La casta del privilegio
sigue planeando nuestro fin, el entierro de nuestros derechos ya está en marcha
hace tiempo, desde que inventaron esa estrategia criminal a la que llaman “crisis
económica”, que no es otra cosa que un montaje siniestro, una forma de que una
minoría se siga enriqueciendo ilícitamente, mientras millones de
trabajadores/as se hunden en la miseria y el hambre.
Solo en el estado
español 60.000 familias sobreviven sin ingresos, más de tres millones de
niños/as pasan hambre y van al colegio con graves problemas de desnutrición,
seis millones de personas no tienen trabajo y engrosan las vergonzosas listas
del desempleo, con un 56% de paro juvenil, 500 familias son desahuciadas
cada día de sus viviendas por la putrefacta banca y la delincuencia financiera.
Es el
siniestro panorama de un estado sometido, devastado, en manos de sátrapas, que
no tienen un mínimo de rubor, sino que siguen implacables en su deriva
neoliberal, con el único objetivo de esclavizarnos, de hipotecar el futuro de
una infancia, de una juventud, que no tendrán otra salida que buscar trabajo de camellos,
chaperos o putas en sus antros de depravación, como el gran casino de la mafia
gringa, que pretenden montar en Madrid con el beneplácito de la banda "sobrecogida".
Matarnos
es la
palabra, el terrorismo de estado recorre impune las desoladas calles del
país
de los corruptos, la vergüenza del mundo, que mira asombrado la debacle
de todo
un pueblo, los abusos de poder de sus gobernantes, la inmensa
desvergüenza de una vulgar ralea de vividores/as, culpables de los miles
de suicidios por razones económicas, de
que mucha gente tenga que comer en la basura para sobrevivir.
La democracia nunca
existió, fue un montaje para que los mafiosos que ya venían robando durante 40
años de franquismo siguieran quedándose con todo. Ahora se ve claro, todo era
mentira, la perfecta falacia para seguir arruinando nuestros sueños,
destrozar con explosivos de profundidad repletos de codicia nuestro futuro.
Esto tiene que
estallar o de lo contrario moriremos en vida de tristeza y desazón.
¡Tiene que llover!

El maquis de los sueños rotos o la esperanza
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