"... dos argumentos que expanden
arrogantes la esclavitud moderna que aceptamos... la aceptación
culpable del Discurso del Amo, a partir de ahí, ya no hay nada que
hacer...
... Y sí que hay que hacer...
Construir el discurso propio y ser fiel a el mismo. Estar alerta y no
permitir que los malditos venenos semánticos diluyan nuestra conciencia"
Otra vez el arte, otra vez el cine,
llegan y ponen encima de la mesa las cartas boca arriba. En esta escena
magistral, sobria, oscura, hiriente y luminosa a la vez,
se muestran desnudos dos argumentos de derrota sobre los que se asienta la culpa, dos argumentos que expanden arrogantes la esclavitud moderna que aceptamos, la esclavitud asumida.
se muestran desnudos dos argumentos de derrota sobre los que se asienta la culpa, dos argumentos que expanden arrogantes la esclavitud moderna que aceptamos, la esclavitud asumida.
El primero, la primera señal de la
derrota, se produce cuando una parte de los golpeados abandona la lucha
y, a continuación, acepta la limosna que llega después de la estafa.
El segundo es aún peor, es especialmente
siniestro, se produce cuando hacemos nuestras esas macabras palabras
que nos marean, que nos confunden, que nos anulan... "trabajo, lo que es trabajo, sí que hay, lo que pasa es que hay que buscarlo, y hay que querer trabajar..."
Esas palabras que nos subyugan, son las que permitieron, un estúpido 11
de julio, que ese lacayo del poder, el presidente de Gobierno Mariano
Rajoy, insultara a todos los parados de este país cuando dijo que
eliminaba las prestaciones a los desempleados "para animarles a la búsqueda activa de empleo".
Que ese hombre, o lo que sea, diga eso es indignante, pero que los
propios aludidos lo asuman no tiene perdón: la aceptación culpable del
Discurso del Amo, a partir de ahí, ya no hay nada que hacer.
Y sí que hay que hacer, y mucho.
Construir el discurso propio y ser fiel a el mismo. Estar alerta y no
permitir que los malditos venenos semánticos diluyan nuestra conciencia.
(Luis Enrique Ibáñez)
- El problema es que te dicen
"echamos a 80, o tragáis, o cerramos el astillero", y en ese momento
decimos que no, que el astillero no se cierra, porque es nuestro
trabajo, el trabajo de nuestros compañeros, y con el trabajo no se
juega... en primera línea, defendiendo lo nuestro... cuando nos
encerramos allí no éramos 80, éramos 200, entre eventuales y fijos, y si
no, pregunta a la policía, seguro que se acuerda...
- ¿Y qué conseguisteis? No conseguisteis nada.
- Conseguimos que se enterase la gente.
- Pues ya se les ha olvidado a todos.
- Conseguimos estar juntos. Eso a mí no se me ha olvidado... Firmasteis ese convenio, y sabíais que era una mierda.
- No nos quedaba otra
- ¿No os quedaba otra? Cojonudo (...) Tú has cogido este bar y te va bien, y yo me alegro, pero otros no han tenido tanta suerte
- Ya, pero eso no es culpa mía, Santa
- No es culpa tuya, ya... pero
firmasteis el comentario... Nos fuimos 80 a la calle, y al años
siguiente vinisteis los fijos detrás, ¿y qué pasó ahí? Pues que ahí ya
no estábamos juntos, nos habían separado... con el puto convenio... si
no estamos juntos, nos joden, pero eso no es de ahora, eso es de
siempre... por eso a mí se me está poniendo esta mala hostia que...
... a mí me da igual, si toca, me
pongo a servir copas, claro que si ponen a todos en la calle no va a
haber a quien servírselas... y eso ya me jode más."
También en nuestro cuerpo, el de los
docentes, han echado a miles de profesores a la calle, y los que
seguimos hemos aceptado el aumento de horas de trabajo, el aumento de
alumnos por aula y la bochornosa y vergonzante rebaja de nuestros
sueldos.
Publicado por Duelista entre palabras
http://dueloliterae.blogspot.com.es/2013/11/solidaridad-y-lucha-o-derrota-escena-de.html
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