lunes, 19 de mayo de 2014

David Fernández explica las razones de la "abstención activa" de la CUP en las elecciones al parlamento europeo

David Fernández es de respuesta automática, casi mecánica. Parece que no piensa antes de soltarse a hablar. Y sin embargo, es sumamente metódico al exponer y enseguida es obvio que no improvisa. En realidad, esta entrevista terminó con un «para, para, que no hemos tocado aún la Europa de las grandes infraestructuras, la del TAV...». Pero no quedaba papel para más. Y, ciertamente, es una pena.

¿Cómo afrontan las CUP estas elecciones europeas?
Llegamos a estas elecciones tras un profundo debate interno sobre si debíamos presentarnos o no. La única posibilidad que contemplábamos era acudir conjuntamente con Bildu y BNG o no presentarnos, aunque el diagnóstico era común y compartido, teníamos la misma concepción política, económica y financiera de lo que significa hoy la UE como deriva. El posicionamiento final, tras una votación ajustada, fue no concurrir.

¿Qué motivos llevaron a esta decisión?
Por un lado, buscar la deslegitimación desde fuera de las instituciones. Así, entendemos que la abstención activa en Països Catalans puede ser una opción de ruptura y de rechazo al proyecto neoliberal que supone la UE. En cuanto a nuestro posicionamiento público, llamamos tanto a la abstención como al voto a propuestas independentistas, rupturistas y opuestas a la Troika y la actual UE, como la coalición Los Pueblos Deciden.

La segunda idea para no concurrir, más en clave catalana, es que hoy lo más necesario es reconstruir desde fuera, en paralelo y desde abajo. Priorizamos recomponer el tejido social y asociativo. No es obligatorio para las CUP, que son un proyecto eminentemente municipalista, buscar una representación en todas las instituciones. Nuestro ciclo político-social no coincide con el ciclo electoral-formal.

¿Cuál es, entonces, su modelo?
Para las CUP, la política necesaria es la política de barrio, la política de comarca y herrialde: la política real y local. Y la Europa social y democrática empieza, sobre todo, en casa. En este sentido, creemos que no hay una institución más deslegitimada, más vacía y vaciada de poder que el Parlamento Europeo, que es un parlamento que ni legisla ni manda: solo lo aparenta. Pero esta idea de trabajar desde fuera también la defendemos en Catalunya: las tres personas que estamos en el Parlamento catalán no cambiamos nada. Simplemente somos altavoz de las luchas sociales y de las demandas del proceso abierto hacia la independencia.

Tampoco se puede obviar que la UE es una institución que ejerce un poder sobre Catalunya. Y que, además, sirve de altavoz...
Nosotros estamos en campaña contra la UE cada día, no solamente durante las elecciones. En las elecciones de 2012, algo que nos diferenciaba es que abogábamos abiertamente por salir de la UE. Las relaciones internacionales de la solidaridad entre pueblos, la diplomacia de la rebeldía no tienen por qué pasar necesariamente por las estructuras formales de lo institucional. El otro día, Quim [Arrufat] se reunía con la presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador abordando el proceso catalán. Y seguía por Venezuela. Nuestra idea de la diplomacia no coincide con la típica tópica de estados y mercados.

¿Cómo entiende la actual UE?
Esta es la misma Europa que toleró a Franco durante 40 años. También es la Europa incapaz de reconocer al catalán como lengua oficial en su parlamento. Si no reconocen ni nuestra lengua y cultura, ¿van a reconocer nuestra identidad política? Soy pesimista. Esto no quiere decir que consideremos erróneo intentarlo. En absoluto. La izquierda abertzale siempre ha hecho estas apuestas por la internacionalización de las demandas políticas vascas. Desde 1987 hasta hoy siempre ha sido así, dicho con todo el respeto, solidaridad y complicidad acumuladas. De hecho, mucha gente en los Països Catalans depositará su voto a Los Pueblos Deciden.

Pero Catalunya necesita aliados fuera para la independencia...
En Catalunya se han realizado intentos oficiales de internacionalización, como el Diplocat. Otros más sociales, tal vez, han sido muy llamativos, como el envío del libro «El mundo lo tiene que saber» a las 10.000 personalidades más influyentes. Pero los caminos son muy distintos. Convergencia busca un eje de influencia Washington-Londres-Berlín-Tel Aviv.
Nosotros tenemos otro muy distinto, que pasa por Kurdistán, Palestina, el Sahara y que se desplaza hasta el sudeste mexicano en Chiapas. Los de arriba y los de abajo tenemos nuestras diplomacias. Ellos las oficiales y nosotros, las alternativas. Aunque, más que diplomacia, es solidaridad entre pueblos. Cabe añadir, además, que la diplomacia internacional reacciona siempre después de que ocurren las cosas, opera sobre hechos consumados. Nunca va a decir que está a favor del proceso catalán, sino que se verá arrastrada. El día que haya un acto de autodeterminación colectivo, masivo, pacífico, determinado, y esperemos que en unas urnas, los hechos se desarrollarán en cadena.

Tras esta crítica feroz, ¿cómo ha de entenderse esta solidaridad hacia Los Pueblos Deciden?
Es lo que hemos hecho siempre: trasladar nuestra solidaridad y complicidad. Que la CUP apueste por la abstención como opción de ruptura no excluye la solidaridad. Nuestras visitas a Euskal Herria durante la campaña son una forma de transmitir esa complicidad y transmitirle nuestros mejores deseos a EH Bildu, para que la voz de la Euskal Herria trabajadora, solidaria e insumisa llegue a Europa. Por puro respeto y porque esa ha sido su opción. Nosotros no vamos a decir qué deben de hacer el resto de pueblos. Solo faltaría.

Quizá son momentos distintos en los dos países. Aquí existe un conflicto no resuelto y el Estado hace oídos sordos a todas las demandas que se le hacen desde Euskal Herria...
Es claro que, además de la lucha contra la Troika, aquí existen claves de resolución del conflicto a la hora de presentarse. Ahí sí que cabe la implicación de agentes internacionales para romper el inmovilismo y la política de venganza, como la dispersión que ahora cumple 25 años. Y creo que es en esas iniciativas para resolver el conflicto, de reconocimiento y reparación, donde Euskal Herria va a tener siempre el cariño inalterable de las CUP.

¿De que manera afecta a estas elecciones la imagen que ha ofrecido la Unión Europea en esta crisis?
Ha caído la Europa-mito, la Europa de cartón piedra. Se ha revelado falsa la Europa construida en los años 80 y los 90, la que supuestamente traía bienestar. Ahora hablamos de la Europa de la Troika, del fraude, de la exclusión social, del rescate, de la mayor conversión de deuda privada en deuda pública y del hundimiento del Sur. En definitiva, del desplome de las condiciones de trabajo que es lo que están buscando las élites europeas. Es decir, entrar en una nueva fase de degradación social, depredación de lo público y asalto neoliberal. La UE es hoy un consejo de administración del 1%.

naiz
inSurgente

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