Canciones
de ojos claros que se quedan mirándonos ya para siempre, como esta
“Paloma mía” del disco Descartes, de Silvio Rodríguez.
De sábado para domingo me abalanzo sobre el
espacio en blanco que, de todos modos, desafía los resortes de la mente
y
afloja el lado sensible que todos tenemos. Sobre este rectángulo
demasiado luminoso —para mi gusto— pierdo el pudor cuando me refiero a
algunas criaturas nacidas de trovador con guitarra, y las defino como
canciones de ojos claros. Quien más y quien menos, se ha enfrentado a
una o varias de ellas cuando tocan, entran hasta el fondo y, a lo mejor,
se pierden hasta quién sabe cuándo dejándonos una propensión al
estremecimiento cada vez que una frase de la letra, un simple motivo del
canto, retornan a la memoria. Son rarezas que se van quedando por los
rincones del vivir solitarias, inéditas, fuera del amparo que propician
de alguna forma los discos, alojadas únicamente en algún sitio de las
almas que, deslumbradas por ellas alguna vez, no van a cansarse de
revolver hasta verlas asomar de nuevo. Bellas canciones, hermosas
maneras de hacernos recordar que estamos en la vida, un día tienen la
suerte de ser llamadas a despertar de su sueño. Aparecen entonces
salvadas para siempre, con todo el lustre de lo nuevo.
Canciones de ojos claros que se quedan mirándonos ya para siempre, como ésta de Silvio, compuesta en 1978 y grabada por su autor, veinte años después, para el disco Descartes, del Sello Ojalá (CDO 0020).
En Video, “Paloma mía”, en la voz de Silvio Rodríguez
En Video, “Paloma mía”, en la voz de Silvio Rodríguez
PALOMA MÍA*
Junto a tu boca de fina grana yo me durmiera, paloma mía. Si me quisieras, cuánto querría, paloma rosa de mis mañanas.
Junto a tu cuello de porcelana yo me tendiera, paloma mía Quién lo pudiera besar un día, quién lo posara sobre tu cama.
Digo tu nombre todos los días Digo tu nombre paloma amada, porque tu boca, la más soñada, porque tu cuello y la lejanía.
Junto a tu cuello de porcelana yo me tendiera, paloma mía. Quién lo pudiera besar un día, quién lo posara sobre tu cama.
Junto a tu boca de fina grana yo me durmiera, paloma mía. Si me quisieras, cuánto querría, paloma rosa de mis mañanas.
*Silvio Rodríguez / CANCIONERO, pág. 397.
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