viernes, 16 de octubre de 2015

La doctrina del crimen. Francisco González Tejera

"...nos muestran un día si y otro también “las gracietas” hipócritas de figuras emergentes de la política que se ríen en nuestras caras, que hacen bromas con sus rivales, sin un mínimo de empatía con una gran parte de la ciudadanía que está pasando hambre, que no tiene trabajo, que no le queda esperanza, personajes políticos que ante las cámaras bromean, hacen teatro con sus supuestos antagonistas, aunque sus competidores políticos sean fascistas peligrosos y corruptos.

Sin revolución no habrá salida."
Después de devastar el país las encuestas siguen dando la victoria al PP en las elecciones del 20 de diciembre, incluso sondeos de Podemos establecen un nuevo triunfo de la derecha franquista española, la culpable de que millones de personas estén sufriendo una situación social que roza la barbarie, con más de veinte mil suicidios en tan solo tres años, cientos de miles de enfermos/as en situación de dependencia muertos/as ¿asesinados/as? por la vergonzosa decisión de este gobierno de retirar todas las ayudas.

Infinidad de niños y niñas pasando hambre, más de cinco millones que sobreviven en situación de desnutrición y empobrecimiento extremo, más de setecientos desahucios diarios a punta de porras y pistolas policiales, cifras masivas de gente desempleada, miseria, dolor, sufrimiento extremo de gran parte de este pueblo por las medidas austericidas y las corruptelas de una banda política sin vergüenza ni respeto por los derechos humanos.

¿Cómo se explica todo esto?

Manipulación masiva de las encuestas, unos medios de comunicación al servicio de la mafia financiera, la que roba y masacra pueblos enteros o financia guerras genocidas en Irak, Afganistán, Libia, Siria, la que promociona ciertos partidos al poder, para condenarnos a seguir sobreviviendo al borde del suicidio por no poder más, sin comida para nuestros/as hijos/as, haciendo malabares para llegar a fin de mes, para que la nevera no esté vacía del todo y quede algo, algún resto ínfimo para no morirnos de hambre.

Lo fácil que sería echar a toda esta gentuza del poder, solo salir a las calles masivamente, inundar cada rincón del estado de movilizaciones, no volver a casa hasta que se vayan, una huelga general indefinida, hasta que se pierdan entre su putrefacción, enterrarlos para siempre en el mar de su miseria humana.

Este sistema es una mentira, partidos que parecían alternativa al final han entrado en el siniestro juego del capital, en el ambiguo y falso “si pero no”, “no pero si”. Una izquierda desvertebrada, dividida, a la deriva en el mar de la manipulación mediática, de las televisiones que nos muestran un día si y otro también “las gracietas” hipócritas de figuras emergentes de la política que se ríen en nuestras caras, que hacen bromas con sus rivales, sin un mínimo de empatía con una gran parte de la ciudadanía que está pasando hambre, que no tiene trabajo, que no le queda esperanza, personajes políticos que ante las cámaras bromean, hacen teatro con sus supuestos antagonistas, aunque sus competidores políticos sean fascistas peligrosos y corruptos.

Sin revolución no habrá salida.

miércoles, 14 de octubre de 2015

 


El ADN de los sueños

Su madre murió de cáncer sin superar la treintena, su padre alcohólico no supo estar a la altura de las gravísimas circunstancias, al poco tiempo Rafael comenzó a respirar pegamento en los rincones más oscuros del Risco de San Nicolás, sus apenas nueve años no fueron óbice para que acabara en las calles del barrio probando todas las nuevas sustancias que llegaban, corrían los años 70 y la policía del post franquismo introducía todo tipo de drogas, como estrategia del estado español para alienar a la juventud que luchaba por la libertad y la democracia en Canarias.



Resistencia sagrada

Los cuatro jóvenes jornaleros de la CNT huyeron corriendo desde Aguimes al barranco de Guayadeque, estaban seguros que en las escarpadas cuevas de las momias encontrarían refugio por unos días. El Conde de la Vega había ordenado asesinar a todos los sindicalistas y miembros del Frente Popular. Pedro, Narciso, Lorenzo y Peraza, ya sabían que los falangistas y Guardias Civiles estaban matando masivamente a cientos de compañeros desde la madrugada de julio del 36. Escalaron en plena noche el escarpado risco volcánico, llegaron a una cueva indígena intacta, oculta con una pared de piedra seca y una vieja puerta de madera de drago.
 
 

La justa caricia reparadora

El alcalde ultraderechista del municipio capitalino se reunió por la vía de urgencia con el gordo y seboso fiel esbirro Director de Personal, la idea era clara, tratar de amedrentar a quien estaba sacando a la luz los nombres de los asesinos franquistas, iniciar represalias laborales, amenazar de despido, perseguir hasta la muerte a quien trataba de reparar, de hacer justicia, de sacar a la luz los miles de crímenes fascistas, el genocidio orquestado por sus sanguinarios y psicópatas antecesores. El miembro de la trama mafiosa conocida como “la Gürtel” se veía desbordado por los acontecimientos esa mañana, recibía constantes llamadas en su iPhone de constructores, empresarios, miembros de la corrupta nobleza isleña y otros donantes de dinero negro, todos con las manos manchadas de sangre por los miles de asesinatos de lesa humanidad, por el genocidio provocado en la isla redonda del terrorismo de estado, la tortura y el holocausto.
 
 

El color de las pesadillas

No imaginaron nunca que el refugio de la aparcería de Sardina del Sur se convertiría en un campo de exterminio, ambos sabían que si los llevaban allí serían asesinados. Julián Esteban y Rosa Déniz fueron detenidos al amanecer en la vieja casita del barranco de Ayagaures, separados a la fuerza, entre patadas y culatazos, cuando llegaron al Castillo de San Francisco en Las Palmas de Gran Canaria, a ella la llevaron a la sede del Gobierno Militar en la calle Triana, a el lo dejaron en el patio de la antigua fortaleza, cientos de hombres ensangrentados se mantenía de pie bajo el rocío de julio de 1936, varios miembros de Falange los golpeaban salvajemente, algunos de los vestidos de azul con pingas de buey, otros con varas de acebuche, la sangre corría hacia los desagües como un riachuelo encendido bajo el amanecer del verano.
 
 
 

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