viernes, 28 de agosto de 2015

El domingo, en la sima de Gaztelu. José María Esparza

Memoria,  justicia,  homenaje, impulso a las luchas de hoy, para que nuestros pueblos, nuestra clase, tengan el poder ...unica manera de evitar que estos barbaros crimenes fascistas alentados por el capital y sus instituciones politicas, militares, religiosas... , vuelvan a cometerse.
 
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José María Esparza 
 "...son las mujeres las que deberían tener una cita especial en la sima de Legarrea. Juana Josefa encarna todos los dolores femeninos de nuestra historia: 38 años y mujer cargada de embarazos, dentro y fuera de los cánones de la Iglesia; sola, bella y diferente, en medio de una guerra, protegiendo como una culeca a sus hijos; defendiéndose ella de la lujuria, de las injurias, del párroco, de la Guardia Civil, de los rumores populares… Sabido era que de su madre había aprendido sobre los antiguos dioses de los vascos, sobre plantas, ensalmos y conjuros. Su hermana mayor era igual. Diferentes. Sorginak. Indeseables, en la hora del Glorioso Nacional Catolicismo Español. Ya no estaban en el siglo XVI, pero las antorchas con las que las azuzaron hasta la sima recordaron bastante el fuego del Santo Oficio. Y de ahí que cortaran desde la raíz, para que Martina y Asunción no salieran malas mujeres, como su madre y su abuela. Sin su condición de mujer singular, no se puede entender lo ocurrido..."
Por una rara casualidad, en el año 2010 la Asamblea General de la ONU declaró, el 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Precisamente el mismo día en el que, años atrás, se habían producido las desapariciones más escalofriantes de toda nuestra guerra civil: una joven madre, con sus seis hijos pequeños y otro más en sus entrañas. La familia Sagardía Goñi. Un hecho sin parangón, lo cual es mucho decir, entre las masacres de 1936.
Además, la Asamblea General calificó estos hechos como «violación particularmente odiosa de los derechos humanos», y en su resolución 47/133, de obligado cumplimiento para todos los Estados, concretaba que son desapariciones forzadas siempre que «se arreste, detenga o traslade contra su voluntad a las personas, o que estas resulten privadas de su libertad de alguna otra forma por agentes gubernamentales de cualquier sector o nivel, por grupos organizados o por particulares que actúan en nombre del Gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, y que luego se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas personas, sustrayéndolas así a la protección de la ley». Y en agosto de 1936 en Navarra nada se hacía sin el apoyo del Gobierno, la bendición religiosa y el permiso de la Guardia Civil. Excitados por el ambiente bélico, sin trabas legales ni morales, el fanatismo, la superstición, la venganza, la envidia, la lujuria y otras miserias humanas hicieron el resto.

Este domingo, en el 79 aniversario de la desaparición de Juana Josefa Goñi y de sus hijos, convocados por las Asociaciones de la Memoria, una heterogénea comitiva nos acercaremos a la sima de Legarrea, en Gaztelu, en cuyas profundidades, se asegura, yace la familia. Por primera vez, después de tanto tiempo, la sima, inocente y espectacular obra de la Naturaleza, atraerá a la ternura, los cantos y oraciones, en lugar de ser foco maligno de rencores y falsedades, amén de vertedero de basuras, animales y personas. La última, el joven de Legasa, Iñaki Indart.

Junto a las flores, todos los presentes dejaremos allá alguna carga particular, comenzando por el que esto escribe, por haber dudado tantos años en publicar los hechos, hasta que la aparición del joven Indart me convenció que hay historias y agujeros que hay que sellar definitivamente, para que dejen de generar daño. Asimismo, el noble pueblo de Gaztelu podrá enterrar allí sus silencios y tabúes, injusta carga de tres generaciones que nada tuvieron que ver con los hechos. Otrosí, los pueblos circundantes deben liberarse de sus confusos prejuicios: no eran gitanos (¿y qué si lo fueran?), ni Juana Josefa era una andaluza liviana, ni importa si todos sus hijos eran de su marido, ni nada que pretenda justificar lo ocurrido. Eran vecinos, arraigados euskaldunes, a quienes se les negó hasta la tierra comunal del cementerio, en unas circunstancias esperemos que irrepetibles.

La familia también podrá exorcizar tanto dolor y tanta duda reprimida. Con el padre en la cárcel, la madre y seis crías expulsadas también del pueblo ¿qué pudieron hacer para salvar a sus deudos? Y las nuevas autoridades del territorio deberán dejar allí la promesa de que no harán como las anteriores, y que ya es hora de cumplir con la ley de Memoria Histórica y las resoluciones internacionales, vaciando la sima y dignificando el lugar.

Pero son las mujeres las que deberían tener una cita especial en la sima de Legarrea. Juana Josefa encarna todos los dolores femeninos de nuestra historia: 38 años y mujer cargada de embarazos, dentro y fuera de los cánones de la Iglesia; sola, bella y diferente, en medio de una guerra, protegiendo como una culeca a sus hijos; defendiéndose ella de la lujuria, de las injurias, del párroco, de la Guardia Civil, de los rumores populares… Sabido era que de su madre había aprendido sobre los antiguos dioses de los vascos, sobre plantas, ensalmos y conjuros. Su hermana mayor era igual. Diferentes. Sorginak. Indeseables, en la hora del Glorioso Nacional Catolicismo Español. Ya no estaban en el siglo XVI, pero las antorchas con las que las azuzaron hasta la sima recordaron bastante el fuego del Santo Oficio. Y de ahí que cortaran desde la raíz, para que Martina y Asunción no salieran malas mujeres, como su madre y su abuela. Sin su condición de mujer singular, no se puede entender lo ocurrido.

Este domingo, por fin, en la sima de Gaztelu, todos y todas podremos aligerarnos de cargas. Hemos estado demasiado tiempo silentes, atrapados en el sepulcro de la sima, junto a Juana Josefa, Joaquín, Antonio, Pedro Julián, Martina, José y Asunción. Por fin, luz y flores en Legarrea.

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Asesinato múltiple de un gran grupo familiar. La madre, Juana Josepa fue arrojada a una sima con sus siete hijos. En total 8 personas asesinadas. 7 eran menores de edad. 3 eran mujeres.

Durante la Guerra civil española se produjo en Gaztelu (Donamaría, Alto Bidasoa o Malerreka) uno de los crímenes más espeluznantes de la violencia que se produjo contra personas inocentes de Navarra. Afectó a una familia, la que habían formado Pedro Antonio Sagardia y su esposa Juana Josefa Goñi que tenía ocho hijos, José Martín, Joaquín, Francisco Javier, Antonio, Pedro Julián, Martina, José María y Asunción.

Se desconocen los motivos por los que el padre de 46 años y el hijo mayor de 17 fueron al frente, pero hay testimonios de que fueron obligados. Se quedaron en casa la madre de 38 años con los otros siete hijos entre 16 y el año y cuatro meses de la benjamina. Al principio los vecinos ayudaron a la familia, pero en la medida en que la guerra hacía aumentar las necesidades, se les acusaba de realizar pequeños hurtos de los huertos. Fueron denunciados en el puesto de la Guardia Civil de Santesteban, pero allí se les dio a entender que lo solucionaran a su manera. Al día siguiente unos vecinos hicieron trasladarse a la madre con los niños a una chabola, donde desaparecieron sin dejar rastro. Al parecer fueron arrojados a una sima profunda. La chabola donde estuvieron fue quemada.

El general Sagardia, emparentado con la familia inició una investigación. Los bomberos no pudieron llegar al fondo de la sima y el rastreo de los soldados tampoco encontraron rastros. Fueron detenidos unos vecinos que fueron puestos en libertad provisional. Posteriormente el general Sagardia, aconsejado por sus superiores, interrumpió las investigaciones y el episodió fue olvidado convirtiéndose en tabú.

El padre regresó de la guerra y falleció poco después. El hermano mayor se fue del pueblo emigrando a la Baja Navarra.

Se da el caso que de las apenas medio centenar de mujeres navarra asesinadas en la Guerra Civil tres se encuentran en esta familia vilmente masacrada al arrojar a una sima a la madre y a sus siete hijos e hijas menores, José María y Asunción casi bebés.

Lista de miembros de la familia asesinados:

> GOÑI SAGARDÍA, Juana Josepa (38 años, madre de la familia).
> SAGARDIA GOÑI, Joaquín (16 años, nacido en 1920-6-28).
> SAGARDIA GOÑI, Francisco Javier (14 años, nacido el 1922-8-29).
> SAGARDIA GOÑI, Antonio (11 años, nacido el 1925-9-18).
> SAGARDIA GOÑI, Pedro Julián (9 años, nacido el 1927-3-31).
> SAGARDIA GOÑI, Martina (7 años, nacida en 1929-11-17).
> SAGARDIA GOÑI, José María (4 años. Nacido el 1932-5-30).
> SAGARDÍA GOÑI, Asunción (1 año y 4 meses, nacida el 1935-2-26. Probablemente es la víctima más jóven de la Guerra Civil en Navarra)

http://www.parquedelamemoria.org/tln/tags/mujeres-asesinadas?page=1
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