ml) -FRAP,  mismas organizaciones a las que perteneció Cipriano Martos),  hijos ambos de familias campesinas marginadas… Ayer fuiste obrero Martos,  hoy estandarte de tu clase.  Venganza en nuestros puños,  que no creen en la derrota.   Emigración y exilio,  huyendo de la miseria y del terror que la amparaba,  e impuso como forma de vida reacción y lucha.  Cipriano Martos trabajó como muchos jóvenes de la época,  de jornalero  en  las minas de Teruel y fábricas de textil de Sabadell y Terrassa,  finalmente como obrero de la construcción en Reus.  Su actitud ante las injusticias le curtió en conciencia,  la que le motivó aptitudes revolucionarias,  como sindicarse en la OSO (Oposición Sindical Obrera),  unirse a otros grupos a través del FRAP como fuerza de choque antifascista y militar en el seno del Partido... Ayer amor,  hoy viento,  armazón de hueso acreditando historia.

Agosto de 1973.  Martos es detenido junto a otros compañeros por la Guardia Civil de Reus,  justo en la puerta de la empresa donde trabajaba de encofrador y llevado al Cuartelillo.  Ahí empezó su calvario de torturas,  el día 27 le metieron en el estómago un cóctel de ácidos con gasolina.  A pesar de ser atendido por varios médicos en un hospital “para pobres”,  su cuerpo no aguantó más allá del 17 de septiembre;  mientras los asesinos se paseaban triunfantes como en el 1939,  por las calles de Reus.  La madre, de Cipriano Martos,  suplicando de rodillas y llorando ante los guardias (para que le dejaran ver a su hijo.)  Patadas como respuesta,  burlas e insultos recibió,  como a tantas familias durante años y años en todos los pueblos oprimidos por la mima negra montura;  y es que “patria”,  sintetiza tiza y pizarra ondeando la raíz,  no fusta,  calabozo y crimen. Este es el fascismo que quiero denunciar,  el de ayer,  el de hoy.  El que colabora en la destrucción del planeta fomentando cementerios y no un escenario de arte donde la vida se desarrolle en ventana abierta.  Y no como tropas de exterminio. 

No,  Cipriano Martos no era un poeta,  ni era escritor,  no era un pintor... Pero fue un artista por igual,  del arte ideológico de la militancia,  en la lucha directa por la libertad y justicia social,  y en el arte del puño que sabe empuñar algo más que un objeto por bandera.  Martos no era un “político” ni sindicalista “liberado”.  No,  no era un vividor del sistema,  y mucho menos un acomplejado como clase.  Por el contrario era orgulloso como militante,  persona comprometida en aquellos años (donde sí podemos hablar de militancia.)  Donde el fervor y conciencia se resumía en la entrega incondicional y te la jugabas al hacer una simple pintada o ondear una bandera.  C. Martos,  “simplemente” era un obrero militante sin parangón hoy,  con una dignidad inquebrantable que no debemos olvidar,  un obrero que luchó como un paria hasta morir perforado y reventado por los cuerpos represivos,  un mes de septiembre,  dos años antes de la muerte del dictador. 

Luchador de temple y acero,  el que supo forjar en tajos,  talleres,  minas,  fábricas como pueblo concienciado,  en cada uno de sus pasos y en el sudor de su frente.  Obrero que el fascismo convirtió en héroe de su marginada clase,  prevalecerá en la memoria de los que no olvidan,  militantes de ella.  Reto contra el silencio absoluto que pretendió silenciar su muerte;  roto por una de las organizaciones encuadradas en el FRAP,  la Agencia de Prensa “España” Popular (APEP),  que lo expandió por toda Europa  *El Consulado franquista de Hendaya fue atacado días después,  sobre el que se arrojaron botellas con pintura roja y se hicieron grandes pintadas de ¡Asesinos!.


NOTA
Leo con repudio lo que de historia franquista cae en mis manos.  Imagino el odio de los hermanos del mundo ante la patética manipulación de nuestra histórica antifascista.  ¿Qué pensarían las brigadas internacionales de entonces,  de este contexto político-ideológico de trineos de una historia falsificada en democracia?.  Conciliadora con los asesinos,  de la patética historia,  sobre la que un día sabremos remontarnos con heroicidad.  Que nuestra dignidad se imponga (la libertad de los nadie),  base de vida sobre la sombra servil.  Hilos de ajuste.  Rapiña contra la soga del pozo por donde emana tu libertad,    portal del sueño por donde desfila mi calle.  Grita el vértigo que siembra el acoso;  a lo lejos veo un bohío:  rumbo abierto,  el panteón es una losa demasiado pesada.  ¡Oh,  artista de la palabra,  comprometidos poetas,  militantes internacionalistas del grito que no cesa,  frentes despejada de la bahía al cerro,  fortaleza en historia y más que despierta la sonrisa a la vida,  la saludo en desarrollo de esperanza sobre el camino de piedras.  ¿Dónde los que luchan que el árbol impide que yo te vea?... dónde el bosque de los poetas y educandos inspiradores de ciencia y arte,  dónde el universo de estrellas que mis manos no son tan poderosas para levantar ni a la una ni a las dos la tormenta que anida en mi sus vidas;  textos,  libros,  obras de amor y lucha,  pasión en lazo de amistad,  internacionalismo, complicidad y estela que de ellos queda como semilla,  Nicolás Guillen,  por ejemplo (para más señas),  entre otras patrias donde mirarse. 

El camino es largo pero no me cuesta apartar la maleza,  no sirvo para ser sólo piedra,  soy canto que suena y rueda.  Y,  sé,  lo sé,  no tengo remedio,  soy ortodoxa.  Por ello es que pregunto tanto como los mil,  y un millón de besos,  van volando a reunirse con el verso monte a monte,  ¿libertad,  quién trabaja para hundirte?.  Aún no está zanjada la esperanza,  el internacionalismo rezume sobre las aguas del Volga,  y salta a la Plata,  gota a gota sobre la estela d' Ernesto Guevara,   inseparable de nuestra historia universal revolucionaria.  Y es que hay “líderes” que viven a costa de la historia que tergiversan,  e historia preñada de verdaderos líderes y mártires que se silencia.  Firme ‘la guerrillera’ se aferra a los que aman.  Contra “diarios” y delirios de grandeza que reflejan esclavizando a los seres que luchan.  Embravecida ‘la guerrillera’ avanza contra los que acorralan a su clase como legión esclava,  globalizando la pobreza sobre el planeta al borde del apocalipsis,  intimidando sueños de libertad. 

Sí,  Cipriano Martos fue y es potencia humana,  realidad histórica como parte del misterio de los sencillos,  que le apuntaló libre e independiente de jurar banderas homicidas;  contra la metamorfosis oscurantista del imperio de la muerte y sus acólitos hoy dueños de “Europa”.  Y hasta pueda que algún día no podamos cerrar los ojos,  ante posibles evidencias,  y la azada sirva más que para la cosecha.  Mientras tanto y a pesar de los pesares,  llueve.  Mi cuerpo se dilata en fibra ante cada minuto de triunfo que aviva la esperanza.  Vibra ante la rehabilitación de la historia y ante la tumba de los que precedieron tu libertad.  Interpretando la lengua de las mariposas puedo decir,  que la última palabra está en manos de los que luchan y sus labios gritan,  ¡otro mundo es posible!. 

PD.

Miguel Buñuel,  de Teruel,  militante  PCE(ml)-FRAP (fallecido en 1980.) Escritor especializado en literatura juvenil,  es autor de “El Desaparecido” escrito en septiembre de 1978,  en memoria de Cipriano Martos:

Frío.  Oscuridad de mina de lignito.  Ni el menor asomo de luz.  Ni de sol, ni de carburo.  Contengo la respiración,  los latidos,  y tan sólo escucho el silencio,  como un grito.
Quiero mover los dedos de las manos,  de los pies.  Quiero mover las muñecas,  los tobillos,  el espinazo.  Quiero mover las caderas,  la cintura, el tronco,  el cuello,  la cabeza.  Y no puedo.  ¡No puedo!
Estoy atado a un sillón monacal,  desde las uñas de los pies a la punta de los tobillos.
En mi cuerpo desnudo siento en toda su extensión el pálpito de las heridas abiertas,  de las quemaduras infectadas, de los moratones tumefactos y, por dentro,  el crujir de huesos rotos y el derrame de vísceras desgarradas.
Quiero abrir los párpados.  Quiero despegar los labios.  Y tampoco puedo. Están pegados.
Resoplo por la nariz y suena como el llanto de un niño.  Y escucho estruendo de carcajadas.  Y un grito:
¡Basta!
Y una voz imperativa de mando,  más imperativa y de mando que en días anteriores:  ¡Quitadle los esparadrapos!
De un tirón,  me quitan el esparadrapo de la boca,  y los labios,  ya despellejados,  vuelven a rezumar sangre.  De un tirón me quitan el esparadrapo de los ojos,  y me arrancan las últimas pestañas y las legañas purulentas.  Luz.  Sólo luz que me hace cerrar apretadamente los ojos.  Mil vatios han penetrado en la retina,  hundiéndose en un abismo negro. Por enésima vez.  Y para mí nueva voz imperativa demando:  ¡Despertadle!
Una ducha de agua helada cae sobre mi febriciente cuerpo desnudo. Tirito.  Mis dientes castañetean.  Y siento la médula congelarse en un resquebrajamiento de huesos.  Abro los párpados y vuelvo a cerrarlos.  Me colocan unos aros oculares que fuerzan tener los ojos desmesuradamente abiertos.  Son dos brasas.  Ardiendo.
Y la voz ultraimperativa de mando:  ¿Tu nombre?
Y mi boca seca,  sin el menor rastro de saliva,  contesta como el muñeco roto de un ventrílocuo.  Vuelve a pronunciar la misma cantinela de un día.  Y de otro.  Y de otro.  Y de otro… Cipriano Martos Jiménez.
¿Natural?
Huétor-Tajar, Granada.
¿Nacido?
Cinco de julio de mil novecientos cuarenta y cinco.
¿Hijo de…?
Cipriano y Manuela.
¿Residencia?
Reus.
¿Domicilio?
Calle Catorce de Abril,  número tres.
De la luz,  vino el rayo de un puño que me aplastó el mentón.
¡Esa calle no existe!  ¡Ni en Reus,  ni en ningún lugar de España!
En Reus si existe,  en los barracones de la Osa Menor,  en la prolongación de la avenida del general Prim.
¿Profesiones que has tenido,  si es que has tenido alguna?
Jornalero en la vega granadina de Huétor-Tájar. Minero en Castellote, Teruel.  Y albañil,  aquí en Reus.
¿Por qué dejaste el campo?
Porque cuando volví a mi pueblo,  después del servicio militar,  no encontré trabajo.
¿Dónde hiciste el servicio militar?
En Sevilla.
¿Jurarías bandera, por supuesto?
No.  Otro puñetazo,  salido de la luz,  se incrustó en mi pómulo izquierdo.
¿ Y eso?
Estaba en el calabozo.
¿Por qué?
Porque le dije al capitán que así como mi padre juró la bandera republicana,  yo sólo podía jurar esa bandera y no otra.
Una bota zigzagueando desde la luz,  me golpeó el esternón.  Dejé de respirar.
¿Y cómo te hiciste minero?
Silencio.  Seguía sin respirar.  Y la voz imperativa de mando gritó.
¡Contesta!
Y una mano enguantada me abofeteó repetidamente:  uno dos,  uno dos, uno dos…  ¡Refrescadle!
De nuevo la ducha helada cayó sobre la caliente desnudez de mi cuerpo en llaga viva.  Respiro hondo. Tirito. Tartamudeo:
Me.. me… me hice minero por… por… porque otros de mi pueblo se hicieron … Tra…tra…trabajan en las minas de lignito del… del …del Bajo Aragón.
¿Y por qué dejaste de ser minero?
Por establecer la OSO en toda esa comarca minera…
¿La osoqué?
La Oposición Sindical Obrera.  Contra los Sindicatos Nacionales,  contra las Leyes Fundamentales del Reino…
¿Te das cuenta,  muchacho,  que eso es una ilegalidad como una catedral? ¿Y cuándo fue eso?
En mil novecientos setenta.
¿Y cómo fue venir a Reus?
Por otros paisanos andaluces mineros.
¿Mineros de dónde?
De Utrillas o de Escucha o de Andorra o del propio Castellote,  en cuyas minas trabajaba.
¿Nombres?
Ninguno.
Unas barras de hierro,  a diestro y siniestro,  empezaron a golpearme los codos,  las rodillas,  los tobillos.
¿Nombres?
¡Ninguno!
¡Basta! -y dejaron de golpearme-.
¿De dónde venías la madrugada del treinta de agosto del presente año de gracia de mil novecientos setenta y tres,  cuando te detuvieron?
Del tajo.
¿A las tres de la madrugada?
Estrapalucio de carcajadas:  ¡Ja -ja-ja…aj-aj-aj...!
¡Silencio! ¡Responde,  muchacho!
Tuvimos que rescatar a varios compañeros que habían quedado atrapados por corrimiento de tierras en las cimentaciones.
Sin contemplaciones,  quiero nombres,  nombres no sólo de los que componen contigo la ilegalísima Oposición Sindical Obrera,  también tu partido comunista marxista-leninista,  nombres y direcciones de Reus,  de Barcelona,  de Madrid y de donde sea… ¡Y ya! ¡Ya!
¡Ninguno!
Sombras encapotadas,  coronadas por tricornios,  agitándose.
Pero -voz imperiosa de mando aflautada- este muchacho está fresco, totalmente fresco ¿Qué medidas le habéis aplicado para que confiese?
Todas las habituales.
¿Corriente eléctrica en los testículos?
Sí,  por supuesto.
¿Púas de acero por debajo de las uñas hasta el metacarpo?
Sí,  por supuesto.
¿Soplete en las tetillas y a discreción?
¿Y cuántos días lleváis así,  sin el menor resultado?
Desde la detención, el treinta de agosto,  hasta hoy,  diecisiete de septiembre.
¿Habéis probado con “el cóctel de la verdad”?
No.
¿A qué esperáis?  ¡Traed el vitriolo!
Inmediatamente me desataron la frente del respaldo del sillón monacal, arrancándome muchos cabellos.  Y me doblaron la cabeza,  mirando al techo.  Uno me apretó con sus dedos enguantados las narices y otro me abrió la boca con unas tenazas de acero,  las que usan los otorrinolaringólogos para operar las amígdalas.
Y un chorro continuo de ácido sulfúrico penetró en mi boca como una espada de fuego que me atravesó de la garganta al recto.
¡Basta!,  y el que sujetaba la botella del vitriolo fue empujado a un lado.
Danzan negros tricornios charolados.  Por mi boca sale espuma del mar Mediterráneo.   Danzan capotes verdosos cubiertos de rocío de sangre. ¿Dónde el verde viento,  las verdes ramas?  ¿Dónde el barco sobre la mar y el caballo en la montaña?  ¿Dónde mi Huétor-Tájar de Granada?… 
Grito: 
¡Nunca me arrancaréis mi alegría y mi persona!
La voz ultraimperativa de mando chilla:
¡¿Nombres y direcciones?!
Silencio. 
Alguien se acerca.  Siento su cabeza,  su oído pegado a mi pecho.  Se yergue y exclama:
Este muchacho ha muerto.

Maité Campillo (actriz y directora de teatro)

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