Bergoglio (el actual Papa) pertenece al proyecto sacerdotal de la Iglesia. En cambio Jesús murió para darle vida al pueblo, igual que el Che Guevara. Rubén Dri
Ruben
Dri, sacerdote católico durante décadas, es teólogo y filósofo de la
liberación. Dos de sus principales libros son «Teología y dominación»
(1987) y «La hegemonía de los cruzados: La Iglesia Católica y la
dictadura militar argentina» (2011) donde demuestra la complicidad del
Vaticano y la Iglesia Católica argentina con la dictadura genocida de
Videla y Massera.
Reportajes
y artículos de Rubén Dri, filósofo, teólogo y docente de Filosofía y
Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Rubén Dri : Bergoglio papa, una mala noticia
Fuente: http://lamingaenmovimiento.wordpress.com
Fuente: http://lamingaenmovimiento.wordpress.com
La Iglesia a cuyo frente estuvieron los dos últimos pontífices, Juan
Pablo II y Benedicto XVI, por el contrario, se construyó como una
vuelta a la Iglesia sacerdotal del poder.
En ese sentido, cualquiera haya sido el elegido, la noticia no podía
ser buena para quienes seguimos pensando en una Iglesia parecida a la
que se construyó en le época del Vaticano II. Muchas veces se ha
expresado que sería bueno que se eligiese un papa perteneciente a
América Latina o, en general, al Tercer Mundo.
Pero lo que importa no es a qué país o continente pertenezca el
Papa, sino cuál es el proyecto de Iglesia con el que llega al Vaticano y
en ese sentido, la elección de Bergoglio no significa otra cosa que la
legitimación de la Iglesia sacerdotal del poder que conocemos, realizada
desde el tercer mundo. Es como la legitimación de la dominación que
realiza el mismo dominado, fenómeno de sobra conocido.
Está todavía fresco el enfrentamiento a raíz de la lucha por la Ley
del Matrimonio Igualitario que el actual Papa presentó como una guerra
de Dios, retrotrayendo el problema a las etapas más oscuras de la
Inquisición y no mucho más lejos su actuación durante la dictadura
cívico-militar genocida.
La Iglesia sacerdotal del poder hace mucho que ha dado la espalda al
proyecto de liberador de Jesús de Nazaret. Todas las proclamas de
humildad que se hacen desde el poder y la riqueza que muestra el
Vaticano no hacen más que sonar a falso.
Fuente texto: diario Tiempo Argentino
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Ruben Dri: La verdad de cada uno es su propia historia: Francisco I es Bergoglio
El ser humano no es una sustancia estática sino la sucesión de sus
propios actos, que es como decir “su propia historia”. En ella se
producen cambios a veces superficiales, muchas veces profundos y, en
ciertas ocasiones, cualitativos. Pero en ningún momento esos cambios
borran, eliminan, hacen desaparecer lo anterior. El caso de Pablo de
Tarso que cae fulminado de su caballo no significa que su vida anterior
quedase borrada. Siguió estando presente en la memoria. Tanto es así que
él siempre recordó que fue perseguidor de los cristianos.
El intento cartesiano pronto mostró su fracaso en la medida en que Descartes siguió utilizando las categorías que siglos antes habían sido elaboradas por los filósofos que lo precedieron. Sorpresivamente vimos al Nóbel de las Paz, Pérez Esquivel, a contramano de lo que había afirmado anteriormente, decir que Francisco I, o sea, Jorge Bergoglio, no había tenido nada que ver con la dictadura militar y a diversos referentes del kirchnerismo, que Bergoglio siempre fue un compañero.
Pero la realidad no se puede borrar con algunas simples declaraciones. Es tozuda y sigue estando presente. Francisco I es el mismo que, con el nombre de Bergoglio, y siendo arzobispo de Buenos Aires, enfrentó la política del Néstor y Cristina; es el mismo que procuró articular a la oposición; es el mismo que nunca se acercó ni a Madres, ni a Abuelas de Plaza de Mayo; es el mismo que se opuso a cuanto progreso se realizó en los derechos humanos; es el mismo que llamó a la guerra contra el diablo en el tema del matrimonio igualitario.
Es el mismo que ante la justicia dijo no tener conocimiento de la apropiación de bebés;
es el mismo que, luego de enterarse, nada hizo para poner luz sobre la
participación de organizaciones o movimiento de la Iglesia, como el
movimiento familiar cristiano, en esa tarea de apropiar bebés.
Es el mismo que por dos períodos consecutivos estuvo al frente de la Conferencia Episcopal Argentina, tiempo más que suficiente para abrir los archivos de la Iglesia sobre la represión durante la dictadura militar genocida y para quitarles las licencias al genocida von Wernich y al pedófilo César Grassi, sin que haya hecho nada de eso.
Es también el mismo que visitaba las villas, cuidaba de los sacerdotes villeros, hablaba de la pobreza, hacía de la austeridad su modo de vida. Ahora parece que sólo esta parte pertenece a Bergoglio-Francisco I, pero no es así. En Bergoglio se encuentran los dos hemisferios enfrentados de manera aparentemente esquizofrénica. Digo “aparentemente”, porque en realidad forman parte de un mismo proyecto político-religioso o religioso-político.
Todo gira alrededor de los “pobres” según la Iglesia, o de los “empobrecidos” según los movimientos populares latinoamericanos. “Una Iglesia para los pobres” nos dice Francisco I, pero en realidad debe leerse “los pobres son de la Iglesia” y, en consecuencia, el problema se soluciona con la política pastoral de la Iglesia, o sea, con la caridad.
De esa manera se enfrenta el proyecto político-popular para el cual no hay solución sin el “empoderamiento” popular, sin que
Los “pobres” de Bergoglio no son los “empobrecidos” de la Teología de la Liberación.
Dos proyectos antagónicos que, sin embargo, inevitablemente tendrán
espacios de confluencia. La “caridad” es un paliativo necesario en casos
frecuentes en nuestra sociedad para salvar situaciones de emergencia,
pero no puede ser la solución al problema de la pobreza que sólo se
puede ir solucionando en la medida en que los empobrecidos vayan
construyendo su propio poder.
De estas dos caras de Bergoglio, la más oscura es la que se nos muestra en la manera con que trató a su antiguo profesor y hermano en la compañía de Jesús, Orlando Yorio, según quedó plasmado en el “recurso” que el sacerdote que este último presentó ante el superior de todos los jesuitas, por intermedio del padre Moura, asistente de la compañía de Jesús en Roma.
Yorio había sido profesor de Bergoglio, y ahora el ex-alumno como superior de su antiguo profesor, lo zamarrea dejándolo en una nebulosa de acusaciones que lo hacían inepto para pronunciar sus votos en la compañía. “Nos parecía injusto, dice Yorio en el recurso, el proceso de las ‘presiones’, sin que hubiese posibilidad de saber de qué se trataba, sin que el provincial nos acusara de nada y sin que nos hubiese ofrecido una salida concreta. Sólo al final una orden tajante, con la autoridad del General –el superior de todos los jesuitas- y con plazo breve y conminatorio”.
Finalmente, “el P. Bergoglio nos recomendó que fuéramos a ver a Msr. Raspanti. Que él (el provincial) informaría favorable y rápidamente para allanar el camino y que con Msr Raspanti sería fácil”. Lo que viene muestra duplicidad, la hipocresía y sadismo.
Efectivamente, así continúa el recurso: “Msr. Nos recibió muy
bien. Se mostró muy dispuesto a aceptarnos. Incluso supimos que ya
teníamos parroquias asignadas. Pero cuando llegaron los informes del
provincial, todo se detuvo. Msr. Raspanti me pidió que fuera ante el
Provincial y me retractara. Yo le pregunté ‘¿De qué?’, porque no sabía
de qué se trataba. Msr. Raspanti como vio que yo insistía en mi
ignorancia me prometió que iba a volver a hablar con el provincial y que
a mi vez yo conversara nuevamente con el P. Bergoglio”.
¿Qué había pasado? “Mientras tanto, el Vicario de la diócesis y
algunos sacerdotes nos dijeron que el obispo (Raspanti) había leído en
reunión del Consejo Presbiteral una carta del P. Provincial-o sea, de
Bergoglio- donde había acusaciones contra nosotros, suficientes como
para que no pudiéramos ejercer más el sacerdocio. Era secreto el tipo de
acusaciones”.
Bien había dicho el Nóbel de la Paz que Bergoglio era ambiguo, pero en realidad eso es poco decir. La actitud descrita en el “recurso” es verdaderamente maquiavélica. La saga sigue ahora así: “Fui a hablar con el P. Bergoglio, continúa Yorio. Negó totalmente el hecho. Me dijo que su informe había sido totalmente favorable. Que Msr Raspanti era una persona de edad que a veces se confundía. Msr Raspanti volvió a hablar con el P. Bergoglio y, según le comunicó al P. Durron, el P. Bergoglio le confirmó todas las acusaciones que tenía contra nosotros. Volví a hablar con el P. Bergoglio, continúa Yorio, y me dijo que según Msr Raspanti sus sacerdotes se oponían a que nosotros entráramos en la diócesis”
Como colofón, Bergoglio le comunica al arzobispo de Buenos
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Entrevista a Rubén Dri de Hernán L. Giardini (* Revista Contracultural)
- ¿Cómo surgió la Teología de la Liberación?
- Hoy se vincula fácilmente a la Teología de la Liberación con los curas tercermundistas, pero lo que hay que tener en cuenta es que cuando comenzamos nosotros con los curas tercermundistas o Sacerdotes para el Tercer Mundo en realidad no existía la Teología de la Liberación.
Es decir, no habíamos elaborado una teología que correspondiese a la
práctica de liberación. Ello no quiere decir que en el cristianismo no
existía. Sí existía, lo que pasa es que estaba muy soterrada.
Tuvimos que redescubrir las raíces de liberación del cristianismo.
La Teología de la Liberación surge a partir de nuestras prácticas, que
son prácticas de liberación, y vamos redescubriendo las prácticas de
liberación de Jesús, las prácticas de liberación de los grandes profetas
hebreos, de las comunidades cristianas primitivas, del movimiento
cristiano primitivo… y a partir de ahí se va reelaborando naturalmente
una Teología de la Liberación.
Porque la teología no es otra cosa más que la reflexión de fe que se
hace a partir de la propia práctica. Ahora, cuando nosotros comenzamos a
tener una práctica popular, una práctica junto a los sectores
populares, junto a los pobres, en contra de la dominación, vamos
entrando en contradicción con la teología que habíamos recibido.
Y a partir de ahí se comienza con la reelaboración de la propia
teología, es decir, repensar nuevamente nuestro cristianismo, repensar
nuevamente nuestra fe, que va a dar como resultado lo que se denominó
Teología de la Liberación. Entonces, no es esto un descubrimiento que
hacen algunas mentes lúcidas, no surge en las academias, no surge en la
institución de la Iglesia como tal, sino que surge a partir de las
prácticas de liberación de sacerdotes, de cristianos, de monjas, de
religiosos, que en la medida que van asumiendo el proceso de liberación
popular van repensando su propia fe.
- Usted plantea que a partir de la Teoría de la Liberación
redescubrieron en el cristianismo su faceta liberadora, ¿eso significa
que ya existía pero que estaba oculta?
- Sí, ya que es una nueva relectura del cristianismo, de la propia
historia. Y con eso vamos a la vez redescubriendo que en realidad esta
práctica de liberación existió siempre, solo que fue muy perseguida,
pero siempre estuvo y afloró.
- Esto puede verse claramente en la obra de Fray Bartolomé de las Casas…
- Sí, porque en el momento de la Conquista de América podemos
distinguir tres líneas religiosas: una era la que estaba totalmente
alineada con la conquista, que es la que tenía el poder, donde la
institución Iglesia estaba totalmente alineada con la conquista, con el
genocidio, igual que pasó aquí con la última dictadura militar.
Pero como aquí, en aquella época también hubieron divergencias: hubo
una corriente intermedia que trataba de suavizar el trato con los
indígenas, pero que no se comprometía con una denuncia formal, concreta,
de todas las atrocidades a las que cometían, la invasión española.
Y después estaba la corriente radical, que es la que nosotros
consideramos también en la línea de la Teología de la Liberación, con
todos los condicionantes y contradicciones de la época, pero que se
comprometieron en serio contra las atrocidades propias de la Conquista,
donde la figura más destacada fue Fray Bartolomé de las Casas, quien fue
perseguido y tuvo que escapar de Chiapas porque querían asesinarlo.
Luego se va a la Corte de España, porque aparte de ser un defensor
de los indígenas tenía visión política y se daba cuenta que no podía
defender a los indígenas estando solamente en América, y se va a pelear
al centro del poder, donde va a tener una disputa con la extrema derecha
católica, representada por Sepúlveda, que consideraba que los indígenas
no eran seres humanos y que estaban para ser dominados.
- ¿Cómo se fueron desarrollando luego estas diferentes posturas dentro del catolicismo en la historia de América Latina?
- Cuando aquí se produce el proceso independentista aparece con
mucha claridad una institución que está muy pegada a la monarquía y por
ende al Vaticano, y por otro lado un clero criollo que está por la
independencia. En la época de los unitarios y federales aparece por una
parte una institución jerárquica con quienes manejaban el poder, que
incluso apoyó el genocidio de la Guerra contra el Paraguay, y estaban
los curas del interior que estaban con los caudillos, que incluso se
opusieron a la Guerra y fueron perseguidos. Como vemos, estas líneas
estuvieron siempre presentes.
Con sus contradicciones, siempre en el seno del cristianismo y de la
Iglesia una Teología de la Dominación, de parte de una institución de
poder, y una de Teología la Liberación que acompañaban prácticas de
liberación, de curas, de laicos y religiosos.
- ¿Uno de ellos fue Camilo Torres, no?
- Lamentablemente su figura no aparece en la gran prensa, en los
medios de comunicación, pero el mensaje de Camilo Torres está presente y
hoy sigue concitando la inspiración de cristianos para tener un
compromiso acorde con el mensaje cristiano, que es un mensaje de
liberación. Camilo señalaba muy profundamente que la única manera de
hacer efectivo el amor es en una práctica de liberación, en una
revolución. Lo que hay que ver es el contexto para interpretar cómo se
hace una revolución, pero es así. No debe ser un amor platónico.
Cuando se ama, se ama a la persona, y amar al pueblo es
comprometerse en serio. En ese sentido, el compromiso de Jesús fue
revolucionario y lo llevó a la construcción de un movimiento, que yo lo
llamo en mi libro “El Movimiento Antimperial de Jesús”, porque él va
construyendo un construyendo un movimiento de liberación del pecado
mayor, que era el Imperio Romano.
Y Camilo Torres lo veía en esa opresión imperial contra América
Latina y contra su Colombia. Por eso asume la lucha contra esta
opresión, tomando las armas, que era lo que dictaba ese momento. Lo que
no quiere decir que hoy imitar a Camilo Torres signifique tomar las
armas, hay que ver el contexto histórico que nos toca; pero sí significa
asumir el compromiso de liberación en serio contra la opresión.
- Sí, monseñor Romero tuvo una formación tradicional, de derecha, de
la Iglesia, por eso había nombrado arzobispo de El Salvador, de la
capital, y era un obispo de absoluta confianza de la Iglesia. Pero al
constatar la miseria y la lucha del pueblo salvadoreño, y el compromiso
de algunos sacerdotes, sobre todo uno que fue asesinado por sumarse a la
lucha de los campesinos… ahí Romero estuvo como dos horas frente al
féretro y a partir de ahí se da cuenta de lo que está pasando en su
país, y que si el quería ser fiel a Cristo tenía que sumarse al pueblo, y
se produce en él un cambio muy profundo, y toma un compromiso muy
fuerte con su pueblo.
Y uno piensa: si algo de eso hubiesen hecho nuestros obispos en 1976
otra hubiese sido la historia… Romero les dice a los soldados que de
ninguna deben obedecer órdenes inmorales, y les ordena que paren la
represión, y con eso se decretó su muerte. Y por eso el pueblo lo
transformó en santo.
- Como el padre Mujica en nuestro país…
- Su práctica era muy coherente con su teología. Y la de él también
es una conversión, porque venía de una familia de la oligarquía. Pero
Dios está en el pueblo, en el pobre. Y el encuentro con el pueblo, con
el pobre, a las personas muy honestas lo convierten, y luego lo
comprometen.
- Otro de los que practicaban la Teoría de la Liberación fue Miguel Ramondetti…
- Miguel fue un entrañable amigo mío. Con él, aparte de compartir
ideológicamente, teológicamente, la lucha y las concepciones, he tenido
una amistad muy profunda. Camilo Torres ha señalado, muy claramente, que
se nos ha transmitido una Teología de la Muerte, que Jesús buscaba la
muerte. Pero Jesús no quería la muerte, de ninguna manera, el muere
precisamente porque quería la vida, pero la vida para el pueblo, lo
mismo que el Che Guevara y que Camilo Torres, en la medida en que mueren
por dar vida, y no por buscar la muerte.
Cuando uno está empeñado en la lucha, nunca tiene asegurada la victoria, tiene su riesgo, incluso la muerte.
Ahora bien, su muerte… ¿es una derrota?
Hay que ver qué significa entonces la derrota porque decir que el Che o Jesús fueron derrotados…
Yo quiero decir: ¿Quién triunfó? ¿Pilatos?
¿A quién entusiasma hoy Pilatos?
¿Quién encuentra su sentido en la vida con el nombre de Pilatos?
En cambio, cuántos lo encuentran con el nombre de Jesús, o del Che Guevara.
Entonces, sus muertes en un sentido son una derrota, pero en otro aspecto expresan victorias muy profundas, porque tienen sentidos muy profundos que siguen entusiasmando; siguen dándole sentido a multitud de seres que lo encuentran en la práctica de estos personajes.
- En ese sentido no sería criticable el hecho de que el pueblo tome las armas para liberarse…
-Después de la dictadura genocida se ha comenzado a bajarnos un
mensaje de que nunca más las armas, nunca más la violencia, cuando este
continente sufre la violencia hace más de quinientos años, ¿no es
cierto?
Es como si nosotros pudiésemos dictarle a los pueblos la manera de defenderse.
La manera en que se van a defender los pueblos, éstos deben descubrirla en su propio contexto. Si en un momento determinado es la lucha armada, será la lucha armada, pero eso hay que verlo en el contexto, en la situación histórica. Nosotros no le podemos dictar a los pueblos cómo se van a defender. Este no es un momento de lucha por las armas, es otro momento histórico para el pueblo argentino.
Pero yo no sé como va a ser dentro de veinte años, cómo se va a
tener que defender el pueblo argentino, pero sin dudas que se va a tener
que defender de una u otra manera. Por eso yo no puedo dictarle “nunca
más las armas”, cuando de hecho lo están masacrando desde arriba.
- ¿Cómo y dónde se está aplicando la Teología de la Liberación hoy?
-Como movimiento termina en el año 74, aunque nunca fue propiamente una institución.
Pero la práctica o Teología de la Liberación continuó, aunque naturalmente tomó otros carriles.
Recordemos que la dictadura hizo una gran persecución, hay una gran cantidad de curas asesinados, desaparecidos, torturados, exiliados.
Pero ha quedado sobre todo en movimientos de base, en comunidades
donde se ha continuado. Ahora en Santiago del Estero se va a ser un
encuentro, que se hace todos los anos, de comunidades de todo el país
sobre Teología Popular.
Hay un grupo de curas que se hacen llamar Sacerdotes de los Pobres
que son una continuación de los Sacerdotes para el Tercer Mundo.
También se da mucho con las comunidades campesinas, en el MOCASE, en
el Chaco con los indígenas, en Corrientes con los pequeños productores.
Es decir, la Teología de la Liberación no ha muerto, en la medida en
que no han muerto las prácticas de liberación; solo van tomando otras
formas, se van realizando de otras maneras, y no necesariamente en las
parroquias.
[Rubén Dri es Filósofo, Teólogo y Docente de
Filosofía y Ciencias de la Educación de la Facultad de Ciencias Sociales
de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Participa activamente
en la Asamblea de Juan. B. Justo y Corrientes. Es autor, entre otros
libros, de Teología y dominación; La utopía de Jesús; La Iglesia que nace del pueblo; Proceso a la Iglesia Argentina: las relaciones de la jerarquía eclesiástica y los gobiernos de Alfonsín y Menem.
El Correo-e del entrevistado es Ruben Dri rubendri@yahoo.com.ar]
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