Desde hace unos meses se vienen preparando a lo largo y ancho del Estado español las Marchas de la dignidad: una suerte de convocatoria a marchar caminando hasta Madrid en columnas con las banderas del no pago de la deuda, el trabajo digno (o renta básica), casa y servicios públicos para tod@s.
La necesidad de insistir y profundizar en estas reivindicaciones, la
urgencia de asimilarlas y convertirlas en fuerza motriz objetiva que
salte desde el papel a las calles es evidente cuando se analizan y se
comprende el alcance de las mismas.
“En plegar y moldear está el arte político. Sólo en las ideas esenciales de dignidad y libertad se debe ser espinudo, como un erizo, y recto, como un pino”
José Martí
Desde hace unos meses se vienen preparando a lo largo y ancho del Estado español las Marchas de la dignidad: una suerte de convocatoria a marchar caminando hasta Madrid en columnas con las banderas del no pago de la deuda, el trabajo digno (o renta básica), casa y servicios públicos para tod@s [1].
La necesidad de insistir y profundizar en estas reivindicaciones, la
urgencia de asimilarlas y convertirlas en fuerza motriz objetiva que
salte desde el papel a las calles es evidente cuando se analizan y se
comprende el alcance de las mismas.
La deuda de Damocles.
Primeramente tenemos el no al pago de la deuda. Sin duda este es un
eje esencial en torno al cual se articulan varias cuestiones más, que
aunque no se nombren explícitamente, van necesariamente ligadas a esta
reivindicación. Rechazar el pago de la deuda implica rechazar el proceso
de gestación de la misma, es decir, rechazar el regalo de cientos de
miles de millones que los gobiernos de PSOE y PP tuvieron a bien dar a
la banca (bancos y cajas que si fuera realmente por el bien del pueblo
deberían haberse nacionalizado) y rechazar el consecuente agujero que
dejaron esos millones en las arcas públicas. Esto nos lleva a los
rescates suplicados a la UE para tapar ese agujero y al paquete de
medidas estructurales impuestas desde Bruselas para dotarse de garantías
de pago ante dicha concesión.
Toda esta secuencia es fundamental a la hora de analizar el no pago
de la deuda porque la institucionalidad euro-imperialista, cómo es
lógico en entidades de su naturaleza y calaña, no se plantea ni por un
instante el no recuperar el rescate, y en un escenario de “si no estás
con nosotros estás contra nosotros” la negación de pago de la deuda
implicaría la salida de la Unión Económica Europea. Aunque, claro está,
para el imperio euroalemán es mejor tener a sus colonias periféricas de
“la unión” pagando dividendos procedentes de sus deudas eternamente y ya
hace tiempo que empezaron las medidas para tener controlados a los
Estados “miembros” (para no tener que diferenciar entre categorías de
primera, segunda, etcétera entre los países miembros de la UEE mejor
hablar de colonias, así también se explicaría mejor la injerencia sobre
sus soberanías).
En marzo del 2012 se firmó a nivel europeo el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza, lo que para la soberanía de los pueblos de Europa viene a ser como la Ley 15/97 para la sanidad pública en el Estado español,
es decir, una agresión brutal con intención de muerte. Un tratado lleno
de perlas como que todos los países “miembros” se ven obligados a
establecer reglas de equilibrio prespuestario en sus ordenamientos
jurídicos nacionales, mediante disposiciones vinculantes, permanentes y
preferentemente de rango constitucional [2] o el planteamiento de
castigos por no cumplir alguno de sus puntos.
La materialización del proyecto de este tratado se dio en España a
través del artículo 135 de la Constitución y la Ley de Estabilidad
Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera (2/2012). Europa gana: cuelga
sobre la cabeza de los pueblos una espada siempre amenazante…
El hecho de que la ley la votaran PP, CiU, UPyD, Foro y UPN, y que el
PSOE no la votara (habiendo sido el responsable del artículo 135 de la
Constitución) por una diferencia con sus pretensiones de cuatro décimas
de tope máximo de déficit estructural con lo que se aprobaba, en este
caso es tan anecdótico como las oposiciones estrictamente nominales de
la izquierda parlamentaria. Son solo cifras que ahondan en la naturaleza
politiquera de los partidos que sustentan este régimen de traición y
pillaje constante al pueblo trabajador español.
El derecho de vivir Si el rechazo al pago de la
deuda supone una reivindicación por la dignidad como pueblo que se
levanta contra injerencias externas, el trabajo digno (o renta básica),
la casa y la educación y sanidad para tod@s suponen derechos básicos
inalienables para construirse en tanto que pueblo. Primero por lo
material, porque sin un sustento económico independiente y un lugar
donde vivir y desarrollar un proyecto de vida no existe libertad, y
después por la necesidad de la salud y la educación para construir un
pueblo digno que sea capaz de plantar cara a tanta injusticia en este
mar de barbarie depredadora capitalista. Si hoy lo que sufrimos es todo
lo contrario a estos mínimos, si la precarización del trabajo se agrava
con reforma tras reforma laboral que le da a empresarios para quitar a
l@s trabajador@s, si vemos como la educación se va convirtiendo cada día
más en un privilegio al alcance de unos pocos y si hasta algo tan
necesario como la sanidad se convierte en negocio, cuando se reivindica trabajo digno (o renta básica), casa y servicios públicos para tod@s, lo que se está pidiendo es el derecho a vivir sin tener que comprarlo.
La lucha, el único camino
El único camino para revertir esta situación y empoderarse como
pueblo pasa por la lucha, pero para conseguir una efectividad real que
encamine hacia un proyecto alternativo de organización social esta lucha
debe profundizar dos líneas fundamentales: la primera es sintetizar el
variado conjunto de intereses, demandas y aspiraciones de las distintas
identidades colectivas presentes en el actual marco político y social
para construir con todo ello un movimiento político antihegemónico; y la segunda pasaría por conseguir una estructura de relaciones capaz de articular las distintas luchas populares en una estrategia superadora de las limitaciones de los particularismos y que posea la capacidad para cuestionar la dominación burguesa capitalista.
Sin la profundización en estos puntos la capacidad de asimilación del
sistema capitalista convertiría la lucha en una voz crítica sin
capacidad transformadora del propio sistema.
De ahí la importancia del camino que podría estar naciendo a partir
de las Marchas de la Dignidad. La cantidad de apoyos y participantes que
están consiguiendo desde luchas, colectivos, organizaciones, etcétera
tan distintos, a partir de unas reivindicaciones sintetizadas a partir
de principios tan comunes a todos ellos y que además cuestionan directa e
indirectamente aspectos importantes de la dominación capitalista, puede
suponer un importante primer paso en el avance hacia la conciencia
popular de la necesidad de la lucha por un proyecto realmente
anticapitalista, primer paso para esa lucha.
A partir del 22 de marzo veremos qué pasa.
Notas:[1] http://marchasdeladignidadmadrid.wordpress.com/
[2] http://www.european-council.europa.eu/media/639250/02_-_tscg.es.12.pdf
Fuente: http://tiempodelucha.wordpress.com/2014/01/31/la-urgencia-de-la-dignidad-marchas-22m/
http://www.insurgente.org/index.php/template/politica/item/9412-la-urgencia-de-la-dignidad-marchas-22m
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