El presidente de la Casa de Galicia en Gran Canaria se quejaba estos días de que esta Navidad no había juguetes suficientes para tantos/as niños/as sin nada, su grito de rabia resonó en todos los medios de comunicación isleños, ningún político dijo nada, callaron como hacen siempre ante el mal ajeno, ahora que cobrarán jugosas pagas extras, que con sueldos de cinco o seis mil euros al mes duplicados, son una buena entrada para corruptas cuentas corrientes repletas de dinero robado al pueblo.
En las islas, según datos de Unicef, uno/a de
cada tres niños/as está en situación de malnutrición, bajo el umbral del
empobrecimiento extremo, cifras devastadoras que no son de importancia para la
banda política que disfruta de un nivel de vida vergonzoso, que prefiere seguir
chupando del bote a costa de la miseria de gran parte de una ciudadanía
masacrada, golpeada por una crisis inventada por mafiosos, premeditadamente diseñada
para enriquecer a ladrones de la banca y miembros de la banda organizada de los sobres.
Recuerdo cuando apenas tenía nueve años aquel triste
Día de Reyes, cuando a mi padre lo despidieron de su trabajo y mi madre me
advirtió que en esas fiestas no habría regalos, aquella noche corriendo antes de que
cerraran las tiendas para comprarme un microscopio con el dinero que mi abuela
les había dado con mucho esfuerzo, la tristeza, el desaliento que ahora tantos
años después sienten millones de niños/as en todo el estado español, menores
víctimas del hambre y la miseria generada por un gobierno podrido, amigo de
fastos reales, bodas gürtelianas, confetis, “leyes mordaza” y otras mierdas.
Esa sensación que te queda
cuando abres la nevera y la encuentras vacía, las cartas del banco
presionando para que pagues con tu vida la
mensualidad de la hipoteca, el usurero criminal protegido por jueces y
políticos cabrones, que abusa de personas mayores sin nada, enviando a
sus
mafiosos cobradores a obtener un dinero imposible, un proceso que
siempre acaba
en un desahucio violento, a palos y patadas de los insensibles esbirros
policiales del régimen.
¿Qué nos queda sino basura
y criminales de estado con sus corruptas servidumbres al pie del cañón
del desenfreno y la buena vida?
Al otro lado millones de chiquillos/as que este año
no tendrán casi nada, solo algún juguete usado de las galas que organiza la
mafia para paliar su odio de clase, sus arcaicas creencias católicas, una
muñeca rota, un camión desinflado, el trenecito inutilizado junto a una cama
sin mantas, una casa sin calefacción, donde el frío, el miedo y la tristeza son
cada instante la tónica cotidiana.
El hambre tiene un rostro conocido en un estado
arrasado y en manos de psicópatas, suena a posguerra, a beneficencia, a derecho de pernada, a franquismo,
a genocidio, a crímenes de estado, a corrupción política generalizada, a
suicidios masivos por motivos económicos, a cientos de miles de enfermos/as
dependientes asesinados/as por la retirada de sus ayudas, a dolor, a un
sufrimiento que se mete en las conciencias destruyendo la esperanza.
Ese cruel envoltorio del sufrimiento nos envuelve a casi todos/as,
a quienes sufrimos el terror del fascismo con disfraz de democracia, el robo,
el saqueo del patrimonio público, el acoso laboral, la persecución ideológica,
los despidos, el desempleo, los desahucios, los abusos de poder de esta gentuza
sin escrúpulos para permitir que niños y niñas pasen hambre, perciban la tristeza
de unas madres, de unos padres, sin medios para colocar junto al árbol y los
calcetines un humilde juguete en la Navidad española de la miseria.
http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/
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