Gigantesco
estado policial y un macartismo feroz… todo en nombre de “la seguridad
nacional”. Cuidate espía que vigilas La Rosa Blindada… a ti también te
están espiando…
Introducción
Las revelaciones sobre cómo el gobierno de Obama usa a la Agencia de
Seguridad Nacional (NSA, según sus siglas en inglés) para espiar
secretamente las comunicaciones de cientos de millones de ciudadanos de
EE.UU. y otros países ha generado denuncias en todo el mundo. En EE.UU.
no hubo ninguna protesta masiva, a pesar de la amplia cobertura
periodística y de la oposición de las organizaciones pro libertades
civiles. Los líderes del Congreso, tanto del partido demócrata como del
republicano, al igual que los jueces más importantes aprobaron un
programa de espionaje doméstico sin precedentes… Aún peor, cuando se
hicieron públicas las operaciones de espionaje a gran escala, los
líderes principales del Senado y del Congreso reafirmaron su respaldo a
todas y a cada una de las intromisiones en las las comunicaciones
electrónicas y escritas de ciudadanos estadounidenses. El presidente
Obama y su fiscal general Holder defendieron firme y abiertamente las
operaciones globales de espionaje de la NSA.
Las cuestiones que surgen de este vasto aparato policíaco secreto y
de la penetración y control que ejerce sobre la sociedad civil,
atentando contra la libertad de expresión de los ciudadanos, va mucho
más allá de meras “violaciones de la privacidad”, como la calificaron
muchos expertos legales.
La mayoría de los defensores de las libertades civiles se enfocan en
las violaciones de los derechos individuales, garantías
constitucionales y derechos a la privacidad de los ciudadanos. Estas son
cuestiones legales importantes y esta postura es correcta. Sin embargo,
las críticas constitucionales-legales no van lo suficientemente lejos:
no tocan los temas fundamentales; evitan hacer cuestionamientos
políticos básicos.
¿Por qué un aparato tan masivo de espionaje global manejado por el
estado policial se volvió tan esencial para el régimen gobernante? ¿Por
qué el conjunto de los líderes de los poderes ejecutivo, legislativo y
judicial hicieron declaraciones públicas en las que repudiaron todas las
garantías constitucionales de manera tan descarada? ¿Por qué los
dirigentes electos defendieron el espionaje político global contra la
ciudadanía? ¿Qué tipo de políticos existen en un estado policial? ¿Qué
tipo de políticas de largo término, de gran escala, a nivel interno e
internacional son ilegales e inconstitucionales como para justificar el
desarrollo de una vasta red de espionaje doméstico y una infraestructura
de tecno-espionaje de billones de dólares manejada por el estado
corporativo en una época de “austeridad” presupuestaria caracterizada
por los recortes en los programas sociales?
El segundo grupo de preguntas surge del uso de los datos obtenidos
por el espionaje. Hasta el momento, la mayoría de los críticos
cuestionaron la existencia del espionaje masivo implementado por el
estado pero evitaron el tema crucial sobre qué medidas toman a
continuación, o como resultado del espionaje, contra los individuos,
grupos o movimientos espiados. La pregunta esencial es: ¿Qué represalias
y sanciones se producen como resultado de la “información” que ha sido
recolectada, clasificada y aplicada por estas redes de espionaje
manejadas por el estado policial? Ahora que el “secreto” del espionaje
extendido realizado por el estado policial forma parte de la
conversación pública, el próximo paso debería ser la revelación de las
operaciones secretas contra aquellos espiados por las redes de espionaje
luego de haber sido rotulados como un “riesgo para la seguridad
nacional”.
Las políticas detrás del estado policial
La razón fundamental para la transformación del estado en un enorme
aparato de espionaje es el carácter profundamente destructivo de las
políticas interna e internacional implementadas violentamente por el
gobierno. La vasta expansión del aparato del estado policial no es una
respuesta a los atentados del 11 de septiembre. El crecimiento
geométrico de espías, presupuestos policiales secretos y la vasta
intromisión en las comunicaciones de los ciudadanos coincide con las
guerras globales. La decisión de militarizar la política global de
EE.UU. requiere de una redistribución radical del presupuesto, del
recorte del gasto social a favor del crecimiento del imperio; de la
destrucción de la salud pública y del seguro social para beneficio de
Wall Street. Estas son políticas que aumentan drásticamente las
ganancias de los banqueros y de las corporaciones mientras que castigan a
los trabajadores con impuestos regresivos.
Las guerras internacionales extendidas y prolongadas fueron
financiadas a expensas del bienestar de los ciudadanos. Esta política
generó un deterioro en el estándar de vida de varias decenas de millones
de ciudadanos y una creciente insatisfacción en la población. El
potencial de resistencia social, como quedó evidenciado por el
movimiento de breve vida “Ocupar Wall Street”, contó con el respaldo del
80% de la población. La respuesta positiva fue una alarma para el
estado y condujo a una escalada de las medidas tomadas por el estado
policial. El espionaje masivo tiene como fin identificar a los
ciudadanos que se opongan a las guerras imperiales y a la destrucción
del sistema de asistencia social; se los rotula como “amenazas para la
seguridad” como una manera de controlarlos usando los poderes policiales
arbitrarios. La expansión de los poderes presidenciales para hacer la
guerra ha sido acompañado con el incremento del tamaño y del alcance del
aparato estatal de espionaje: cuanto más ataques con drones se hacen en
el exterior bajo órdenes presidenciales, mayor es la cantidad de
intervenciones militares, y mayor es la necesidad de una élite política
presidencial que fortalezca la vigilancia de los ciudadanos para
prevenir un contraataque popular. En este contexto, la política de
espionaje masivo es llevada a cabo como una “acción preventiva”. A mayor
operaciones del estado policial, mayor será el miedo y la inseguridad
entre los ciudadanos y activistas disidentes.
El ataque al estándar de vida de la clase trabajadora y de la clase
media de EE.UU. con el fin de financiar las guerras, y no la llamada
“guerra contra el terrorismo, es la causa de que el estado haya
desarrollado ataques cibernéticos masivos contra la ciudadanía
estadounidense. No se trata solamente de la violación de la privacidad
individual; sino que consiste, fundamentalmente, en la infracción
estatal de los derechos colectivos de los ciudadanos organizados para
participar libremente en la oposición pública contra políticas
socioeconómicas regresivas y para cuestionar el imperio. Junto a la
proliferación de instituciones burocráticas, con más de un millón de
recolectores de “datos de seguridad”, existen decenas de miles de
“operadores de campo”, analistas e inquisidores, actuando
arbitrariamente para rotular a los ciudadanos disidentes como “riesgos
de seguridad” e imponer represalias según sus necesidades políticas de
sus jefes políticos.
El aparato del estado policial tiene sus propias reglas de
auto-protección y auto-perpetuación; tiene sus propias conexiones y
hasta puede llegar a competir con el Pentágono. El estado policial se
conecta y protege a los amos de Wall Street y a los propagandistas de la
clase media -¡incluso hasta cuando los espíe (porque debe hacerlo)!
El estado policial es un instrumento del Poder Ejecutivo, un canal
para sus prerrogativas y poderes arbitrarios. Sin embargo, en temas
administrativos, posee un grado de “autonomía” para atacar conductas
disidentes. Lo que queda claro es el alto grado de cohesión, disciplina
vertical y defensa mutua, desde arriba hacia abajo en la jerarquía. El
hecho de que un solo denunciante de conciencia, Edward Snowden, emerja
de entre cientos de miles de espías, es una excepción solitaria que
confirma la regla: Hay menos desertores entre los millones de miembros
de la red de espionaje de EE.UU. que en todas las familias mafiosas de
Europa y América del Norte.
El sociólogo James Petras

El aparato de espionaje doméstico opera con impunidad gracias a su
red de poderosos aliados internos e internacionales. Todos los líderes
legislativos de ambos partidos están informados y son cómplices de las
operaciones de espionaje. Ramas relacionadas del gobierno, como la
agencia impositiva (Internal Revenue Services, IRS) cooperan
proporcionando información y persiguiendo a los grupos o individuos bajo
vigilancia. Israel es un aliado clave del IRS, como ha sido documentado
por la prensa israelí (Haaretz, 8 de junio, 2013). Dos firmas israelíes
de alta tecnología (Verint y Narus) con conexiones con la policía
secreta israelí (MOSSAD) proveyeron el software de espionaje usado por
la NSA y esto, por supuesto, abrió una ventana hacia el espionaje
israelí en EE.UU. contra los estadounidenses opuestos al estado
sionista. El escritor y crítico, Steve Lendman, señala que los amos del
espionaje israelí, usando sus “empresas de fachada”, han tenido desde
hace tiempo la impunidad para “robar información comercial e
industrial”. Y que debido al poder y a la influencia de los presidentes
de las 52 organizaciones judías-estadounidenses, los funcionarios del
Ministerio de Justicia dieron la orden de suspender docenas de casos de
espionaje israelí. Los estrechos vínculos entre Israel y el aparato de
espionaje de EE.UU. evitan un verdadero escrutinio de las operaciones y
de los objetivos políticos -a un precio muy alto para la seguridad de
los ciudadanos de EE.UU. En años recientes se destacan dos incidentes:
“expertos” de seguridad israelí fueron contratados para asesorar al
Departamento de Seguridad Nacional de Pennsylvania en su trabajo de
investigación; y la represión gubernamental “estilo Stasi” contra
críticos y ambientalistas (comparados con “los terroristas de Al Qaeda”
por Israel). Cuando esto fue revelado, en 2010, tuvo que renunciar el
Director James Power. En 2003, el gobernador de New Jersey, Jim McGreevy
nombró a su amante, un agente del gobierno de Israel; después, a fines
de 2004, renunció y denunció al israelí Golan Cipel por extorsión. Estos
ejemplos son una pequeña muestra para ilustrar la magnitud de la
intersección entre las tácticas del estado policial israelí y la
represión interna en EE.UU.
Las consecuencias políticas y económicas del estado-espía
Las denuncias de las operaciones masivas de espionaje son un paso
positivo, hasta ahora. Pero igualmente importante es la pregunta “¿qué
viene después del acto de espiar?”. Ahora sabemos que cientos de
millones de estadounidenses fueron y son espiados por el estado. Sabemos
que el espionaje masivo es una política oficial del Ejecutivo que
cuenta con la aprobación de los líderes legislativos. Pero solo tenemos
información fragmentada de las medidas represivas derivadas de la
vigilancia de “los sospechosos”. Podemos asumir que hay una división del
trabajo entre los recolectores de información, los analistas de
inteligencia y los agentes que hacen trabajo de campo en la vigilancia
de “grupos e individuos peligrosos”, basado en un criterio interno que
solo la policía secreta conoce. Los agentes de espionaje clave se
encargan de elaborar y aplicar los criterios para calificar a alguien
como un “riesgo de seguridad”. Los individuos y grupos que expresan
posturas críticas de la política interior y exterior del gobierno son
catalogados como un “riesgo”; aquellos que protestan activamente están
en la categoría de “riesgo mayor”, incluso aunque no hayan violado
ninguna ley. La cuestión de la legalidad de las acciones y posturas de
un ciudadano ni siquiera entra en la ecuación de los amos del espionaje;
ni tampoco la valoración de la legalidad de los actos de espionaje
contra los ciudadanos. El criterio determinante de un riesgo de
seguridad está por encima de cualquier consideración o defensa de la
Constitución.
Sabemos por una gran cantidad de casos públicos que personas
críticas del tema legal, fueron ilegalmente espiadas, arrestadas,
sometidas a juicio y encarceladas -sus vidas y las vidas de sus familias
y amigos sufrieron un altísimo costo . Sabemos que cientos de hogares,
sitios de trabajo de personas bajo sospecha han sufrido redadas tipo
“excursiones en busca de quién sabe qué”. Sabemos que familiares,
asociados, vecinos, clientes y empleados de los “sospechosos” han sido
interrogados, presionados e intimidados. Sobretodo, sabemos que decenas
de millones de ciudadanos respetuosos de las leyes, que tienen posturas
críticas de la economía interna y de las guerras en el extranjero, han
sido censurados por el miedo, con mucho fundamento, a las operaciones
masivas ejecutadas por el estado policial. En esta atmósfera
intimidatoria, cualquier conversación crítica o palabra emitida en
cualquier contexto o enviada por algún medio puede ser interpretada, por
espías sin nombre ni rostro, como una “amenaza de seguridad” -y el
nombre de uno puede entrar así en la lista secreta, y cada vez más
larga, de “terroristas potenciales”. La mera presencia y dimensiones del
estado policial ya es intimidante. Mientras tanto, hay ciudadanos que
sostendrían que el estado policial es necesario para protegerlos de los
terroristas. Pero, ¿cuántos se sienten obligados a respaldar un estado
terrorista solo para alejar cualquier sospecha, con el fin de no ser
incluido en la lista de sospechoso? ¿Cuántos estadounidenses con
mentalidad crítica tienen miedo del estado y jamás van a pronunciar en
público lo que susurran en casa?
Cuánto más grande sea la policía secreta, mayor será su capacidad
operativa. Cuánto más regresiva sea la política económica interna, mayor
será el miedo y el desprecio de la élite política.
Incluso mientras el presidente Obama y sus socios demócratas y
republicanos hacen alarde de su estado policial y de su eficiencia en el
cumplimiento de la “función de seguridad”, la vasta mayoría de los
estadounidenses toman conciencia de que el miedo creado hacia dentro del
país sirve a los intereses de librar guerras imperiales en el
extranjero; la cobardía frente al estado policial solo incentiva mayores
recortes en los estándares de vida. ¿Cuándo se darán cuenta que el
hecho de exponer el espionaje es solamente el principio de una solución?
¿Cuándo reconocerán que la tarea de terminar con el estado policial es
esencial para desmantelar el costoso imperio y hacer que EE.UU. sea una
nación segura y próspera?
23.Jun.13 :: Batalla de ideas
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