Periko Solabarria no es un simple militante abertzale. Hijo de un minero y una empleada de hogar, fue uno de los primeros curas obreros. Se quitó la sotana para desempeñar las tareas más penosas. Ha participado en las obras de la Universidad del País Vasco, el Puente de Rontegi, el túnel de Malmasin y el tren de bandas de Altos Hornos de Vizcaya. Nunca ha disfrutado de un contrato indefinido y, durante mucho tiempo, vivió en un sótano húmedo y oscuro. Su exposición al frío y a la lluvia en obras al aire libre le provocó una afección respiratoria crónica. Ningún obstáculo ha logrado aplacar su espíritu combativo ni su optimismo contagioso. A su lado, es difícil no pensar en la mesa compartida de la que habla Jon Sobrino: la utopía de “lo bello, lo justo y lo fraterno”. Es uno de esos imprescindibles a los que alude Bertolt Bretch como vanguardia de la revolución socialista. Durante su reciente estancia en el hospital, no interrumpió su militancia, sumándose a las protestas contra los recortes en la sanidad pública. Se colgó del cuello un pañuelo negro con unas tijeras y se mezcló con los médicos, las enfermeras y el personal no sanitario, que luchaba contra las políticas de austeridad. No sé qué opina Periko sobre la muerte, pero no parece un hombre viejo, sino alguien que aún puede recorrer largos trechos y hacer muchas cosas. No creo que experimente ese anhelo de inmortalidad tan arraigado en Unamuno por un egotismo autocomplaciente. Hace falta mucha vanidad para desear la eternidad personal, pues significa codiciar una interminable convivencia con nosotros mismos. Si Periko fantaseara con la inmortalidad, no sería por apego a su yo, sino por apego a los otros, por su voluntad de aliviar el dolor del pobre, el paria y el enfermo. No le mueve el
Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa y Felipe González no han pisado barro, sino alfombras y, a pesar de todo, han dejado huella. Una huella sangrienta y moralmente repulsiva. Manuel Fraga, Ministro de Información y Turismo de la España franquista, prohibió a Luis Cernuda regresar del exilio para asistir al entierro de su madre (“¡Que se quede donde está! ¡Aquí ya tenemos bastantes maricones!”), celebró que la Guardia Civil rapara el pelo y obligara a beber aceite de ricino a las mujeres de los mineros en huelga en la cuenca asturiana del Nalón, encubrió el asesinato del estudiante Enrique Ruano por agentes de la Brigada Político-Social, impulsó y justificó por radio y televisión las ejecuciones del político comunista Julián Grimau y de los anarquistas Francisco Granados, Joaquín Delgado y Salvador Puig-Antich. Cuando un clamor internacional intentó frenar los fusilamientos de 1975, ironizó con la muerte de los activistas de ETA y el FRAP: “Como catedrático de Derecho Político, Teoría del Estado y Derecho Constitucional, yo creo que lo más justo sería colgarles de los cojones”. En 1973 un periodista de Reuters le preguntó en Londres cuál era la fuente de legitimidad de la dictadura franquista, Fraga contestó airado: “¡Nuestra legitimidad procede de las metralletas!”. Su afición a las metralletas se plasmó el 3 de marzo de 1976, cuando ordenó como Ministro de la Gobernación el desalojo de la iglesia de San Francisco de Asís de Vitoria-Gasteiz, empleando gases lacrimógenos y fuego real. Los trabajadores que se habían concentrado en el recinto sagrado exigían mejoras salariales en el marco de una jornada de huelga general. Cinco murieron ametrallados y se produjeron más de 150 heridos. Se recogieron más de 1.500 casquillos de bala y la Policía Armada celebró su hazaña, manifestando por radio que se trataba de una verdadera masacre. “Les hemos dado una paliza que no olvidarán”, afirmó un agente con euforia y Fraga ladró: “¡La calle es mía! ¡Dejémonos de pamplinas!”. El 9 de mayo de ese mismo año mueren tiroteadas dos personas en la romería de Montejurra y otras resultan heridas. Se trata de una acción planificada de los partidarios de Sixto de Borbón-Parma, el pretendiente carlista al trono que se enfrenta a su hermano Carlos Hugo, de tendencia izquierdista. El complot se autodenomina “Operación Reconquista” y cuenta con la aprobación y el apoyo de la Guardia Civil, el SECED (más tarde CESID y, actualmente, CNI) y el propio Fraga. El objetivo es frenar al carlismo de orientación progresista. José Bono, Presidente del Congreso de
Tampoco abrirá una investigación si alguien elogia a Rodolfo Martín Villa, antiguo Ministro de la Gobernación de la UCD, que ordenó el asesinato de Antonio Cubillo, líder independentista canario, el atentado contra la sala Scala de Barcelona, donde murieron cuatro trabajadores, y el ametrallamiento de Juan José Etxabe y su esposa Rosario Arregui. En cuanto a Felipe González, también conocido como Mr. X, es suficiente mencionar que le llueven los honores y las prebendas empresariales, pese a ser el último responsable del GAL, que acabó con la vida de 27 personas y dejó malheridas a otras 40. El Hijo Predilecto de Andalucía, Premio Carlomagno, Medalla de Oro de Madrid y Collar de la Orden de Isabel la Católica duerme tranquilo, mientras su cargo de Consejero Independiente de Gas Natural le permite alimentar su pasión
Periko Solabarria, que sólo cuenta con su pensión de antiguo peón de la construcción, comparecerá ante la Audiencia Nacional con seis jóvenes de Ernai (Gotzon Elizburu, Maialen Etxeberria, Irati Sienra, Aitor Anda, Garazi Mugertza y Mikel Jon Button). También se les atribuye participar en el homenaje del ex preso político Ángel Figueroa, que falleció el 14 de marzo de 2013. Ángel Figueroa y Xabier López Peña pertenecían a ETA. Se afirmó que López Peña ordenó el atentado de la Terminal 4 del Aeropuerto Madrid-Barajas, pero lo cierto es que no aparece en el sumario como imputado. El conflicto vasco es un tabú que se simplifica maliciosamente, pero ya en julio de 1980 Telesforo Monzón (que se paseó por las ruinas de Gernika después del salvaje bombardeo de la Legión Cóndor), escribió un artículo que desmontaba la visión unilateral de una vieja confrontación: “No ha sido ETA la que ha engendrado la violencia. Ha sido la violencia la que ha engendrado a ETA. No fue su manantial. Ha sido su fruto. ETA nació en un charco de sangre. Pero esa sangre no había sido vertida por ETA. El nacionalismo vasco no había nunca cogido las armas para hacer triunfar sus ideas. Su actuación había sido exclusivamente social, cultural, política. Fueron otros -todos sabemos quiénes- los que en 1936 obligaron a coger el fusil en la mano a unos hombres que, por esencia propia, por civilización propia, sentían horror a matar. Y el nacionalismo vasco, obligado a coger el fusil para defender el País, trató de humanizar la guerra hasta un punto inconcebible. Los propios perseguidores franquistas, cuando se veían en peligro,-por miedo a muchos que hoy se rasgan las vestiduras, socialistas y comunistas-, llamaban a la puerta de sus propios perseguidos vascos para pedirles protección y defensa. Así hizo la guerra el nacionalismo vasco. Pues bien, esta actitud mereció un pago y ese pago fue una particular saña y persecución precisamente contra el pueblo vasco. Por eso, amigos míos, mal que os pese, ETA es vuestro fruto. La habéis engendrado vosotros. Es el resultado de vuestra violencia y de vuestra ingratitud. Es la tempestad nacida del viento que sembrasteis. Nuestro País es un País sensible. Una muestra de generosidad y de grandeza
Se habla de la violencia de ETA, pero se oculta sistemáticamente la violencia del Estado español, que ha sido condenado por torturas en reiteradas ocasiones por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. La última sentencia se dictó en mayo de 2013 y se refiere al caso de María Atxabal, torturada en 1996 por la Guardia Civil durante el período de incomunicación. La tortura es una práctica generalizada que cuenta con el encubrimiento de jueces, fiscales, forenses y ciertos medios de comunicación, que suscriben calladamente las palabras del filósofo y ensayista José Luis Aranguren: “El GAL era la única forma de luchar contra ETA. La llamada guerra sucia fue un ejercicio legítimo de defensa”. Son declaraciones de 1995 a Cambio 16 que de inmediato despertaron el entusiasmo de Javier Solana, por entonces ministro de Asuntos Exteriores: “Aranguren ha tenido el coraje de decir en público lo que muchos pensaban en privado y no lo decían“, dijo Solana a Onda Cero. “Creo que, sin decirlo públicamente, la conciencia colectiva de los españoles quería un basta ya que fuera eficaz”, agregó el ministro en declaraciones a Radio Nacional, pese a que el filósofo se desdijo y manifestó que se le había malinterpretado, algo que no hizo Solana. ¿Me pregunto si también es “un ejercicio de legítima defensa” violar anal y vaginalmente a Beatriz Etxebarria con un palo en la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid? El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura estimó en marzo de 2013 que el relato de Beatriz Etxebarria era “creíble y consistente”. Los hechos se produjeron en marzo de 2011 y todo indica que no son algo excepcional, sino un procedimiento rutinario para forzar inculpaciones, en muchas ocasiones falsas, pero a las que los jueces conceden veracidad.
No sé si la Audiencia Nacional condenará a Periko Solabarria y a los seis jóvenes de Ernai, pero la multitud que aplaudió el pregón y abrazó al joven de 83 años que se atrevía a desafiar al capitalismo y a las instituciones que sostienen sus injusticias ya ocupa un lugar en la historia como un ejemplo de lucha, compromiso, coraje, solidaridad y coherencia. En cambio, los jueces de la Audiencia Nacional serán recordados como simples marionetas del poder político y financiero. No es una opinión subjetiva, sino un hecho constatado por el World Economic Forum, que sitúa al Estado español en el puesto 56 en su clasificación mundial sobre la independencia judicial. Son datos de 2012 que nos colocan al mismo nivel que Egipto e Irán. Creo que el próximo 19 de septiembre todos deberíamos seguir la consigna de Galeano, tan apreciada por Periko Solabarria. Los muros de la Audiencia Nacional no se
Fuente: http://www.lahaine.org/index.php?p=71387&lhsd=3
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