¿Estás a favor de la intervención aliada en Siria? Si es así, déjame
decirte que no voy a tener palabras condescendientes contigo. A día de
hoy me resulta incluso obsceno dar cobijo a planteamientos que integran
en su discurso la injerencia imperialista. Y acostumbrados como estamos
al noticiario de guerra unilateral, no habrá de resultarte impertinente
ser protagonista por un día de la ofensiva de mis palabras.
Tengo un nudo en el estómago. Llevaba mucho tiempo esperando esta
jornada. Un año, ocho meses y veintisiete días. Parece un intervalo
suficiente para haber podido amortiguar el dolor, o esa sensación de
vacío y honda tristeza que genera una guerra. Pero no es posible. Nunca
es posible ausentarse de esa tragedia, y mucho menos, cuando es
consentida.
Quizás tú también pienses que se trata de una “intervención”, en
respuesta al uso de armas químicas. Créeme entonces, que en mi
legislación ética, yo solo voy a hacer uso de mi intervención en
respuesta a tu barbarie.
No puedo hacer nada para pararle los pies a Obama, a Netanyahu o a tu
presidente, pero necesito interpelarte, y necesito adivinar tu rostro y
tus intenciones. ¿Eres consciente de que cualquier misil va a arrebatar
la vida a una persona, así, como por arte de magia? Una persona como
tú, que ahora mismo estará temblando en su humilde casa porque millones
de personas al igual que tú, participáis del indecoroso poder de juzgar
los límites existentes entre el bien… y vuestro mal.
¿Sigues pensando que es necesario? Yo
sigo pensando que esa persona a la que le van a arrebatar la vida, para
ti, no es una persona, es cualquier persona, algo lejano e
intrascendente, algo de lo que eres capaz de distanciarte,
sencillamente, porque eres incapaz de sentir su dolor.
Yo podría aliarme con mis amigos para bombardear tu casa, porque
nuestra “legislación” no permite el uso y propagación de pensamientos
indecorosos, capaces de hacer de este mundo, un mundo trágico. Pero no
has de preocuparte, no tengo bombas, no sé donde está tu casa, y sería
incapaz de dar un paso al frente para cometer un acto de ese tipo.
Pero tengo palabras. Y hoy, lucharé contigo, a través de ellas.
Solo te dejaré tres interrogantes. Bien podrían ser mil, porque miles
son las incoherencias que alumbran decisiones de este tipo. Pero creo
que me entenderás con sólo esos tres referentes.
Quieres hacerme creer que eres persona de bien, porque es tu deseo
consciente, cumplir siempre con la legislación vigente. Deberías empezar
a pensar que las leyes, por el mero hecho de ser leyes, no son justas. Y
claro está, en caso, de adherirte a ellas, hacerlo siempre, y en las
mismas condiciones. Por lo tanto, haz un pequeño esfuerzo, y responde a
tu conciencia:
Dado que estás en contra del uso de armas químicas, ¿Por qué no promueves un ataque a Israel por haber hecho uso de fósforo blanco contra el almacén central de las Naciones Unidas en la Franja de Gaza?.
E imaginando que defiendes los Tratados
Internacionales, ¿Por qué no abanderas una agresión hacia los Estados
Unidos de América, espías, invasores e interventores allá donde sus
reservas federales les emplazan sin importarles acuerdo alguno?
Y, para terminar, si eres equitativo en
la exigencia del cumplimiento de esos derechos que crees fundamentales,
¿Por qué no exiges de inmediato bombardear el Parlamento Europeo, que no
solo ha eliminado muchos de nuestros derechos, si no que además quiere
eliminar nuestras sonrisas?
Tal vez pienses que me exceda en mis
comentarios, pero me gustaría que recordaras una cosa. No sé si eres la
farmacéutica de la esquina, el director del banco, el vecino del quinto,
o el entrenador del equipo de tu barrio. Tú no eres quién para apoyar
la muerte de nadie, y mucho menos, para intervenir en vidas ajenas con
pretextos injustificables. Todo lo que vaya a suceder en Siria, en
Palestina y en Líbano, no es una respuesta a ninguna acción. Es, una vez
más, el irrefrenable afán de unos cuantos para poner las cosas en su
sitio. El impulso delictivo de unos liquidadores en serie, que ni se
amedrentan, ni se ocultan. Y tú, su valedor.
España, como no podía ser de otra manera, se unirá a la marea negra, pidiendo una respuesta firme.
Yo, hace un año, ocho meses y veintisiete
días, cuando ni siquiera se hablaba de la existencia de los rebeldes en
Siria, escribí un artículo,
intentando razonar qué estaba sucediendo en esa parte del mundo. No soy
futurólogo, tan sólo, procuro estudiar, analizar, y comprender la
marcha de los acontecimientos sociales y políticos. Y, en la medida de
lo posible, denunciar aquello que considero forma parte de esas malditas
estrategias que están haciendo de nuestra existencia, un esperpento sin
precedentes.
Detente un poco, y léelo. Y comprenderás mejor mis palabras. Y mi “delito” de enfrentarme a tus posiciones.
Publicado en Iniciativa Debate, e invitando para que no callen las palabras
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