'DÍA DE LA PAZ Y DE LA NO VIOLENCIA EN LOS INSTITUTOS', por Luis Enrique Ibáñez (Y al pelicula Espartaco de Stanley Kubrick)

"No se entiende que no seamos honrados con nuestros alumnos. Porque si lo fuésemos, les explicaríamos que vivimos en un estado de absoluta ausencia de paz y de continua presencia de violencia real...


Porque el deslizamiento con que la perversión del lenguaje adultera los significantes profundos se produce de  modo tan sigiloso que ya ni siquiera advertimos que somos habitantes de otro idioma, de otro discurso, tramposo y tirano. Y, así, expresiones como "no violencia" han pasado a significar, sin que nos demos cuenta, aceptación sumisa de la esclavitud"

Imagen de violencia policial en aquellos días de protesta de los estudiantes de Valencia
DÍA DE LA PAZ Y DE LA NO VIOLENCIA EN LOS INSTITUTOS

El próximo 30 de enero volverá a celebrarse en los institutos el "Día de la no violencia y la paz", qué bonito. 

Y supongo que en la mayoría de los centros se hará, otra vez, de forma ñoña, cursi y silenciadora. Concursos de poemas sobre la paz, cartelitos monos cuyo motivo central volverá a ser la pesadísima palomita de las narices, musiquita narcotizadora, celestial, que sonará a través de una vieja megafonía, mientras en el patio decenas de alumnos forman bonitos corros con sus manos enntrelazadas y con sus rostros apuntando extasiados hacia el cielo azul inexistente... y los profesores con aire ingenioso nos diremos al oído eso de "haz el amor y no la guerra". Vaya tela.

Con la que nos están haciendo, no se entiende que sigamos colaborando con ese maquiavélico proceso mediante el cual el sistema de poder ha conseguido desvirtuar, manipular, los conceptos de pacifismo y de no violencia para fijarlos como poderosas inercias de sometimiento, como argumentos incontestables que nos obligan a asumir, con la cabeza agachada, una esclavitud obscena y democrática.

No se entiende que no seamos honrados con nuestros alumnos. 

Porque si lo fuésemos, les explicaríamos que vivimos en un estado de absoluta ausencia de paz y de continua presencia de violencia real. Y que la reacción ante ello no puede ser el sometimiento pacífico, no puede ser el culpable ofrecimiento de las infinitas mejillas... ya no nos quedan más mejillas que ofrecer. Les diríamos que el santo Job es sólo un mito bíblico con el que el Poder, Dios, se divertía cuando se encontraba aburrido.

Para celebrar el Día de la no violencia lo primero que deberíamos hacer, si nos queda dignidad, es detallar dónde reside hoy esa violencia y cuáles son las infernales leyes que soportan, defienden y amparan esa violencia.

Porque el deslizamiento con que la perversión del lenguaje adultera los significantes profundos se produce de  modo tan sigiloso que ya ni siquiera advertimos que somos habitantes de otro idioma, de otro discurso, tramposo y tirano. Y, así, expresiones como "no violencia" han pasado a significar, sin que nos demos cuenta, aceptación sumisa de la esclavitud, asunción culpable de la estafa, como si fuera una plaga, como si fuera una borrasca, eterna, inevitable. Y eso es mentira. Son sólo palabras. Lenguaje prostituido, al servicio del Amo

Si fuésemos dignos y valientes, digo, les explicaríamos que la violencia no es precisamente la imagen de un contenedor volcado en la vía pública, sino, al contrario, la violencia insoportable, que seguimos soportando, está en ese contenedor bien colocadito en el que un padre acompañado de su hijo de siete años busca algo de comida. 

Les diríamos que resulta especialmente violento que ancianos con enfermedades crónicas no puedan pagar los medicamentos que necesitan.

Les informaríamos de la inadmisible violencia que supone la expulsión de un familia de ese humilde piso en que vivían porque todos están el paro y ya no pueden pagar la mensualidad, y que aunque ya no puedan pagarla, tienen el deber legal de seguir pagándola, aunque ahora vivan debajo de un puente.

Violencia es que alguien se vea impelido al suicidio.

Violencia es que un niño muera cada cinco segundos por falta de comida, medicinas o agua potable.

Y así seguiríamos, enumerando todas esas situaciones violentas, todas esas injusticias, todas esas atrocidades, que suceden todos los días, y que sí, son legales. 

Existen leyes que permiten, que promueven el terror. Son leyes injustas.

Y como estaríamos celebrando el diíta de la no violencia, de la paz, hablaríamos de Gandhi. Y entonces les contaríamos que ese icono de la paz, de la no violencia, lo fue, principalmente, de la desobediencia civil... "En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle" . Y debatiríamos con ellos sobre el deber moral que todos tenemos de desobedecer esas leyes injustas, para no ser cómplices con la injusticia, para no soportar la tiranía.

Les contaríamos que, lo mismo que ahora existe una ley que permite echar a una familia de su casa porque no puede pagar al banco y además esa ley mantiene la obligación de seguir pagando, mantiene la deuda, hace muchos años, en Estados Unidos, existía una ley que efectivamente obligaba a una mujer negra a ceder su asiento en el autobús a un caballero blanquito y moverse a la parte de atrás. Y que un día llegó una mujer, Rosa Parks, y desobedeció la ley, dijo no.

Sí, vivimos en un estado que ha destrozado la paz social, un estado que ejerce la violencia contra sus ciudadanos, a través de leyes agresivas, inhumanas, que violentan la dignidad humana, que se ríen de los derechos humanos. Y hay que decirlo. 

¿O es que, por ejemplo, negarle a alguien, sea quien sea, la asistencia sanitaria no es una forma asquerosa de violencia consentida?

Y es que precisamente decir no, levantar la cabeza y desobedecer, es ahora nuestro horizonte de ética, la tierra a la que nos dirigimos.

Porque cruzarse de brazos, asentir, mientras la ignominia se pasea delante de nosotros, es la forma más cruel de mostrar nuestra condición de seres violentos.

Violentos, y peligrosos.

Tal vez, este 30 de enero, en lugar de volver a poner en nuestras clases, por enésima vez, la película 'Gandhi', podríamos visionar y comentar con nuestros alumnos 'Espartaco', de Stanley Kubrick, y, así, intentar comprender por qué no podemos aceptar la injusticia sin más, ni más... como dejándonos morir.

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("Cuando damos clase, lo queramos o no, adquirimos una responsabilidad que va mucho más allá del tema concreto que estemos explicando. Todo lo que decimos y hacemos dentro del aula implica un posicionamiento ideológico. Todos nuestros mensajes, incluso aquellos que no lo desean, llevan implícita una forma de ver el mundo...tenemos la voz, tenemos la cultura. Y tenemos que decidir qué hacer con ellas. Y sólo cabe una respuesta. Lo demás sería vegetar sin alma por las aulas perdidas de la derrota segura")

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