jueves, 11 de febrero de 2016

Trincheras de Ideas ¿Socialismo, socialdemocracia o simplemente capitalismo?. Humberto Gómez García

La crisis que estremece el país, la intensa lucha de clases que la burguesía le ha declarado al pueblo y que la vivimos diariamente ha puesto en juego la confrontación de los modelos, el que se impulsa desde el gobierno revolucionario y que se asume en vías hacia el socialismo, el que preconiza la derecha contrarrevolucionaria de volver al capitalismo salvaje o neoliberalismo, mientras coexisten formas capitalistas, con mucho poder pero muy debilitadas, junto a las socialistas que se traducen en significativas obras y logros sociales. La confrontación de los dos modelos no es un debate académico, que se produce en conferencias, donde las posiciones se exponen razonadamente, como programas por los cuales se va a luchar o están en desarrollo como la propuesta socialista. Se debate en medio de la guerra económica, psicológica, en el marco de la lucha social y eso le da un dimensión muy significativa a esa lucha.

Cuando se hace un balance de los 17 años que lleva la Revolución en el poder y sus logros fundamentales, ¿dónde se insertan esos logros, en el capitalismo, dentro de la socialdemocracia que presuntamente gobernó de 1958 a 1998, o son formas y logros socialistas de un peculiar socialismo? Si, por ejemplo, se han construido un millón quinientas sesenta y ocho mil viviendas (548.000 construidas en el gobierno del comandante Chávez más 1.020.000 construidas en el gobierno de Maduro), sin incluir la entrega de cerca de 200.000 unidades de la llamada vivienda secundaria (casas y edificaciones viejas adquiridas por el gobierno y entregadas a familias necesitadas). A ello habría de considerar las más de ciento veinte mil viviendas construidas por la Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor y las refaccionadas por estas mismas instancias sociales y no incluidas en esta cuenta. Si sumamos las viviendas construidas y las entregadas tenemos una fabulosa cifra de un millón setecientas sesenta y ocho mil (1.768.000) que ha beneficiado a un promedio de siete millones setenta y dos mil personas (7.072.000) (un promedio conservador de 4 personas por familia)

Centrémonos en el aspecto de la vivienda con una pregunta sencilla: ¿Esa es una política socialdemócrata o socialista? ¿Pudo la socialdemocracia o el socialcristianismo que gobernó durante 40 tortuosos y sufridos años a Venezuela presentar un saldo semejante, sacar de la pobreza a una cuarta de la población en tan pocos años como sí lo ha hecho la Revolución Bolivariana?

El enorme salto de calidad en sus vidas que en ese solo aspecto han tenido esos 7 millones de compatriotas beneficiados por una vivienda digna sin dudas se pierde de vista, ya no hay marcha atrás hacia la vida de limitaciones, peligros, pobreza, extrema en muchos casos, pobreza simple en otros, del ayer capitalista que les quitó la esperanza de llegar a tener una vivienda propia porque para ellos, los pobres, los trabajadores, la clase media baja o media no había opciones, no podían pagar una vivienda en el mercado capitalista. La triste experiencia de las estafas inmobiliarias con los llamados créditos indexados y las cuotas balón por las empresas constructoras de no menos de cincuenta mil familias, que ingenuamente entregaron el dinero que les exigían los empresarios delincuentes con sus ofertas engañosas y que al final se perdieron e una masiva estafa; sólo la existencia de un sistema político de corte popular y de un gobierno revolucionario, humanista, justiciero como el del Comandante Hugo Chávez, permitió que esas familias tuvieran sus viviendas, las concluyó el gobierno.

¿Es esa una política socialista o socialdemócrata? ¿Cuál está más cerca del pueblo, de sus intereses y necesidades? ¿Pudo la socialdemocracia y su variante socialcristiana construir en sus 40 años de gobiernos y 9 presidencias presentar un saldo de esa magnitud en los beneficios al pueblo en las políticas de vivienda que pasara de las trescientas mil? Eso se puede contar, hay suficientes estadísticas. Una política de viviendas masivas para el pueblo trabajador no estaba en los planes de las clases dominantes a partir de 1959, cuando comienza a gobernarse con el Pacto de Punto Fijo; en los planes de la apropiación de los mejores terrenos para construir viviendas no entraba el populacho. Para esos millones de campesinos que emigraron del campo buscando mejores oportunidades económicas para sus vidas estaban los terrenos precarios e inestables, los cerros inhóspitos y las quebradas, las edificaciones hechas en terrenos precarios como los bloques de Nueva Tacagua que se hundieron todos, o los conteiner de mercancías convertidos en "viviendas", donde los gobernantes condenaron a malvivir por 25 años a cientos de familias; o los espacios inapropiados del gueto en que se convirtió el Helicoide de la Roca Tarpeya, casi en el centro de Caracas, donde por años subvivieron miles de familias. ¿Cuántas de esas familias tienen hoy una vivienda digna que les entregó la Revolución y apoyan su gobierno y su Revolución?

A nuestro juicio el gobierno revolucionario no le ha sacado todo el provecho político suficiente que tiene la gigantesca política de viviendas para el pueblo dentro de la concepción socialista, dentro de la visión de que la vivienda es un bien colectivo, de la familia y no una mercancía como lo es en el capitalismo. Las cifras que se dan no están completas y hasta creo que se ocultan y que conservadoramente pueden llegar a las dos millones de unidades. Sólo un gobierno revolucionario, con una concepción socialista, podía hacer ese milagro.

A todo eso se agrega que la política de viviendas ha generado una industria descomunal que abarca a un millón de trabajadores sólo en la construcción, no hablemos de las políticas en la siderúrgica para la elaboración de cabillas, las decenas de fábricas de bloques de arcilla y cemento, tabelones, las fábricas de ventanas, puertas, partes eléctricas, ascensores, la industria del cemento. Toda una industria a la que el capitalismo depredador y parasitario le puso el ojo comenzando con la nefasta y maldita ley que hizo el vende patria de Julio Borges y sus facciones políticas como AD, PJ, VP, que a nombre de esa burguesía dizque para titular a los beneficiarios de las viviendas, cuando el objetivo es apropiarse de esa mina que son más de un millón de viviendas ya hechas donde ellos no han puesto sino las críticas, la burla, el desdén y la ridiculización. Esa es la socialdemocracia y socialcristianismo que quiere revivir a expensas, una vez más, del pueblo venezolano. Son los voceros de la banca y los zamuros de la construcción que acechan para revivir los créditos indexados, las cuotas balón y todo aquello que les permita ponerle la mano al esfuerzo de un pueblo y del gobierno revolucionario.

Ya que estamos en una crisis por el agotamiento del modelo petrolero rentista y la guerra económica y se habla de otras alternativas financieras para los ingresos al país diferentes a la industria petrolera, ¿por qué no se adecúa la industria de la construcción también para la exportación de viviendas (petrocasa), la exportación de todas las partes que se utilizan para construir las viviendas del pueblo? Allí está el Mercosur, el Alaba, el Caribe ansiosos de adquirir esos bienes y comprarlos en divisas a un precio justo. De eso no se ha dicho nada, pero ya existe esa industria. ¡Vamos a tomarla en cuenta! Tenemos un poder consolidado en la industria de la construcción, a sacarle nuevos beneficios económicos para salir de la crisis.

El error de la burguesía, de esa oligarquía política parasitaria que quiere apropiarse de las viviendas del pueblo es que se están metiendo tanto con el santo como con la limosna. Están cometiendo el más bárbaro y torpe de sus errores y la marea socialista de la vivienda y el pueblo todo les va a pasar por encima, no van a quedar ni para el recuerdo. 
 
 



 
 

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