lunes, 10 de marzo de 2014

HECATOMBE TERRITORIAL (en el SAT de Cadiz). Luisa Ramirez

Este domingo se pararon los relojes en todo el mundo. Todos los oprimidos del planeta alzaron la cabeza conmovidos y contuvieron las lágrimas. Temblaron ante un futuro incierto pues ya nada volvería a ser como antes. La territorial del SAT de Cádiz había dimitido.

Fidel Castro expresó su estupefacción ante lo sucedido. Por lo visto, los cinco coleguitas se reunieron en un bar y, con unas cervecitas de más en el cuerpo, tomaron la crucial decisión.
No podían soportar tanta evidente humillación contra el pueblo oprimido indígena andaluz por parte de Diego Cañamero y otros que, como él, se han vendido al sucio colonialismo español y patriarcal.

Digna sucesora de Isabel la Católica, la dirección del SAT no se conforma con no darles la razón cuando tratan de organizar sus pequeños Reinos de Taifas. Sino que, incluso, organiza marchas en el extranjero, en España, junto a repugnantes trabajadores de otros países, que hablan en lengua castellana (y no en aljamía como nosotros), no toman salmorejo y hasta huelen mal.

Si, hace dos veranos, andaluces de muy diferente pelaje y condición idelógica marchamos orgullosos por nuestra tierra, ahora quieren llevarnos a zonas oscuras para legitimar la opresión del colonialismo español contra nuestro pueblo, contra nuestra cultura y contra Alá. ¡Dentro de nuestras gloriosas fronteras, el revisionismo fue suma de pueblo en nuestra Marcha Obrera de 2012; fuera de ellas, solo podría haber fascismo español matamoros como todo lo que existe de despeñaperros para arriba!

Asuntos así no son para tratarlos en la Asamblea Nacional del SAT que había ese mismo domingo. Asuntos así no deben tratarse cara a cara. Asuntos así solo pueden airearse por internet, solo pueden apuñalarse por la espalda. Aunque las webs del PCE se hagan eco de ello para atacar a ese sindicato traidor vendido al catolicismo colonialista español que es el SAT.

A veces cinco personas reunidas en un bar de cervecitas, aunque parezcan estar solas e ignoradas por todo el mundo, pueden representar las justas aspiraciones de millones y millones de andaluces que anhelan la independencia y la reconstitución de nuestro Califato. ¡Justicia para los cinco dimisionistas! ¡Llevar una gloriosa arbonaida vale más que mil luchas obreras! ¡No a los malvados sindicalistas de Cádiz y Sanlúcar!


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