F. Fannon – Los condenados de la tierra
¿Dónde queda la identidad colectiva de
lxs desposeídxs de la tierra, del trabajo, del techo, de la sanidad, de
la educación, de la libertad de expresión, de la libertad de reunión y
de luchar por cambiarlo? Si planteamos esta pregunta en referencia a
gentes de otras latitudes en otros tiempos, parece que se asume en
seguida el expolio sufrido por el pueblo, en tanto que pueblo, y la
imposición de una identidad distinta basada en valores de sumisión,
obediencia, rechazo de lo propio y adoración por lo de fuera, en razón
del beneficio propio de la parte agresora, que supone del despojo
absoluto de la identidad colectiva de pueblo.
Si trasladamos esta pregunta, por
ejemplo, a la Sudáfrica del Apartheid, nadie tendrá ningún problema en
afirmar que allí la población negra se vio despojada de toda condición
humana de dignidad y obligada a la supervivencia en el sentido casi
estrictamente biológico del término, perdiendo así todo atisbo de
conciencia de pueblo que mantuviera su identidad, en tanto que negrxs y
africanos, pasando a ser poco más que los bueyes que tiran del arado y
que al acabar la jornada se tumban a comer su ración de heno y a
recuperar las energías necesarias para repetir la operación al día
siguiente.
Desde el lenguaje hasta los trajes
europeos de los negros que intentaban vivir como los blancos, pasando
por la asunción por parte de lxs negrxs de la propiedad de la tierra en
manos foráneas y del consecuente dominio económico, político y social
extranjero, son síntomas de la grave sangría en la conciencia de un
pueblo invadido y sangrado hasta la extenuación que pierde el norte en
cuanto a su propio desarrollo autónomo y en libertad. Habría que ser
ciegxs para no verlo.
Pero, ¿y si en lugar de hablar sobre lo
que ocurre o ha ocurrido en otros puntos del planeta trasladamos el
centro de la cuestión a la grandiosa Europa, al estado Español del año
2013?
Si atendemos a los noticieros de los
grandes medios de comunicación, la situación anda hoy por una crisis
económica de la que nos estamos empezando a recuperar. Aunque analizamos
un poco más en profundidad e interpretamos la totalidad de las
informaciones, vemos que son las grandes empresas y bancos quienes están
volviendo a recuperar sus tasas de beneficio, y que en realidad el
pueblo, en su seno, ve cada día más y más familias obligadas a abandonar
sus casas, ve el desempleo como el pan de cada día, ve como cada vez
menos puede siquiera protestar por ello… De todo menos esa supuesta
recuperación económica que se vende, al menos para el pueblo trabajador.
Entonces, todos los millones de personas
que hoy sufren el no poder conseguir un trabajo, es más, un trabajo
digno con un salario que permita no tener que practicar la ingeniería
doméstica para poder llegar a final de mes sin tener que hacer más
agujeros al cinturón o hacer cola en Caritas para conseguir un poco de
arroz ¿acaso son responsables de su situación o, al contrario, les viene
impuesto por un modelo económico basado en el que unos pocos vivan
divinamente a costa del resto? Si es una situación provocada
externamente al pueblo trabajador (aquí está toda esta gente que sí vive
únicamente de su trabajo) y en perjuicio a este mismo, ¿no es una
imposición aprovechada y parasitaria al estilo de las que comentábamos
del Apartheid sudafricano en que la metrópoli imponía y se aprovechaba
del territorio colonizado?
Todos los recortes en servicios
sociales, en salarios y prestaciones de todo tipo ¿a quién benefician?
¿Todavía hay quien crea que es por bien común? Seguro que Ribera Salud,
Capio o la Iglesia Católica y sus beneficiarios estarán encantados de
que se piense eso mientras que ellos cada vez ganan más en concesiones
de servicios sanitarios y colegios concertados (entre otros negocios).
Por tanto, quien tiene el poder de
hacerlo, que evidentemente no es el pueblo trabajador, quita a este los
servicios que trascienden al modelo buey-trabajo-heno-dormir y vuelta a
empezar, para no bajar su tasa de beneficios en los momentos en que
las crisis de su sistema lo hacen tambalearse. Y el resto viene dado.
El pueblo que se ve privado de decidir sobre su destino, que ve su
propia soberanía dirigida por mandatos de mercados y mangantes que no
solo quitan para ellos sino que imponen el pago de sus deudas, ese
pueblo pierde conciencia de quién es y cuánto vale y eso implica un
pueblo no libre.
Los opresores son los mismos y lxs
oprimidxs, estén aquí o allá, también son lxs misms. Por tanto,
colonialismo y capitalismo, como distintas expresiones del mismo
fenómeno de explotación de muchxs por unos pocos, son, hay que decirlo
fuerte, enemigos del pueblo y enemigos de la vida.
Fuente: Tiempo de Lucha
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