Según datos actualizados al mes de abril de 2013 por la encuesta de
población activa que acaba de publicar el "Intituto
Nacional de Estadística", de los 47.059.533
habitantes que residen actualmente en España, hay
22.837.400 activos o en edad de trabajar
(el 48,53%), de los cuales solo 16.634.700
(el 35,35%) siguen ocupados y 6.202.700.
(el 13,18%) han sido forzados
al paro.
Entre los ocupados, 3.012.100
(el 6,40%) son catalogados como “autónomos”.
Destacamos subrayando entrecomillado este epígrafe, porque es aquí
donde la EPA decidió —no casualmente— esconder
a los 850.900 explotadores
de trabajo ajeno entre pequeños,
medianos y grandes empresarios (el
1,8% de la población activa empleada).
¡¡Como si no existieran!! Mezclados, además,
con otros 2.023.600 (el 4,30%),
auténticos autónomos
que viven exclusivamente de su trabajo
y
137.600 (el 0,29%),
auténticos "bon vivant" rentistas con el indefinido
epígrafe de “otras ocupaciones". Quedan
10.776.800 (el 22,90%) a sueldo de sus empleadores privados,
más 2.845.800 (el 6,05%)
empleados por el Estado.
En términos económicos puros y duros, de esta
encuenta se infiere que el 35,25%
= (4,30%+22,90%+6,05%)
de la población activa Española empleada
con ingresos cada vez más recortados día que pasa, no pueda sostener
con su trabajo al 64,65% restante,
es decir, al 32,79% de la población
inactiva, al 18,68% (menores de
16 años) y al 13,18% de
activos en paro forzoso. Todo esto en medio de una peligrosa deriva del Estado
hacia la quiebra de sus cuentas públicas.
A este drama social son completamente ajenas las grandes empresas
residentes en España, cuyos accionistas mantienen sus billonarios fondos
líquidos a buen recaudo en Bancos de paraísos fiscales eludiendo
el pago de impuestos. Mientras esto sucede y
como si no lo supiera, Mariano
Rajoy dejó de lado la hipócrita y mentirosa ética de la
ideas —que todos los políticos al uso esgrimen cuando desde la
oposición aspiran al poder—, para pasar a cumplir con esa parte
de la verdad que su nueva responsabilidad le viene exigiendo desde hace un año
como Presidente del gobierno. Tal es el pacto secreto de sangre
que durante la Revolución Francesa juraron cumplir las dos
grandes coaliciones políticas burguesas de la derecha y la izquierda,
en la que por entonces se llamó Asamblea Nacional, donde
se obligaron a que, bajo condiciones de crisis, sea
cual fuere la fracción elegida "democráticamente" para
gobernar, harían todo lo que sea menester para superar trodas las dificultades,
sin perjuicio ninguno para ellos ni para el sistema económico-social
imperante del que han venido viviendo desde ese momento.
Tal es el compromiso que los políticos burgueses sin excepción
jamás dejaron de cumplir en todo el mundo. Antes de las elecciones vale
casi todo para que los más espabilados se hagan
con el poder. Pero una vez cumplido ese requisito, se impone hacer a toda costa
lo que la preservación del sistema exija. Tal es la filosofía
que el célebre político inglés, Benjamín Disraeli,
destiló al definir la política como "El arte de
hacer políticamente posible lo económicamente necesario".
Necesario no para la sociedad en su conjunto sino exclusivamente
para los explotadores en el poder y sus fieles servidores políticos,
naturalmente.
Dadas las actuales circunstancias económicas y la correlación
política de fuerzas entre las dos clases sociales históricamente
antagónicas —favorable al 1,8% que
constituyen los explotadores—, como no podía ser de
otra manera este lema de Disraeli fue seguido estrictamente por el Partido
Popular con Rajoy a la cabeza como Presidente del gobierno con
mayoría absoluta, después de haber prometido hacer
todo lo contrario en su programa durante la última
campaña electoral. Y ahora, desde la más alta instancia
del poder político tras cumplir un año de su mandado, este señor
nos acaba de pedir a los ciudadanos de a pie, que tengamos paciencia y sigamos
soportando más paro, aumento de impuestos y recortes en los servicios
públicos esenciales, con el argumento de que ésta es la
única alternativa posible para salir de la crisis. Lo ha
sintetizado literalmente así:
“En un período de recesión, no se
crea empleo. Se destruye”
Y no es casual que haya omitido deliberadamente
explicar la verdadera causa de que suceda tal cosa.
Porque sería tanto como mentar la soga en casa del ahorcado. Tampoco
aludió Rajoy a la evidencia de que el mayor
empobrecimiento relativo de las mayorías sociales explotadas,
permite que las minorías explotadoras más acaudaladas, puedan
no solo conservar su riqueza en épocas de recesión
evadiendo al fisco, sino incluso incrementarla especulando con materias
primas esenciales, que elevan el precio de los alimentos y degradan
todavía más el nivel de vida de los más pobres, y ni que
decir tiene de los parados que han dejado de cobrar subsidio de desempleo. Para
reforzar en su discurso el escamoteo de semejante realidad clasista, Rajoy seguidamente
agregó que: pensar en la posibilidad de cualquier otro tipo de expectativas,
no puede ser sino producto de:
“…varitas mágicas o dislocadas políticas
arbitrarias”
La parte de verdad que hay en estas
palabras de Rajoy, fue descubierta y anunciada por Marx hace 145 años.
Esa distancia en el tiempo no es nada si pensamos en lo poco que cuesta esgrimir
como propio un pensamiento ajeno. Sobre todo si, como es el caso,
cometió ese plagio para justificar ante la sociedad,
el cúmulo de falsedades en que individuos como él suelen ocultar
sus propios intereses, los de su partido y los de la clase social
parasitaria, corrupta y genocida que representa. Confrontando semejante
actitud y propósitos con el esfuerzo monumental que Marx debió
hacer para desarrollar su propio pensamiento creador, impulsado por la firme
búsqueda de la verdad científica como fundamento de su compromiso
con el futuro de la humanidad, huelgan más palabras.
Es evidente que Rajoy apeló a semejante recurso torticero,
forzado por la enorme presión social, generada
a raíz de las consecuencias desastrosas de la profunda depresión
económica en curso. Y lo hizo como último arbitrio retórico
ante los medios de prensa y las cámaras de televisión el pasado
día lunes 29 de abril, en un discurso que no
tiene desperdicio. Sin embargo, este señor y demás
secuaces de profesión —a izquierda y derecha del arco parlamentario
en todos los países del Mundo—, están demostrando, una vez
más, seguir aferrados criminalmente con uñas y dientes a este
hace tiempo ya caduco “sistema de vida”:
“Sé que la gente está frustrada,
pero sabemos lo que hacemos”, siguió diciendo Rajoy.
¡¡Cómo no lo van a saber!! ¡¡Claro
que lo saben!! Pero entre sus más destacados compañeros de partido,
Rajoy ha pasado a ostentar el privilegio de ser si no el único, uno de
los pocos líderes políticos de la burguesía a escala mundial,
en traicionar sus propios intereses admitiendo que las crisis económicas
y el consecuente paro masivo de magnitud semejante al actual, con su secuela
de miseria, destrucción material, sufrimiento indecible y muerte masiva
de seres humanos, no es ni puede ser el resultado de
políticas implementadas por cualquier gobierno de turno,
sino que es un hecho objetivo determinado por el propio
sistema económico-social capitalista en épocas
de crisis, cada vez más recurrentes. Un sistema en el cual
gentes como Rajoy, Rubalcaba, Cayo Lara y tutti quanti, se siguen prestando
interesadamente a ser meros instrumentos propicios debidamente homologados
y perfectamente funcionales al sistema, tal como los
recambios desechables hacen a la funcionalidad de cualquier
maquinaria, electrodoméstico, automóvil etc. Pero con la diferencia
de que ellos, los políticos al servicio de la burguesía, tienen
plena posibilidad de reciclarse adecuándose a
las cambiantes circunstancias, siempre listos para pasar de la oposición
al gobierno y viceversa, en lo que ya de sobra se conoce por “alternancia
política democrática" al interior de sus respectivos
aparatos estatales.
Ante tan osada y sorprendente alocución del señor
Rajoy, ese otro destacado sicofante de la política española, el
socialdemócrata liberal llamado Alfredo Pérez Rubalcaba, cómodamente
ubicado ahora como jefe de la oposición bregando para que su partido
pueda volver al gobierno y dar continuidad así al mismo sistema explotador
y genocida en la próxima legislatura, en nombre y representación
mayoritaria de la izquierda burguesa atribuyó los “nefastos resultados”
sociales de la crisis económica no al sistema económico-social
imperante sino a la “política” de
“la derecha”. Porque la mejor estrategia de los burgueses
y sus lacayos políticos para preservar al capitalismo,
ha consistido siempre NO en buscar las causas
de las crisis sino en señalar "culpables".
Chivos expiatorios. Y tras acusar al Partido Popular de hacer pagar las consecuencias
de la recesión a los "sectores más
débiles" de la sociedad —con
inocultables propósitos electoralistas—,
para paliar esos efectos exigió a Rajoy urgencia
en vez de paciencia:
<<Bueno, ya dije el sábado que la situación es dramática (…) Ayer el Presidente del gobierno habló de paciencia y yo le pido urgencia. Urgencia para hacer algo. Hay que hacer algo. Hay que cambiar cosas. Hay que cambiar la política económica, porque es evidente que con esta política económica en Europa y en España vamos a una situación dramática>>.
Con estas palabras, parece como si Rubalcaba hubiera elaborado
su discurso, evocando la Sicilia de 1860 tras el desembarco de las fuerzas antifeudales
de Giuseppe Garibaldi con sus “camisas rojas”, cuando el príncipe
Giulio IV vivió el drama que le hizo presentir el fin de su condición
social de aristócrata. Este sentimiento premonitorio de su bisabuelo,
inspiró en Giuseppe Tomasi Di Lampedusa la obra literaria escrita en
1954 que tituló "El Gatopardo” —y que Luchino
Visconti llevó a la pantalla en 1963—, donde revivió a ese
oportunista sobrino del príncipe, llamado Tancredi
Falconeri, quien para calmar los negros presagios de su atribulado tío,
le sugirió poner en práctica la consigna política de “cambiarlo
todo (en apariencia) para que todo siga
(esencialmente) igual”, es decir, evitar
rupturas en el status quo social de la época entre burguesía
y nobleza, como de hecho así sucedió con la sustitución
de la monarquía absoluta por la monarquía
parlamentaria en el nuevo Reino de Italia,
donde los burgueses asumieron el poder político-institucional, sin mayor
perjuicio para la remanente aristocracia que, de tal modo, siguió conservando
sus posesiones.
Algo parecido al vértigo del abismo que vio ante sí
Giulio IV en aquellos días, es lo que parece haber experimentado Rubalcaba
tras conocer la última encuesta sobre población activa expuesta
al principio de este trabajo, y sobre todo los más recientes sondeos
sobre intención de voto desfavorables al ya remanido invento del bipardidismo
predominante, todo ello en el contexto de la respuesta cada vez más masiva,
airada y decidida de las mayorías sociales hundidas en la miseria por
la crisis, y la corrupción galopante al descubierto en la mal llamada
"clase política", que se desparrama
por la geografía española en todas direcciones.
Este sentimiento de temor fue, sin duda, lo que inspiró
en el PSOE la idea de proponerle a Rajoy, que afloje tensiones combinando su
política de recortes en prestaciones sociales
y aumento de impuestos, con políticas de empleo
que faciliten el flujo del crédito a las pequeñas empresas familiares,
para que los “ciudadanos más vulnerables” en paro —a
quienes el PSOE tanto proclama representar—, recuperen la confianza en
la "democracia".
Y lo hizo echando mano, a la tan falsa como simplista
idea unánimemente compartida por el conjunto de la burguesía
desde principios del siglo XIX, que todavía insiste en explicar las crisis
de superproducción de capital, como si fueran crisis
del crédito. Un embrollo macabeo que confunde al síntoma
con la etiología de la enfermedad, para poder concluir, engañosamente,
que la causa de que el proceso productivo se interrumpa
y la consecuente recesión se prolongue, es la falta de dinero
prestable, cuando éste es, precisamente, el hecho que debe
ser explicado:
<<La superficialidad de la economía política (de andar por casa de los “economistas”), se pone de manifiesto, entre otras cosas, en que (por arte de birlibirloque) convierte a la expansión y contracción del crédito —(que es en realidad) un mero síntoma de los períodos alternos (de expansión y contracción de la producción) dentro del ciclo industrial—, en causa de éstos. (K. Marx: “El Capital” Libro I Cap. XXIII Aptdo. 3. Lo entre paréntesis nuestro)
Señor Rubalcaba: Se dice actualmente —y algo
de verdad debe haber en ello—, que quienes detentan la propiedad de los
más poderosos conglomerados económicos europeos,
mantienen productivamente inactivos u ociosos más de 18 trillones
de Euros en fondos líquidos, depositados en bancos de distintos
paraísos fiscales repartidos por el mundo (18.000.000.000.000.000.000)¿Éste
sería su comportamiento de saber esos “señores”, que
su inversión productiva les reportaría ganancias de una magnitud
tal, que su incremento fuera proporcionalmente mayor de lo que cuesta crearlas?
Pues, ¡¡NO!!, señor Rubalcaba. El flujo
de dinero a crédito actúa efectivamente como la más formidable
palanca de la inversión productiva para la consecuente finalidad de acumular
capital. Este hecho se ha venido verificando empíricamente y
sin excepción en la historia del capitalismo. Pero SOLO
durante las fases de recuperación y expansión
de cada ciclo de los negocios, con ganancias crecientes al alza.. Nunca
durante el estallido de las crisis y la subsecuente recesión
como es éste el caso todavía al día de hoy.
Y nada indica que las cosas vayan a cambiar en el corto plazo, mientras la relación
entre la masa de ganancia obtenida con un determinado
capital promedio invertido, no permita que el sistema
productivo se recupere.
A raíz del paulatino descenso en la Tasa Media de Ganancia
—y al alcance de cualquiera está
saberlo—, el dinero prestable disponible para
inversión productiva comienza a retraerse
desviado hacia la especulación —preanunciando
así las crisis— hasta desaparecer con su estallido,
que es cuando las ganancias declinantes dejan de aumentar e incluso
descienden respecto de lo que cuesta producirlas. Es falso, pues,
sostener que las típicas crisis capitalistas sean crisis de
crédito. Son crisis de ganancias
y, por tanto, crisis de relativa superproducción de capital.
Una cosa es saber por qué verdaderas causas discurren
los hechos, y otra creerse las falsedades
que nos tratan de inculcar personeros políticos
de las clases dominantes como Ud., señor Rubalcaba.
Ergo. Si hoy esos 18 trillones de
Euros siguen estando productivamente inactivos allí
donde permanecen a buen recaudo gravitando furtiva
y ocasionalmente hacia los mercados especulativos, es porque ese “algo”
que Rubalcaba está proponiendo hacer bajo las condiciones
recesivas actuales, todavía es de imposible realización.
Y lo es —insistimos— porque para que sea realmente posible invertirlos
productivamente, es decir, explotando
trabajo ajeno, la magnitud de ganancia obtenida con
su inversión, debe crecer proporcionalmente más de
lo que a dichos empleadores les costaría crearla. Pero como
este no es todavía el caso, ningún magnate capitalista puede estar
hoy dispuesto, a invertir un solo céntimo de tales fondos líquidos
ociosos en emplear trabajo ajeno para producir riqueza.
Sin el fundamental estímulo
de la ganancia creciente por parte de las grandes
empresas —y siempre que aumente más
de lo que cueste producirla—, tampoco hay manera
de que puedan hacerlo las medianas y pequeñas
empresas que medran a su sombra. Durante las fases cíclicas
de expansión, estas empresas vegetan a expensas
de las grandes como las rémoras en los tiburones. Pero la
recesión las diezma en gran número, al
mismo tiempo que induce por cuenta gotas a la creación de
otras (los llamados “emprendedores”). Como resultado
de esta lógica intrínseca del
sistema, se impone la irresistible tendencia natural
a la centralización creciente de la propiedad
del capital oligopólico en cada vez menos manos, determinando
que la existencia de tales empresas por lo general no supere la segunda generación
familiar.
Por tanto, la parte del capital físico y
humano supernumerario o excedente que provocó la crisis
actual y todavía impide superar la recesión, debe seguir desvalorizándose
y/o alternativamente destruirse. Tal como acaba de sentenciar nuestro contradictorio
Rajoy emulando insólitamente a Marx. Así las cosas, la propuesta
de acuerdo entre los dos grandes partidos —que acaba de lanzar el PSOE
por mediación del ya declinante pope socialdemócrata Rubalcaba—
no deja de ser un recurso retórico perverso y engañoso, que no
evitará el descrédito en que han caído las dos más
grandes formaciones políticas al servicio de la patronal. De hecho, las
estadísticas de intención de voto certifican el desplome
del PP. y del PSOE.
Pero semejante descrédito de los dos partidos mayoritarios,
no significa que los explotados hayan perdido toda confianza en el sistema.
La seguirán teniendo mientras su corazón colectivo
aquerenciado al capitalismo una mentira más siga pidiéndoles.
Esto explica que a esas mismas falsas esperanzas de “solución”,
se sumen partidos burgueses oportunistas de izquierda minoritarios,
dedicados a pescar desde la misma orilla de ese río revuelto, en el que
se ha convertido la farsa político-institucional permanente al interior
del Estado español. Así es cómo se promocionan los bribones
a la vez que sus escarceos dan tiempo al sistema, para que acabe de hacer lo
suyo sin mayores peligros de desestabilización política general.
Tal es el propósito del anzuelo que acaba de lanzar con la caña
de Izquierda Unida el “compañero” Cayo Lara, prometiendo
crear más de tres millones de empleos.
Sin duda una oferta tentadora para consumo de incautos.
Porque lo cierto es que, mientras haya exceso de oferta en
medios de producción (suelo cultivado, máquinas, herramientas,
mobiliario, materias primas) y fuerza de trabajo disponible en el paro —respecto
de la demanda como consecuencia de su insuficiente rentabilidad—,
toda promesa de solución será como esperar “brotes verdes”
sembrando en terreno infértil. El exceso de oferta
(en trabajo asalariado y medios de producción) típico de las crisis
de superproducción de capital, debe presionar los precios a la baja forzando
a que los explotados trabajen más por menos, para que el plusvalor aumente
y la Tasa de Ganancia se recupere. Porque allí donde impera
la propiedad privada sobre los medios de producción,
no hay medida de política económica que
pueda fructificar, contradiciendo las férreas leyes de la
economía política.
Lo hemos dicho recientemente y volvemos por enésima
vez sobre ello: La "necesidad"
impuesta por el sistema de proceder a desvalorizar y/o destruir el capital sobrante
tras el estallido de cada crisis, es algo inevitable
y se explica por el hecho de que acerca el horizonte de la recuperación
económica en el tiempo, tanto más cuanto mayor sea
la magnitud del capital excedentario en el momento del crash y, por tanto, mayores
las pérdidas en términos de riqueza y vidas humanas contablemente
cuantificables, a través de un tan doloroso como innecesario
sufrimiento. Todo ello para que disminuya el denominador de la Tasa General
Media de Ganancia y aumente su cociente que se refleja en la cuenta de resultados
de la burguesía en su conjunto, ya sea por el propio juego
de la oferta y la demanda, ya sea mediante guerras
o “catástrofes naturales”, por cierto cada
vez menos naturales y tanto más devastadoras,
al ritmo en que progresa el adelanto tecnológico incorporado
a los medios de destrucción masiva. Tal es la realidad que,
a juzgar por sus propias palabras, Rajoy ha venido a reconocer implícitamente
en ese reciente acto, no casualmente auspiciado por el “Foro de la
empresa familiar”.
Pero las crisis no solo se superan desvalorizando y/o destruyendo
el capital físico excedente que impide la recuperación
de la tasa de ganancia. También dando empleo,
a la excedentaria o supernumeraria parte del capital
nominal o líquido que permanece ocioso atesorado
en los bancos y paraísos fiscales del sistema y que, tal como hemos visto,
en Europa alcanza hoy la magnitud de 18 trillones de Euros. He aquí el
concepto de "sobresaturación de capital" o capital
excedentario crónico, expresión acuñada por
Henryk Grossmann en 1929 basado en los descubrimientos de Marx, que pudo confirmar
estudiando la profunda recesión que siguió a la crisis económica
mundial ese mismo año. Un capital sobrante que fue destruido durante
la Segunda Guerra Mundial en esa enorme sangría de riqueza y vidas humanas,
cuya consecuente escasez resultante dio pábulo
en la postguerra, a que aparecieran y se consagraran las doctrinas socialdemócratas
de Keynes con su famoso "multiplicador de la inversión",
incentivado por el llamado capital estatal de las empresas públicas,
como necesario complemento del mermado capital
disponible remanente tras aquella hecatombe bélica. El experimento
keynesiano que se plasmó en el conocido Estado del Bienestar,
fue el que permitió prolongar la fase expansiva
del nuevo ciclo industrial entre 1947 y 1966. Una expansión que no casualmente
lideraron las economías de Europa y Japón creciendo a un rítmo
del 8,9 y del 9,6% respectivamente, habiendo sido las que más sufrieron
el retroceso económico por causa de la guerra.
Las redes públicas de salud,
educación y seguridad social en los países capitalistas
desarrollados y de desarrollo medio, se extendieron históricamente condicionadas
por el llamado capital público o estatal que
suplantó al capital privado inexistente, en un
momento muy específico, excepcional y transitorio del capitalismo,
a raíz de la destrucción material y el genocidio resultantes del
conflicto bélico, tras el cual una tasa de ganancia en aumento se combinó
con un capital acumulado todavía insuficiente,
que hasta cierto punto permitió la coexistencia
del capital privado con el capital público Estatal, acumulado en no pocas
industrias básicas, de transportes, comunicaciones y de servicios
sociales esenciales como sanidad, educación y seguridad
social, para atender a una población explotable en crecimiento, con salarios
al alza y en condiciones de casi pleno empleo durante ese período expansivo.
Pero dada la propia lógica del capital descubierta
por Marx, esta situación pudo preverse como científicamente
transitoria. Y así se pudo demostrar desde el momento en
que, el desarrollo tecnológico aplicado a los instrumentos bélicos
se incorporó a la industria en tiempos de paz, de modo que a caballo
de la consecuente fase de aceleración, se fue creando la siguiente gran
plétora de capital acumulado. El
síntoma de que el capitalismo mundial evolucionaba en dirección
a otra interrupción violenta de la producción como la que ahora
estamos padeciendo, se anunció cuando el Estado norteamericano decretó
en 1971 la inconvertibilidad del dólar en oro,
confesando que había en el Mundo más representación
de riqueza (dinero fiduciario en dólares) que
riqueza material propiamente dicha, porque el proceso de acumulación
de plusvalor había sido artificialmente prolongado
por medios crediticios bajo la forma de promesas de pago,
es decir, capital ficticio; y porque, como consecuencia
de ello, el sistema capitalista fue forzado,
una vez más, a ir con la explotación del
trabajo asalariado para los fines de acumular plusvalor,
más allá de sus propios límites naturales,
creando una masa de capital cada vez más relativamente supernumeraria
respecto de la ganancia obtenida con él. Tendencia irresistible que está
en los propios genes del sistema.
Semejante excepcionalidad histórica
determinó que el Estado burgués —en tanto que capitalista
colectivo— debiera hacerse cargo de esos necesarios emprendimientos económicos
y sociales por entonces vedados al capital privado por insuficiente acervo.
El Plan de Estabilización de 1959 le permitió a España
incorporarse esa onda de prosperidad que se dejó sentir en todo el Mundo
desde 1953, y permitió a las economías europeas recuperar los
índices de acumulación alcanzados antes de iniciarse la contienda
bélica. También en España desde 1959, fueron notorios los
resultados de la política de inversiones públicas
y creación de empresas industriales estatales
que, a instancias del "Instituto Nacional de Industrias"
(INI) creado por la Dictadura franquista, hicieron posible el desarrollo económico
posterior a través de los tres Planes de Desarrollo cuatrienales que
se pusieron en marcha desde 1964, permitiendo a la economía española
crecer a un ritmo superior al 6,5% anual acumulativo, superando ampliamente
el promedio anual que alcanzó el conjunto de países miembros de
la OCDE.[1]
La post transición a la "democracia" desde
1978, no hizo más que continuar el acelerado proceso hacia la sobresaturación
en España y el resto del mundo que condujo a la nueva plétora
de capital. Y como todo capital excedentario u ocioso, presiona en dirección
a ser empleado en la producción de más plusvalor explotando trabajo
ajeno para los fines de su acumulación, cabe la pregunta: ¿A dónde
fueron a parar en España las empresas del INI? Al sector privado. ¿En
manos de quiénes están hoy? En manos de las grandes empresas privadas
que se han apropiado de ellas a precio de saldo. ¿Y bajo qué partido
político a cargo del gobierno se han consumado estas privatizaciones?
Bajo el gobierno del PSOE entre 1982
y 1996. Un partido que nació abrazado al
ideal socialdemócrata originario de la Segunda
Internacional en ruptura con el marxismo, para asumirse como paladín
de la economía mixta y de las políticas
redistributivas del reformismo keynesiano. Pero según se
proyectó hacia el futuro como alternativa política
mayoritaria "de izquierdas" frente
al otro gran partido de la derecha franquista "democráticamente"
reciclada, el PSOE fue lastrando aquél ideario
reformista que lideró Pablo Iglesias. Hasta que a fuerza de asumir responsabilidades
de gobierno y compadrear con grandes empresarios, acabó pasándose
con armas y bagajes a un liberalismo burgués "moderado",
desde donde ahora todavía dice defender el carácter
público de la sanidad, la educación y el sistema de pensiones,
compitiendo en la reivindicación de este "fleco"
reformista burgués hipócrita y oportunista, con sus
colegas de Izquierda Unida y demás formaciones regionales menores. Le
llamamos "fleco", porque es
éste el último residuo del patrimonio público,
que la Ley capitalista del valor a instancias de la cancerígena
superproducción de capital, tiende inevitablemente a privatizar
para darle empleo rentable, que tal fue y sigue siendo
el cometido de la burguesía y los políticos que la representan
desde la Segunda Post Guerra mundial.
Pero ahora, en la memoria histórica de los
explotados ha pasado a gravitar la experiencia de años,
en que los servcios públicos de salud educación y seguridad social,
demostraron ser de mayor alcance social, tan eficaces y más
baratos que los privados. Y esto arraigó en su conciencia
colectiva. Hasta tal punto que la necesidad racional
de seguir contando con ellos, parece hoy haberse vuelto absolutamente
incompatible con la no menos imperiosa necesidad que
el capital excedente ocioso exige, pugnando
por volver a convertir dichos servicios en
un negocio. Ni más ni menos que como sucedía en tiempos
de Marx. Por tanto, al tornarse ideológicamente
incompatibles, ambas necesidades sociales
contradictorias se revelan cada vez más como
políticamente antagónicas e irreconciliables. Otro
tanto se está procesando en la conciencia de los cientos de miles de
ciudadanos estafados por la banca en materia de prestamos hipotecarios, "acciones
preferentes" y "subordinadas", a quienes la necesidad
de que las empresas dedicadas a la intermediación financiera deban ser
de propiedad pública, se les revela cada vez
más como absolutamente inconcebible e intolerable, que sigan
siendo de propiedad privada. Tan inconcebible e intolerable, como
aceptar que el 1,8% o menos de la población de un país,
decida qué debe hacer y cómo debe vivir el resto. Porque aun cuando
las mayorías eligen periódicamente a sus representantes políticos
según lo que estos les prometen hacer en las campañas electorales,
no es menos cierto que los políticos hacen invariablemente
lo que la minoría de acaudalados propietarios le sugieren desde "los
mercados", convirtiendo así la "democracia"
en una dictadura permanente del capital. La consigna
política que aflora pues, cada vez más espontáneamente
a la conciencia colectiva del ciudadano común por propia experiencia,
no puede ser otra que:
"SI, SE PUEDE". ¡¡PERO
NO SIN ACABAR CON EL CAPITALISMO, EXPLOTADOR Y CORRUPTO!!
Para homologar esta esencial
y cada vez más necesaria exigencia política con el
pensamiento de cada cual —y así
poder comprender su concepto sin demasiado
esfuerzo del intelecto—, solo basta con
prestar un poco de atención a la fórmula
matemática de la “tasa general media de ganancia”, como relación
entre la masa de plusvalor que se obtiene, respecto de lo que cuesta producirla,
o sea costo medido en términos contablemente registrados de salarios
y medios materiales de producción. Relación desde donde no
hay forma de huir por ninguna tangente ideológica interesada sin "mostrar
el plumero".
|
G=
|
Pl. |
| Cc+Cv |
Donde “Pl.” es la masa de plusvalor obtenido; “Cc” el valor invertido en medios de producción [tierra cultivada o suelo urbano consolidado; edificios; máquinas, herramientas, mobiliario, etc.; materias primas; materias auxiliares (combustibles, lubricantes)] y “Cv” salarios.
En esta fórmula está resumidamente compendiada
la explicación acerca del destino final del capitalismo. Allí
se sintetiza toda su lógica, la ley
general económica que preside su desarrollo, sus
contradicciones insolubles y, por tanto, el carácter
históricamente transitorio de su existencia como sistema
social y económico de vida. Después del genial aforismo
de Epicuro: "Todo lo que nace merece perecer”, en la Tasa General
Media de Ganancia el capitalismo también lleva inscrita su propia fecha
de caducidad. Y haga lo que haga la burguesía con sus lacayos intelectuales
y políticos por impedirlo, solo conseguirán prolongar
los dolores del tan necesario como inevitable
parto socialista en transición al comunismo:
<<Esta ley es, en todo respecto, la ley más importante de la moderna economía política (...) que pese a su simplicidad, hasta ahora nunca ha sido comprendida y, menos aún, explicada (...) Es, desde el punto de vista histórico la ley más importante…>> (K. Marx: "Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política" (Grundrisse) l857/l858 Ed. Siglo XXI México /l977 Pp. 634. Paréntesis nuestros).
Y si aquél “hasta ahora” que Marx dejó
pendiente de resolver, se prolonga en la indiferencia general por ignorancia
continuada de los asalariados —después de siglo y medio en que
la humanidad se viene dando una y otra vez de bruces contra la salvaje realidad
del capitalismo—, esa tardanza de lo que todavía
está por venir, es principalmente imputable, a la legión de presuntos
“expertos” en lo que sea propicio a sus intereses personales,
con tal de seguir viviendo del cuento.
Sí, estamos hablando de esos modernos sofistas,
verdaderos charlatanes no pocos de ellos con ínfulas de “catedráticos”
a sueldo y prebendas de la burguesía internacional, que
para eso les retribuye con el dinero que mayoritariamente aportan
los asalariados a las empresas que les contratan y explotan, así
como a los Estados nacionales donde residen pagando impuestos.
Un dinero que los grandes empresarios disponen directamente
o por mediación de políticos profesionales institucionalizados,
quienes para tales "fines benéficos"
lo destinan con cargo a los presupuestos públicos.
Unos y otros tan cómplices de la barbarie
capitalista en la sociedad civil profana,
como afortunadamente lo son cada vez menos sacerdotes
que se ganan la vida oficiando en la presunta "sociedad
divina" del Dios católico. Por ejemplo,
la barbarie que según se acaba de saber, compromete al cura recién
entronizado Sumo Pontífice, el argentino alias "Francisco"
llamado Jorge Mario Bergoglio, bajo la forma de abusos sexuales
a niños cometidos por colegas compatriotas suyos, en la “piadosa”
congregación del Obispado
de Quilmes. O la que implicó a su inmediato antecesor, el
ya dimisionario "Benedicto XVI" cuando todavía se le conocía
como el cardenal Ratzinger, por haber encubierto los mismos crímenes
a la sazón cometidos por un sacerdote residente en el Estado norteamericano
de Wisconsin, llamado Lawrence Murphy, quien entre 1950 y 1974 vino abusando
continuadamente de 200
niños y adolescentes sordos. Todo como parte de un negocio, en el
que la multinacional cristiana compite muy hábilmente con sus homólogos
musulmanes, hindúes y budistas, vendiendo con distinto nombre un mismo
producto, tan etéreo y evanescente, que solo es posible "ver"
bajo los efectos de psicopáticas ensoñaciones.
http://www.nodo50.org/gpm
apartado de correos 20027 Madrid 28080
e-mail: gpm@nodo50.org
Sólo
estamos dispuestos a trabajar con quienes sientan más horror al vacío
ideológico en sus conciencias que al vacío social en torno suyo
Comentarios
Publicar un comentario