Las multitudinarias revueltas populares continuaron durante la madrugada en al menos 11 ciudades brasileñas,
en las que hubo enfrentamientos entre policías y manifestantes y
edificios invadidos y dañados, además de varios heridos. Para hoy se
convocó a una nueva marcha en San Pablo.
"El destino es claro, único, objetivo y específico: revocar el
aumento" del transporte público, anunció el movimiento Passe Livre de
San Pablo, una agrupación nacida en las universidades y que ha
encabezado las protestas que comenzaron en esa ciudad hace más de una
semana y se han extendido por todo el país.
Para la protesta convocada hoy en San Pablo, los organizadores
informaron que han confirmado la presencia de unas 120.000 personas, una
cifra que duplica el número de manifestantes que la propia policía
calculó que se marcharon en esa ciudad anoche.
Según las autoridades, unas 250.000 personas tomaron ayer las calles
de decenas de ciudades para protestar inicialmente contra el alza de los
pasajes y el gasto público en eventos deportivos, como la Copa
Confederaciones de fútbol que organiza la FIFA y el Mundial del año
próximo.
Las manifestaciones demostraron que la protesta de los brasileños
también apunta a la pésima calidad de los servicios, la corrupción, la
inflación, la violencia policial y un sinnúmero de asuntos, que revelan
un malestar social generalizado que hasta ahora no se expresaba.
Las protestas de ayer fueron consideradas las mayores registradas en
el país desde 1992, cuando una movilización popular de dimensiones
similares contribuyó a la caída del gobierno del entonces presidente
Fernando Collor de Melo, quien dimitió en medio de un sonado escándalo
de corrupción.
Ayer las marchas comenzaron en forma pacífica, pero se radicalizaron
violentamente en las cuatro principales ciudades del país: Río de
Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte y Brasilia. En la capital federal la
manifestación arrastró a las calles a unas 7000 personas que llegaron al
Congreso Nacional e intentaron invadirlo. Tras varias horas de tensión,
durante las cuales fueron quebrados algunos vidrios, la Policiía
Militarizada ingresó por los fondos del edificio, reforzó la seguridad
del lugar e inhibió al grupo, que acabó dispersándose.
En San Pablo, donde estallaron las primeras manifestaciones a raíz de
un aumento del costo del transporte, la manifestación convocó a unas
65.000 personas, según el Instituto Datafolha. La demostración se
desarrolló en forma pacífica hasta los últimos momentos, cuando un grupo
de manifestantes intentó invadir la sede de la gobernación provincial y
llegó a querer forzar la puerta principal del Palacio Bandeirantes, sin
conseguirlo. La quinta marcha realizada en San Pablo se celebró después
de que el principal grupo convocante, el Movimiento Passe Livre,
llegara a un acuerdo con las autoridades, que se comprometieron a no
usar balas de goma como en las movilizaciones anteriores, cuando decenas
de personas resultaron heridas.
La más violenta de las protestas tuvo lugar en Río de Janeiro, donde
los manifestantes, unos 100.000 según Datafolha, llegaron hasta la sede
de la Asamblea Legislativa e intentaron invadirla. Un grupo apedreó y
arrojó bombas molotov contra el Palacio Bandeirantes, rompiendo gran
parte de los vidrios de la fachada, y otro destrozó al menos cinco
agencias bancarias y encendió enormes fogatas en la puerta del edificio,
dejando en su interior a 78 efectivos policiales, algunos de ellos
heridos, bajo amenaza de incendiarlo.
ONU solicita a Brasil responder con moderación ante protestas por alza del transporte y gasto por mundial de fútbol
Un grupo de manifestantes derribó ayer una de las puertas del Palacio de los Bandeirantes, la sede del Gobierno de Sao Paulo, al final de una jornada de protestas en todo el país por distintas reivindicaciones sociales.
La alta comisionada de la ONU para losDerechos Humanos, Navi Pillay, pidió hoy a las autoridades de Brasil que respondan con moderación a las protestas sociales que se han multiplicado en el país, al tiempo que instó a los manifestantes a prescindir de la violencia para hacerse escuchar.
Las manifestaciones que comenzaron la semana pasada en Sao Paulo contra el reajuste de las tarifas de transporte público se extendieron ayer a una veintena de ciudades del país.
Pillay animó a las partes a entablar un diálogo abierto para encontrar soluciones a demandas sociales que consideró válidas.
"Con más protestas planificadas, nos preocupa que el
uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas policiales pueda
repetirse", dijo Pillay en una declaración escrita, tras recordar que se
trata de las manifestaciones ciudadanas más importantes que se han
visto en Brasil en los últimos veinte años.
Agregó que su oficina ha recibido "reportes sobre heridos y detenciones, incluyendo la de periodistas que cubrían los eventos".
Las denuncias que han llegado a su despacho en Ginebra también
incluyen algunos casos de detenciones arbitrarias denunciados por
organizaciones de la sociedad civil, indicó la máxima responsable de
derechos humanos de Naciones Unidas.
Tomado de inSurgente
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