Maité Campillo
Domingo, 03 de Febrero de 2013
En Huelva ondeaba la bandera británica, y, “La Compañía gobernaba
España”. Este consorcio de empresas británicas era el mayor del mundo
1888, el año de los tiros. . . y las puñaladas
Al norte de la Península Ibérica, en el
año de los tiros, caían millones de copos blancos y en Huelva, al sur
peninsular, los británicos acribillan a balazos a los obreros de las
minas de Riotinto. Va cuajando la nieve al norte de la cordillera
cantábrica, se expande coronando los Picos de Europa, quedan colapsados,
y el manto de hielo va cubriendo las casas en Asturias, León, y
Cantabria. Mientras la sangre de los mineros al sur, siembra calles y
plazas. Bajo las órdenes del colono británico (igual de miserable y ruin
que el colono español en las minas, de las que llegó a poner como
nombre América Latina) se generalizan unas condiciones de vida más que
lastimosas miserables con salarios de subsistencia increiblemente
humillante. En su interior, perforó la entraña de la tierra, día y noche
incesantemente la lenta combustión del mineral amenazaba con la muerte,
arrojando a la atmósfera dióxido de azufre. En ese infierno, vivían y
trabajaban cientos de mujeres hambrientas y niños. El sistema de
calcinación del mineral se hacía al aire libre, la amenaza británica se
cumplía, las teleras, eran letales. Amenazaban la densas nubes del humo
venenoso contaminando sus vidas a borbotones la irrespirable atmósfera. .
.
Enfermaba personas, destruía y asolaba
el majestuoso y prospero paisaje, humilla cosechas, mata al ganado,
riéndose hasta del propio cacique rural, parásito, que por igual quedaba
afectado. Había que correr huyendo hacia la sierra. “La manta
británica”, amenazaba con devorar todo menos al amo y sus intereses.
Estrangulaba al unísono según asomaba, bloqueaba las gargantas
paralizando el corazón, segaba la vida retorciendo la entraña del mar y
la tierra dentro de los cuerpos mineros y campesinos. La retuerce hasta
la asfixia y obligaba salir ligero como el viento a los seres,
conscientes de la guadaña del imperio inglés de la muerte, a lo alto de
las sierras cercanas buscando refugio mientras abajo, el valle poblado
de barracones se cubría de negro miedo, de negro esperpento, de negro
noche con colmillos de una bestia humana con forma de nube espesa,
feroz, despiadada, hasta el más terrorífico escalofrío. Al otro extremo
de la geografía. . .
Sobre el silencio cómplice de la noche
se prolongaban los días blancos. Nevó durante semanas sobre valles y
altas montañas alcanzando alturas de 2, 4, y 6 metros. La nieve dominaba
sobre el conjunto de la naturaleza y demás seres del entorno. Se
apoderaba de los poblados con crudeza inconsciente cayendo sobre ellos,
como cuchillo hiriente su hoja fría, helando el aliento impregnado de
vida. Mientras tanto, Huelva, la fronteriza con Portugal. La que divide
río y mar. La protagonista que unió miseria y quebranto moría
lentamente. Una guerra declarada al hambre sumó la lucha contra la
contaminación ambiental que se ceba de forma alarmante en los niños,
morían por decenas.
Los días de “manta británica” eran un infierno patente
La impotencia y la desesperación
palpitaba al compás, les hacía correr a las escondidas como errantes de
sus propias tierras. Sierra arriba sin mirar atrás hambrientos y sin
aliento, sin consuelo, como sangre y cebolla. Veían el terror sobre los
ojos de sus hijos y el vientre de las mujeres. La axfísia se
transformaba en doble castigo a soportar. El amo colono era vilmente
criminal en su instinto de avaricia, descontaba del salario los días de
“manta” que él mismo imponía a la población aborigen. Copos de nieve y
sangre de punta a punta se ceñían sobre los nadie. Copos y más copos,
unos sobre los otros iban cayendo helando las calles, atravesando
hogares, acercando al pobre lobo desolado, hambriento, a puntos cercanos
a los poblados. Entre tanto “el lobo feroz británico”, en Huelva,
seguía expandiendo a su antojo veneno mortífero sobre la población. Los
efectos nocivos de las teleras abarcaban alrededor de unos 777
kilómetros cuadrados entorno a las minas, afectando unas
11. 000 propiedades.
El sábado 4 de febrero de 1888
La gente desesperada toma las calles
como protesta, demandaban el fin de la calcinación al aire libre
prohibida en Inglaterra 24 años antes. Percibir el salario completo los
días de “manta”. Reducción de 12 a 9 horas de faena. Supresión del pago
de una peseta para asistencia médica. Y, suspensión de las dos pesetas
con 50 céntimos -descontados del jornal- si extraviaban sus libretas. Se
cuenta que se dieron cita miles de personas. Que las calles rebosaban
de entusiasmo en favor de una vida digna. Haciendo públicas las
demandas, en un ambiente festivo, con bandas de música y pancartas
reivindicativas en contra de la muerte por contaminación criminal y a
favor de la vida:
¡¡Abajo los humos!!
¡¡Viva la agricultura!!
Una voz histórica resumió así los hechos:
“Cuando con más alegría y confianza se hallaban los manifestantes apiñados, en número superior a 12.000, en
las estrechas calles adyacentes y plaza, mandaron retirar la caballería
del sitio que ocupaba y acto seguido una descarga cerrada, inmensa,
cuyos proyectiles barrieron aquella masa humana, puso en fuga
desordenada a la multitud, que dejó en el suelo muchos cadáveres y
heridos y se atropelló por las calles, lanzando gritos de pavor y de
violenta ira. ¿Quién dio la orden de fuego? Hasta ahora no se sabe. ¿Fue
el gobernador? ¿Fue el jefe militar? La soldadesca inconsciente, la
máquina estúpida que obedece y mata, el soldado que dirige la boca del
fusil al pueblo de donde salió y a donde volverá, gozaba con la vista de
la pólvora y la sangre. Con el testimonio de centenares de personas que
presenciaron el hecho, podemos afirmar que los manifestantes no
profirieron ni un grito subversivo, no salió de ellos una provocación ni
un acto que molestase a la tropa ni a las autoridades.”
Corría el año de los tiros asentando puñaladas de gracia.
Sangre, sangre, sangre!, fue la
respuesta; riada de sangre sobre Huelva protagonizada, dirigida,
planificada. El imperialismo británico con sus mercenarios, no regateó
represión, para acabar con la revuelta. El gobernador civil llegó a la
ciudad con un regimiento, de esos mercenarios, llamados soldados.
Mientras la trilogía cultural, rural paisajista, Cántabro-Astur-Leonesa
entre los Picos de Europa, es cegada por la gran nevada del año de los
ochos. La nevada, la gran nevada. La nevada más nevada de los siglos por
su incesante persistencia. Expandió sus alas en su memoria geográfica.
Las alas del ave de los pastos y de los bueyes, cubrió los verdes
valles, blanqueó su musgo. Eran las alas liberadoras de otra
impresionante cordillera, de no menos entrañables y majestuosas
montañosas, ubicadas en el Pirineo de Euskal Herria.
A casi un millar de kilómetros de él, se
desangra a mineros y campesinos. Su sangre se convierte en protagonista
generosa brotando a raudales como mártires pollos para el gran banquete
del amo (presenta en sociedad la nueva heredera), con el último disparo
de gracia. Asentando su dominio, pretende secar en cada puñalada del
sable sus miradas para siempre. Y los copos de hielo del norte se
ensalzan humillando al ganado salvaje sobre los campos, que junto a las
estrellas temblaron, bajo el poder absoluto dominante de la naturaleza
que cuaja su sangre en una muerte lenta y desesperadamente hambrienta.
Cubre tapiando sus guaridas, incomunica sus valles, toma forma de
cristal de nieve. Sobre las montañas el frío obliga a gritar a la
desolada cordillera, en los poblados el hielo agranda su boca
ensanchando su garganta. A algo más de novecientos kilómetros. . .
Lo que en el norte es blanco, allí es
rojo ardiente, humeante. Los colonos, empresarios británicos, se
apoderan de la mitad de la provincia de Huelva, concentrando su poder y
su odio hacia la clase obrera que llegaba de punta a punta, dentro de
una Península Ibérica, arrodillada a los grandes imperios. Su
incapacidad política, su falta de visión cebada en impotencia y
descomposición vendió a la bestia humana extranjera (montada sobre
elegantes jinetes decorados de decenas de finos y distinguidos perros de
caza que arrasaban los campos) “la patria de la madre hispana”. Curtían
su parasitismo avaro entre “préstamos” en los salones de la decadencia
feudal, cuyo único amor a la “patria de los suyos” (como 'poder'
mercenario del británico, ayer, hoy, euro-gringo), fue el despotismo en
el que sumió a los pueblos. Que ya en común, si tenían algo, el
analfabetismo y la miseria.
“La Compañía”
Llamada así por el pueblo, es el
consorcio empresarial “Rio Tinto Company Limited”. . . Copos,
relámpagos, y truenos van borrando la sonrisa de la buena suerte,
apoderándose de los seres vivientes que conforma una de las vistas
panorámica ecológicas y cordilleras más hermosas. Toda la nieve del
mundo sobre el norte de un mapa diseñado por puritos intereses
expansionistas, del nacionalismo llamado español de Isabel la católica.
Guerras de ladronicio imperial inmoral y avasallador arropa injusticias
basadas en la apología de la esclavitud con leyes mercenarias, borrando
la verdad histórica, a través de los infestos diarios de prensa y libros
de historia.
Litros de sangre derramada bajo el poder británico en Huelva.
Durante el año de los tres ochos, no
solo cayó la gran nevada, que paralizó el aliento de animales y seres.
Al sur corrieron litros de sangre, mientras tres cuartas partes de la
población, de norte a sur y de este a oeste era analfabeta, y, más de
esas tres cuartas partes hundidos en la miseria. Estos datos, y más que
pueden ampliar, dan la medida del alcance de “La España imperial” del
año de los ochos.
El temporal en el norte peninsular recrudecía cada vez más
Reuniendo billones de copos y
posteriores heladas, arrastrando tras ellas la buena suerte anhelada, la
esperanza soñada. Borró calles, panorama a la vista empañando el
aliento en el hambre y la miseria implacable, como una espada lanzada
por un poder incapaz de la mínima disponibilidad ni orgullo. Por el
contrario, los parásitos en la metrópoli, residencia del caduco imperio,
se discutían otros presagios: el ego de la opinión pública política y
financiera, no lograba dar credibilidad a que en Cuba, Puerto Rico, Guam
y Filipinas pudieran levantarse en armas contra una “madre patria”
carcomida en la propia usura y extravagancia. En fuerte contraste de
intereses. Al norte, siguen cayendo los copos blancos como perdigones en
la sien, todo queda inmovilizado, y el hambre llama a las puertas. El
lobo se acerca temeroso, paso a paso, cada vez más cerca de las puertas
donde dentro de las casas, en común con él, sufren la misma áspera
desolación y climatología.
Entre tanto y tanto EE UU
Se impone en el panorama internacional
como nueva potencia mundial, irrumpiendo además de con fuerza, con
aires de guerra; evidente carta de presentación claramente definida:
apropiarse de las últimas colonias del decadente imperio español cuya
cicatería, de los políticos de turno, colaboró con ellos de forma
incondicional además de la corrupción de la Corona, de comerciantes
pudientes y militares, prolongándose dicho derrumbe, hasta el “desastre
marroquí” de 1921.
Su destino colonial estaba escrito sin
remisión, ninguna nación europea acudió a su llamada de auxilio, en
correspondencia con la neutralidad mantenida durante las guerras del
siglo XIX. . . El invierno del año de los ochos se había cebado con más
hambre que nunca sobre el norte del mapa diseño de la mentada, Isabel la
Católica, poder que sigue imperando en la mentalidad del nuevo político
de nuestros días. Por otro lado, en el sur fronterizo con la hermana
Portugal, el terror explotador y esclavista británico, se había
apoderado de las vidas de miles de seres procedentes de distintos puntos
cardinales del sangriento mapa de conquistas; batallas alimentadas por
el único amor que el feudal entiende: la avaricia sobre la vida de los
menos que nada al amparo del felino sol que se va imponiendo sobre la
escena. Encendió luces sobre los copos del norte y sobre la sangre que
el británico vertió sobre Riotinto, dueño de medio país, la otra mitad,
en manos de los marionetas terratenientes de la época.
4 de febrero de 1888, en Huelva, ondeaba la bandera británica
Y, “La Compañía gobernaba España”. Este
consorcio de empresas británicas era el mayor del mundo. Su poder estaba
por encima de gobiernos, sedes episcopales, pueblos, ejércitos. . .
ejercían el total control porque tenían el poder del dinero. Y con
dinero se compra todo. Compraron a un gobierno en bancarrota, y a robar a
espuertas, así fue como el británico se hizo “comprando” las mejores
minas del mundo de cobre, algo de plata y oro. Y en Huelva instalaron un
imperio que marcó a la población en el sur hasta la actualidad de
nuestros días y más noches, sin que existiera ni un solito dios o
estrella que les tosiera: guardia civil, ejército español, ejercito de
mercenarios privado, alcaldes, diputados, ministros, periodistas y más,
todos a sus órdenes.
Y el pueblo muriéndose de hambre, y de
enfermedades provocadas por “La Compañía”. Miles de trabajadores
trabajaban en régimen de esclavitud, venidos del campo y de zonas muy
alejadas de Huelva, de Portugal, Galiza, Cantabria, Castilla, Catalunya.
. . Sí, miles fueron los que salían del sol para meterse en las
tinieblas de las minas. Fue entonces cuando los asesinos del consorcio
de esclavos británico, descubrió que era mejor para sus bolsillos, picar
la tierra hasta llegar a las profundidades y quemar el material al aíre
libre generando la muerte en la población. Lo siguen haciéndolo en
África, Asia, América Latina. . .
En las minas de Riotinto trabajaban miles de personas
Hombres, mujeres, ancianos, y niños,
muchos niños que no llegaban a los 12 años. Las mujeres tiraban con
esfuerzo sobrehumano, de las espuertas llenas de mineral, y a los niños
los utilizaban para meterlos en los recodos que los mayores no podían
entrar. En el “Hospital de La Compañía” había siempre cientos de niños
que morían como ratas de las epidemias que contraían en la mina.
Igualmente el hospital se completaba con cientos de mujeres y hombres,
donde les esperaba una muerte cruel y dolorosa. Las causas principales
de mortandad en la cuenca eran las epidemias, enfermedades
respiratorias, infecciones y tuberculosis. En un año morían unos 200
hombres, unas 100 mujeres, y unos 300 niñ@s. Los ingleses vivían en su
colonia apartados por un gran muro que los aislaba del gas de la muerte.
Ese si que era un muro de la vergüenza, un muro criminal, viviendo de
sarao en sarao -de fiesta en fiesta- devorando poco a poco el arte
intrínseco que nace con el pueblo. Doblegándolo, lo desfiguraba
haciéndolo complaciente y sumiso, los trabajadores caían en un destino
cruel, sin fuerzas ni recursos ante tamaño imperio. Pronto empezaron las
protestas, el decir, BASTA YA!
Y, un buen día. . .
Llegó un nuevo trabajador que si sabía leer y escribir.
Se había curtido en largas luchas en
Cuba contra los colonos españoles. Este hombre era, Maximiliano Tornet.
Carismático anarquista que levantó ánimos y conciencias entre sus
compañer@s. El problema principal que tenían los trabajadores eran las
famosas teleras, conocidas popularmente como “los humos”. La calcinación
al aíre libre del material extraído, una forma de fundición del mineral
que causaba emanaciones sulfurosas a la atmósfera. La cantidad de cobre
calcinado era tanta que los humos duraban meses. Cerca de veinte
municipios del entorno se sentían afectados. Y, estalla la famosa
protesta del 4 de febrero de 1888, liderada por sindicalistas mineros y
campesinos.
Sobre los hechos históricos mentados,
algunos escritores y periodistas, escribieron que fue la primera huelga
ecologista de la historia, pero también fue de las primeras huelgas de
mineros y campesinos. Comenzó el 1 de febrero de 1888, culminando el día
4, “por fuerza mayor”. Fueron acribillados y embestidos por bayonetas
decenas, tal vez cientos de trabajadores, niñ@s, en la Plaza de la
Constitución de Riotinto, frente al ayuntamiento dónde se entregaron sus
reivindicaciones, que iban desde la prohibición de las calcinaciones
hasta mejoras salariales y humanas.
Para el cumplimiento del crimen generalizado.
Llegó en persona un sanguinario, el
gobernador civil de la provincia, a las órdenes de “La Compañia” con un
regimiento de soldados armados hasta los dientes. Ulpiano Sánchez, se
llamaba el teniente coronel, al mando de los soldados del regimiento de
Pavía. Era el ejército regular Pavía de Sevilla, que a las órdenes de su
mando, sin contemplaciones ni advertencias, hizo varias descargas de
fusiles contra los huelguistas, rematándolos después a bayonetazos.
Manuel Mora, se llamaba el Alcalde de Riotinto, y a su vez, empleado de la Compañía bajo su influencia.
Hugo Mhateson, fue el presidente de la
sociedad que compró las minas de Riotinto al gobierno de la I República
en 1873, por casi 93 millones de pesetas, y, que según algunos
mercenarios 'economistas', salvó de la quiebra al estado español (?).
William Rich, era el director de las
minas de Riotinto en Febrero de 1888, que al parecer los sucesos le
cogieron 'desprevenido', acababa de llegar hacía apenas una semana. El
director interino hasta su llegada fue, J. Osborne.
Unos dijeron que más de 12.000 y otros que unos 16.000
La población huía aterrada en estampida,
los militares no dejaron recoger a los muertos. Se dijo que fueron
cargados en un tren y luego lanzados al fondo del mar. Nunca se supo el
número real de asesinados a cargo de la británica, “Río Tinto Company
Limited”, todo estaba comprado, atado, controlado. La masacre tuvo
repercusión en prensa internacional. “El Socialista” la tituló:
Masacre y crimen en Riotinto, ¡Asesinos!.
Destacar la noticia vomitada por el
diario´ La Provincia de Huelva, ocultando la verdad, a las órdenes de
“La Compañía”. Este aberrante diario públicamente del lado del crimen,
llegó a declarar que las calcinaciones contaminantes debían considerarse
de utilidad pública <<ya que gracias a los humos había descendido
la mortalidad>>
Se llamaba José Nogales. El periodista,
cuyas crónicas se opusieron a la versión oficial, y que trató de aclarar
los hechos de manera insistente y firme: acabó en la cárcel.
Juan Talero era natural de Córdoba,
diputado nacional por el partido progresista, que defendió ante el
gobierno la postura de los pueblos: falleció a los 28 años de edad,
pocos meses después de la manifestación.
Juan Antonio López, abogado y secretario
del juzgado de Zalamea, que según algunos testimonios, fue uno de los
principales instigadores de la manifestación de agricultores.
Del líder obrero, Maximiliano Tornet, de
origen catalá. El que si sabía leer y escribir, líder
anarcosindicalista que llegó a las minas en 1883. Cuentan que se salvó
de la masacre, y que continuó la lucha en Cuba junto a los mambises. Fue
el principal líder de las movilizaciones obreras de Enero y Febrero de
1888 (único personaje que aparece con su nombre real en la película "El
Corazón de la Tierra", mala, muy mala película).
NOTA
(desde el corazón de la corrupción)
Señalar que la corrupción gubernamental
no tuvo límites; un 2 de julio de 1988 por la mañana, la policía de
Madrid acudió a una llamada de los vecinos del edificio de la calle
Fuencarral 109. Al parecer, del piso segundo izquierda, salía humo y
olía a quemado; en su interior se encontró el cuerpo de Luciana Borcino,
viuda de Vázquez Varela, tendida en el suelo, a los pies de la cama,
descalza, boca arriba y cubierta de trapos empapados en petróleo y
quemados, que sólo pretendían disimular las puñaladas recibidas. En otra
habitación, hallaron a Higinia Balaguer Ostalé, la criada, narcotizada,
al igual que el perro bulldog que yacía a su lado. Al ser reanimada y
ver al ama, rompió a llorar con desesperación. Así es como empezaba un
caso que comprometía a cargos políticos y judiciales.
El Gobierno liberal de Práxedes Mateo
Sagasta, acababa de aprobar en el marco de la reforma del Código Penal,
la acción popular, defendida por Francisco Silvela, con la que se
permitía a los ciudadanos buscar la justicia como fin social. Todos los
indicios racionales vistos desde el presente, implicaban a José Vázquez
Varela, hijo de la víctima conocido como el pollo Varela, si bien éste
tenía coartada “estaba detenido en la Cárcel Modelo por el robo de una
capa” (?). Pero. . .
¿Quién con una mínima influencia aunque
más no fuera intelectual, no sabía que de esa cárcel dirigida por José
Millán Astray (padre del fundador de la Legión, y protegido del político
galego, Eugenio Motero Ríos, del Tribunal Supremo), los presos entraban
y salían a sus anchas? Durante el juicio, en el que actuó como abogado
de la defensa el ex presidente de la Primera República, Nicolás
Salmerón:
La opinión se dividió entre los que
culpaban al hijo de la finada, y los que culpaban a la criada.
Finalmente, como es de suponer en un sistema corroído por la corrupción y
entretelas de intereses. . . la pobre mujer, fue condenada a muerte por
garrote vil. Veinte mil personas presenciaron su ejecución, la última
pública de la llamada “España de reconquistas”. Entre el variopinto
público se encontraba la escritora galega nacida en a Coruña, de origen
aristocrático, autora de una extensa obra. 'La cuestión palpitante', la
acreditó como una de l@s> principales
impulsora del naturalismo: Emilia Pardo Bazán, fundadora de la
publicación 'La biblioteca de la mujer'. Asiste a congresos, donde
denuncia la desigualdad educativa entre hombre y mujer. Muy interesante
adentrarse en la geografía personal y extensa literaria de esta
aventajada, o adelantada intelectual, dentro de la “España”
oscurantista. Así mismo se encontraban en el lugar de la ejecución,
otros reconocidos como el escritor vasco, Pío Baroja, y el vasco por vía
materna-cararión, Benito Pérez Galdós, que escribiría un libro sobre el
caso titulado: “El Crimen de la Calle Fuencarral”.
NOTA
(desde el corazón del crimen)
Hasta 1954, las minas, permanecieron en
manos de la RTC. Los trabajadores preconizaron otras huelgas, y hubo más
asesinatos como respuesta, más muertes por hambre. Los niños seguían
enfermando por la contaminación, y falta de alimentos. Nunca se hizo un
recuento de las víctimas, ni de hombres, ni mujeres, ni niños. Los
enterraron en fosas comunes, a la mayoría en escombreras, pozos
abandonados, y en el fondo del mar.
Con el fin de facilitar la comprensión
de los hechos es conveniente hacer una breve referencia a la situación
política que se vivía:
Después de la restauración de la
monarquía, en la persona de Alfonso XII, conocido popularmente como 'el
rey putero'. Y, una vez que fallece joven en 1885, queda como regente su
segunda esposa Mª Cristina de Habsburgo (nacida en Austria) ya que su
hijo, el futuro Alfonso XIII, contaba con 3 años de edad.
El sistema político que se practicaba
era el bipartidismo, ideado por Cánovas para la restauración, en la que
los líderes de los dos partidos principales se turnaban en el poder,
igualito que ahora. En el momento que nos ocupa le correspondía gobernar
al partido liberal, siendo presidente del gobierno Práxedes Mateo
Sagasta, tomando como ministro de la gobernación a José Luis Albareda.
Mal año para los trabajadores el año de los ochos. El frío de las balas
del sur, se unió al frío de la nieve en el norte peninsular. Mal siglo
para los imperialistas españoles derrotados en Cuba y Filipinas. Otro
imperio sanguinario asomaba sus cañones al mundo.
PD.
Por último, y en la misma onda unas
palabras acerca de la raíz, sobre la historia en la carretera de la
muerte. En recuerdo del 76 aniversario de la huida por la carretera de
Almería. Y, un testimonio palpitante para los escenarios:
'Los fusiles de la madre Carrar'
Obra de Bertolt Brecht,
que plasma el éxodo que provocó el fascismo español con la disposición
incuestionable de la Europa nazi, y el colaboracionismo incondicional de
las “democracias europeas” en el poder. Provocaron en el sur
peninsular, posteriormente en toda la península, la caída de Málaga.
Fue un 6 de febrero de 1937.
Las tropas del fascista general Gonzalo
Queipo de Llano, entran en Málaga. Alrededor de 100. 000 republicanos
huyen hacia Almería por la ruta de la costa. La llamada 'desbandá'
, recordó el superviviente Salvador Guzmán (lo acontecido aquel febrero
de 1937): << Es lo más cercano a un infierno que he
visto>>.
Punto final.. .
¡Qué puñalada trapera , 'el papelín' oficial!
Que llena de saliva la boca del parásito
a la vez que le ensalza el látigo. Que ofrenda de permisos
vende-patrias les autodefinen a su vez como “patriotas”. Qué ironías de
la vida, cuánto ruin engloba la
España-imperial.
Maité Campillo (actriz y directora de teatro)
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