lunes, 11 de enero de 2016

Julio Antonio Mella: asesinato de un líder de América Latina10/1/29. Por Rolando Rodríguez y.... Homenaje a Celia Sanchez ...

El 10 de enero de 1929 en México, mientras caminaba junto a Tina Modotti, fue asesinado por órdenes del dictador Gerardo Machado una de las figuras cimeras de la historia cubana.
Después de la huelga de hambre, Mella tuvo que escapar de Cuba y refugiarse en México. Machado lo hubiera mandado a asesinar. En México el cubano se integró a la sección mexicana de la Liga Antimperialista de las Américas, y entró a formar parte de su comité ejecutivo. Entretanto, sus amigos venezolanos Gustavo y Eduardo Machado y Salvador de la Plaza, serían admitidos como integrantes del Partido Comunista mexicano, sección de la III Internacional. Mella no lo podría hacer de inmediato, porque a raíz de la huelga de hambre el Partido Co­mu­nista cubano lo había separado de sus filas por indisciplina, y solo una apelación a la Internacional le permitió más adelante reingresar en el Partido Comunista de Cuba e integrar el Partido mexicano. También el cubano entró en la Liga Pro Luchadores Perseguidos, y en la Liga Anticlerical.

Los venezolanos crearon en tierra azteca el Partido Revo­lucionario Venezolano (PRV) y Mella ingresó en este. La idea concebida por los venezolanos y Mella para dar al traste con la dictadura de Juan Vicente Gómez era organizar la lucha por la vía armada, pero no quedaba ahí: el cubano no abandonaba un segundo el proyecto de lanzarse al combate directo contra Gerardo Machado, y si antes no se le presentara otra oportunidad de entrar en liza contra este, una vez eliminada la dictadura de Caracas todos irían a liberar a Cuba de su régimen oprobioso.

Poco después Mella pasó a formar parte del Comité Central Ejecutivo del PRV. Acorde con las concepciones de la época, el Partido Comunista mexicano aprobaba la doble militancia, en sus filas y en un partido nacional revolucionario. De esa forma aquel joven, carismático y de una lucidez poco común, llegaría a ser no solo miembro del comité central del PRV, sino también del Buró Político del Partido Comunista de México, y cuando Rafael Carrillo Azpeitía, el secretario general de ese partido, tomó rumbo a Moscú para participar en el Sexto Congreso de la Internacional Comunista, Mella lo sustituyó durante varios meses.

A cada momento la figura del líder cubano se iba elevando sobre las fronteras nacionales y se dibujaba en el continente. En julio de ese año, Sandino había retado a las fuerzas invasoras yanquis que habían hollado el suelo nicaragüense con el fin de imponer allí la voluntad golosa del imperio. Mella, desde la Liga Antimperialista, de la que era Secretario Continental, y el So­corro Rojo Internacional, participó en la fundación y dirección del Comité Manos Fuera de Nicaragua (MAFUENIC).

No obstante, derrocar a Gómez continuaba constituyendo el objetivo cardinal del PRV, y para eso se necesitaban armas. Una vez obtenidas, los venezolanos y Mella contratarían una em­barcación y con ellas marcharían a Venezuela, y una vez derrocada la dictadura emproarían rumbo a Cuba con el propósito de echar a Machado del poder. “Nosotros éramos tan cubanos como Mella”, declararía muchos años después Eduardo Ma­chado.

Con el propósito de allegar las armas sus dirigentes tenían contacto con el general Álvaro Obregón, expresidente de la re­pública mexicana y, con toda seguridad, presidente de México en una segunda ocasión. A las entrevistas con Obregón asistió Mella. Al salir de la última entrevista, en la que Obregón les mostró las armas, Mella abrazó a Eduardo Machado. “Ya tenemos las armas”, le dijo, “Venezuela será libre”. Sin embargo, un error del general venezolano Emilio Arévalo Cedeño frustró los planes.

A poco, en febrero de 1927 Mella llegó a Bélgica para participar en el Congreso Mundial contra el Imperialismo y la Opre­sión Colonial, que se celebraría entre los días 10 y 15 de ese mes en Bruselas. Al terminar el congreso Mella fue invitado a viajar a Moscú. Permaneció varias semanas en el país soviético. En Moscú tuvo contactos con representantes de la KOMINTERN, de la Internacional Sindical Roja (participó en su IV Congreso), y de la Internacional Campesina y del Socorro Rojo Inter­na­cional.

El 29 de agosto Mella viajó a Estados Unidos, con la aparente intención de estabilizar su situación económica y una vez encaminado poder llevar junto a él a su esposa. Pero, en realidad, sus planes estribaban en la prosecución de la lucha contra Machado y, para ese fin, guiado por su robusto pensamiento revolucionario, pasó a Nueva York y buscó la colaboración con Unión Nacionalista, aunque supiera que esta organización no trascendía los horizontes liberal-burgueses, pero esta era una fuerza poderosa que hubiera servido de trinquete para hacer caer al régimen de Machado.

Para ese fin, se entrevistó con Carlos Mendieta.

Aquella amplia coalición que Mella pensaba atar para atacar al régimen, estaba perfectamente enlazada en esa fecha con la postura que todavía sostenía la KOMINTERN. La entrevista con el gran colono de Cunagua le costaría a Mella, pocos después, una acusación del italiano Vittorio Codovilla, representante de la KOMINTERN en Argentina, ante el Partido Comunista de México, de que había actuado inconsultamente, sin autorización del partido y era un indisciplinado. Pero el partido mexicano tenía una excelente opinión de Mella, al extremo de que, al ser atacado por Codovilla por su viaje a Estados Unidos, y haber escrito el año anterior la crítica favorable a Trotski en un artículo sobre la crisis de Inglaterra; el partido mexicano dijo que Mella había viajado con su autorización y en el partido no había ninguna corriente trotskista.

Entretanto, la situación en Cuba se iba tornando crítica, y ya entonces el joven antillano, en el que la idea de la lucha contra Machado no cejaba, puso en primer orden el combate por la liberación de la Isla. En los primeros meses de 1928, Mella fundó la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), una organización de carácter democrático y amplio en la cual tuvieron cabida todos los que decidieron plantarle cara a la dictadura cubana, transformar radicalmente la condición semicolonial de Cuba y llevar adelante numerosas reformas sociales.

Mella, en abril de ese año, en su artículo “¿Hacia dónde va Cuba?” publicado en Cuba Libre…, hizo explícita su concepción de que el derrocamiento del gobierno machadista sería por la vía armada y en el enfrentamiento —según proyectaba lo­grarlo— participarían unidos los integrantes de Unión Na­cio­nalista y los obreros. Según sus palabras, había que llevar a Cu­ba por el camino de una “revolución democrática, liberal y nacionalista, ya latente en los hechos”.

Mella, más que talentoso pensador y teórico, fue indiscutiblemente uno de los primeros en echar a un lado las visiones eurocentristas que en ese momento sostenía la Internacional Comunista, y concluir que en el continente no habría liberación social sin liberación nacional.

Cuando Machado en julio de 1928 se proclamó candidato único a las elecciones de noviembre de ese año, Mella vio llegado el momento de poner definitivamente en marcha sus planes. A esa altura, ya había logrado que las armas que Obregón había dispuesto inicialmente entregar al PRV fueran a parar a la lucha contra Machado. Leonardo Fernández Sánchez, su segundo, mu­chos años después afirmaría que disponían de las armas de un alijo primitivamente destinado a la lucha contra Juan Vicente Gómez.

Mientras, en agosto, Mella había viajado en el mayor de los secretos, al puerto de Veracruz para tratar de hacerse de los medios con que transportar la expedición a Cuba. Entonces decidió enviar a Fernández Sánchez a Cuba. El 10 de octubre este llegó a la Isla, con la misión que Mella le había encomendado de establecer contacto con Martínez Villena, el líder del Partido Comunista de Cuba, para lograr la participación de esa organización en el combate venidero. Objetivo primado era también entrevistarse con Mendieta, la figura central de los Nacionalistas, para alinear por fin a esas fuerzas en una carga compacta contra la dictadura.

Pero Fernández Sánchez solo pudo encontrarse con el viejo y noble general independentista Fermín Peraza, en el local del periódico Unión Nacionalista. Trágicamente, en la entrevista participó Rey Merodio, administrador del rotativo y soplón encubierto de la policía. El jefe de la policía secreta, Santiago Trujillo, conoció del hecho y de inmediato puso en conocimiento del dictador Machado los planes de Mella. La noticia selló la determinación definitiva del déspota: Mella debía morir.

Machado buscó a un hampón conservador para armar el asesinato del líder. En persona le explicaría la misión a José Magriñat. Debía aprovechar el contacto que a título de oposicionista había hecho con Mella en México y dirigir la acción de dos sicarios, Arturo Sanabria y Agustín López Valiñas, que serían enviados a México con la misión.

Entretanto, habían llegado noticias de los agentes de Ma­chado en tierra azteca de que Fernández Sánchez había desaparecido de allí y debía estar en Cuba. Leonardo fue capturado el 1ro. de noviembre. En La Habana pasaron días hasta que, por fin, Fernández Sánchez, el 27 de noviembre, luego de múltiples gestiones de familiares con personajes influyentes del régimen, fue expulsado hacia Nueva York, con lo que salvó la vida casi de milagro. En sus apuntes señaló que la policía lo llevó al barco y alguien del propio cuerpo le comentó de un plan para asesinar a Mella. Esa información venía del mismo palacio presidencial. De inmediato, le escribió a Mella para alertarlo. Todavía Leo­nardo volvió a escribir a Mella para decirle que Magriñat había ido a México a matarlo. Esta carta llegaría al D.F. el 11 de enero de 1929, demasiado tarde.

En la noche del 10 de enero de 1929, el joven cubano concurrió a una cantina en la esquina de Bolívar y República de El Salvador, en la que se había citado con Magriñat, porque este le había hecho llegar un mensaje de que quería informarle de un asunto que había conocido en Cuba. Hasta ahí Mella lo había eludido, pues el líder le había comunicado a Fernández Sán­chez, en Nueva York, que Magriñat le parecía sospechoso. Sin embargo, en esa ocasión transigió con verlo quizá para conocer qué podía decirle. Mella no había comprendido que la entrevista era parte de la trampa.

Como Judas con el beso, la compañía del hampón tenía el propósito de identificarlo a los asesinos. Mella salió del lugar y recogió a Tina Modotti, su mujer, en las oficinas del Comercial Cable Co., en San Juan de Letrán, en la que por sus instrucciones la fotógrafa había impuesto un despacho dirigido a Sergio Carbó, director de La Semana, único órgano de la prensa cubana todavía no sometido a Machado, en el que le pedía desmintiese un supuesto ultraje a la bandera cubana con el que habían tratado de mancharle, y le informaba que enviaba por correo los detalles del incidente.

Mella, cuando aún no había cumplido 26 años, cerca de las 11:00 p.m. le relataba a Tina la conversación con Magriñat, mientras caminaban por Avenida Morelos, y le hacía conocer sus suspicacias hacia ese individuo, cuando tomaron por la calle Abra­ham González, donde estaba el domicilio de la pareja. Habían caminado solo unos cuantos metros en los momentos en que a sus espaldas, desde detrás de un vallado que cercaba en la esquina un solar yermo, emergieron dos sombras armadas y se escucharon dos disparos. Al parecer fue únicamente López Valiñas quien disparó en ambas ocasiones, porque el otro asesino, Sa­nabria, no consiguió reunir el valor para hacerlo.

Herido de muerte el líder cubano, instintivamente, en busca de amparo, trató de atravesar la calle que no era demasiado ancha y llegar a la otra acera, pero no llegó a cruzarla, se derrumbó junto al contén, en tanto los sicarios huían hacia Morelos, y Tina comenzaba a pedir ayuda. En el suelo Mella comenzó sus acusaciones: Machado y la embajada tenían que ver con la agresión, afirmaron los testigos que había señalado. También, que había declarado: “Muero por la Revolución”. Fue transportado a la Cruz Verde, y antes de ser intervenido quirúrgicamente repitió las acusaciones contra Machado y apuntó que Ma­griñat tenía que ver con el atentado. Mella no pudo sobrevivir a sus heridas. Después de la medianoche del 10 de enero, aquel joven precoz, de solo 25 años, expiró. Con su holocausto Cuba había perdido en ciernes al más extraordinario paladín surgido después de José Martí.

*Profesor titular de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana y miembro de número de la Academia de la Historia de Cuba.


http://www.granma.cu/cuba/2016-01-08/mella-asesinato-de-un-lider-de-america-latina-08-01-2016-20-01-59

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Enero en el recuerdo: Tina Modotti y Julio Antonio Mella


Para Celia Hart Santamaría con quien compartí la admiración por Tina Modotti y Julio Antonio Mella.

Dos apasionados que tenían en común el amor y la revolución. Soñaron con el comunismo y la solidaridad internacional. La italiana Tina Modotti y el cubano Julio Antonio Mella quedaron unidos para siempre en el recuerdo y en la memoria de los pueblos que luchan por su dignidad y el socialismo. Assunta Adelaide Luigia Modotti nació en Udine, Italia, el 17 de agosto de 1896. A los diecisiete años emigra a los Estados Unidos con su familia. Fue actriz en Hollywood, siendo protagonista de varias películas mudas. En 1921 conoció a Edward Weston, fotógrafo norteamericano que le enseñó a usar la cámara, convirtiéndose en una destacada fotógrafa. Para su época fue una adelantada, posando desnuda para otros fotógrafos o deslumbrando con su personalidad en los círculos, tanto intelectuales como políticos. Era bella. Su mirada era melancólica, de grandes ojos. Su forma de ser era impactante, a pesar de su sencillez y de su modestia. En 1922 llegó a México donde conoció a Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Fue íntima amiga de Frida Khalo, a quien retrato magistralmente. Su compromiso político la llevo a afiliarse al Partido Comunista Mexicano en 1927. Tina se convirtió en una activa militante revolucionaria. Tanto retrataba con su cámara, la vida cotidiana mexicana, como realizaba las más variadas actividades partidarias. Participó activamente en la campaña "Manos fuera de Nicaragua" en apoyo a la lucha de Augusto César Sandino y ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano. En 1928 conoció a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, en una manifestación en protesta por la ejecución de Sacco y Vanzetti. Mella había sido presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios. Fundó junto a Carlos Baliño en agosto de 1925 el Partido Comunista de Cuba. Fue fundador con otros revolucionarios de la Liga Antiimperialista de las Américas. En Cuba había protagonizado una huelga de hambre contra el gobierno de Gerardo Machado. Por aquellos años se había convertido en un intelectual brillante, seguía el camino de otros marxistas revolucionarios latinoamericanos como Emilio Ponce o José Carlos Mariátegui. Los cuales concebían un marxismo creativo, arraigado en la tierra americana. En México participo de la Tercera Internacional escribiendo en el periódico del Partido Comunista Mexicano “El Machete”. En su exilio mexicano en 1926 escribió: “Ya no hay patria. Solo hay clases enemigas. La guerra clasista ha estallado brutal, violenta, sanguinaria... ¡Silencio a las bocas que gritan asustadas! ¡Desprecio al cobarde que lloran! ¡Castigo a los miserables que no luchan! ¡Leer a los valientes que están en la vanguardia! ¡Que la discusión teórica y el bizantinismo estúpido cesen y la acción hable con su elocuencia definitiva!. El pasado heroico de nuestra clase nos guía y nos alienta. El grito de las victima inmoladas en los fosos de la Comuna del 71, los alaridos de los mártires del 1905 inmolados en las nieves de la Rusia zarista, el clamor mundial de rebelión de 1917, tal es la música triunfal de nuestra guerra...” En 1928 Julio Antonio y Tina comienzan un profundo romance, a los pocos meses terminara trágicamente con el asesinato de Mella, el 10 de enero de 1929, por las balas asesinas del machadísimo. Esa noche salían ambos de participar de una reunión del Socorro Rojo Internacional. Dirá el periodista e intelectual comunista cubano Pablo de la Torriente Brau, sobre Julio Antonio: “Mella es la síntesis perfecta de la audacia y la abnegación en la lucha por la justicia social...y el ejemplo formidable de lo que debe ser un joven revolucionario.” A principios de 1930, Tina fue expulsada de México, acusada injustamente de conspirar para asesinar al Presidente. Llegó a Alemania a mediados de 1930.Viajó a la Unión Soviética donde se reencontró con Vittorio Vidali, a quien había conocido en México. En aquel país se incorporo al Socorro Rojo Internacional. Partiendo para España en 1934 para participar e impulsar la solidaridad internacional con la segunda republica después, de la revolución de Asturias. Con el alzamiento fascista del 1936, se alistó al Quinto Regimiento y trabajó con las Brigadas Internacionales, con el nombre de María. Fue una de las dirigentes más importantes del Socorro Rojo Internacional. Durante la guerra conoció a Robert Capa, Gerda Taro, Ernest Hemingway, Malraux, Rafael Alberti y Antonio Machado, entre otros artistas. La histórica dirigente comunista Argentina Fanny Edelmán quien fuera compañera y amiga de Tina la recordara en su libro de memorias: “María era un ser excepcional. Fina, dulce, frágil, comprensiva, valiente, generosa, con un enorme poder de persuasión y una impresionante fuerza interior. Su temple de revolucionaria, si era necesario que se pusiera de manifiesto una vez más, estuvo presente en la trágica evacuación de Málaga, cuando esa marea humana constituida fundamentalmente por mujeres y niños, era ametrallada impiadosamente por los aviones italianos y los cañones alemanes.

Ella se preocupo por los heridos en los inolvidables días de Madrid en noviembre de 1936. A ella le cupo organizar la asistencia a los refugiados catalanes que bajaban a Barcelona en doloroso éxodo y no se detuvo hasta llegar a la frontera de Francia... María era nada menos que Tina Modotti, la excepcional fotógrafa...”. En el mes de julio de 1937 desempeñó el papel de organizadora en el II Congreso Internacional de los Intelectuales en la Defensa de la Cultura contra el fascismo que se desarrolló entre Valencia y Madrid. Allí entró en contacto con un mundo para ella familiar, entre ellos muchos corresponsales, intelectuales, fotógrafos extranjeros, cómo Robert Capa y Gerta Taro entre otros, los cuales, descubriendo su identidad profesional, la incitaron a volver a la fotografía, pero su respuesta fue seca y tajante: “no, no puedo hacer dos trabajos a la vez”. En 1939 regresó como asilada a México, donde continuó con su actividad política a través de la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi. Murió, de un ataque cardiaco, el 5 de enero de 1942, tenía en ese momento 46 años. En su tumba, en el Distrito Federal de México, un poema de Pablo Neruda, la recuerda:"Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes; tal vez tu corazón oye crecer la rosa de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa...". Tanto Tina como Julio Antonio, encontraron la muerte en enero. Ambos ya son leyenda y tienen su estrella y brillan por la noche como los personajes inolvidables de Jorge Amado.

http://rebelion.org/noticia.php?id=207843

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Llueve en la calle donde murió Julio Antonio Mella

Por: Rosa Miriam Elizalde 18 septiembre 2014

Parafraseando al poeta, conozco esta historia y a esta pareja desde que me conozco, y ya estuve una vez aquí, hace años. Pero es septiembre y llueve en la calle Abraham González casi esquina con Morelos, en la Colonia Juárez, de México, y tal vez sea esta cortina de agua y el aire frío que disloca la compostura de los árboles deshojados, la responsable de esta melancolía y de la fuerza con la que regresan los ecos de los disparos que mataron a Julio Antonio Mella.



Mella para todos los tiempos (+ Fotos y Video)
25 marzo 2013 | 8

Hay vidas que son como el paso de los cometas que, a pesar de su fugacidad, su estela luminosa deslumbra a todos los que la ven. Si, además, la obra iniciada resiste los vendavales del tiempo y continúa sirviendo a generaciones posteriores, se confirma el aserto de que, aún después de muerto se puede seguir siendo útil. El emblema de la organización política de la juventud cubana contiene las imágenes de tres rostros de jóvenes inolvidables.




Homenaje a Julio Antonio Mella en México
10 enero 2012 | 
Cubanos y mexicanos rindieron hoy homenaje al revolucionario Julio Antonio Mella en el lugar donde fue asesinado hace 83 años y ante su busto en un parque de la capital mexicana. Mella fue uno de los fundadores del Partido Comunista y de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba, entre otras páginas de su intensa trayectoria revolucionaria.








Mella y Tina desde el amor
Por: Víctor Joaquín Ortega 29 enero 2011
A ella no le importa: solo se ha fijado en la fiereza de la mirada, en el pelo ensortijado que parece clamar por manos que se enreden con ternura entre las ondas, en el tipo de griego tropical del hombre que inunda con su personalidad la redacción del periódico El Machete. Tina Modotti recuerda las anécdotas oídas sobre el cubano, las proezas, los ensueños que, en parte, escucha- o adivina- en la narración modesta que le hace, con su voz de barítono, a un amigo común.




Rostros de Mella en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano
10 diciembre 2010 
Una Mesa debate dedicada también al fundador de la Federación Estudiantil Universitaria y del Partido Comunista de Cuba tendrá lugar mañana sábado 11 a las cuatro de la tarde en el Pabellón Cuba, como parte de las actividades del Festival de cine de La Habana. La alemana Christine Hatzky, biógrafa de Julio Antonio Mella, el politólogo argentino Néstor Kohan y los intelectuales cubanos Fernando Martínez Heredia, Ana Cairo y Alfredo Guevara integran el panel de discusión que abordará una relectura sobre la obra y la vida de Mella.


http://www.ecured.cu/Celia_S%C3%A1nchez_Manduley




Celia Sánchez


Celia Sánchez Manduley
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Celia Sánchez Manduley
NombreCelia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley
Nacimiento9 de mayo de 1920
Media Luna, Oriente, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento11 de enero de 1980
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadCubana
Otros nombresNorma, Lilian, Carmen, Caridad, Aly[1]
CiudadaníaCubana
OcupaciónPolítica
Partido políticoPartido Comunista de Cuba
PadresManuel Sánchez Silveira
Acacia Manduley Alsina

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Celia Sánchez Manduley, registrada con el nombre completo de Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley (Media Luna, 9 de mayo de 1920 - La Habana, 11 de enero de 1980). Fue una combatiente revolucionaria, política e investigadora cubana. Integró el Movimiento 26 de Julio durante la Guerra de Liberación Nacional de Cuba (1956-1958), desde donde organizó por orientaciones de Frank País la red clandestina de campesinos que fue vital para la supervivencia de la guerrilla dirigida por Fidel Castro que desembarcó por el sur de Oriente el 2 de diciembre de 1956 y que se convertiría posteriormente en el Ejército Rebelde.
Cumplió importantes misiones en el abastecimiento de la guerrilla y luego se convirtió en combatiente directa. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 asumió importantes tareas y responsabilidades, siendo participante activa de los momentos más trascendentales del las primeras décadas del período revolucionario, años en los que se dedicó a recoger y organizar toda la información referente a la lucha guerrillera. Fue miembro del Partido Comunista de Cuba desde su creación hasta su fallecimiento. Por su labor es conocida como la flor autóctona de la Revolución[2].

Contenido

Síntesis biográfica

Niñez y juventud

Celia Sánchez Manduley nació en el Central Isabel, Pueblo Nuevo, Media Luna, Oriente, el 9 de mayo de 1920. Hija de Manuel Sánchez Silveira y Acacia Manduley Alsina. 

El 16 de octubre de aquel año fue inscrita en el Registro Civil del juzgado Municipal de Vicana bajo el nombre de Celia Esther de los Desamparados, los mismos con los que sería bautizada el 22 de julio de 1922 en la parroquia de la Purísima Concepción de Manzanillo. Su tercer nombre fue escogido por haber nacido la niña al día siguiente de la fiesta religiosa de Nuestra Señora de los Desamparados. 

Celia recibió una educación exenta de dogmatismos religiosos y de cualquier otra índole de convencionalismos y prejuicios en la que tuvo mucho que ver la personalidad del padre, hombre de ideas liberales avanzadas. 

Comenzó la enseñanza primaria a los 7 años en una pequeña escuela privada donde enseñaban básicamente lenguaje y aritmética. Estudió en esta escuela hasta que se mudó para Manzanillo donde ingresó en cuarto grado en la escuela pública de Pueblo Nuevo. Paralelamente a la educación primaria y junto a su hermana Flavia, tomó clases de piano, durante unos tres años.

Trayectoria revolucionaria

Después del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, Celia se involucró con varias organizaciones de perfil insurreccional. Manuel Echevarría, fundador del Movimiento 26 de Julio le puso en contacto con Frank País y Celia quedó integrada al movimiento dirigido por Fidel Castro

En el Movimiento 26 de Julio nunca ocupó cargos directivos, aunque asumió tareas relevantes. Con su nombre de guerra, Norma, devino figura fundamental en los días de los preparativos de la expedición del Granma y del inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.

Guerra de Liberación

Por orientaciones del Movimiento organizó una red de colaboradores campesinos en las cercanías de donde debía desembarcar la expedición dirigida por Fidel Castro que resultó fundamental para la continuidad de la lucha. 

En los momentos más difíciles de la guerrilla dirigida por Fidel Castro, en febrero de 1957 marchó al encuentro de esta en compañía de Frank País, Faustino Pérez y otros miembros del de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio para coordinar el apoyo desde el llano, y guiar al periodista del New York Times, Herbert Matthews a la presencia de Fidel. La publicación de la entrevista que el periodista hiciera al líder de la guerrilla echaría por tierra la propagada batistiana basada en la supuesta muerte de Fidel[3]. A finales de abril volvería a subir a la Sierra guiando al periodista norteamericano Bob Taber, quien deseaba entrevistar a Fidel[4]

El 28 de mayo, como integrante del pelotón de la comandancia, combatió en El Uvero. Fue la primera mujer que ocupó la posición de soldado combatiente en las filas del Ejército Rebelde. Pocos días después de esa acción, Fidel la envió de nuevo al llano con importantes encomiendas. Esta resultó la etapa de mayor peligro, pues a la persecución contra ella se sumó la traición de un expedicionario del Granma, quien delató a muchos de los colaboradores del Movimiento. 

Hasta mediados de 1957 Celia había utilizado, además de Norma, los seudónimos de Lilian, Carmen y Caridad. El 18 de julio de ese año, en un mensaje de Frank a la Sierra, apareció el nuevo nombre de guerra de Celia: Aly. Sin embargo, estaba tan enraizado el seudónimo de Norma, que le continuó llamando así en misivas posteriores. En una carta enviada por los guerrilleros de la Sierra Maestra a Frank País estos patentizaron el papel vital de Celia durante la guerra cuando escribieron:
En cuanto a la Sierra, cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David y Norma.
Celia tuvo un papel destacado en la creación, el 4 de septiembre de 1958, tras una reunión de siete horas entre Fidel y su Estado Mayor, del batallón femenino Mariana Grajales, que operaba en la zona de La Plata, Sierra Maestra, como apoyó a la retaguardia guerrillera. Este hecho demostró que las mujeres cubanas también podían ocupar posiciones de combatientes guerrilleras en los combates del Ejército Rebelde contra las fuerzas militares de la tiranía batistiana.

Revolución en el poder

Celia asumió importantes tareas y responsabilidades y fue participante activa de los momentos más trascendentales de la Revolución Cubana, de todas las actividades relevantes y las obras más significativas emprendidas después del triunfo del 1 de enero de 1959. Fue secretaria del Consejo de Estado, diputada al Parlamento, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas.
Durante la Guerra de Liberación Nacional se dedicó a recopilar toda la documentación de la lucha en la Sierra Maestra, posibilitando la creación de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado en 1964[5].

Muerte

Falleció el 11 de enero de 1980.

Referencias





  • Nombres de Guerra utilizados por Celia Sánchez durante la Guerra de Liberación

  • Nuestra Celia, la de todos los días (+ Fotos). Disponible en Cubadebate. Consultado el 14 de enero de 2014.

  • Guevara de la Serna, Ernesto. Fin de un traidor. Verde Olivo. 9 de julio de 1961

  • Guevara de la Serna, Ernesto. Una entrevista famosa. Revista Verde Olivo. 15 de octubre de 1961


    Celia Sánchez Manduley: se equivoca la muerte.... Artículo de Amaya Saborit Alfonso. Disponible en el Diario Granma. Consultado el 14 de enero de 2014.
    Fuentes

    • Guevara de la Serna, Ernesto. Pasajes de la guerra revolucionaria. Cuba 1956 – 1959. Edición anotada. Editorial Política. La Habana. 2004. Tercera Edición. Quinta reimpresión. ISBN-959-01-0400-2
    • Documentos del Fondo Celia Sánchez, de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, así como los que se hallan en el Depósito de Testimonios de esa institución.
    • Álvarez Tabío, Pedro. Celia, ensayo de una biografía.
    • Portuondo,Yolanda. La clandestinidad tuvo un nombre: David.
    • Multimedia Celia, mariposa de la Sierra de la autora Eloisa Esther Pascual Sarmiento.
    • Los documentos que aparecen en el Fondo Celia Sánchez, de la Oficina de Asuntos Históricos (OAH) del Consejo de Estado, así como los que se hallan en el Depósito de Testimonios de esa institución.
    • Testimonios de Silvia, Flavia y Griselda Sánchez Manduley (1990), Berta Llópiz (1990), Manuel Echevarría (1990 y 2005), María Antonia Figueroa (1990 y 2000) y Micaela Riera (1990).
    • Bohemia


    Nuestra Celia, la de todos los días (+ Fotos)


    Celia Sánchez ManduleyPor Bertha Mojena Milián
    No la conocí, no tuve la enorme dicha de tenerla cerca. Sin embargo, leía cosas hermosas sobre ella y escuchaba a los de mayor edad llamarla “heroína”, “flor autóctona de la Revolución“, “mujer rebelde”. Y confieso que era una imagen que no siempre lograba acercar a la realidad.

    Entonces visité Granma, fui hasta Niquero, pasé por Manzanillo, llegué a Media Luna y entré a una casita pintada de azul, casi toda de madera, cuidada y limpia como la que había soñado de niña para mis muñecas, pero con una historia tan grandiosa que contar que no podía caber en palabras, letras, objetos, anécdotas de vecinos.

    Celia Sánchez y el Che Guevara.Celia Sánchez y el Che Guevara.
    Allí vivió Celia Sánchez, allí se formó y ayudó a unos padres honestos y humanos capaces de hacer el bien, de buscarlo, de enseñarlo con la humildad absoluta de quienes forjan -hasta con pequeños hechos- una obra inmensamente grande.

    Hija de un destacado médico, arqueólogo, un cubano y martiano ejemplar, esta niña menuda se convirtió por esfuerzo, voluntad y convicción propia en una mujer sin temor a los retos, a la defensa de sus ideas, a la causa de su pueblo y se dedicó, en cuerpo y alma a la Cuba que amaba y debía rescatar para el futuro.

    Dicen los que la conocieron que su sencillez asombraba a todos, que su modestia causaba admiración y respeto, que su entrega sin límites al trabajo marcaba la vida de los que la rodeaban y compartían con ella, aunque solo fuera un breve tiempo.  Muchos hablan también de su espíritu para enfrentarlo todo, de esa fortaleza vital, interna, que la hizo subir al Turquino y develar junto a su padre y a Jilma Madera el Martí que nos ilumina desde esa altura y bendice esta Isla, como si velara los sueños y los caminos que defendemos con más fuerzas desde entonces.

    En sus manos estuvo también la gran misión de multiplicar y distribuir “La Historia me absolverá“, de organizar algunas de las acciones de apoyo al desembarco del Granma, de guiar junto a Frank la lucha en la clandestinidad y salvar la vida de muchos revolucionarios.

    Otros cuentan que subía y bajaba lomas como si nada, que escapaba de los esbirros en las ciudades, que abastecía la guerrilla y sirvió de mensajera hasta convertirse en la primera mujer combatiente, incorporada al fuego directo, como en el combate del Uvero. Fue admirada hasta por aquellos periodistas que acompañó a la Sierra, para que conocieran y entrevistaran a Fidel, para que vieran por sí mismos la realidad que se gestaba.
    Celia Sánchez junto a Raúl, Fidel y Vilma.
    Celia Sánchez junto a Raúl, Fidel y Vilma.
    La naturaleza fue también uno de sus grandes amores: cuidaba a los animales, le encantaban las plantas y mientras podía, se rodeaba de ellas, les dedicaba tiempo y con esa misma ternura, trataba a los campesinos, a los más humildes, a los que sufrían por no tener una vida digna.

    La historia recoge sus testimonios con nombres como Aly, Carmen, Liliana o Caridad, o quizás como Norma, el más conocido de sus seudónimos. Y no faltaba quien la llamaría “la tía” por su sensibilidad para tratar a todos, sin importar la edad o procedencia, si era amigo o enemigo hecho prisionero en un combate, porque lo más importante es que se sintieran como seres humanos.

    Después del triunfo no tuvo descanso y cada día asumía más tareas, en muchas esferas y estructuras, con un apego enorme al bienestar del pueblo, a lo que pudiera perdurar para todos y una lealtad infinita a Fidel, su jefe y amigo en todo momento.

    Una vez escuché a alguien decir que la historia de la Sierra no podría escribirse sin los nombres de David y Norma -Frank y Celia-, ni la de Fidel Castro sin mencionar a Celia. Con el tiempo he comprendido por qué y he podido ir más allá.

    Creo entonces que tampoco la historia de lugares como el Parque Lenin, el Palacio de Convenciones de La Habana y hasta la creación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y algunos de las primeras instalaciones de la red del Campismo Popular que disfrutamos hoy, pueden desprenderse de su impronta y tenacidad.

    A ella debemos también una gran parte de los documentos históricos originales que atesora hoy el gobierno cubano, en sus archivos y oficinas centrales, como una joya preciada que recoge la última etapa de lucha del pueblo cubano por su independencia y soberanía, así como la formación de los primeros años de la Revolución.  Cuando ya casi rozaba los 60 años, se nos fue físicamente, un día como hoy, aunque con mucho por dar todavía. Preferimos entonces recordarla rodeada de niños, con una mariposa blanca en la sien, con esa seriedad profunda con que escuchaba hablar al líder de la Revolución, con la mirada traviesa con que aparecía junto a Vilma o Haydée en algunas fotos de la Sierra o simplemente conversando con obreros, en cualquier calle o centro de trabajo.

    Celia renace en los campesinos de Pilón, en los abuelos que hablan de ella en la glorieta de Manzanillo, en los visitantes que llegan a Media Luna y hacen propia aquella casita, o en todos aquellos que orgullosamente la recuerden, como si la hubieran conocido o se tratase de alguien muy cercano, vivo eternamente.

    Y entonces sí logro rehacer su imagen, acercarme a ella, aprender de su vocación martiana, verla luchar como lo que fue y es, representada en muchas mujeres que hacen de la sencillez y la entrega un motivo de vida. Esa es la Celia nuestra, la de todos los días.
    Celia Sánchez conduciendo un jeep.
    Celia Sánchez conduciendo un jeep.
    Celia Sánchez y Vilma Espín en la Sierra Maestra.
    Celia Sánchez y Vilma Espín en la Sierra Maestra.
    Celia, Fidel y Haydeé.
    Celia, Fidel y Haydeé.
    Mensaje de Fidel a Celia explicándole lo ocurrido la noche del 28 de julio de 1958.

    Mensaje de Fidel a Celia explicándole lo ocurrido la noche del 28 de julio de 1958.
    (Tomado de Cubahora)

    Celia, heroína en la Sierra y el Llano

    CeliaPor Pedro Antonio García
    Mucho antes del triunfo de la Revolución su nombre había devenido leyenda en el país. Cuando aún no existía el Ejér­cito Rebelde, en plena tiranía batistiana, coloca en el busto del Apóstol del parque de Pilón un letrero con una sentencia martiana: “Solo hacen falta 30 hombres para levantar un pueblo”. Tiempo después, en los días del desembarco del Granma, se disfraza de embarazada y ante la amable invitación a tomar café de unos guardias que no la reconocen, con la mayor sangre fría se introduce en un cuartel, con el fin de obtener información valiosa para el Movimiento 26 de Julio.

    Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, hija del médico Manuel Sánchez Silveira y la manzanillera Aca­cia Manduley Alsina, nació en Media Luna, hoy provincia de Granma, el 9 de mayo de 1920. Creció en un hogar donde se veneraba a los próceres de la patria; su padre los llevaba a ella y sus hermanos a sitios históricos como San Lorenzo, Peralejo y Dos Ríos, los estimulaba a leer La Edad de Oro y los Versos Sencillos; cada vez que visitaban La Habana, iba con ellos a la Casa Natal del Apóstol y les convocaba a palpar el pasamanos: “Por ahí pasó su mano Martí”, les decía.

    En 1940, cuando la familia se mudó para Pilón, el doctor Sánchez Silveira, en sus recorridos por la Sierra, llevaba a su prole a que conocieran de la miseria de esa otra Cuba y el por qué a esa clientela no solía cobrarles la consulta. Celia quedó impactada de la pobreza de los campesinos de la zona. Organizó verbenas, secundadas por gente generosa, para ayudar a las familias pobres, comprarles juguetes a los niños. Comprendió que la caridad no bastaba, era necesaria una solución política y se afilió a la Ortodoxia. Después del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, comprendió que entonces la única opción era la lucha armada.

    A mediados de 1955, según testimonio escrito de la propia Celia, Manuel Echevarría, coordinador del Movimiento 26 de Julio en Manzanillo, la captó para la organización, en donde nunca tuvo cargos, aunque asumió tareas relevantes. Con su nombre de guerra, Norma, devino figura legendaria en los días de los preparativos de la expedición del Granma y del inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Por su labor en los constantes envíos de hombres y pertrechos, Raúl la calificó entonces “madrina oficial” del naciente Ejér­cito Rebelde.

    Por aquellos días resultó detectada y detenida por el aparato represivo del régimen en una cafetería de Campechuela, en donde iba a contactar con otro combatiente. “Voy a comprar una caja de chicles”, dijo a sus captores. Años después ella relataría: “Cuando me levanté y fui a la vidrierita, prendí una carrera. Había una acera muy alta y allí mismo me tiré y empecé a correr”. La sorpresa paralizó a los guardias. Al reaccionar, trataron de atajarla y tiraron al aire pero Celia seguía corriendo como una gacela en peligro. Se internó en un solar lleno de maleza y marabú. “Me quedé tranquilita, para que no se moviera la hierba”. Al rato, cuando ya nadie la perseguía, siguió arrastrándose hasta la carretera. Con señas detuvo un auto, que resultó ser de un conocido que la llevó a una casa segura en Manzanillo.

    Luego, pasó a ser integrante de la Columna 1, comandada por Fidel, y participó en combates, como en El Uvero, M-1 en ristre. Coincido con su biógrafo principal, Pedro Álvarez Tabío, cuando afirmaba: “tiene el mérito histórico de haber sido la primera mujer combatiente del Ejército Rebelde y de haberlo hecho bien”.

    Desde la lucha guerrillera, atesoró toda la documentación del Ejército Rebelde y su Comandante en Jefe, gracias a ella tenemos lo que muchos hoy denominan el Archivo de la Revolución, que también conservó diarios de guerra de com­batientes caídos.

    Su trabajo permanente junto a Fidel la convirtió en su colaboradora más estrecha desde los días de la Sierra. De entonces hasta el instante de su muerte, el 11 de enero de 1980, devino testigo y participante activo de los momentos más trascendentales de la Revolución, en todas las actividades relevantes y las obras más significativas emprendidas después del triunfo.

    Al decir de su biógrafo, Álvarez Tabío, la vida de Celia, desde los días del Granma y la Sierra, “está tan imbricada con la historia misma de la Revolución Cubana y de Fidel, que resulta imposible separar una de otra”.
    (Tomado de Granma)


    Estrenan en Granma documental dedicado a Celia Sánchez

    La propuesta audiovisual, producida por Mundo Latino, constituye un recreo fidedigno de la vida y obra de una de las figuras más excelsas de la historia nacional

     


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