jueves, 22 de mayo de 2014

Una visión aérea aunque sobradamente posicionada de las Marchas de la Dignidad y del 22M. x Marcos Luna

 Al margen de lo policial, se encuentra la causa, el grado de peligrosidad y riesgo que el estado le concede al movimiento de oposición que se produzca en un momento dado.

A dos meses, han corrido ríos de tinta como se suele decir a raíz de los enfrentamientos entre manifestantes y la UIP el pasado 22 de Marzo. Es esto lo que eclipsa tanto los motivos y propuestas como el hecho en si del 22M, llegando a copar todas las discusiones, no solo en el plano mediático y por lo tanto de cara a la opinión pública, sino en el propio movimiento generado antes y durante las Marchas de la Dignidad (MD) que se ve obligado a abrir una línea de debate y de reflexión entre las personas y las organizaciones que hicieron posible o que participaron de algún modo en la convocatoria sobre las consecuencias y en algunos casos sobre los objetivos del uso de la violencia y/o la autodefensa frente a las cargas policiales con motivos políticos. Es esto último que apuntamos (los antidisturbios también hacen política) un elemento que queremos analizar con el texto que sigue, y que lejos de ser un pretendido análisis minucioso sobre este o ese otro detalle que destacó el 22M en televisión, o si se quiere una de esas tesis llamadas conspiranoica, trata de poner sobre la mesa (en el sentido más literal) una serie de circunstancias, evidencias e hipótesis respecto a lo ocurrido policialmente y en lo que se refiere a los enfrentamientos, sin más pretensión por si mismas que la de llevarnos a cotejarlas frente a otras en el segundo apartado, estando éstas si dentro del orden del análisis político con argumentos y opiniones, y que se refieren en exclusiva a la idiosincrasia propia y adquirida de las MD traducidas en el 22M.

Con la mesa llena entonces, se quiere mostrar una versión y explicación, que en primer lugar es básica políticamente hablando, que en segundo lugar es conocida ya con anterioridad (no es nueva) y por último que forma parte de un discurso político posicionado: Las Marchas de la Dignidad y el 22M representaron y representan una apuesta política peligrosa de primer nivel (pese a su inestabilidad por su novedad) para el orden estatal de hoy y la paz social que le sustenta, y que en consecuencia los responsables de éste ponen en marcha los mecanismos necesarios, también de primer nivel, para su neutralización e intento de desarticulación, utilizando entre otros, el engranaje represivo (policial, judicial y mediático) para su consecución. Nótese las dos afirmaciones y quede a juicio del lector o lectora.

UIP, ¿ariete o sparring?
Si mirásemos desde arriba la escena que se vivió en la plaza de Colón de Madrid alrededor de las 20.30 horas del 22M, cuando una línea policial avanza desde la calle Génova hasta la confluencia con la plaza donde se agolpan en torno al acto final cientos de miles de manifestantes, comenzando entonces algunos grupos de éstos a defenderse de la cargas, al mismo tiempo que el coro de La SOLfónica entona entre otras piezas el himno a la Alegría o el estruendo de las bocachas silencia los esfuerzos de la megafonía por impedir que la UIP disuelva la concentración, comprobaríamos que quizás se trate de un momento épico, destacable si se quiere ser humilde, del último ciclo de movilización popular que hemos vivido, tanto en el hecho político que acontece, como en la imagen proyectada de una sociedad que se resiste a descomponerse y acabar en el retrete que le corresponda según decida la élite.

De la actuación policial nos fijaremos en concreto en dos momentos de esta vista aérea. El primero es el inicio de las cargas en la calle Génova con la calle Marques de Ensenada, uno de los lugares donde la UIP suponemos tendría un puesto de mando esa noche si tenemos en cuenta la importancia del punto en cuestión y el visible bloqueo total por numerosas dotaciones que se encontraban en ese momento a una distancia prudencial del desarrollo de la manifestación. Es aquí donde tras varios lanzamientos de petardos hacía la línea policial que se encuentra tras un perímetro vallado (como el que se instala en las inmediaciones del parlamento) a la altura de la esquina con Monte Esquizna, se realizan los primeros amagos de cargas e incluso una detención por parte de los antidisturbios que se encontraban en la confluencia con Marques de Ensenada y que se efectúa en un primer instante por dos policías de paisano tal y como captan los medios que allí se encuentran. A partir de este momento, la línea policial avanza calle Genova abajo encontrándose con un numero cada vez mayor de personas que van encarando la misma calle en sentido contrario llamados por el griterío y la indignación de la manifestación que aun se desarrollaba. Hacía las 8.45 horas, a escasos diez minutos de que se produjera los primeros lanzamientos de petardos y de algunas botellas hacía el férreo vallado que guardaba la sede del partido del gobierno, al menos un grupo al completo (50 aprox.) de la UIP avanza a la carrera hasta la confluencia con Colón realizando más detenciones y disparando salvas y pelotas hacía la gente que entonces retrocede hasta la plaza, esquina con el bulevar de Recoletos. A esa hora la megafonía de la tribuna instalada advierte a la policía de que “está interfiriendo en un acto totalmente legalizado” que aun no ha concluido y le pide que abandone la zona de la plaza que ya había invadido. También a esa hora es cuando los manifestantes que repelen las cargas iniciales son ya miles, algunos venían de Genova, pero el grueso que se une a los enfrentamientos en ese punto se encontraba en las inmediaciones y observó con estupor como los antidisturbios cargaban con todo hacía la multitud que momentos antes habían realizado el recorrido de la marcha sin ningún tipo de incidente. Es a la altura del conocido Museo de Cera donde se recrudecen los enfrentamientos, consiguiendo los antidisturbios penetrar en el bulevar ajardinado realizado cortas aunque sucesivas cargas con la ayuda de numerosos disparos de pelotas, y situándose así una línea policial en todo el ancho del Paseo de Recoletos que es apoyado en la retaguardia por dos hileras de furgones que habían hecho aparición minutos antes por ambos lados de la plaza y que consiguieron aislar en dos grupos la manifestación.

De esta primera fase de los enfrentamientos del 22M queremos apuntar que: la rapidez y contundencia con la que comprobamos se realizan las primeras cargas en la calle Genova, tanto los amagos y detenciones, como las siguientes que hacen avanzar hasta la plaza al grupo de la UIP, no se corresponden por la vía de los hechos con la versión tanto policial (director general) como política (delegada del gobierno) que afirma que la orden previa era de contención y mesura en este punto de la manifestación, cuando los enfrentamientos más duros aun no se habían producido y el acto se desarrollaba en la plaza. Es decir, resulta evidente que el lanzamiento de objetos que se produjo en esos instantes no parece lo suficientemente considerable como para que inevitablemente los antidisturbios tuvieran que sobrepasar el vallado, reforzar la línea policial y cargar con disparos de pelotas, mas si se atiende a la supuesta orden de “paciencia policial” ante lo que era una manifestación de dimensiones importantes. 

Hay varios ejemplos en movilizaciones similares anteriores, donde los antidisturbios parapetados tras un vallado específico para la ocasión se han mantenido en su posición y aun recibiendo lluvias de objetos y otros ataques, han esperando la ocasión idónea para comenzar a disolver a la masa. Esta acción aparentemente contradictoria es la que obliga a los manifestantes a disolverse unos y a responder a las cargas otros, a la vez que se ve interrumpido e invadido el acto final de la jornada. Y atendiendo a esto último hay otra evidencia policial a tener en cuenta, las cargas se realizan en un solo flanco de la plaza por varios subgrupos y no por una formación más gruesa que siguiera la línea que venía avanzando por la calle Genova. Nos remitimos a otros hechos parecidos e incluso sobre el mismo terreno, el paseo de la Castellana, para comprobar como en el pasado las cargas sobre una multitud de grandes dimensiones avanza a partes iguales barriendo digamos el espacio a despejar, observándose en esta ocasión del 22M que no hay grandes líneas policiales (de hasta 80 o 100 efectivos en el 25S o la Marcha Minera) y que por lo tanto hay una división inevitable de la manifestación. A esto le ayuda las dos hileras de furgones policiales que hacen aparición cuando los antidisturbios ya están situados en el bulevar y que se encargan de separar físicamente a los manifestantes que se van dispersando en una escena de caos provocado. También corresponde a este tramo un asunto, el de los policías infiltrados en las manifestaciones, un hecho que viene siendo evidente en los últimos tiempos pero que a la vez es recurrente para numerosas especulaciones y conspiraciones en torno a la tarea que realizan. Por lo que únicamente vendríamos a afirmar que dado se ha confirmado la presencia de infiltrados el 22M, en el caso de que actuaran como provocadores en algún momento de los disturbios, labor que no es compatible con la de vigilancia y marcado de posibles detenidos, ese posible extremo se produjo en la calle Genova durante las primeras cargas y enfrentamientos, cuando aun la manifestación se desarrollaba pacífica y las personas que pretendían atacar a la policía eran unas decenas. También en las últimas semanas se han publicado diversas informaciones que apuntan a la presencia de grupos fascistas provocadores en la manifestación, por lo que entendemos que si esto se dio, fue de igual modo y significativamente en este punto. Y por último un hecho que pudiera parecer banal pero que se demostró fundamental para el éxito de los manifestantes en el ataque, que es la obra y el material de la misma que se encontraba justo en la esquina por donde los antidisturbios accedieron a la plaza. Parece inexplicable desde la lógica de la estrategia policial no haber retirado el material pesado (tampoco los contenedores de basura) que se encontraba a mano de los manifestantes, como si se suele hacer en otras ocasiones si nos remitimos también a movilizaciones parecidas sobre el mismo terreno.

En segundo lugar queremos poner el foco sobre otra fase de los enfrentamientos. Cuando la línea policial que se había situado en el paseo de Recoletos consigue avanzar, tanto por el carril derecho y central como por el bulevar ajardinado, la fuerza de los manifestantes crece al mismo tiempo y a la misma velocidad que los antidisturbios se emplean contra lo que ya es una multitud a lo largo del paseo. Seguidamente lo que parecen los grupos de la UIP que venían desde Genova y Colón se frenan en un punto, tanto los efectivos a pie como las furgonas, quedando éstas a la altura de la Biblioteca Nacional, así como varios subgrupos repartidos a la altura de la calle Barbara de Braganza y la siguiente, calle Almirante. Mientras tanto y unos metros por delante de la UIP, las unidades de antidisturbios de la Policía Municipal de Madrid que estaban situadas a la altura de la calle Prim alertadas por la incipiente acampada que se levantaba en los alrededores de la estación de Recoletos, comienzan a cargar contra los manifestantes que vienen retrocediendo desde Colón.

 A consecuencia, los ataques ahora son contra los grupos de antidisturbios y furgones de la policía municipal, teniendo que sobrepasarlos en la calzada central lo que parece uno de los grupos de la UIP que se mantenían unos metros atrás. Este grupo digamos que toma las riendas de esa zona del paseo y avanza cargando con disparos de pelotas y a la carrera, eso si, sin ninguno de los furgones que justo antes les escoltaban. Es este grupo igualmente el que ahora dividiéndose en subgrupos además de ocupar el carril central, vuelve a acceder al bulevar ajardinado en un primer momento para cargar duramente contra la acampada que aun resistía, y para avanzar después hacía la glorieta de Cibeles, dándose entonces las situaciones más tensas entre policías y manifestantes, cuando uno de estos subgrupos se enzarza con algunos manifestantes rezagados y quedan aislados del resto de sus compañeros, que a duras penas consiguen reunirse para retroceder totalmente sobrepasados por el duro envite de los manifestantes que se ceban con los antidisturbios durante algunos minutos, hasta que otro grupo aparece por el lado derecho del paseo y lanza varios botes de humo que consiguen disolver a la gente que continua con los disturbios hasta varias horas después en las inmediaciones de Atocha.

A tenor de esta versión apuntaremos que: vuelve a resultar inexplicable desde la óptica policial que el avance de ese grupo de la UIP (suponemos que el conocido como PUMA 70) se diera en solitario, no solo en un primer momento, sino en los siguientes minutos en los que avanza por el paseo, y sobre todo y más resaltable, sin el apoyo de los furgones tanto de la policía nacional como municipal que se encuentran a sus espaladas y que no se mueven pese a tener al grupo en su línea de visión en todo momento. Algo que tampoco corresponde con lo observado en otros hechos similares, donde las cargas que los efectivos realizan a pie son siempre apoyadas por los furgones que gracias a los arranques y frenazos consiguen hacer retroceder notablemente a los manifestantes que resisten a las cargas, incluso en terrenos más estrechos que el paseo del Prado. Al contrario que el tipo de actuación de este grupo de antidisturbios en cuestión, que avanza sin miramientos contra la masa golpeando a los que llegan a alcanzar, algo que si hemos podido ver en incontables ocasiones, incluso ese “quedarse aislados” uno o dos efectivos, pero que ha sido solventado rápidamente con la llegada bien de más efectivos a pie o bien de furgones a todo velocidad, algo que el 22M tardó más de lo habitual en ocurrir. Corresponderían entonces a este tramo las comunicaciones de la emisora de la UIP que han visto la luz, y en las que se ordena tanto a este grupo como a los que están en las inmediaciones quedarse “estáticos” a esta altura. Un extremo confirmado ampliamente por los sindicatos policiales y por la investigación interna que le siguió, y que ha sido puesto en cuestión con cierto énfasis en el debate público sobre los enfrentamientos del 22M, quedando zanjado con la explicación de un supuesto error de calculo y estratégico de la propia UIP. También aquí tocaría apuntar algo sobre la actuación de la policía municipal, que se ve rodeada por la masa que huye de la cargas de la UIP y que realiza algunos movimientos extraños en este tramo, como por ejemplo el arranque en solitario de uno de sus furgones hacía los manifestantes, que más tarde es recibido por una lluvia de objetos provocando el pánico del conductor que se echa mano del arma, o como las primeras cargas que realizan son por cuenta propia y sin la ayuda de la UIP que se encuentra a su espalda, observándose incluso algunos momentos más tarde como efectivos de unos y otros tienen que actuar juntos.

Hasta aquí una versión construida a partir de las circunstancias que se dieron y apoyada en algunas evidencias que se desprenden de ella, y que es gracias al ingente material audiovisual que se ha subido a la red, que aunque se compone principalmente de vídeos editados es posible hacer un visionado que conecte momentos y espacios dándonos una visión aérea de lo ocurrido. Quedaría entonces lanzar una hipótesis al hilo de esta versión: que los enfrentamientos del 22M se produjeron en un primer instante gracias por una parte a la actitud de confrontación de unos pocos manifestantes, y posiblemente de elementos externos provocadores que los agudizaran, y por otra a la escasa contención de la policía en lo que se refiere a como se despachan los primeros ataques que reciben de poca consideración. Esto significa que la orden política de “mesura” ante esta manifestación que supuestamente se lanza desde delegación de gobierno, algo que se ha afirmado en numerosas ocasiones, o no existió o el mando policial no la acató ordenando a sus grupos avanzar hacía la plaza donde se realizaba el acto y usar el material antidisturbios. Y que de igual modo, cuando los enfrentamientos ya se han desatado contagiando a una parte importante de los manifestantes, que son atacados mientras aun participaban en la protesta, es entonces cuando si se asume la orden política de cargar solo contra los “violentos” y por lo tanto no despejar la plaza al completo, así como de hacer “aguantar” a los grupos de UIP ya desplegados a lo largo del paseo, un extremo que el mando policial ordena por la emisora tal y como se ha publicado, denegando así el auxilio al subgrupo más atacado en ese instante. En conclusión, entendemos que ésta representa una posible estrategia policial que se consumaría en la provocación de una situación doble en la que la UIP hiciera de ariete, como en Genova, o de sparring, como en Recoletos, según convendría en cada momento. De este modo se habría logrado en un primer lugar reventar una jornada hasta ese momento pacífica y obligando a la manifestación a dividirse en dos grupos, los que se dispersan y los que se defienden de las cargas (o los violentos y los pacíficos), así como en un momento posterior provocar una situación de tensión contra la propia policía apoyándose en los grupos de manifestantes que ante blancos fáciles y aislados descargan toda la fuerza contra éstos. Parecería entonces, que los famosos observadores de la OSCE o el material antidisturbios de menos que se había asignado a los grupos de la UIP aquel día, resultara una buena excusa para el debate público a la hora de fabricar una coartada ante la inacción de la policía en uno de los tramos de los enfrentamientos. Por último, entenderiamos que cupiera en esta versión alguna otra posibilidad, como es la de un error policial en su comunicaciones y su coordinación, si no fuera porque como hemos comprobado a lo largo del texto existen demasiadas contradicciones y extrañezas en el total del operativo, algunas demostrables y otras que se le suponen.

Y si es que esta hipótesis fuera acertada o aproximada, se entendería el mecanismo post-policial que se activa en torno al 22M en los medios de comunicación y en la instancia judicial en los días y semanas posteriores. Una vez los antidisturbios han traducido una orden política sobre el terreno, corresponde a los medios oficiales y gracias a las escenas vividas, orquestar una campaña de descrédito y silencio de los motivos y propuestas políticas de las MD y del 22M, de criminalización contra los manifestantes y de la forma de protesta de unos y otros y por último de martirización y blindaje de la policía por las agresiones recibidas. Durante más de cinco días consecutivos todos los telediarios y toda la prensa nacional llevan titulares sobre estos hechos, todos ellos sobre lo acontecido al final de la manifestación. Una semana después, la físcalia apoyada en la versión policial difundida por los medios abre una investigación, que continua a día de hoy en manos de la Audiencia Nacional, y que tiene como primer resultado la detención de 11 personas a raíz de los disturbios del 22M, que se suman a los 24 de aquella noche, pasando a prisión preventiva dos de ellos que continúan encarcelados, Miguel e Ismael.

La dignidad de clase y anticapitalista cambia de bando el miedo
Al margen de lo policial, de lo que en si fueron o pudieron ser las decisiones políticas que influyeron en los enfrentamientos del 22M, se encuentra la causa, de lo que al fin y al cabo solo es una consecuencia. Ésta no es otra que el grado de peligrosidad y sentido del riesgo que el estado le concede al movimiento de oposición que se produzca en un momento dado. Se quiere decir entonces que el especial interés que el ministerio de interior y la delegación de gobierno han mostrado en torno a estos hechos, incluida una estrategia policial a medida, es proporcional al nivel de alerta que las Marchas de la Dignidad (MD) y sus características que ahora pasamos a analizar supusieron para los garantes del orden del estado.

Solo con enumerar algunos de los factores que propiciaron la culminación en Madrid de las MD se puede observar que éstos son extraordinarios a la mayoría de movilizaciones y luchas que han hecho aparición en los últimos cuatro años: que la convocatoria parte de un sindicato, el SAT; que éste mismo invita y/o solicita mediante actos de presentación y reuniones la implicación y la participación activa en el 22M de toda la amalgama de organizaciones, colectivos y asambleas en cada uno de los pueblos y barrios donde se hacen eco; que la organización de las MD corre entonces a cargo del trabajo militante, constituyéndose así comités de apoyo en cuantiosos lugares y que son las organizaciones más asentadas, digamos formales, del ámbito sindical y político quienes suponen el grueso de estos comités; que no es impedimento para que colectivos y asambleas populares, plataformas, redes o mareas ciudadanas aportaran al proceso en igualdad de condiciones, sumándose así sectores sociales, feministas, ecologistas, de inmigrantes, vecinales y juveniles a la convocatoria; que la tarea unitaria que representan estos comités y en si las MD es llevado a cabo en nombre de todos y de ninguno, es decir, todos estamos pero ninguno tiene más poder decisorio o de exposición pública que otro; que en consecuencia y por último, las reivindicaciones, los puntos de oposición y choque contra las políticas del gobierno que se estaban planteando, son amplios y asumibles a la vez que concretos y rupturistas al discurso dominante, además de representar las principales preocupaciones y necesidades de la clase trabajadora del momento, incluido del sector de ella más movilizado que se encuentra en la organización de la convocatoria en cuestión.

Pasamos a profundizar y argumentar los enunciados anteriores. Era público y notorio ya a principios de año que la convocatoria de las MD la abanderaba y anunciaba el SAT, Diego Cañamero su portavoz, un sindicato que pese a encontrarse en la órbita de CUT-IU ha dado suficientes muestras de practicar un sindicalismo combativo, honesto y con aspiración de cambio social en los últimos años, al menos en el terreno del campo andaluz donde se mueve. Destacamos entonces la valentía política que supone propulsar una iniciativa como ésta desde una organización limitada en tamaño y ámbito como hasta ahora ha sido el SAT, y que ésta sea un éxito. Igualmente, y al venir del ámbito sindical, la convocatoria de las MD supone una determinación digna de atención, al realizarse no solo sin el apoyo, ni el permiso, ni la consulta, sino al margen de la ruta de CCOO y UGT, o lo que han venido denominando la Cumbre Social. Y decimos que se trata de una característica en la que detenerse, pues el no contar con los integrantes del pacto social ha sido determinante en todos los casos donde el sindicalismo no oficial (revolucionario o alternativo) se planteó en los últimos años convocatorias ya sean de movilización o de huelga general, siendo el 22M una muestra de la viabilidad de esta empresa que tantas veces se quedó en el tintero de reuniones unitarias por miedo al fracaso u otros factores coyunturales A consecuencia de las limitaciones de acción de los convocantes, no le queda más remedio al SAT que impulsar una campaña de apoyo y adhesión a las MD por todo el territorio, de manera que éstas pudieran realizarse desde todos los puntos y no solo desde el sur del país. Esto en lo estrictamente práctico, pero a la vez son los mismos convocantes iniciales los que promocionan ampliamente el carácter unitario de su propuesta y que por lo tanto tienden su mano a cualesquiera sean las organizaciones y gentes que se sumen a ella. De esta premisa, que como decimos se observa intencionada en el fondo y obligatoria en la forma, destacamos el que, digamos los invitados, acogen la propuesta de buena gana y se ponen manos a la obra consumando la unidad de acción no solo sobre el papel, sino sobre la plataforma creada para tal evento. Son estos comités de apoyo quienes asumiendo el plano básico trazado por la convocatoria inicial, les corresponde hacer el esfuerzo de consensuar y posteriormente trabajar en la dinamización de las MD desde su lugar de origen, esto es, las labores habituales de propaganda y difusión local, el soporte logístico y moral de las columnas en sus distintas etapas y la preparación de la manifestación del 22M. Se aprecia entonces que si en un principio el alma es el sindicato andaluz, son las organizaciones y colectivos de mayor implantación estatal quienes recogen el testigo haciendo suyas en el sentido más amplio de la expresión las MD, a la vez que las de ámbito local ya sean agrupaciones, colectivos o asambleas son quienes se encargan de actuar sobre el terreno, multiplicando en definitiva el alma inicial por cientos y miles de almas que desde ese momento consideran el 22M como una propuesta propia. Es el resultado del entendimiento (y esto en lo político supone siempre ceder y exigir a partes iguales) entre los distintos posicionamientos, tácticas y estrategias, que bajo ciertas reivindicaciones y propuestas, son capaces de trabajar en conjunto sobre una acción concreta y una finalidad común. Y frente a lo que se pudiera deducir de esta heterogeneidad, es decir, una posible disolución, desvirtuación o confusión de los discursos políticos que convergen en ella, se evidencia la misma tarde del 22M que las MD son un expositor común de los puntos del manifiesto, a la vez que una lanzadera para las opiniones y posicionamientos propios de cada una de las organizaciones y colectivos que ocupan un lugar en la gran manifestación.

Hacemos un punto y a parte para finalizar esta breve explicación en torno a las reivindicaciones que se plantean desde las MD, que no es otra cosa que una protesta y una propuesta de los que por la vía de la adhesión y la participación constituyen el sentir general de la convocatoria. Respecto al apartado de “No al pago de la deuda” y considerando que este extremo es apreciado por todo el aparato estatal, incluido el parlamento actual, como una opción inadmisible en la coyuntura de la UE y bajo la vigilancia permanente de la Troika, que no cuenta por ahora con el apoyo ni el respaldo de ninguna de las opciones políticas con posibilidad de gobernar, y que por lo tanto supone un fuerte desafío al actual pensamiento único difundido por el gobierno, podemos afirmar la importancia de éste como eje vital de una movilización popular que se pretende anticapitalista. Siendo esto lo que se deduce del segundo y tercer apartado “Ni un recorte más. Fuera gobiernos de la troika”, entendiendo encarecidamente que la opción anticapitalista en el mundo globalizado y en concreto la Europa de hoy pasa obligatoriamente por la oposición de los pueblos a la actual política económica, financiera y al fin y al cabo de gobernanza social a través del consumismo y el despojo al mundo no occidental. Habiéndose convertido algunos de estos pueblos a la larga en territorios igualmente de tercera para las élites mundiales, y actuando sobre ellos como si de peones se trataran en un tablero económico y político donde unos aportan la mano de obra barata, el capital público y una deuda generacional, para que otros más privilegiados se amolden cómodamente al nuevo escenario capitalista. Es decir, la idea fuerza del 22M en este caso no es solo la oposición a los recortes sociales, la merma de derechos laborales o la venta de lo público por parte del gobierno, sino que pone de manifiesto que sería imposible evitar esos propósitos sino es con el derrocamiento de los gobiernos títeres de la Troika que en conveniencia con el bipartidismo, no solo en el caso español, sino en el griego o el portugués, ceden a pasos agigantados porciones de soberanía popular en las ya deterioradas y retraídas democracias representativas de nuestro entorno. Por último, el apartado que pudiera denotar más significativamente el sentido de clase de las MD “Pan, Trabajo y Techo para todos y todas”, una reivindicación que choca de frente con la idea asociada a las sociedades modernas, del bienestar que tanto estuvo en boga, de las oportunidades, los derechos y las libertades consagrados en sendas constituciones, incluida la nuestra. Es de clase entonces porque se pone de manifiesto que las consecuencias de lo que los capitalistas han llamado crisis, comienzan a visibilizarse en amplias capas de la sociedad que han visto empobrecer no solo sus economías familiares sino un deterioro general de la condiciones de vida, quedando de esta manera al descubierto, de nuevo y de forma evidente, las diferencias sociales que dividen al explotador y al explotado, al trabajador y al que vive de él, quien desde una posición de privilegio vive en la opulencia y quién soporta la impronta de la economía en toda su virulencia. Esto es, lo que se podría entender como una reubicación, aunque solo fuera simbólica, de la clase trabajadora que durante las últimas décadas olvidó a cambio de prebendas el lugar que el capitalismo y el estado le reserva en la sociedad, que no es más que la de productor-consumidor de usar y tirar. No podemos dejar de decir al respecto de este último apartado, que funcionó de igual modo como eslogan o lema digamos más carismático que el resto, y que es el que con mayor precisión pudiera responder al concepto de Dignidad que los convocantes y organizadores quisieron trasmitir al colocar tal titulo a la marcha y las columnas del 22M.

Terminamos con una breve apreciación sobre la implicación y en consecuencia lógica, la búsqueda de un rédito político de algunas plataformas electorales que se encontraban entre los impulsores primero y entre los organizadores después. Vendríamos a engañarnos si no apuntáramos aquí que el Frente Cívico de Julio Anguita o la reciente iniciativa electoral de Podemos fueron agentes con los que se contó a la hora de la planificación de las MD y de por donde podrían orbitar sus objetivos. No es un secreto, tanto Anguita como Iglesias fueron participes de la presentación de la convocatoria y de su difusión y soporte público sumándose al llamamiento que hacía el SAT. Y en cuanto al cometido, es notorio también que planea sobre el ambiente actual la ambición de una izquierda parlamentaria o que aspira a ello de tratar de aglutinar el descontento popular hacía un gobierno en este caso de derechas que se presenta como el primer enemigo a batir si es que se quiere la consecución de otros objetivos (lo que pudieran ser las reivindicaciones emanadas de las MD) y en consecuencia un reforzamiento de la izquierda (tradicional-institucional o de nuevo tipo) como alternativa política, que por otra parte es plenamente consciente de que una amplía movilización en la calle le vale como campaña electoral. Y dado que tanto en el caso del Frente Cívico, como en el de Podemos y como apuntamos al principio, en el del SAT a través de la CUT, es IU la organización sino madre si hermana, se aprecia como esta fuerza política, con más dificultades que facilidades, penetra desde un inicio en la convocatoria de las MD, aunque lo hiciera discretamente y aportando al cometido más su posición institucional que su trabajo militante, tal y como se demostró en los comités de apoyo y en las propias columnas. Apreciar esta circunstancia no implica una intención de descrédito de la misma, sino tenerla en cuenta en el análisis conjunto que venimos haciendo, pues solo le correspondería a las organizaciones y colectivos que desechan la vía electoral como una posibilidad de cambio en este momento o siempre, hacerle frente políticamente en el debate y en la calle.

Sirvan entonces estas amplías aunque generales pinceladas, para que a juicio del lector o lectora se compruebe si el grado de riesgo que supone esta puesta en escena teórica y práctica volcada en el 22M es lo suficientemente alto como para confirmar las cuestiones e hipótesis que en el primer apartado desarrollamos en cuanto a lo policial y represivo. Quedando eso si, un sin fin aun de variantes y circunstancias por contemplar, como es el desarrollo de los cuatro puntos en el Manifiesto, de como así se impregna de una amplía gama de propuestas de lucha y esto se traduce en la diversidad del movimiento, del bloqueo y silencio informativo tan brutal que se impuso, o quizás una valoración de lo acertado o no que supone la centralización de la protesta en la capital.

Primavera 2014

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