Casa Tomada . Susel Gutiérrez • La Habana, Cuba- lajiribilla
Al
fondo de la sala encuentro a Ari Maniel Cruz, actor, productor,
guionista, presentador de televisión y director de cine. Sí, larga la
lista. A su derecha, Kisha Tikina Burgos, escritora y actriz, compañera
inseparable de obra y de vida. No sabía aún que alguna vez allá en su
natal Puerto Rico,
la mujer a su lado le anunció que se iba a estudiar a Nueva York y le
dio una única opción: acompañarla. Esa anécdota la descubrí más tarde.
¿P´allá afuera?
“¡Qué chévere que traigas a Luis Rafael Sánchez!”, me dice y
ya no se detiene. Recuerda que La guagua aérea,
después llevada al cine, retrató una realidad de la emigración
puertorriqueña que comenzó a finales del siglo XIX y principios del XX,
específicamente hacia el área de New York, aunque ya, a principios del
XXI, el destino migratorio por excelencia se desplazara de la Gran
Manzana a La Florida. Lo interesante del fenómeno puede entenderse desde
la terminología misma asociada a este, y es que el puertorriqueño que
migra, simplemente “se va p’ afuera”, donde “afuera” equivale a EE.UU. como si el resto del mundo no existiera.
“¿Aún hablamos de Puerto Rico?”,
quiero interrumpirlo, pero lo dejo continuar: el parentesco entre las
islas permite la ambigüedad. Así, son frecuentes las odas a ese “allá”
que se prefiere al aquí: “Allá afuera las calles no tienen boquetes;
allá afuera la gente no se come los semáforos; allá afuera la gente no
tira basura”. La cuestión es que la misma gente que tira la basura en Puerto Rico, “allá” no lo hace, apunta mientras esboza una sonrisa a medias que se me antoja síntoma de su inconformidad ante el tema.
Con 3,5 millones de puertorriqueños en la isla y cuatro en los EE.UU.,
la diáspora se ha convertido en parte intrínseca de la identidad
nacional de un país dividido que ha experimentado en carne propia una
“guerra sicológica constante”: la colonización. Su trabajo lo refleja
claramente. Under my nails (estrenada en Cuba como Piel),
desde el título mismo, deliberadamente en inglés, enuncia ya la postura
política que atraviesa la película, registra la existencia de
puertorriqueños enajenados, muchos de los cuales optan incluso por el
rechazo al español y lo que este representa, y muestra al idioma como un
argumento político.
Hurga en la siquis del ser puertorriqueño y halla, enterrado por más
de 500 años, el sema de la colonización, que obliga a desligarse de
esquemas o analogías mentales, pues supone el análisis de un país
raigalmente distinto en tanto desconocedor absoluto de la soberanía
nacional. Su producción busca captar, acaso descifrar esa siquis;
mirarse tratando de encontrar las respuestas en uno mismo; entender
“quién soy yo para saber entonces cómo relacionarme con los demás”.
“Por ahí va mi trabajo, y creo que no soy el único”. Rafael Sánchez y
otros antes que él tuvieron preocupaciones y discusiones semejantes
hace más de un siglo. “Pero como no se ha resuelto el asunto político de
Puerto Rico,
es como si no hubiera pasado nada de allá para acá porque estamos en el
mismo sitio, con excepción del Estado Libre Asociado que se inventaron
en los 50, que no es más que frosty para el biscocho, aunque el biscocho sigue siendo del mismo sabor”.
Fascinada ante su precisión de la historia, el manejo de fechas y su
habilidad para trazar conexiones y establecer causalidades, indago sobre
referentes actuales y luchas en curso que me conducen a un nombre:
Oscar López, proindependentista encarcelado durante 32 años. En los
últimos meses, favorecido probablemente por el cambio de gobierno, el
caso se ha avivado, permitiendo a la escindida sociedad puertorriqueña,
expresarse claramente sobre él. Y en medio de la escisión, solo la
minoría cree en un Puerto Rico autosuficiente, con determinación.
¿“Chupar” de La Teta?
Ari Maniel proclama orgulloso la herencia indígena del nombre
seleccionado por su madre y habla con cariño de esta. En homenaje a
ella, “educadora prenatal y posnatal a favor de la lactancia”, la
compañía que fundó en Nueva York junto con su esposa se llama La Teta
Productions. Para decirlo metafóricamente, sonríe, “la idea es que mis
colegas y yo, de esa teta, vamos a chupar”. Y lo hacen; Under my nails,
primer largometraje de la compañía, ha cosechado múltiples éxitos,
entre ellos el premio a la Mejor Película en el Festival de Cine de
Nueva York y un reconocimiento especial en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en 2011.
La Teta, en colaboración con la casa productora boricua De Luz, está en producción de Infinito Carmín,
la que esperan comenzar a rodar a principios del año próximo y que
constituye un paso más en su exploración de la identidad puertorriqueña,
en este caso desde el centro de la isla. “Under my nails
exploró la emigración del puertorriqueño hacia Nueva York, que era la
realidad que yo estaba viviendo. Ahora acabo de regresar a mi país y
retomo el tema, pero esta vez desde un emigrante que regresa, no a la
capital, sino al centro de la isla, donde hay retos distintos pero se
comparte la misma disyuntiva de toda la sociedad puertorriqueña”.
Me adelanta que su tercer filme con la compañía, hoy con sede en Nueva York y en San Juan, se llama La tierra prometida
y es un homenaje al recinto universitario Río Piedras, testigo de
huelgas y manifestaciones estudiantiles y, sin duda, uno de los lugares
más importantes de la historia política, cultural y educativa de su
país. Presenta desde el punto de vista de dos adictos a la heroína, un
análisis de la ciudad universitaria, la intelectualidad y lo que pasa en
ese “epicentro de drogadicción”. “Las dos están listas para rodar hace
dos años, pero las dificultades de la colonia no lo han hecho posible.
La primera que caiga, la filmamos”.
El teatro y el cine son los destinos de La Teta, asegura mientras habla de La memoria de los elefantes,
obra “sumamente política” que marcó su debut como director teatral hace
algunos meses en San Juan y que regresará a escena a fines de este año.
El principio, al final
Enfocado en el cine y el teatro, siente que su trabajo como productor
de video clips no es algo que lo represente en tanto se opone al arte
cinematográfico expresado a través de la publicidad. “El video clip
desgraciadamente no es otra cosa que un producto publicitario de un
artista, y si lo hice fue mayormente para pagar la renta y comer”. Pero
hay ocasiones en las que se mezclan el trabajo y el placer: así sucede
con Tego Calderón o Calle 13, artistas que sí le interesan como
individuos, por sus mensajes y aportes a la sociedad, asegura.
“El caso de Calle 13 es aparte porque somos familia, somos hermanos,
crecimos juntos. Calle 13 fue algo que pasó en nuestras vidas pero
nuestra amistad y nuestra colaboración surgieron desde antes. Él (René)
hizo todos los efectos especiales de mi primer largometraje cuando
todavía era René Pérez. De hecho, estaba grabando su primer disco
cuando hizo los efectos de Zompi —eso es una exclusiva, puntualiza—, un filme para niños”.
“Solo con Calle 13 uno tiene la oportunidad, de verdad, de
profundizar y tratar de hacer piezas de arte. René dice lo que quiere y
cómo lo quiere, se para al lado tuyo y si no te aguzas, te dice dónde
poner la cámara, porque es un cineasta, es un artista. Mi último video
clip fue precisamente ‘La bala’ de Calle 13, el año pasado. Éramos
cinco o seis directores que filmamos en diferentes ciudades del mundo.
Yo rodé la parte de Nueva York. Fue un video que se hizo para la UNESCO y
que habla sobre la violencia”.
La sala ha quedado desierta. Hace rato se han marchado todos, así que
me apresuro a indagar más sobre mi exclusiva y para mi sorpresa me
dice: “Zompi es una película que no se consigue. Yo la eliminé
de la faz de la tierra porque la odio”, y detecto un matiz pícaro en la
voz.
La hizo para la televisión pública en Puerto Rico
cuando estaba comenzando su carrera y René, que acababa de hacer su
maestría en animación, hizo los efectos especiales. “Era una historia
sobre un niño que juega pelota y había una escena en que el pítcher
tiraba la bola y él la miraba acercarse en cámara lenta”, me dice
mientras mueve las manos y completa la narración. “Esa bola en cámara
lenta la hizo René”.
“Cuando estábamos en la escuela, él se pasaba los almuerzos cantando,
le decíamos ‘El déspota’ y lo mandábamos a callar porque era
insoportable. Mucho después me ponía las primeras canciones. Las que
menos me gustaban fueron los éxitos más grandes”. Ahora miro para atrás y
digo: “Dios mío, quién hubiera imaginado”, concluye la idea.
Por último, lo interrogo sobre el III Encuentro de Jóvenes Escritores y Artistas de América Latina y el Caribe.
“A mí me encanta deslumbrarme por las cosas y esto me deslumbra. Estoy
loco por regresar a casa para decirle a la gente que esto existe, que es
posible y está ocurriendo. Me encantaría que llevaran este proyecto a Puerto Rico, a República Dominicana, Bolivia, Paraguay,
y que pudiéramos tener “Casas Tomadas” en muchos lugares porque
necesitamos reconectarnos. Especialmente en el Caribe hispánico, por ahí
tiene que empezar la cuestión. Hay demasiada distancia entre Puerto Rico y Cuba. Casa Tomada nos acerca, nos une. Y me siento honrado de estar representando a Puerto Rico
en una actividad de esta envergadura. Estar colaborando con ustedes y
con todos estos compañeros latinoamericanos me devuelve la esperanza y
me justifica en mi proyecto de vida, y eso es algo que se agradece
infinitamente. Estar aquí es uno de esos momentos que marca tu vida para
siempre y que nos recuerda que no estamos solos.
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Entrevista con Yohayna Hernández, Coordinadora
del Laboratorio IBSEN
del Laboratorio IBSEN
Alejandro Ruiz Chang
ARTÍCULOS sobre América Latina y el Caribe, Casa de las Américas, Casa Tomada (III Encuentro de Jóvenes artistas y Escritores de América Latina y el Caribe), Literatura
ARTÍCULOS de Susel Gutiérrez
III Taller de gestión cultural
Susel Gutiérrez, Xenia Reloba
Víctor Casaus
Documental: Vamos a caminar por casa (fragmento - 3.00)
Tema: "Yo tengo una casa". Autor e intérprete: Silvio Rodríguez
Dirección: Víctor Casaus. ICAIC (1979)
Tema: "Yo tengo una casa". Autor e intérprete: Silvio Rodríguez
Dirección: Víctor Casaus. ICAIC (1979)
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