Construir
un mundo posible, significa eliminar a la vez todas las formas de
opresión: raza, clase y género son caras de la dominación que se
articulan entre sí. La biología es destino para el pensamiento y la
estructura social racista y patriarcal, sirve para legitimar un lugar de
sumisión y subalternidad que se conjuga muy bien con la pobreza.
El capitalismo no inventó el patriarcado
pero lo aprovecha muy bien. El capitalismo de hoy, es un sistema de
dominación múltiple que incluye la naturalización de las diferencias y
desigualdades sociales, y éste es el mecanismo que en el marco del
mercado supuestamente neutral asegura privilegios y conjuga
discriminación, opresión y explotación. La jerarquía sexual -de lo
masculino sobre lo femenino- expresada en realidades como la
feminización de la pobreza, la mercantilización y control de los cuerpos
de las mujeres, la violencia machista y simbólica, la colonialidad
patriarcal, segregación laboral y desvalorización del trabajo del hogar,
da soporte al modo de producción capitalista que necesita jerarquizar
para explotar mejor.
Pensemos por ejemplo, en cuán benéfico
es para el capital global, que la reproducción y cuidado de la vida
humana sea un asunto privado y gratuito que realizan las mujeres como
parte del imperativo que la sociedad impone a su sexo. Veamos además,
cómo el gran número de mujeres migrantes que desde los países más pobres
van a los países centrales a cuidar ancianos y niños por poco dinero,
constituye una nueva cara de la expoliación.
La exportación de servicios de cuidado
incluye amor y ternura para el cuidar, que producen las mujeres que se
importan, es en realidad, una nueva forma de imperialismo, si antes se
saqueaban los recursos materiales ahora son los emocionales.
Consideremos también, cómo se beneficia el capitalismo manteniendo
ejército de reserva de mano de obra femenina, estructurada material y
culturalmente, siempre más barata y flexible que la masculina a causa de
su rol como madre que en capitalismo es un defecto. Mientras tanto, en
el lado masculino, la no educación para la paternidad, legitima la
irresponsabilidad promoviendo una ética hedonista narcisista e
individualista. Grandes ganancias derivan de la estructura de consumo
que nace de la imposición normalizada de la belleza femenina. Y
finalmente, dato no menor, es que el 75% de las personas víctimas de
trata, el tercer negocio delictivo más lucrativo del mundo, son mujeres.
Ante todo esto, el socialismo significa
compromiso con una idea fuerte de igualdad, más profunda que la igualdad
ante la ley. El objetivo es la igualdad sustantiva y no meramente
formal, esto significa la transformación de todo el orden social hacia
un orden desjerarquizado y desmercantilizado. Se propone superar el
valor económico como medida de la vida social y del intercambio entre
los seres humanos, sustituyéndolo por la solidaridad como estructura.
Por su parte, el feminismo incorpora a
la noción de solidaridad la concreción de la materialidad de las y los
sexuados, y de la relación entre el ámbito personal y público. En las
ideas y luchas feministas se visibiliza la cotidianeidad con sus
posibilidades de transformación y en su potencialidad emancipatoria, en
lo cercano y en lo afectivo. La crítica de la vida cotidiana llama la
atención sobre la hegemonía capitalista como proceso de dominación
múltiple incorporado en la subjetividad que se forma en la vida
cotidiana. Se revela cómo la jerarquía del patriarcado da base no sólo
económica, sino ideológica y sentimental a la dominación, proporciona un
aprendizaje de la división social donde la diferencia sexual se
convierte en desigualdad.
El socialismo feminista propone un nuevo
pacto social basado en la equidad y la igualdad, que además pone la
vida, su sostenibilidad y su reproducción ampliada en el centro de la
organización socio-económica, destronando a la hoy dominante lógica del
beneficio y haciendo responsable del mantenimiento de la vida
–históricamente asignada a las mujeres- al conjunto social.
El aporte feminista del cuidado trae
consigo la valoración de la afectividad como elemento mediador de las
relaciones sociales en interdependencia. Esta línea ética lleva a
posiciones políticas que conducen a transformaciones reales de la
cotidianeidad.
Necesitamos otra lógica para asegurar el futuro. En el siglo XXI ha de cambiar la organización social y cultural de los cuidados, desde una óptica de derechos y corresponsabilidad societal y familiar. Se trata de maternizar a la sociedad y a los hombres, y desmaternizar a las mujeres. Todas y todos necesitamos y tenemos derecho al cuidado, y todas y todos podemos hacerlo. La idea fuerza en torno al cuidado es la valoración de la dimensión empática y solidaria del cuidado que no conduzca al descuido ni está articulado a la opresión. Se trata de que las sociedades todas, incluyendo Estado y organizaciones sean responsables por atender, mantener y proteger a sus integrantes, especialmente a los que están en sus circunstancias de fragilidad. El socialismo debe ser una sociedad del cuidado, para lo cual hay que crear condiciones objetivas y subjetivas, y por ello, el socialismo necesariamente debe ser feminista.
Alba Carosio
Correo: albacarosio@gmail.com
Correo: albacarosio@gmail.com
Colectivo La Araña Feminista
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