“No quiero sustituir al presidente del Gobierno, lo que quiero es que venga a la Cámara, que venga a esta Cámara, que explique en esta Cámara, que podamos votar (…) Lo que no quiero es que en su huida hacia adelante se lleve la dignidad del Congreso de los Diputados, que es la sede de la soberanía popular”, clama el candidato sustituto de ZP.
La dignidad del parlamento español existió, si acaso, desde 1931 a 1939.
¿De qué pundonor hablas entonces, ex ministro de la porra y la tortura?
¿A qué honorabilidad invocas, cuando lo cierto es que vuestro gobierno y el actual llenaron los escaños de miseria moral y mentiras, mientras caían sobre la ciudadanía leyes ilícitas, prohibiciones, recortes y rebajas a los derechos humanos y laborales?
¿A quién quieres engañar, rasgándote la túnica del fariseo ante el espectáculo de Bárcenas, que tiene el mismo aroma a estafa y evasión, corrupción e ilegalidad de otros tantos escándalos protagonizados por personas vinculadas al PPSOE?
¿Dónde dejaste la decencia y la nobleza cuando tu gobierno amnistió a chorizos y delincuentes de la banca privada o de organizaciones terroristas?
¿Recuerdas a Alfredo Sáez, la mano derecha del no menos chorizo Emilio Botín? ¿Has olvidado a Miguel Angel Calama, de la Cara Rural de Ciudad Real, a los directivos de Ebro Azucarera o a los asesinos del GAL?
¿Dónde escondiste tu supuesto sentido del honor como parlamentario, cuando negabas los malos tratos a detenidos siendo ministro?
Si Mariano Rajoy y su camarilla neofascista se han apoderado de la mayoría absoluta de las cortes borbónicas y franquistas ha sido, únicamente, por la indignidad, la ineficacia, la mediocridad y la cobardía política de tus compadres Felipe González y J.Luis Rodriguez Zapatero.
Y con ellas, habéis arrastrado a la izquierda blanda, a aquellos que os sirvieron de paño de lágrimas en la derrota y a quienes despreciasteis a la hora del triunfo. Entre indignos anda el juego.
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