La pasada semana murió Leopoldo Valido, al que en Canarias conocíamos por “Polo, el mecánico".
Su nombre no apareció ni en la prensa, ni en la radio. Tampoco los
tertulianos, tan elocuentes cuando algún poderoso la diña, comentaron
nada acerca de él ni de su
biografía. Y estas cosas suceden pese a que "Polo, el mecánico"
había consagrado una buena parte de su vida a la defensa de los
trabajadores, de los desgraciados, de los que nada tienen. Ni siquiera
la organización a la que habia pertenecido, el PCE, se dignó a
enviar un triste ramo de rosas rojas, un gesto que forma parte de la
tradición que durante años han mantenido los militantes de ese Partido. La verdad es que los apellidos de "Polo, el mecánico" solo se habían asomado a los medios de comunicación hace la friolera de cuarenta y cinco años, cuando en 1968 un Consejo de Guerra sumarísimo lo condenó a dar con sus huesos en prisión por "rebelión militar". Todo parece indicar, desafortunadamente, que el nombre y los apellidos de Polo se borrarán de la memoria de la ciudad a la que entregó los mejores años de su vida.
UNA PERSECUCIÓN SIN TREGUA
Y es que la historia ha sido ingrata con los comunistas españoles. Cuando en el año 1939 concluyó la Guerra Civil, con la derrota sin paliativos de la II República, se desencadenó una despiadada persecución sin precedentes históricos contra todos aquellos que por acción o pensamiento habían defendido el ideario de los comunistas. No es esta una afirmación gratuita. Enemigos tan furibundos del
LEOPOLDO VALIDO
La "caza del comunista" se convirtió en la obsesión de aquella máquina de matar que fue el aparato del Estado fascista en España. Decenas de miles de ellos fueron liquidados en el curso de los primeros años de la postguerra. La "victoria" de las tropas insurrectas se trocó en un aviso de que contra los comunistas todo estaba permitido.
El desenlace final de la II Guerra Mundial, con el decisivo papel que en el mismo jugó la Union Soviética,
disminuyó considerablemente el torrente de fusilamientos de militantes
comunistas en España. Sin embargo, el Régimen no dio tregua a la
persecución y a las torturas de aquellos que, pese haber sido
abrumadoramente derrotados durante el conflicto civil, se empeñaron
en dar continuidad a su combate. Durante dos décadas y media el PCE, contra
viento y marea, fue curtiendo laboriosamente sus redes sociales a lo
largo y ancho de todo el Estado. Entre 1945 y 1965 el PC era la única organización política capaz de suscitar la preocupación de la Dictadura de Franco. Su peso en la sociedad española creció de tal manera que para todos se convirtió en "el Partido". Para la mayoría estaba claro que cuando se hablaba de "el Partido" no se podía tratar de otro que el Partido Comunista, porque el PCE
había quedado situado frente al aparato represivo del franquismo en la
más absoluta de las soledades. En justicia hay que decir que durante
decenios no existió otra organización política en la oposición
antifranquista que fuera capaz de recoger las banderas abandonadas en
los barrizales de la pavorosa derrota de Abril de 1939.
INGRESO EN EL PARTIDO
Fue en la primera parte de los sesenta cuando Leopoldo Valido, al que conocíamos con el sobrenombre de "Polo", ingresó en las filas clandestinas del PCE.
No era propiamente un asalariado. Se ganaba la vida con la propiedad de
un modesto taller de mecánica de automóviles, ubicado en las
inmediaciones del barrio de Arenales de la capital grancanaria. Arenales
había sido históricamente un barrio convulso. A principios del siglo
XX la sangre de once trabajadores corrió por sus calles cuando la Guardia Civil disparó
a quemarropa contra una protesta popular motivada por un descarado
fraude electoral. Fue precisamente en ese barrio donde en los años de la
postguerra se constituiría un importante núcleo de células del Partido
que permitió que la vida de éste no se apagara durante los períodos más
oscuros de la represión. Allí comenzó "Polo, el mecánico" su militancia en el Partido en la década de los sesenta.
Pero los sesenta habían
dejado ya muy atrás los años sombríos de la postguerra, aunque todavía
en 1963 la dictadura de Franco se atreviera a arrastrar hasta el paredón a Julián Grimau García, un miembro destacado del Comité Central del PCE que se encontraba en aquellas fechas en una misión partidaria en España.
Las nuevas generaciones, desconocedoras de la tragedia de la guerra y
de sus dramáticos efectos ulteriores, se incorporaban paulatinamente a
la sociedad española, introduciendo cambios radicales en el panorama
demográfico del país y en sus costumbres. Fue en ese contexto en el que "Polo" se incorporó a la actividad política clandestina, cuando ya había cumplido la treintena.
EL PCE SALE DE LAS CATACUMBAS. LATITUD 28
En esa época, en el seno de la organización del PCE en Canarias se
había producido un enconado contencioso en torno a cuál debía ser la
táctica a seguir en la lucha contra el franquismo. Por una parte, se
encontraban los militantes más viejos de la organización, curtidos en
una férrea disciplina de clandestinidad, resultado de experiencias
propias de los años más duros de la represión. Por otra, las nuevas
generaciones que se iban incorporando al PC pugnaban por lo que ellos denominaban "la salida la superficie", consistente en el abandono de la clandestinidad de catacumbas, y la apertura del Partido a nuevas formas de vinculación con la sociedad. "Polo",
aunque por entonces sobrepasaba con creces los treinta años, se
incorporó a la lucha con esos sectores juveniles, que encontraron su
más representativa expresión en el movimiento cultural conocido con el
nombre de "Latitud 28". Alrededor de esta iniciativa legal, cuyo principal promotor fue el escultor Tony Gallardo, se nuclearon una gran cantidad de jóvenes.
Latitud 28, utilizando el
pretexto - imprescindible entonces - de la cultura se fue filtrando en
determinadas áreas de la sociedad canaria, alcanzando una influencia
social y política que el Partido como organización clandestina no podía
obtener. Leopoldo Valido jugó un papel importante en el curso de esta faceta del PCE en la isla de Gran Canaria.
Fue a finales de esa década, concretamente en septiembre de 1968, cuando de forma abrupta y dramática concluyó esta rica etapa del Partido Comunista en la isla, a través de la cual la organización había logrado un estimable asentamiento social del que hasta entonces había carecido.
Fue a finales de esa década, concretamente en septiembre de 1968, cuando de forma abrupta y dramática concluyó esta rica etapa del Partido Comunista en la isla, a través de la cual la organización había logrado un estimable asentamiento social del que hasta entonces había carecido.
LA CAÍDA DE SARDINA
En el tórrido verano de 1968, más de un centenar de personas se reunió el 15 de septiembre en la Caleta de Martorell, en la localidad de Sardina del Norte,
con la finalidad de prestar su apoyo solidario a los trabajadores de
una empresa con cuya dirección tenían disputas salariales. La
organización del Partido solía encubrir su actividad tras coberturas que
tuvieran apariencias de legalidad. En este caso la concentración se
presentada como una mera "excursión". En el curso de estos
eventos se producían intercambios de opinion e intervenciones públicas
sobre el problema que los convocaba. Entre otros objetivos estos
encuentros servían también para establecer relaciones más sólidas
con los colectivos afectados que se pudieran proyectar hacia acciones
futuras.
Pero en esta ocasión la Guardia Civil estaba al corriente de lo que se escondía tras aquella "excursión".
Pronto, las negras siluetas de los tricornios acharolados se dibujaron a
lo largo de todo el perfil de la cima que rodeaba la playa. Aquel fue
un momento tenso, en el que una mezcla de rabia y miedo turbó los
pensamientos de los allí presentes. Todos comprendieron la importancia
de lo que había entrado en juego. Algunos, los que no pudieron o no
supieron resistir el reto, huyeron a través del mar de un escenario que
no auguraba un final pacífico.
La Guardia Civil
planteó a los congregados un ultimátum inaceptable. Tres de los allí
reunidos, que ellos consideraban dirigentes, debían entregarse. La
respuesta de los cincuenta que todavía permanecían en el lugar fue
contundentemente solidaria: "¡O todos, o ninguno!" . Entre los insolentes que se negaban a aquella propuesta vejatoria se encontraban "Polo, el mecánico" y su compañera, José Montenegro Alamo, "Armandillo" León, Jesús Redondo Abuin, José del Toro…
y otros muchos. La cincuentena de personas que formaba el grupo
resistente no solo se mantuvo firme y unida ante los amenazantes
mosquetones de los civiles, sino que, además, pretendieron atravesar
el cerco desfilando en manifestación hasta el pueblo más próximo. El
comandante que dirigía el destacamento, eructando aún los restos del
alcohol que había ingerido para poderse enfrentar con aquel grupo de
hombres, mujeres y niños desarmados, no lo dudó un instante: disparó a
diestro y siniestro contra aquella masa indomable que se negaba a
obedecer sus órdenes. Uno de ellos cayó fulminado al suelo al recibir
un disparo en una pierna.
UNOS POCOS Y VIEJOS CAMARADAS EN EL ENTIERRO DE "POLO EL MECÁNICO
Luego vino todo lo demás. Veinte de los detenidos fueron condenados en un Consejo de Guerra sumarísimo a penas que iban de uno a once años de prisión. A “Polo, el mecánico” lo condenaron a dos años que cumplió en la prisión de Palencia.
Hay algunos que consideraron aquella
acción como un error táctico de los comunistas canarios. Es cierto que
la caída de cualificados dirigentes de la época y de no pocos militantes
de base en aquella acción permitió que la dirección del PCE en
las Islas cayera posteriormente en manos de los sectores más derechistas
de la organización. La aparición en el escenario político de las Islas
de José Carlos Mauricio, que pasaría de ser Secretario General del PCE
en el Archipiélago a diputado de la derecha caciquil canaria, está
vinculada a alguno de los efectos negativos de aquella acción. Pero
ocurre también que en la lucha política las carambolas históricas no
son ni predecibles, ni evaluables.
REFLEXIÓN FINAL
Difícilmente se puede afirmar que el balance provisional de la lucha de los comunistas españoles en general, y el de los canarios en particular, haya sido positivo. La historia ha sido ingrata con ellos. Pero antes de que la historia lo fuera, ya lo había sido la propia dirigencia del PCE, que en momentos cruciales para el futuro de la organización se rindió y vendió el patrimonio histórico del Partido a cambio de un miserable plato de lentejas.
En cualquier caso, los comunistas constituyeron la única fuerza política cuya acción cuarteó definitivamente el aparato de la dictadura franquista. También es verdad que el sacrificio de decenas de miles de militantes de ese Partido a lo largo de los 40 años de Dictadura no se vió compensado por el establecimiento de la sociedad más justa que ellos perseguían, en la que se dieran las condiciones para impedir que el hombre continuara siendo un lobo para el hombre. Pero a la luz del calamitoso desarrollo de la sociedad capitalista actual, ¿quién se atrevería hoy a asegurar que ese balance de la lucha de los comunistas por una sociedad diferente es el definitivo?
http://canarias-semanal.org/not/11664/leopoldo_valido_in_memoriam__reflexiones_ante_la_tumba_de_un_comunista/
REFLEXIÓN FINAL
Difícilmente se puede afirmar que el balance provisional de la lucha de los comunistas españoles en general, y el de los canarios en particular, haya sido positivo. La historia ha sido ingrata con ellos. Pero antes de que la historia lo fuera, ya lo había sido la propia dirigencia del PCE, que en momentos cruciales para el futuro de la organización se rindió y vendió el patrimonio histórico del Partido a cambio de un miserable plato de lentejas.
En cualquier caso, los comunistas constituyeron la única fuerza política cuya acción cuarteó definitivamente el aparato de la dictadura franquista. También es verdad que el sacrificio de decenas de miles de militantes de ese Partido a lo largo de los 40 años de Dictadura no se vió compensado por el establecimiento de la sociedad más justa que ellos perseguían, en la que se dieran las condiciones para impedir que el hombre continuara siendo un lobo para el hombre. Pero a la luz del calamitoso desarrollo de la sociedad capitalista actual, ¿quién se atrevería hoy a asegurar que ese balance de la lucha de los comunistas por una sociedad diferente es el definitivo?
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