'CULPABLES', por Santi Ortiz

"... todos hablan como espectadores, porque todos esperan que vengan “otros” a protagonizar la rebelión que dé su merecido a la tropa de facinerosos legales...

Los españoles no somos un pueblo de hombres libres o de ciudadanos que pretenden ser libres: nos hemos convertido en un pueblo de bueyes"

"… Aquí, o nos rebelamos de una vez por todas y con todas las consecuencias, o vamos al infierno de cabeza; esto es: el que nos tienen diseñado el FMI, la Unión Europea, la CEOE y otras insaciables alimañas.

No nos queda otra...."
CULPABLES

Pese a la cotidiana salpicadura de basura política, escándalos varios, siniestras propuestas y el dibujo cada vez más nítido de un futuro con visos de hecatombe; pese a que, por ser la corrupción tan extensa como continuada y el latrocinio de nuestros “representantes” tan descarado como impune, el hábito hace que parezca normal lo que es escandaloso, me sigue produciendo la misma repugnancia que al principio esta avalancha de abusos, excesos, cabildadas, atentados, atropellos y arbitrariedades, y mi estómago sigue sin aceptar el despotismo, la tiranía y el tremebundo engaño a que estamos sometidos ese 99% de españoles al que se quiere devolver al régimen feudal y caciquil de antes del Comunismo y de todas sus conquistas para las clases trabajadoras.
Es curioso lo que ocurre en este país. Hablas con otros damnificados de la tela de araña mafiosa que nos roba el dinero, la vida y la esperanza y todos coinciden en extrañarse de que no pase nada, de que no haya explotado ya la indignación de los millones de víctimas y haya sobrevenido el motín que, más tarde o más temprano, habrá de conmover de nuevo la historia de España.

Es curioso, porque todos hablan como espectadores, porque todos esperan que vengan “otros” a protagonizar la rebelión que dé su merecido a la tropa de facinerosos legales que nos chupan la sangre y a su recua de cómplices y paniaguados. Lo dicen como si estuvieran fuera del problema, como si, lo queramos o no, no estuviésemos todos inmersos en esta pesadilla que pretende arramplar con la totalidad de nuestros derechos dejándonos en la indigencia legal más onerosa.

Tal pasividad puede ser fruto de distintas causas, pero hay una, insoslayable, que asoma como telón de fondo de esta falta de estímulo para poner coto a tanto desafuero, a tanto chorizo y a tanto hijo de puta: la ignorancia como fruto y madre de la falta de conciencia política.

Los ciudadanos españoles no saben cómo funciona el Estado ni cómo debería funcionar conforme a la Constitución. No se preguntan si un acto del Poder respeta o no los derechos adquiridos por los ciudadanos, ese mínimo de libertad que el Estado debe garantizar. Concebimos la Libertad de manera grotesca, para gastarla en botellonas, chulerías y otras puerilidades. No se la entiende como garantía para todos, tutelada por las leyes, que las autoridades deberían ser las primeras en acatar y respetar. Las leyes del Estado sólo se conocen de manera muy vaga y siempre asociadas a una idea punitiva, no como garantía de seguridad individual. De ahí que los lacayos del Capital nos las hayan esquilmado prácticamente todas sin la oposición ciudadana que hubiese cabido esperar.

Los españoles no somos un pueblo de hombres libres o de ciudadanos que pretenden ser libres: nos hemos convertido en un pueblo de bueyes, al que únicamente parece sacarle de su letargo las fantochadas de Mouriño, o la rivalidad del Real Madrid y el Barça. Los españoles somos, por mucho que nos regalen el oído diciéndonos lo contrario, unos analfabetos, unos incultos, que han decidido sestear cómodamente mientras dejan su patrimonio en manos de los ladrones que sistemáticamente se los roba amparándose en decretos de lesa inconstitucionalidad, que tampoco son contestados por la ciudadanía por no tener ni idea de lo que tratan.

Quitando la minoría luchadora que sale a la calle –sin conformarse con quedarse en Internet o criticando en la barra del bar– para dar respuesta a tanto expolio, el resto de víctimas somos casi, casi tan culpables como los que se llevan las ganancias impunemente arruinándonos la vida. El que quiera verlo, que lo vea y el que no… Aquí, o nos rebelamos de una vez por todas y con todas las consecuencias, o vamos al infierno de cabeza; esto es: el que nos tienen diseñado el FMI, la Unión Europea, la CEOE y otras insaciables alimañas.

No nos queda otra.

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