UNA CONSTITUCIÓN COMO LA ESPAÑOLA BIEN MERECE UN PRESIDENTE NEOFRANQUISTA EN EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
La noticia sólo ha sorprendido a aquellos que defienden la peregrina idea de que el estado borbónico se basa en la democracia y el respeto a los derechos humanos.
Nada menos que el Presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, no tuvo más remedio que admitir la evidencia.
Este magistrado, de ideología neofranquista, que es lo mismo que decir neofascista, pagaba religiosamente su cuota al Partido Popular, un colectivo heredero de las más puras esencias de la dictadura militar, que se negó a condenar los miles de crímenes del régimen que defendieron y apoyaron los padres y abuelos de cientos de altos cargos, diputados y senadores del PP.
De los Cobos se acoge a un artículo de la misma e infecta Carta Magna borbónica para explicar su militancia, revelada en los papeles del famoso delincuente Bárcenas, hasta hace poco tesorero del colectivo político.
Según el artículo 127 de la Constitución, los jueces y magistrados tienen prohibido pertenecer a partidos políticos.
Sin embargo, cuando se trata de miembros del Tribunal Constitucional, el artículo 159.4 precisa esa prohibición al desempeño de “funciones directivas” dentro de los partidos, lo que hace aún más zafia la normativa.
O sea, si usted es juez no debe militar en un partido, pero si es miembro del más alto tribunal, puede hacerlo siempre y cuando no sea dirigente de aquel. La estupidez y el descaro claman al cielo.
Sin embargo no hay que rasgarse las vestiduras; sencillamente admitir que el estado borbónico se ha dotado de leyes y normas, artículos y organismos jurídicos en los que el neofranquismo y los fans de la dictadura, campan tranquilamente, como en la Corte Suprema argentina, donde las autoridades judiciales son aún fieles a los principios e idearios básicos del régimen de Videla y Bignone.
Pérez de los Cobos es un militante de un partido neofranquista y presidente del Constitucional.
Es la punta del iceberg de un monumental teatro democrático en el que el monarca figura como primer actor. Y sus comparsas deben ser de la misma calaña.
Comentarios
Publicar un comentario