Viernes 31 de mayo de 2013
La mayoría de los militantes de
Unión Proletaria (UP), que nos unimos con el PCPE en Febrero de 2012,
queremos dar a conocer que, lamentablemente y pese a las buenas
expectativas depositadas en el proceso de unidad, hemos decidido
abandonar esta organización por los siguientes motivos que pasamos a
explicar...
Entendemos que la dirección del PCPE no cumple –además
de algunos acuerdos orgánicos- ciertas condiciones políticas pactadas
con UP sin las cuales resulta imposible la aplicación de la teoría
revolucionaria del marxismo-leninismo y, por consiguiente, la
reconstitución de un verdadero partido comunista a partir de esta
organización. Se trata de un enfoque desacertado de la relación del
partido con las masas, pero también se trata de la imposibilidad de
corregirlo debido al régimen interno predominante en la misma.
Un partido comunista tiene por misión unir el socialismo
científico con el movimiento obrero. Para acometer una tarea tan
gigantesca, Unión Proletaria defendió la necesidad de reunificar a los
comunistas dispersados por la degeneración revisionista del PCE. Hace
algo más de un año, valoramos que la línea política del PCPE, desde su
IX y último Congreso, había progresado hacia el bolchevismo. Los
aspectos de la misma con los que seguíamos discrepando podían
considerarse secundarios, sobre todo porque parecían herencias meramente
residuales de sus políticas anteriores.
Sin embargo, la práctica posterior del PCPE y nuestra
experiencia de participación en ella nos muestran que, desgraciadamente,
esas herencias no están en vías de superación: al contrario,
consideramos que siguen presidiendo la cultura y la concepción del mundo
de la dirección de este partido. Son posiciones que se remontan a los
orígenes de su lucha contra el eurocomunismo, en los años 60-70. Para
esta lucha, se tomó por base, no el marxismo-leninismo, sino el
revisionismo que practicaba ya entonces el Partido Comunista de la Unión
Soviética. Ahora, se ha comprendido que ese revisionismo fue el que
preparó la contrarrevolución de los años 80-90 en la URSS y la mutación
reformista del PCE, pero todavía no se entiende la necesidad de someter
las propias concepciones a la autocrítica correspondiente. Entendemos
entonces, que el reciente acercamiento del PCPE al marxismo-leninismo
que favoreció el proceso unitario es aún tan parcial, superficial e
instrumental que está acentuando una preocupante tendencia al dogmatismo
y al sectarismo que contradice la esencia y las bases mismas de la
unidad alcanzada.
Creemos que el PCPE acierta en orientar toda la labor
del partido a la preparación de la revolución socialista, puesto que el
capitalismo se ha desarrollado ya completamente en España. Sin embargo,
consideramos que se está haciendo de una manera “izquierdista”.
La propaganda e incluso la agitación se adelantan
demasiado al desarrollo real de la lucha de clases y de la conciencia de
las masas proletarias. Se ensalza el objetivo del socialismo
menospreciando las reivindicaciones económicas y, sobre todo,
democráticas planteadas por las masas y sus organizaciones, primando
además la huelga general sobre la lucha política (economicismo). Las
formas espontáneas de pensamiento y organización de las masas son
entendidas como causadas por la acción conspirativa y manipuladora de la
burguesía sobre los movimientos de masas (sindicatos, republicanismo,
15-M, etc.), perdiendo de vista que la elevación de la conciencia de la
clase obrera es necesariamente un proceso en el que “el elemento
espontáneo no es sino la forma embrionaria de lo consciente”[1]. Se
resaltan las diferencias de los comunistas con los sindicatos y otras
organizaciones populares, hasta el punto de desincentivar su
incorporación a éstos, de eludir su deber de defenderlos frente a los
ataques de la burguesía, de sustituirlos por nuevos organismos
controlados por ellos, que confrontan más que suman. Al final convierten
al comunismo en una caricatura que espanta a las masas. Se las quiere
educar sin aprender de ellas, poniendo al partido comunista por encima
de las mismas, en vez de construirlo como principal instrumento a su
servicio. Se pretende elevar la conciencia de las masas principalmente a
través de la propaganda, olvidando que éstas sólo aprenden “por
experiencia propia”[2] y que, para ello, el partido debe “poner en juego
métodos de lucha y formas de organización que permitan a las masas
comprender más fácilmente”[3] y “buscar las formas de transición o
acercamiento a la revolución proletaria”[4]. Se lleva la lucha contra el
oportunismo hasta el extremo de menospreciar a las masas obreras que se
hallan bajo la hegemonía de éste y de rechazar por principio cualquier
maniobra, compromiso y acuerdo con los partidos, sindicatos y demás
organizaciones de masas dirigidos por reformistas. Se exagera la
importancia del PCPE en detrimento de los demás destacamentos comunistas
y de la propia realidad, etc. En definitiva, pensamos que no existe una
concepción verdaderamente dialéctica de la línea de masas ni de la
construcción misma del partido.
Para Lenin, “el mayor peligro –y quizás el único- para
un auténtico revolucionario consiste en exagerar el revolucionarismo”.
Anteriormente, Marx y Engels habían sentado las bases políticas del
Partido Comunista en clara identidad con el movimiento obrero real y en
clara contraposición con el sectarismo. En el Manifiesto del Partido
Comunista advierten que “los comunistas no forman un partido aparte de
los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan
de los intereses generales del proletariado. No profesan principios
especiales [sectarios] con los que aspiren a modelar el movimiento
proletario”. Y Marx explica que “para la secta el sentido de su
existencia y su problema de honor no es lo que tiene en común con el
movimiento de clase, sino el peculiar talismán que lo distingue de
él”[5]. Esta cultura y psicología de la “distinción” es la que,
desgraciadamente, vemos que impera en la política del PCPE, aunque esté
motivada por el legítimo deseo de acabar con la hegemonía del reformismo
burgués sobre el movimiento obrero. Y los comunistas que no quieran
curarse de la enfermedad del sectarismo, no podrán contribuir a la
reconstitución del Partido Comunista y, menos aun, a la emancipación del
proletariado.
Por eso al PCPE no le resulta posible aplicar una
táctica política que sea materialista y dialéctica, aunque lo exija el
Documento de Unidad entre el PCPE y UP: “En la lucha socio-política, la
relación con las organizaciones oportunistas y revisionistas es
inevitable. [El partido comunista] Siempre dirigirá su crítica hacia los
dirigentes de estas organizaciones, tratando en cambio de ganar para la
política comunista a las masas obreras que militan en las mismas como
objetivo fundamental de esta táctica de colaboración, de frente único
proletario, de frente obrero y popular por el socialismo”.
El sectarismo que observamos impide incluso cumplir las
Tesis acordadas por el propio IX Congreso del PCPE, allí donde se
critica a quienes “alejan a las células de las alianzas políticas y
frentes de masas bajo el pretexto de su posición no netamente
revolucionaria”, a quienes “intentan aprovechar de manera utilitarista
por el Partido cualquier movimiento plural”, a quienes “sitúan
determinadas políticas del Partido como acertadas a priori y son capaces
de no transmitir los fracasos de ésta”[6]. Donde se exige “saber estar
en minoría [en los frentes de masas] para poder transformar la
situación”. Donde se advierte que “la inteligencia política, el
conocimiento del medio, el reconocimiento de las masas y saber
administrar correctamente los tiempos son elementos que no podemos
ignorar y que debemos gestionar correctamente para no incurrir ni en
posiciones retardatarias, ni en izquierdismos estériles”[7]. Donde se
insta a llegar a acuerdos unitarios para “impulsar la entrada en la
escena de las mayorías trabajadoras” y para “hacer avanzar las
reivindicaciones inmediatas presentes en cada lucha concreta librada por
sectores obreros y populares”[8].
El impedimento decisivo para subsanar los errores
políticos del PCPE lo encontramos en el déficit democrático interno. Sus
dirigentes lo justifican alegando la necesidad del centralismo
democrático para todo partido comunista, quedándose sólo con su parte
centralista. Pero este principio no tiene por objeto limitar la
democracia sino hacerla efectiva, es decir, reunir todas las fuerzas del
partido para la realización de sus acuerdos tomados por mayoría. Sólo
las persecuciones externas y la clandestinidad pueden obligar a
restringir la democracia en el seno del partido comunista; pero nunca la
necesidad de asegurar el centralismo. En cambio, la dirección del PCPE
lo pretende mediante una verticalidad estricta de arriba abajo, donde
unos pocos dirigentes (ni siquiera los miembros del Comité Central, sino
únicamente los miembros del Comité Ejecutivo) parten con todas las
ventajas en cualquier debate, por encima de los demás militantes y de la
razón. Por muy buenas que pudieran ser sus intenciones, lo que
practican realmente es un centralismo burocrático a través del cual
–como dijera Lenin- “los intentos de implantar una disciplina se
convierten, inevitablemente, en una ficción, en una frase, en gestos
grotescos”[9]. De ahí que se desarrolle un clima interno de fortaleza
asediada, una exigencia de seguidismo ciego y de fidelidad absoluta
hacia la dirección. De ahí que se limite el debate y la formación,
dándoles un carácter doctrinal. De ahí que se sancione o expulse a
quienes cuestionen y pongan en riesgo este régimen interno, como fue el
caso de los antiguos miembros de la UJC-Madrid, sin asegurar una
resolución más positiva de los conflictos. Con todo ello, sólo podemos
deducir que la dirección del PCPE no ha comprendido que la destrucción
del PCUS y del PCE por el revisionismo desde arriba demuestra la
necesidad, no de limitar la democracia, sino de ampliarla desde abajo,
dando así vida al partido.
Por muchas ventajas y virtudes que tenga el PCPE (su
experiencia, su mayor tamaño, sus aciertos políticos, etc.), es muy
difícil corregir ese sectarismo hacia las masas y esa falta de
democracia interna, ya que se refuerzan mutuamente. El Comité Central
respalda estas posiciones, rechaza someterlas a un Congreso
Extraordinario y la alternativa estatutaria de convocarlo por más de la
mitad de los militantes se hace imposible al prohibirse la comunicación
horizontal entre ellos. Las críticas de quienes venimos de UP son
desestimadas y nuestra contribución política ignorada, resultando inútil
nuestra unificación y, por tanto, nuestra presencia en el PCPE. En el
mejor de los casos, harían falta muchos años para curar estos graves
defectos. Mientras, las masas obreras y populares empobrecidas por el
capitalismo en crisis no recibirían del comunismo una verdadera ayuda
para superar sus limitaciones reformistas y emprender una lucha
revolucionaria.
Precisamente, para contribuir a abrir camino a un
partido comunista no sectario que ayude a las masas y a los militantes
de otros partidos mediante la propaganda y el ejemplo, anunciamos
nuestro propósito de publicar próximamente un balance más completo de
nuestra experiencia en el PCPE y en otros procesos de unidad comunista y
de construcción partidaria, así como nuestra voluntad de reanudar la
actividad política de Unión Proletaria, orientada a la unidad de las
masas obreras y de los comunistas para que puedan desarrollar su lucha
de clase hacia la revolución socialista.
31 de mayo de 2013.
[1] Lenin, ¿Qué hacer?
[2] Lenin, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo.
[3] Stalin, Los fundamentos del leninismo.
[4] Dimítrov, Informe ante el VII Congreso de la Internacional Comunista.
[5] Marx, Carta de Marx a Schweitzer, de 13 de octubre de 1868.
[6] Tesis aprobadas por el IX Congreso del PCPE, Propuesta Comunista nº 61, Tesis III, p. 113, pfo. 3º.
[7] Ibídem, Tesis II, . 142, pfo. 2º y p. 143, pfo. 1º.
[8] Ibídem, p. 91, pfo. 3º.
[9] La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo.
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