Agit-prop occidental sobre Siria, un arte en el que nada se deja al azar. Bahar Kimyongur (Muy recomendable)
En cambio, sus compañeros franceses del “gang de Roubaix” o de
“Forsane Al Izza” no fueron objeto de los mismos elogios. Recordemos que
las unidades del RAID no se anduvieron con miramientos para
“neutralizar” al hermano tolosano del barbudo de Benghazi.
Entonces, imaginad la cara y el discurso de los presentadores de
telenoticias de TF1, imaginad la actitud del ejército francés si entre
6.000 a 8.000 Mohamed Merah se desplegasen en Paris, Marsella o Lyon,
como eso sucede en Homs, Damasco o Alepo.
Ídem respecto a los comandos catarís, saudíes o egipcios que fueron a
emprender el yihad contra la Libia verde de Muamar El Gadafi. Todos
aquellos legionarios fueron descritos como humanistas apasionados por la
democracia. Sin embargo, un militante panafricano de origen nigeriano,
maliense o saharaui que combatía al lado de Moammar Gadafi se
transformaba en vulgar mercenario, preferentemente “violador”, para
conservar la fantasía del Negro libidinoso. Con cargamentos de viagra
suministrados por el coronel, ¡por favor!
En lo que se refiere a Libia, ha habido tanta desinformación como arena en el desierto de Sirte…
Es la misma historia en Siria.
Al yihadista sirio armado por Riad y Doha que remata a su víctima
según prácticas satánicas, se le disfraza como un guerrillero romántico
bajo el teclado mágico de nuestros “spin doctors”. Pero un soldado sirio
que resiste a una invasión extranjera es presentado secamente como una
especie de SS a sueldo de la “secta alauí”. Un civil armado
progubernamental que defiende su barrio contra las incursiones
terroristas, contra los secuestradores de rehenes, y los ladrones, es de
oficio un chabbiha (partidario armado del régimen) “quebrantador de
huesos y cráneos”.
Incluso el miliciano disciplinado y patriota del Hezbollah libanés
que se encuentra en su tierra, se convierte en un odioso terrorista
“auxiliar de la dictadura alauí”.
Otra comparación: cuando los soldados occidentales matan inocentes, a eso se le llama un error.
A los milicianos del Ejército sirio libre (ESL), por ser nuestros
protegidos, las masacres que cometen se maquillan en errores incluso
cuando sus salvas tienen como objetivo los barrios residenciales,
hospitales, escuelas, y cuando asesinan al periodista Gilles Jaquier, al
igual que a nueve manifestantes pro-Assad en Homs.
Al contrario, cuando es el ejército sirio quien mata a inocentes, lo
que desafortunadamente sucede muy a menudo, a eso se le llama una
masacre premeditada.
Un cazabombardero de la OTAN lleva a cabo golpes dirigidos, quirúrgicos, se nos dirá, aun a riesgo de hacer un pleonasmo.
Pero cuando el ejército sirio envía sus MIG o acciona su artillería
contra terroristas y mercenarios después de haber evacuado a la
población civil (si los secuestradores lo permiten) para evitar las
victimas colaterales, a eso se le llama un “machaque intensivo”, una
“masacre”, o una “carnicería”.
Otro descubrimiento brillante de nuestros fabricantes del
prêt-à-penser, el terrorismo existiría en todas partes del mundo excepto
en Siria, donde esa etiqueta sería una exclusividad del régimen de
Damasco.
Mejor aún, el terrorismo que hace estragos en Siria desde mucho antes
del comienzo de la primavera árabe sería una “profecía que se auto
cumple”, o de cómo la prensa occidental inventa leyendas urbanas. [1]
Puede entenderse fácilmente la falta de afán por parte de Occidente
en reconocer ese tipo de terrorismo: implicaría un reconocimiento del
derecho del régimen sirio a la legítima defensa.
Para hacer conocer la realidad del terrorismo anti-sirio a pesar del
catecismo maniqueo dentro del que algunos “expertos” de Siria pretenden
encerrarnos, publiqué, en abril de 2012, un texto titulado El terrorismo
anti-sirio y sus conexiones internacionales, en el que describía la
consanguinidad entre los tres movimientos yihadistas anti-sirios de
antaño, de ayer y de hoy. Es decir, entre los Hermanos musulmanes sirios
que devastaron el país en los años 70 y 80 antes de ser eliminados en
1982 en Hama por el ejército sirio; los movimientos anti-chiíes como
Ousbat al Ansar, Fatah Al Islam o Jound Al Cham que contaminaron los
campos palestinos del Líbano al comienzo de los años 2000, y que luego
vieron incrementarse sus fuerzas tras la partida de las tropas sirias
del país del Cedro (abril 2005), sobre todo por la zona de Trípoli,
hasta el punto de acosar al ejército sirio en su propio territorio y
golpear Damasco; y por fin, las actuales filiales de Al Qaeda en Siria,
como el Frente al Nosrah, Ahrar Al Cham, la Brigada Tawhid,etc. que van
viento en popa gracias a la pretendida “primavera siria”.
Salvo algunos medios alternativos, nadie de la gran prensa se ha
interesado en la génesis del terrorismo anti-sirio. Hay como una especie
de tabú respecto a ese tema.
A tal punto que, desde el comienzo de la primavera siria, algunos
“expertos” quisieron hacernos creer que en Siria no existía tradición
del Islam takfirista y conquistador.
Por mucho que quisiéramos recordarles que los mayores Inquisidores
del Oriente medieval eran sirios, en especial Ibn Taymiyya, al igual que
sus discípulos Ibn Kathir y Ibn Qayyim, que algunas regiones del país
se ven inundadas a diario de las prédicas retransmitidas por cadenas
satélites saudíes como Iqraa, Wessal o Safa TV, que describen a los
alauíes como más viles que los judíos y los cristianos, y que exigen
“purificar” el país de los “impíos”, que por esa razón, en algunos
lugares recónditos de Siria, especialmente en la periferia de las zonas
de población alauí, los no suníes e incluso los suníes laicos no son
bienvenidos desde hace lustros, según nuestra prensa oficial sería el
gobierno laico y multi-confesional de Damasco el responsable a pesar de
todo de la “comunitarizacion” del conflicto sirio.
Nos preguntamos qué interés podría tener Damasco alimentando la
hostilidad hacia la población suní mientras que el grueso de los
efectivos militares y en lo esencial la élite política y económica del
país es suní.
¿Por qué pues un gobierno que se beneficia del apoyo de la mayoría suní del país querría alienarse esa mayoría?
Los que conocen el país saben perfectamente bien que la ideología
oficial no tolera de ningún modo el discurso sectario. Toda propaganda
de carácter «ta’ifiyyé» (sectario) está sometida al castigo penal en
Siria.
Ahora bien, sólo la oposición utiliza la retórica sectaria, designa a
los alauíes como a “los enemigos” o los responsables de la represión y
de las injusticias reales o supuestas, acusa a los drusos y a los
cristianos de colusiones con el “régimen alauí” y amenaza a los suníes
que ocupan un lugar en el gobierno con represalias por su pretendida
traición hacia sus correligionarios.
Llevadas de la mano por las potencias suníes (Turquía, Jordania,
Estados miembros del Consejo de cooperación del Golfo), la oposición
siria es el único bando que verdaderamente puede sacar provecho de la
“confesionalización” del conflicto.
En realidad, el fermento que une a todas esas fuerzas contra el régimen sirio no tiene nada que ver con la democracia.
Es esencialmente la guerra contra Irán y sus apoyos políticos (Siria)
y religiosos (Hezbollah) lo que interesa a los socios capitalistas de
la “revolución siria”. [2]
Conviene recordar aquí que el odio anti-chií destilado por los
regímenes reaccionarios árabes de inspiración suní se exacerbó en
particular después de las dos victorias de Hezbollah frente a Israel, la
del 25 de mayo de 2000 que permitió liberar el Sur del Líbano de la
ocupación sionista, y la que coronó la “Guerra de los 33 días” durante
el verano de 2006.
Aquellas dos victorias fueron obtenidas gracias al apoyo infalible de
Damasco. Desde entonces, las fotos de Hassan Nasrallah,
secretario-general de Hezbollah, al lado de Bachar El-Assad, florecieron
por todo el país, lo que no satisfizo a todo el mundo.
Efectivamente, el refuerzo de la fraternidad estratégica e ideológica
entre la Siria resistente y el Líbano resistente fue el argumento
esgrimido por los fundamentalistas suníes apasionados por las teorías
del “complot chií” como amenaza para «Ahl Al Sunna», la comunidad de los
suníes.
Gracias a nuestra prensa, la gran mayoría de la opinión pública
occidental ignora que los reyezuelos del Golfo se asustaron a tal punto
de ver a un movimiento chií humillar a Israel y generar una simpatía
supra-confesional en la opinión árabe, que le acusaron de “aventurista”,
“provocador” e “irresponsable”.
Después de esta precisión necesaria, volvamos a otros casos de abuso de lenguaje de nuestra prensa desplazada al frente sirio.
Cuando a un país aliado se le ataca por grupos armados, estos últimos
son de oficio terroristas. Así, el 5 de agosto de 2012, dieciséis
militares egipcios fueron asesinados en el Sinaí, no por rebeldes sino
por “terroristas”. [3]
En cambio, los miles de soldados sirios asesinados en el mismo tipo
de emboscadas son los objetivos legítimos de los “revolucionarios” y de
los “rebeldes”.
Un periodista del bando enemigo asesinado por terroristas también es
un objetivo legítimo ya que no es más que una vulgar “herramienta de
propaganda”. [4]
Reducidos al estado de simples objetos, de engranajes inertes, los
periodistas que trabajan para las cadenas públicas sirias no pueden pues
esperar la menor compasión por parte de sus colegas occidentales.
El silencio observado por las organizaciones internacionales de
defensa de la prensa respecto a la censura impuesta por la Liga árabe a
las cadenas públicas sirias no tiene entonces nada de sorprendente.
Para descalificar de manera definitiva a un enemigo, nada mejor que una buena dosis de reductio ad hitlerum stalinumque.
El anti-hitlerismo y el anti-estalinismo son dos productos
inamovibles de lo que Noam Chomsky llama “la fabricación del
consentimiento”.
Las exacciones cometidas por la policía política del régimen de
Damasco se asimilan de ese modo a las prácticas “gestapistas” o
“estalinianas” [5] pero jamás a la represión que tuvo lugar en la guerra
de la Vandea, ni a los horrores perpetrados por Francia durante la
insurrección malgacha de 1947, ni al uso masivo de la tortura mediante
la aplicación de descargas eléctricas contra el pueblo argelino o en
Indochina, ni a las torturas y ejecuciones perpetradas por el ejército
US en Vietnam, en Bagram en Afganistan, en Abou Ghraib en Irak o en
América Latina.
Nuestra prensa no osaría nunca tratar a nuestros aliados regionales
de nazis, ni a la Arabia wahabí de la dinastía Saud poblada de príncipes
sádicos y de predicadores del odio, ni al emir golpista y esclavista de
Catar, ni al régimen militar-islamista de Ankara. Sin embargo, esos
tres regímenes reprimen, torturan y aprisionan.
Dicho esto, es cierto que el primero nos provee petróleo, el segundo
nos suministra gas y compra nuestros clubs de fútbol y nuestros bonitos
barrios, y el tercero tiene una tasa de crecimiento económico de dos
cifras. Y, además, los tres son Israel friendly.
En los medios atlantistas, ya sean de izquierda o de derechas, es de
buen tono referirse al antifascismo para “ayudar” al lector profano a
descifrar el conflicto sirio.
Para Thomas Pierret, maestro (indiscutido) de conferencias en islam
contemporáneo en la universidad de Edimburgo, los yihadistas que
convergen en Siria para combatir al régimen “impío” en Siria hacen
pensar en las “Brigadas internacionales” movilizadas al lado de la
República durante la guerra civil española de 1936-39. [6]
Pero no se le ocurriría comparar a esos combatientes con los reclutas
de la División de Granaderos SS Charlemagne que fueron a enfrentarse
contra el bolchevismo en el Frente del Este durante la segunda guerra
mundial o con los Contras que combatieron al gobierno sandinista de
Nicaragua con el apoyo financiero… ¡de Arabia Saudí!
La utilización abusiva de la guerra antifascista española se ha
convertido en un clásico de los marcadores ideológicos que permiten
distinguir a los buenos de los malos.
Recordemos que, hace dos años, el filósofo mercenario franco-israelí
Bernard-Henri Levy se tomó por la reencarnación de André Malraux
enfrentándose a las balas franquistas en las trincheras de la República
española. Aquel Don Quijote súper-millonario había confundido incluso a
las Brigadas internacionales de inspiración comunista con los ejércitos
coloniales de la OTAN y sus refuerzos al qaedistas.
Los rebeldes sirios y sus aliados yihadistas llegados para “morir en
Alepo” han tenido derecho en nuestra prensa a verdaderos cantares de
gesta donde se les ha comparado periódicamente a los antifascistas del
mundo entero que fueron a “morir a Madrid” frente a las tropas de
Franco. [7]
Dudo que BHL se digne a ofrecer una imagen tan épica de la
Internacional yihadista que combate y muere de manera igualmente
“heroica” en Yemen o en Pakistán a la sombra de los drones americanos.
Y luego, está ese lenguaje tan devastador como las bombas…
Tras el atentado del 18 de julio que tuvo como objetivo las oficinas
de la seguridad de Damasco, el periodista de ‘Le Figaro’ Pierre Prier
interrogó al bloguero asociado del periódico ‘Le Monde’, Ignace
Leverrier, cuyo nombre verdadero es Wladimir Glassman, el famoso
sionista tuerto que echa «una mirada (de tuerto) a Siria».[8]
Los dos comparsas están de acuerdo al afirmar que el general Daoud
Rajha, víctima del atentado era un “aval cristiano” y “un idiota útil”
del régimen. Para el señor Leverrier/Glassman y para muchos otros
observadores, el régimen sirio procede mediante cálculos étnicos para
«corromper» a las minorías y volverlas responsables de su «política de
terror».
En cambio, no se les oirá utilizar los mismos términos insultantes
hacia el kurdo Abdel Basset Sayda, quien no fue elegido a la cabeza del
Consejo nacional sirio (CNS) sino para seducir a los kurdos sirios y
para de esa forma dar un sello pluralista a una oposición dominada por
los Hermanos musulmanes.
Sin embargo, Sayda, en adelante el gran amigo de Sarkozy, es el
idiota útil por excelencia, un perfecto desconocido que una gran mayoría
de kurdos sirios rechazan a la vez porque no tiene ningún pedigrí
militante y porque reside en una estructura próxima a los servicios
secretos turcos.
Volvamos al campo de batalla de la guerra del lenguaje. Un imam suní
apoyando al gobierno de Bachar El-Assad es un agente del régimen. Pero
no se utilizará jamás esa palabra infamante a propósito de un imam de la
oposición, inspirada por las prédicas anti chiíes y sometida al
wahabismo.
Un gobierno enemigo siempre es calificado de “régimen”. Nunca se nos
ocurriría la idea de hablar de “régimen” de Londres, de Paris, de Berlín
o de Washington.
Un gobierno enemigo debe inspirar odio y desprecio de manera
continua. Por eso, se le debe mostrar bajo su aspecto más repugnante.
Por consiguiente, Siria que es a la vez un Estado del Bienestar
inspirado del modelo soviético en el que la política regula en gran
parte la economía, en el que la masa de funcionarios es pletórica, en el
que la enseñanza es gratuita y de calidad al igual que el sistema de
salud, un Estado no endeudado en nuestras instancias económicas y por
ello liberado de la dictadura financiera occidental, un Estado
autosuficiente promotor de la soberanía alimentaria, un Estado
tercermundista y pro palestino, un Estado laico y multi confesional,
pero también un Estado policial donde la tortura y las ejecuciones
sumarias son moneda corriente, esta Siria de múltiples facetas es
reducida en nuestra prensa a su único perfil represivo. Los atributos
del Estado sirio que le convierten en algo menos repulsivo serían, según
nuestros ideólogos, lisa y llanamente fabricados, simulados,
manipulados y falsificados.
Un gobierno enemigo es profundamente maquiavélico. Es la encarnación
del Mal. Mata a sus enemigos pero también a sus propios amigos para
acusar a sus enemigos. El asesinato del hijo del muftí pro-Bachar, ¡es
Bachar! El atentado contra los generales de Bachar, ¡es Bachar! Los
yihadistas anti-Bachar, ¡una obra de Bachar! Los estudiantes pro-Bachar
asesinados en la universidad por anti-Bachar, ¡una jugada de Bachar! Las
masacres de aldeanos, obreros, funcionarios, periodistas, profesores,
cineastas, deportistas pro-Bachar, ¡un crimen de Bachar! Nuestros medios
no retroceden ante ninguna teoría del complot a propósito del enemigo.
En las redacciones occidentales al igual que en la calle, aquel que
no asocie los términos “cínico”, “brutal”, “totalitario”, “feroz”,
“mafioso”, “sanguinario”, “odioso”, “bárbaro”, “sectario”, “corrompido”,
“asesino”, etc. al Estado sirio, es sospechoso de simpatizar con el
enemigo.
A menos que uno se llame Kofi Annan, defender la paz, la moderación,
la reconciliación en Siria como lo hizo el difunto (primer) presidente
argelino Ben Bella para poner fin a la guerra civil que desgarró a su
país, se convierte en algo sospechoso. Maccarthysmo, el retorno.
Un gobierno enemigo esta “aislado” incluso si disfruta del apoyo de
los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), es decir de las
naciones que contabilizan más del 40% de la población mundial. Añadan a
esa dinámica los Estados-miembros del ALBA, Argelia, Irán o aún
Bielorrusia y se acercarán a la mitad de la humanidad. Después de todo,
son muchos amigos para un Estado puesto en cuarentena.
Un gobierno enemigo como el de Damasco tiene como único apoyo popular
a una banda de “oportunistas”, de “clientes” y de “apparatchiks” [9]
pero los opositores comprados a precio de oro en el mercado de Riad y
Doha son, por supuesto, demócratas sinceros y desinteresados.
Respecto al pueblo, siempre según nuestros medios, es la oposición
quien tendría su exclusividad. En cambio, el otro pueblo, el que rechaza
participar en la anarquía, que muestra un apoyo total o condicional al
gobierno, que encarna la mayoría silenciosa, ese pueblo, no existe. Como
mucho, se le menciona vagamente en algunos raros artículos de análisis.
En el caso de la guerra civil siria, la lista de palabras cuyo
significado es desviado por la corriente de pensamiento dominante es
larga, y el tema merecería que se le dedicase un diccionario.
Los pocos ejemplos citados en este texto muestran que en una guerra,
el lenguaje no es neutro. Su opción está determinada por nuestras
convicciones. Es la prolongación, el espejo de nuestras ideas, de
nuestra sensibilidad. Los periodistas de guerra no contravienen las
normas. Sus palabras, fuentes o interlocutores no se escogen al azar.
Tener una ideología y hacer propaganda no es sorprendente en sí, cuando
se tiene por misión interesar a un público sobre acontecimientos
políticos que contienen una pesada carga emotiva. Son los intereses
subyacentes los que deberían plantearnos una interrogación, e incitarnos
a seguir vigilantes, sobre todo cuando el así llamado periodista
disimula su propaganda bajo los atavíos de una moral superior
pretendidamente universal.
Notas:
[1] Alain Jaulmes, Le Figaro, 31 julio 2012
[2] No siempre es fácil separar la política de la religión. Las
corrientes ortodoxas como las heterodoxas acumulan a menudo una
dimensión a la vez política y religiosa.
[3] France 24, 11 agosto 2011
[4] AFP, 6 agosto 2012
[5] Koen Vidal, De Morgen, 3 julio 2012
[6] Le Vif, 6 agosto 2012, Gokan Gunes, Syrie: qui sont ces
djihadistes dont se sert Damas ?
[7] Mourir en Madrid est un famoso documental de Frédéric Rossif
consagrado a la guerra civil española.
[8] Le Figaro, 19 julio 2012
[9] Le Soir, 30 enero 2012
[2] No siempre es fácil separar la política de la religión. Las
corrientes ortodoxas como las heterodoxas acumulan a menudo una
dimensión a la vez política y religiosa.
[3] France 24, 11 agosto 2011
[4] AFP, 6 agosto 2012
[5] Koen Vidal, De Morgen, 3 julio 2012
[6] Le Vif, 6 agosto 2012, Gokan Gunes, Syrie: qui sont ces
djihadistes dont se sert Damas ?
[7] Mourir en Madrid est un famoso documental de Frédéric Rossif
consagrado a la guerra civil española.
[8] Le Figaro, 19 julio 2012
[9] Le Soir, 30 enero 2012
michelcollon.info. Traducción: Collectif Investig’Action
Tomado de inSurgente
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