En una operación de despiste a gran escala, los fascistas del PP lanzan una ofensiva para tapar sus "asuntillos" de corrupción galopante, su crisis interna y sus cada día más insoportables hedores nauseabundos... "Algo huele a podrido en Génova". no nos despistemos compañeros, no pienso que el inepto Rajoy mande "La Armada Invencible" a rodear el cerro, que estén tranquilos en Cádiz, no se iniciará la nueva cruzada de Independencia, en la Roca solo la reclaman los monos y no todos, Maragallo dice que se han recrudecido los controles para evitar el fraude fiscal,¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!... ¿Espera encontrar los millones evadidos en los maleteros de los coches? que le pregunten a Bárcenas donde los esconde, aunque saben muy bien donde están. Nosotros a lo nuestro, sacarlos de la Moncloa y darlos una patada en... ´sálvense las partes" ...Se os quiere. Salud y República.
V. Antonio
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España es un país pequeño, pobre, venido a menos. Ya no
podemos montar guerras a lo grande como como la que organizamos en los
Países Bajos en el siglo XVI. Ahora hemos cedido el cetro imperial. EE
UU dicta y manda. Pero hay algo que nunca nos podrán quitar, porque ya
lo hicieron en 1713: Gibraltar. Se ha convertido en un trozo de tierra
que siempre está a mano del Gobierno de turno para afrontar las
situaciones más peliagudas: desde EREs en Andalucía y 'papeles de
Bárcenas' hasta crisis económica con seis millones de parados. Todo ello
agravado porque este verano no hay selección que gane un mundial para
aventar el espíritu patriótico y calmar los ánimos. Sin embargo, nada
importa mientras nos quede Gibraltar.
'La cortina de humo' (1997) es una de las dos películas en
la que han coincidido dos de los grandes actores de los últimos tiempos:
Robert de Niro y Dustin Hoffman. La otra, claramente inferior, es 'Los
padres de él' (2004).
'La cortina de humo' es uno de esos casos en los que la
realidad supera a la ficción. Dirigida por Barry Levinson, se trata de
una fábula política que trasciende la barrera del tiempo. Pocas semanas
antes de las elecciones presidenciales en EE UU sale a la luz un
escándalo sexual que hace peligrar la reelección del presidente. Para
taparlo, un asesor presidencial (Robert de Niro) contrata a un productor
de Hollywood (Dustin Hoffman, nominado al Oscar) para que organice una
guerra virtual en la tele, con héroe incluido (Woody Harrelson). La
argumentación que utilizan los consejeros del presidente es que al el
público sólo le interesa lo que sale en televisión, haya sucedido o no.
La película es divertidísima, se sigue con facilidad a través de unos
diálogos secos, rápidos, inteligentes. La trama es sencilla y
prácticamente no deja margen al suspense. Pero aún así logra que el
espectador permanezca pegado a la pantalla. La clave está en el
argumento, más real que la propia realidad reforzada porque todos los
días asistimos impasibles a espectáculos semejantes.
Se estrenó en 1997, con Bill Clinton de presidente en pleno
escándalo Lewinsky, con el terrorismo de Al-Qaida incrementándose y
mientras se intensificaba la guerra en los Balcanes. Pero la trama es
igual de válida para las armas de destrucción masiva o para la
utilización de drones. Y, como no, para nuestro Gibraltar con el
ministro García-Margallo a lo Robert de Niro dirigiendo toda la puesta
en escena.
España no tiene drones, ni portaaviones. Nuestra NSA es de
ir por casa y nuestro espionaje ya tiene bastante con Marruecos. No
tenemos que construir oleoductos en Oriente Medio y nuestra influencia
internacional es más bien limitada.
Pero tenemos Gibraltar. Que si Franco tiene problemas
internos, cierra la verja; que si crisis económica o papeles de
Bárcenas, nos sacamos un tasazo para el que pase al Peñón. Es nuestra
pequeña guerra para distraer la atención apelando a nuestro corazón y
honra. Nuestra cortina de humo particular que trasciende al tiempo. Sólo
falta rescatar al Cid y ponerlo, junto al Capitán Trueno, al frente de
nuestras huestes.
lasprovincias
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